martes, 11 de diciembre de 2007

El palacio japonés

Hace unos meses leí “Mi planta de naranja-lima”, del brasileño José Mauro de Vasconcelos, y me quedé fascinada por la ternura desnuda del libro. He vuelto a recaer con este escritor con un libro llamado “El palacio japonés”, también enmarcado dentro de la literatura infantil y juvenil y que sigue una línea muy similar a la de la otra novela.

Aunque “El palacio japonés” no me ha gustado tanto como esperaba, no deja de ser un gran libro escrito con exquisito detalle. Eso sí, insisto también ahora en que no me parece literatura para niños, por mucho que así se venda y promocione la obra de Vasconcelos. Me parecen novelas crudas, incluso a veces crueles, que ahondan más en miedos adultos que infantiles. (spoilers!).

“El palacio japonés” es una alegoría de la muerte, ni más ni menos. Cuenta cómo las musas han abandonado a Pedro, un pintor de mediana edad maltratado por su débil corazón que vive solo en Sao Paulo. Mientras el artista deja pasar los días esperando en la Plaza de la República, un día un desconocido oriental le informa de que allí mismo existe un impresionante palacio japonés que quizás le inspire en su trabajo. Pedro conoce a la perfección la plaza y sabe que allí no hay ningún palacio real, pero el desconocido insiste en que no todos pueden verlo pero que allí está.

Y efectivamente, Pedro llega al hermoso palacio donde conoce a Tetsuo, un pequeño príncipe de 8 años que agoniza por una extraña enfermedad, cuidado y guiado por su maestro Kankuji. Pedro desgrana sus días en el palacio acompañando a Tetsuo, olvidando el mundo real y descuidando su propia salud. Es obvio que el niño se muere al mismo tiempo que las energías de Pedro se esfuman.

El príncipe le enseña que porta en una mano la flor blanca de la vida y en la otra la flor negra de la muerte. Pedro ve cómo el niño va dejando el pequeño mundo en el que vive y simultáneamente él cae enfermo en su vida real. Su encuentro con Tetsuo, tras el entierro del pequeño, le ofrece la visión clara de que él ya está también más allá de la muerte.

En la novela se representa la flor negra como la ternura, siendo en la realidad algo menos tierno para cualquier adulto. No sé hasta qué punto los niños pueden ver la muerte como algo “tierno”, y sobre todo los occidentales, puesto que el mundo oriental entiende los mismos conceptos de maneras totalmente diferentes. Esa flor negra es realmente la muerte en sí, representada por Tetsuo, y que se está llevando a Pedro de su mundo real hacia el mundo soñado y bello del palacio japonés imaginario.

Tanta metáfora no es necesaria puesto que se ve claramente desde el principio lo que significa el palacio y sus habitantes. A mí la verdad me resulta un tanto macabro imaginar la cara de un niño de ocho años encarnando el paso al más allá. No me parece tan hermoso ni tierno como muestra la novela y me deja el cuerpo un poco traspuesto.

José Mauro de Vasconcelos escribió en vida una veintena de novelas, casi todas enfocadas hacia el mismo tipo de lectores jóvenes. Creo que precisamente “El palacio japonés”, de 1968, no se publicó en España, puesto que la edición que yo cogí en la biblioteca es de origen argentino. El libro está interesante pero personalmente me resulta demasiado depresivo como para considerarlo de agradable lectura.

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