domingo, 30 de marzo de 2008

Cambio de hora (y de cabecera)

Desde 1981 se aplica en la Unión Europea el incordiante pero necesario cambio de hora, para adecuarnos al horario de verano y ganar una hora de luz solar. Esta madrugada hemos perdido una hora de sueño o de diversión, puesto que a las dos ya eran las tres.

Este cambio se instauró en 1974 con motivo de la primera crisis del petróleo, cuando varios países decidieron modificar la hora para aprovechar más la luz del sol y ahorrar electricidad. Ya antes se habían puesto en marcha medidas similares con motivo de la escasez de carbón. También se normalizaron apagones nocturnos durante la Primera Guerra Mundial para dificultar los bombardeos .

Sin embargo, el horario de verano también tuvo sus detractores, principalmente entre la industria del entretenimiento. Los empresarios que tenían su mayor afluencia de clientela en las horas nocturnas pensaban que el cambio horario era un intento de retirar antes a la gente a sus casas, por lo que no veían nada positivo en la iniciativa del ahorro energético si ellos dejaban de ingresar dinero.

El cambio, aplicado por primera vez de modo estándar en 1974, se produce en todos los países de la Unión Europea por orden de una directiva comunitaria desde 1981, que se renueva cada cuatro años (el Real Decreto 236/2002, de 1 de marzo, incorporó la norma al ordenamiento jurídico español) . El último domingo de marzo a las dos de la madrugada, hora peninsular, se adelantan los relojes una hora. Este tiempo se recuperará en octubre, cuando se atrasarán de nuevo los relojes para adaptarse al horario de invierno.

El ahorro que genera este cambio es de aproximadamente un 5% en los hogares domésticos, lo que supone unos 6 euros en los siete meses que dura la variación hasta retomar el horario de invierno. Ciertamente el no es una suma muy destacable en términos económicos pero sí se disminuye con esta medida la contaminación, algo cada vez más importante para nuestro maltrecho planeta. El cuerpo, que se rige más por el sol que por los relojes se adapta rápidamente el cambio y no nota ninguna diferencia. Y en Canarias lo notamos aún menos, que tenemos que andar moviendo los relojes cada vez que salimos de las islas :D

PD. La nueva cabecera está, como no, diseñada por NimRi.
Gracias de nuevo :*
PD(2). La imagen del reloj en espiral la encontré en
Chuanolog.

sábado, 29 de marzo de 2008

Dolls

No esperaba que esta película me gustara dadas sus características a priori: cine japonés lento, a veces difícil de comprender por sus costumbres ajenas al estilo occidental, con actuaciones de lo más inexpresivas y pocos diálogos. Todos estos aspectos son una constante en gran parte del cine oriental que, por otro lado, destaca por su inteligente tratamiento del color y la música.

No he visto demasiado cine japonés así que no puedo juzgar en profundidad. Sí he oído alabanzas de todo tipo al director
Takeshi Kitano, favorito de algunas de mis amigas y uno de los realizadores más originales del momento. En el caso de “Dolls” he de reconocer que su trabajo tanto en guión como dirección es fantástico. Las interpretaciones siguen siendo tan sosas como siempre en los actores japoneses (será la marca de la escuela japonesa, qué sé yo) pero la profundidad del argumento hace que incluso el gesto más lineal transmita un poquito de sentimiento.

*** Spoilers! ***

“Dolls” cuenta tres historias cruzadas marcadas por el amor y la tragedia. En la primera, hilo conductor de toda la película, Matsumoto y Sawako son una pareja perfecta hasta que las presiones familiares obligan al chico a aceptar un matrimonio de conveniencia con la hija de su jefe. El dolor hace que Sawako intente suicidarse y, al enterarse, Matsumoto acude a su lado dispuesto a no abandonarla nunca más a pesar de que ella ya ha perdido la noción de la realidad.

En una segunda historia, Hiro es un anciano jefe de la Yakuza que siendo joven abandonó a su novia para dedicarse exclusivamente al trabajo. Ella continuó esperándolo cada sábado en el mismo banco del parque donde rompieron. Treinta años después, Hiro retoma la amistad con aquella antigua novia que ya no le reconoce, aunque tampoco esta vez la aventura podrá llegar a buen puerto.

Finalmente, Haruna es una estrella del pop a la que un grupo de fans siguen a todas partes con un amor casi obsesivo. Un accidente de automóvil trunca su carrera y decide ocultarse del mundo al quedar desfigurada. Nukui, su más ferviente admirador, preferirá quedarse ciego para poder estar con ella, aunque hay otros fans de Haruna que no lo tolerarán.

Todas las historias se tocan en algún punto de la cinta, con el denominador común de Matsumoto y Sawako, los “mendigos atados”, que arrastran su dolor errante por todo el metraje. Para que Sawako no se aleje y corra peligro, Matsumoto se ata a ella con una larga cuerda roja. Así caminan y caminan (a veces demasiado) intentando encontrar algo que les devuelva a él la ilusión perdida y a ella la cordura. Hay escenas realmente hermosas, muy metafóricas pero bien encajadas en la película. La pega, como en gran parte del cine japonés como ya comenté arriba, es que hay escenas inmensamente largas, repetitivas y que rozan el bostezo cuando quitándoles diez segundos habrían funcionado a la perfección. No es un gran defecto, pero hace que la película transcurra a veces demasiado lenta y se haga pesada.

*** Fin de Spoilers! ***

Muchos, muchísimos silencios que unas veces tienen fácil interpretación y que en otras ocasiones pierden su sentido dentro de un colorista universo visual. Supongo que Kitano tiene también la intención en esta película de hacer un ejercicio de imagen que transmita al espectador todos los sentimientos que no cuentan las palabras. En algunos momentos he de decir que lo logra con creces. La belleza de algunas escenas es infinita y la fotografía inmejorable. Estéticamente no podría poner ninguna objeción a este trabajo. Y en lo narrativo, la historia es más comprensible de lo que cabría esperar a pesar de la profusión alegórica y el abismo que nos separa del modo de vida japonés.

Tengo entendido que el cine de Takeshi Kitano tiene como denominador común una extrema violencia que, sin embargo, en esta película sólo se deja ver de refilón. La violencia aquí es sentimental, íntima, desgarradora anímicamente pero no explícita. La película tiene un tono onírico bañado de tristeza y varios cambios temporales a los que hay que estar muy atento para no perder el sentido de la historia. La forma de narrar no disiente mucho de sus anteriores producciones, las más conocidas quizás “Hana-bi. Flores de fuego”, “El verano de Kikujiru”, “Brother” o “Zatoichi”.

En “Dolls” es también memorable la utilización de las marionetas del teatro japonés
Bunraku para contar lo que ocurre. Son escenas realmente emotivas a las que a medida que avanza la cinta se les encuentra ubicación. En general el conjunto es una preciosidad, un lujo visual y muy correcto desde el punto de vista argumental. Le sobran unas cuantas escenas para ser una película más cercana a la perfección y le falta un poco de expresividad en la sección secundaria del reparto. Del resto, un film notable para mi gusto, aunque no apto para aquellos que sólo busquen pasar un rato entretenido; es una película que requiere un esfuerzo mental y emocional intenso para que te llegue en todo su esplendor.

miércoles, 26 de marzo de 2008

La Primavera de Vivaldi

La primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido... Y de hecho casi nadie se ha dado cuenta, porque con lo que llueve mira que es difícil pensar que ya es primavera. Aunque últimamente no tengo demasiado tiempo para actualizar, no quería dejar pasar este miércoles sin cambiar la música del blog. Y aprovechando la estación, uno de los temas clásicos más conocidos de todos los tiempos, la "Primavera" del compositor Antonio Vivaldi.

"Las Cuatro Estaciones" es la obra más conocida de este músico italiano, compuesta por cuatro conciertos para violín y orquesta dedicados a las cuatro estaciones del año. Vivaldi, que fue en su época sacerdote además de músico, compuso más de 700 piezas de estilo barroco. He de reconocer que me gusta bastante la música clásica, por supuesto no toda ni todos los autores, pero sí suelo escucharla a menudo. Entre mis imprescindibles se encuentran estas estaciones de Vivaldi, casi todo Mozart, algo de Grieg (que posiblemente aparezca por aquí próximamente) y algunos otros temas muy conocidos entre la música clásica popular.

Para completar este mosaico primaveral, la imagen que ilustra este post corresponde a otra obra denominada "La Primavera", un temple sobre tabla del pintor renacentista Sandro Botticelli. Esta pintura, realizada a finales del s.XV, representa a varios dioses clásicos, con multitud de figuras alegóricas y referentes literarios tradicionales. No es el tipo de cuadro que elegiría por gusto personal pero sí ilustra perfectamente la intención de esta entrada.

domingo, 23 de marzo de 2008

Cien años de soledad

Era una lectura obligada que había ido postergando. Se trata de un libro denso, largo (casi 500 páginas en la edición conmemorativa de la Real Academia Española que yo leí) y a veces confuso por el enredado árbol genealógico de los Buendía, pero aún así, es un libro fascinante, maravilloso y totalmente imprescindible. De hecho, Gabriel García Márquez ya se encuentra desde hace tiempo entre mis escritores favoritos.

En estas páginas he dejado constancia de otras revisiones como “El amor en los tiempos del cólera” o “Del amor y otros demonios”. Su forma de escribir es ágil y muy coherente, descriptiva pero no aburrida. Me apasiona su arte para hilar una frase con otra sin perder en ningún momento el norte de la narración, que siempre, siempre, llega a buen fin. Ya he hablado en algunos posts de la incapacidad de muchos autores para poner un digno final a sus obras, situación que en este genial colombiano no suele darse. Al contrario, remata sus trabajos tan bien como los inicia, produciendo obras completas con altas dosis de interés, correctísima gramática y expresión, e historias que encandilan con personajes dotados de enorme personalidad. Puedo decir abiertamente que me produce tanta admiración como envidia sana.

*** Spoilers! ***

“Cien años de soledad” (1967) cuenta los avatares de la familia Buendía a lo largo de siete generaciones, un total de cien años en los que el pueblo de Macondo es testigo de amores, odios, dolores, guerras, fiestas y muertes. Úrsula Iguarán y José Arcadio Buendía inician en una época indeterminada del s.XIX una relación marcada por los malos augurios familiares, puesto que su condición de primos constituye un sacrilegio para el resto de la estirpe. Alejados de rumores viajan por tierras del Caribe hasta encontrar el lugar idóneo donde fundarán la ciudad de Macondo, un sitio imaginario en el que tendrán lugar los más extraños sucesos.

Sus hijos, Aureliano, Arcadio y Amaranta, vivirán, amarán y formarán sus respectivas familias siempre amenazados por las maldiciones familiares y quizás por ello siempre tendentes a quebrantar las normas y sentirse atraídos por miembros de su misma familia. La novela narra de forma inmejorable las relaciones de amistad que se establecen entre los diversos personajes que visitan el pueblo, los hijos de unos con los nietos de otros, y así sucesivamente hasta conformar un complejo entramado de descendencias en el que Aurelianos y Arcadios serán siempre protagonistas de los más altos empeños y las más bajas vilezas. Resulta casi imposible abrirse paso en esta novela sin la ayuda de un árbol genealógico que nos vaya aclarando las filiaciones de los personajes, que acaban tomando nombres como Aureliano José o Aureliano Segundo.

La novela engancha muchísimo, sobre todo al principio, cuando la ciudad imaginaria de Macondo comienza a crecer y abrir sus puertas a las novedades que la tecnología y la industria van acercando a la selva colombiana. La locura familiar, mezclada con la irremediable curiosidad y ansia de estudio típica de algunos Buendía, colabora en la creación de una estirpe fuerte pero al mismo tiempo susceptible de caer en el más profundo de los olvidos.

La familia está permanentemente al borde de la desaparición pero siempre encuentran un resquicio de esperanza y sacan fuerzas de flaqueza para renacer de sus propias cenizas. Sólo cuando por fin se cumple la profecía bíblica del hijo con “cola de puerco”, que nacerá de una relación incestuosa, se consigue aniquilar a los Buendía y cerrar con ello un círculo vicioso de relaciones insanas y tumultuosas, envidias y odios, temores y dudas. Todo, incluido ese trágico final, estaba escrito desde cien años atrás, cuando el personaje del gitano Melquíades irrumpió en la vida de los Buendía para abrir unas puertas, cerrar otras e iniciar ese camino de soledad inherente a la estirpe.

*** Fin de Spoilers! ***

No hay una línea argumental única, sino que más bien se va desgranando la historia familiar rama a rama, mostrando las virtudes y los defectos de cada nuevo miembro que entra a formar parte de la saga. Los personajes se describen con una riqueza y profusión lingüística increíble, creando una imagen clara de cada nuevo miembro y cada ciudadano de Macondo. Se entrecruza la realidad de las guerras y la miseria con la fantasía de la longevidad, la santidad y la presencia fantasmagórica de algunos Buendía. En general, sus comportamientos siempre rayan en el exceso tanto material como espiritual, característica inequívoca del estilo de la novela.

A pesar de esas exageraciones literarias, el libro es un ejemplo de perfección narrativa, situada por los críticos en la línea del realismo mágico en boga hacia mediados del s.XX en Latinoamérica. Está considerada una de las mejores obras de la literatura universal en lengua castellana, que con el paso de los años no ha perdido ni un ápice de interés ni vigencia.

A pesar de la extensión de la novela y de que en algunos momentos la lectura se hace un poco pesada, nada incita a abandonar puesto que la curiosidad latente es más fuerte que cualquier tentación de dejar de leer. De hecho, la recompensa es descubrir un final digno de esta truculenta historia, llena de fuertes emociones, y sentir que cuando cierras el libro te invade una sensación de satisfacción y no de vacío, como sí ocurre con otras obras en las que los autores no saben solucionar la trama. En “Cien años de soledad” todo encaja en cada una de sus páginas y en cada uno de sus capítulos. Es, como ya he dicho, una obra perfecta, de lectura obligada y que no defraudará al que decida zambullirse sin reparos en la genealogía Buendía ideada por
Gabriel García Márquez.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Amy Winehouse

Si hay un referente ineludible de la música soul en los últimos años ésa es sin duda Amy Winehouse. Esta artista británica de voz profunda se dio a conocer con su primer disco "Frank" en 2003, con el que inició una carrera profesional que ya se había comenzado a buscar con tan solo 13 años por los pubs de Londres.

Sin embargo, el gran éxito lo conseguiría con su segundo trabajo, publicado en 2007 con el título de "Back to Black" y con el que se erigió como la ganadora absoluta de los Premios Grammy con un total de cinco distinciones. Compositora de gran parte de sus temas, Amy Winehouse se inspira claramente en las grandes estrellas del soul de los sesenta e incluso ha realizado una versión de un clásico de la época interpretado en su día por The Shirelles, "Will you love me tomorrow". Personalmente, ambas versiones me encantan.

Lo peor de la carrera de Winehouse hasta el momento son sus problemas personales, que amenazan con afectar a su prometedor futuro como artista. Sus adicciones a las drogas y el alcohol, así como sus públicos trastornos de anorexia nerviosa, han generado diversos rumores en torno a la joven estrella, que también amenazó en una ocasión con suicidarse si no excarcelaban a su esposo Blake Fieldel, implicado en varios delitos relacionados con asaltos y drogas. Estos y otros escándalos han colocado a Amy Winehouse en una difícil posición de cara a los medios, con los que se ha enfrentado en más de una ocasión.

Con la ayuda de su padre, parece que finalmente la cantante ha decidido someterse a rehabilitación para intentar superar sus problemas mentales y de adicción. La canción que suena "Rehab" es precisamente un reflejo de la vida desordenada de Winehouse, en la que se resiste a recibir tratamiento médico. Paradójicamente, fue considerada la mejor canción del año, pero dejarse morir consumida por las drogas y la anorexia no creo que deba ser el futuro inmediato de una increíble artista con muchas posibilidades y mucho que ofrecer.

martes, 18 de marzo de 2008

Pan de molde con semillas

Tras mi primera experiencia con el pan rústico normal, que relaté por aquí hace unos días, me decidí a probar con el pan de molde. Siguiendo de nuevo los consejos de Bea, experta en pan de molde aparte de muffins, jeje (gracias otra vez!) busqué una receta adaptada a los ingredientes y los utensilios de los que disponía. Como ninguna preparación era exactamente lo que yo quería hacer, tomé como siempre un poco de aquí y un poco de allá para configurar una receta personal y me dispuse a probar.

Mis ingredientes fueron: 200 gramos de harina de fuerza, 200 gramos de harina integral, un sobre de levadura de panadería en polvo, una cucharada de aceite de oliva, una cucharadita de sal, 200 ml. de leche desnatada, cuatro cucharaditas de azúcar moreno integral, dos cucharadas de salvado, dos cucharadas de semillas de lino tostado y dos cucharadas de semillas de sésamo. Como no tengo un molde específico para pan de molde, ni con tapa como desearía, utilicé un molde metálico de cake, que la verdad dio muy buen resultado.

Lo primero que hay que hacer es mezclar las harinas con la levadura. Después se agrega la sal, las semillas y el aceite y se amasa, mientras se le añade poco a poco la leche tibia. Yo amasé durante unos 10 ó 15 minutos hasta conseguir una masa uniforme, no pegajosa y ligeramente enharinada. Se deja reposar tapada con un paño durante unos 30 minutos hasta que más o menos duplique su volumen. Pasado ese tiempo se amasa de nuevo unas cuantas veces y se introduce en el molde, que yo forré con papel de horno. Se deja reposar de nuevo tapado con film transparente o con un paño alrededor de una hora, en un sitio templado y libre de corrientes de aire (yo lo metí en el horno apagado).

Finalizado ese proceso de levado, se precalienta el horno y se mete el pan a 200º durante unos 45 minutos. Yo bajé la temperatura a 180º pasados los primeros diez minutos y, como mi horno apura bastante, lo tuve sólo una media hora. Cuando está listo se desmolda rápidamente y se deja enfriar en una rejilla, sin cortarlo hasta que no esté completamente frío.

Uno de los errores que debo solucionar con este pan es que la corteza me quedó por la parte de arriba demasiado tostada y crujiente, algo que dificulta el corte y que supongo que no es lo habitual en un pan de molde. He leído en algunas recetas que para evitar eso se debe colocar un recipiente con agua en el interior del horno durante la cocción, pero la verdad es que a mí me asustaba un poco esa idea y no lo puse. En segundo lugar, la impaciencia hizo que no esperara a que el pan se enfriara del todo para cortarlo, con lo que se deshizo un poco en algunas partes.

A pesar de todo, el aroma que desprendió al cortarlo fue impresionante y su sabor, para mi gusto, muy satisfactorio. La miga quedó bastante compacta, algo que me gusta especialmente porque a la hora de ponerle algo encima la tostada aguanta mucho mejor. Yo corté de mi pan un total de 16 rebanadas, tirando a gruesas, y procedí a congelar la mayoría de ellas en paquetitos de film transparente para sacarlas cada mañana y ponerlas directamente en la tostadora, algo que leí en el blog de Bea y que funciona genial. Repetiré pronto la receta porque ya se me están acabando las provisiones! :D

domingo, 16 de marzo de 2008

Retroinformática: El pasado del futuro

El último día en Barcelona lo empleamos en visitar una interesante exposición retrospectiva organizada por la facultad de Informática de Barcelona de la Universitat Politécnica de Catalunya. Bajo el título “Retroinformática. El passat del futur” (Retroinformática. El pasado del futuro) la muestra acoge varias antigüedades relacionadas con el sector informático, desde las primeras sumadoras y calculadoras electrónicas hasta piezas de coleccionista de los primeros ordenadores modernos.

Las primeras calculadoras mecánicas datan de finales del s.XIX y fueron desarrolladas principalmente en Alemania. A mediados del s.XX ya se usaban en la mayoría de las empresas y comenzaron a sustituirse por aparatos electromecánicos que sumaban, restaban, multiplicaban y dividían. No fue hasta la década de los 70 cuando surgieron las calculadoras electrónicas, de tamaño más pequeño y mayor comodidad y rapidez de uso.

La calculadora TIM – Time is Money (Foto 1; me hizo gracia el nombre, más que nada) es una calculadora mecánica de acción manual fabricada en Estados Unidos en 1909. Su nombre enfatizaba su rapidez en las operaciones de multiplicación y división, que realizaba por reiteración de sumas y restas.

Otra sección de la exposición está dedicada a los grandes ordenadores de empresa, que todos recordamos en los trabajos de nuestros padres hace unos 25 ó 30 años. Eran enormes aparatos más parecidos a armarios que a equipos informáticos a los que se conectaba un monitor y un teclado, a través de los que se introducían los datos. El ordenador central era el que gestionaba toda la información y hacía las operaciones, devolviendo los resultados hacia los terminales.
Unos años más tarde llegaron a los hogares los primeros ordenadores personales, de la mano de IBM. En los años 80 se hicieron populares los Commodore, los Spectrum y los Amstrad, equipos con monitores pequeñísimos en comparación con sus enormes teclados y que acercaron a los usuarios de a pie los primeros programas de contabilidad, de idiomas y (oh, sí) los primeros juegos de ordenador en casette. En la exposición pudimos contemplar también el precursor de los modems modernos, un aparato que se puede ver en la película
“Juegos de guerra”, de 1983 (Foto 2).

De la misma época datan los primeros Macintosh, pioneros en utilizar con éxito una interfaz gráfica más agradable para el usuario que las interminables líneas de texto de las otras computadoras (Foto 3). Aunque no es ni mucho menos una reliquia de la informática, yo todavía conservo mi
Macintosh LCIII, bastante anterior al iMac y al actual concepto de Apple. Si no recuerdo mal lo compré en 1993, con 80 MB de disco duro, 4 MB de RAM y diskettera, porque por entonces ni siquiera era común el uso de CDs y mucho menos de tarjetas de red o conexiones a internet.


La muestra se completa con una impresionante pieza: un blade del MareNostrum, el ordenador más potente de España y uno de los diez mejores del mundo (Foto 4). Esta máquina, instalada en una antigua capilla barcelonesa, comenzó a funcionar en 2005 y se utiliza preferentemente para la investigación del genoma humano y la estructura de las proteínas.

Por si a alguno de mis lectores le interesa el tema, la exposición se encuentra en el Centro Comercial L’illa Diagonal y estará abierta al público hasta el 29 de marzo.

viernes, 14 de marzo de 2008

Turismo en Barcelona: Paseo de Gracia

En nuestra segunda jornada en la ciudad condal aprovechamos la parte de la tarde para dar un largo paseo por las calles más emblemáticas. Como en nuestra anterior estancia ya habíamos visitado las famosas ramblas, en esta ocasión tomamos el camino del larguísimo Paseo de Gracia para contemplar algunas de las estructuras arquitectónicas más representativas de Barcelona.

Uno de los primeros edificios que encontramos a nuestro paso es la
Casa Batlló, construida en 1877 y cuya reforma fue diseñada por Antonio Gaudí a comienzos del s.XX. El interior de la casa fue también renovado, con el estilo imaginativo y original característico del arquitecto catalán. La obra, actualmente de propiedad privada, fue designada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2005.

Continuando por el paseo, aparece ante nuestros ojos haciendo esquina la impresionante Casa Milá, más conocida como
La Pedrera. La casa fue construida según un proyecto de Gaudí entre los años 1906 y 1910, con unos trabajados balcones en hierro forjado y las conocidísimas ondulaciones en toda la fachada. Este edificio también forma parte del Patrimonio de la Humanidad desde 1984 según la UNESCO.

Aunque no tuvimos ocasión de visitarlo por dentro, es posible acceder al patio interior y a las zonas de escaleras, pero una parte del edificio está destinado a uso particular y no está abierto al público. Actualmente la superficie es propiedad de la Fundación Caixa de Catalunya, que ha habilitado varias salas para actos culturales y exposiciones en una parte de la casa. Mi opinión sobre la entrada a estos monumentos es que la cultura debería ser gratuita y, en caso de no serlo, estar al alcance de todos los interesados con importes mínimos a pagar. El problema de muchos de estos edificios es que su iniciativa privada les permite poner libremente los precios de acceso, que no siempre son populares.

Estaba ya oscureciendo cuando pudimos observar otro precioso edificio modernista en plena Avenida Diagonal, el Palau del Baró de Quadras. Esta obra arquitectónica fue diseñada por Josep Puig i Cadafalch y construida entre 1904 y 1906, con un estilo gótico de enorme laboriosidad en su fachada principal.

El edificio, con interiores de tendencia islámica, acoge desde 2003 la sede social de la Casa Asia, una fundación que ofrece información cultural sobre Asia y desarrolla diversas iniciativas para promover las relaciones entre España y los países del Pacífico. Aunque en este caso sí se ofrece entrada libre para visitar el interior, nosotros no pudimos acceder porque era domingo :( Otra vez será.

El punto final de nuestro paseo fue, como no, la Sagrada Familia, cuya situación no ha cambiado mucho desde nuestro anterior viaje hace año y medio; continúa llena de grúas, andamios y redes de protección. Las previsiones afirman que la obra estará completamente finalizada en 2026, así que sólo nos queda esperar unos cuantos años más para poder ver el imponente templo en todo su esplendor. Y la culpa fue de Gaudí por proyectas estas cosas tan complejas :P

jueves, 13 de marzo de 2008

Turismo en Barcelona: Mercat de Sant Antoni

En nuestra segunda jornada en Barcelona visitamos el tradicional Mercat de Sant Antoni, un enorme edificio de hierro diseñado por el arquitecto Rovira i Trias en 1882, en plena revolución industrial. En los últimos años este mercado se ha hecho más famoso si cabe por la enorme concentración de coleccionistas que tiene lugar en sus aledaños los domingos por la mañana.

Cientos de puestos ofrecen libros, revistas, cómics, figuras, sellos, chapas, postales, juegos de ordenador, películas, discos, posters y muchísimos más artículos tanto nuevos como de segunda mano. Varios grupos de personas intercambian aquí y allá sus reliquias y objetos antiguos, de toda clase y condición. Abundan los vendedores sobre todo de libros y revistas, con precios que oscilan entre los 50 céntimos y cientos de euros por piezas descatalogadas o difíciles de conseguir en tiendas convencionales.

Algunos stands resultan sorprendentes, como este de la foto que muestra colecciones de las chapas adheridas a los tapones de corcho de las botellas de champán, también llamadas cápsulas. Esta afición lleva el nombre de placomusofilia y he visto en internet que tiene más seguidores de los que en un principio podríamos imaginar. Cualquier clase de coleccionismo, por extraña que parezca, tiene su parcela de interés en este peculiar mercado.

Varios puestos funcionan simplemente como exponentes del actual merchandising de figuritas y muñecos que arrasa entre los jóvenes (y no tan jóvenes) de gran parte del primer mundo. En otro lugar del mercado se ofrecían varias máquinas de gashapon, con juguetes de las series de anime japonés más de moda del momento. Cartas de Magic y otros juegos modernos son también objeto de intercambio entre los asistentes a este curioso centro de reunión cultural.

La selección se completa con muchos puestos dedicados a la música y el cine, con discos antiguos, muchos vinilos y películas de serie B que difícilmente se pueden encontrar a la venta en algún centro comercial. También vi las tradicionales mariquitas recortables con las que casi todas las niñas de mi edad jugábamos de pequeñas, hoy inexistentes en el ocio infantil.

Hay también librerías que acuden allí para ofrecer sus libros y cómics a mejor precio que en el local y aprovechar así la enorme afluencia de compradores interesados en sus productos. Todo, lo viejo y lo nuevo, tiene cabida en esa parte de mercado: cualquier cosa que se pueda comprar, vender o intercambiar, tiene su lugar en el Mercat de Sant Antoni. En definitiva, un reducto de nostalgia en el que es recomendable perderse de vez en cuando.

miércoles, 12 de marzo de 2008

The Cure

El principal motivo de nuestra visita a Barcelona fue asistir al concierto del grupo británico The Cure, para el que habíamos adquirido las entradas hace varios meses. Aunque yo no conozco de ellos más que sus temas más clásicos, GeekDraz es un gran fan de la banda de Robert Smith y en casa tenemos todos sus discos. De hecho, él ya los había visto en directo hace varios años, en su anterior visita a nuestro país.

Hacia las seis de la tarde llegamos al Palau Sant Jordi y procedimos a esperar pacientemente una hora hasta la apertura de puertas. Tras acceder al pabellón nos situamos en la tercera o cuarta fila y aguardamos otra hora y media más hasta que salieron al escenario los teloneros de The Cure en esta gira, el grupo inglés 65 Days of Static. Se trata de un grupo que hace música básicamente instrumental por lo que se vio en el concierto, bastante experimental y un tanto ruidosa para mi gusto. Hay que decir que a muchos de mis acompañantes no les disgustó la banda e incluso hubo algunos seguidores entre el público que se atrevieron a hacer peticiones que el "portavoz" del grupo aceptó encantado. Dio la impresión de que habían tomado algo más que una cerveza antes de salir a tocar, pero también podría ser una pose muy convincente, nunca se sabe :P

Tras unos 40 minutos de música con 65 Days of Static, el escenario se preparó para acoger a los verdaderos protagonistas de la noche. Pasaban apenas 10 minutos de la hora prevista cuando ocuparon sus puestos en el escenario el cantante Robert Smith, el guitarra Porl Thompson, el bajista Simon Gallup y el batería Jason Cooper. A pesar de no contar con teclados ni músicos de apoyo, la banda sonó genial durante casi todo el concierto. Sólo hubo algún momento en que la voz de Smith se vio solapada por la potencia de los instrumentos, pero sin conseguir enturbiar un sonido que resultó en general magnífico.

Durante las más de 3 horas de concierto (sí, leeis bien, 3 horas) repasaron toda su trayectoria musical, desde sus inicios allá por finales de los setenta hasta sus últimas canciones. Incluyeron también un par de temas de adelanto de su próximo trabajo, un doble recopilatorio con material inédito que tiene prevista su fecha de publicación en el mes de mayo.

Al principio temía no disfrutar demasiado porque sólo conocía un puñado de temas, pero enseguida me integré en el conjunto al descubrir que una a una el grupo iba interpretando todas las canciones que yo me sabía: "Love song", "Lullaby", "Pictures of you", "A forest", "Friday I'm in love", "In-between days", "Just like heaven", "Close to me", "Boys don't cry" y "Love cats", entre otros muchos temas que supieron intercalar para no aburrir nunca a un público entregado.

El Palau Sant Jordi repleto coreaba sin parar los éxitos de la mal llamada banda gótica y, a pesar del dolor de pies por tantas horas de pie, el concierto mereció muchísimo la pena y compensó con creces el precio de la entrada (40,00 €), algo que no se siente en otros espectáculos. También debo decir que el sector femenino de la tercera fila y entorno nos quedamos fascinadas con el potente
Simon Gallup, que a sus 47 años derrochó energía y simpatía con las presentes (Simooooooooonnnnn!!!). También Robert Smith, a pesar de sus kilitos y su habitual cara de cadáver, se mostró activo y encantador con el público, regalándonos hermosos guiños y sonrisas. Eso sí, suspenso en vocalización porque no se le entendía nada de lo que decía entre canción y canción... ni en español ni en inglés :D

PD: Como no llevábamos cámara en condiciones, las fotos que hicimos no tienen demasiada calidad. Esta última la he cogido de la web Hispacure, un foro oficial de fans de The Cure en España.

martes, 11 de marzo de 2008

Barcelona 2008

El primer viaje que he realizado este año ha sido a Barcelona. Con motivo del concierto de The Cure que tuvo lugar ayer lunes, hemos estado los últimos días en esa ciudad haciendo un poquito de turismo, visitando algunos lugares pendientes y aprovechando las oportunidades que ofrece una gran urbe.

Mi crónica cronológica de este viaje comienza con nuestra llegada al aeropuerto de El Prat hacia el mediodía del sábado. El vuelo, operado por la compañía Clickair, resultó bastante cómodo y puntual y, sobre todo, a muy buen precio para lo que esperábamos en un principio (unos 53 euros i/v Tenerife-Barcelona). Nos encontramos con buen clima y menos frío del esperado, al menos teniendo en cuenta el temporal que había azotado la mitad norte de la península en los días anteriores. Tras pasar unas horas con nuestra anfitriona (gracias por todo wapa!) y algunos de sus amigos, nos llevaron a cenar a un restaurante japonés muy de moda en Barcelona, el ON Sushi Restaurant, situado en pleno Eixample.

Sin duda, lo que más llama la atención nada más entrar es la estética, con una cuidada decoración de estilo moderno. Este restaurante supone una apuesta vanguardista dentro de la amplia oferta oriental que ya existe en la noche barcelonesa. La ciudad cuenta con muchísimos restaurantes japoneses clásicos, así que en ON quizás han querido captar a una clientela más joven y dinámica. El caso es que el local dispone de una amplia barra en la que una persona puede comer con bastante comodidad (como vemos tan a menudo en las series americanas), lo que constituye una opción muy poco habitual en los restaurantes españoles pero sin embargo cada vez más extendida en las ciudades cosmopolitas.

Tras reservar mesa en uno de los turnos de cena disponible (el primero a las 21.00 y el segundo a las 23.00 horas) nos presentaron una carta amplia con sopas, ensaladas, entrantes y una enorme selección de sushi. Nos dejamos guiar por nuestros acompañantes locales, por supuesto, y escogimos varios platos diferentes para poder valorar mejor la cocina. Entre nuestras elecciones, tempura de verduras y langostinos, fideos salteados con carne y verduras, pollo con cebolla, arroz con verduras y una hermosa selección de maki sushi de la que olvidé hacer fotos :(

Sin exagerar, toda la comida estaba increíblemente buena. Aunque yo no probé los maki porque no consigo digerir bien las algas del rollito, mis acompañantes en la mesa no dejaron ni un solo bocado en el plato, de lo que se deduce que estaba también muy rico. Para el postre nos presentaron una bandeja con una muestra visual de cada opción. Finalmente nos decidimos por un postre de mascarpone con frutas del bosque, un pastel de té verde, tarta de chocolate negro y té verde, y un sakura mochi. Tenía curiosidad precisamente por probar el mochi, un pastelito muy típico de la repostería japonesa preparado a base de arroz y que en este caso se acompañaba de anko (relleno de judías dulces). También me sorprendió muy gratamente el pastel de té verde, con una consistencia y un sabor perfectos.
El servicio del restaurante es bastante rápido y correcto, a pesar de que tuvimos que reclamar un pequeño detalle de la factura. Aunque no es un sitio barato, la calidad y abundancia de la comida compensa totalmente el precio. En nuestra mesa pedimos una botella de vino y cuatro postres, que normalmente son los conceptos que más encarecen la cuenta (cada postre cuesta más de cuatro euros, aunque francamente yo creo que los vale). La tarifa normal puede situarse entre 20-25 euros por persona, lo que no resulta especialmente caro para una cena de estas características.

Con respecto a los demás almuerzos y cenas, hay que decir que Barcelona es una ciudad bastante cara para comer, o al menos en comparación con sitios más pequeños. Para los turistas como nosotros que no conocemos demasiado los restaurantes locales y no sabemos muy bien cómo elegir un sitio adecuado, los locales self-service de buffet libre resultan una opción cómoda y barata. Uno de los restaurantes de este tipo que más nos gustó fue el Fresc Co., que es una franquicia especializada en comida mediterránea que cuenta con más de 40 locales en toda España. Por 9.95 euros ofrecen una variada selección de platos fríos y calientes entre los que se incluyen ensaladas, sopas, pastas y pizza, con postres, bebida y la posibilidad de repetir todas las veces que se quiera. No es un sitio de lujo pero la comida es buena y las opciones para preparar un plato saludable son mayores que en cualquier otro restaurante en las que no controlas lo que lleva el plato.

Los elementos frescos los eliges por separado: lechuga, tomate, maíz, varios tipos de arroz, lentejas, pimiento, remolacha, cebolla, brotes de soja y un montón más, con algunas ensaladillas preparadas y varios condimentos para aliñar al gusto. En los platos calientes existe la opción de tomar sopa o crema de verduras, pasta preparada o simplemente cocida para añadirle la salsa que se desee (tomate natural, cuatro quesos, etc), pizza con varios ingredientes, un plato de pavo guisado y una guarnición de verduras. Supongo que las preparaciones son similares todos los días. Entre los postres, un par de tartas o pasteles preparados, macedonia, fruta natural y helado, además de máquina de café o té para servirse. Como digo, una elección decente para comer cuando no se conoce demasiado el entorno y creo que algo más saludable que el típico McDonald's de turno.

viernes, 7 de marzo de 2008

Tiburón

Aprovechando que todavía no es verano y no aflorará a nuestra mente esta pesadilla náutica al darnos un chapuzón, me apetecía comentar un clásico del cine de terror: "Tiburón" (Jaws). Precisamente uno de los protagonistas, Roy Scheider, falleció hace algunos días, dejando para siempre en nuestra memoria y nuestras videotecas su papel de jefe de policía Martin Brody en esta escalofriante película.

Un joven Steven Spielberg fue el director en 1975 de esta genial obra del cine, basada en una novela de Peter Benchley. Una de sus principales preocupaciones era crear un tiburón lo más realista posible, para lo que trabajó de cerca en todos los detalles técnicos de la película. Ante la imposibilidad de rodar escenas cercanas con tiburones reales decidieron crear un animal mecánico que simulara los movimientos del depredador, al que llamaron Bruce. Para otras tomas se hizo uso de profesionales que grabaron a tiburones reales en Neptune Islands.

Los extras de la película, que eran en realidad ciudadanos de la zona de rodaje, cobraron 64 dólares por chapotear y gritar en el agua en las escenas de pánico. Los tres protagonistas principales estuvieron magníficos y fueron grandes elecciones para la cinta, aunque no fueron los primeros candidatos ni para el director ni para los productores. Robert Redford, Paul Newman y Steve McQueen eran los preferidos por el autor de la novela, actores que por entonces estaban muy de moda. En su lugar, los contratados fueron Roy Scheider, Robert Shaw como el duro superviviente de la guerra y capitán del barco cazador de tiburones "Orca", y Richard Dreyfuss en el papel de estudioso del instituto oceanográfico. Precisamente Dreyfuss repetiría con Spielberg en el siguiente éxito del director, "Encuentros en la tercera fase".

El último ingrediente de la cinta fue sin duda la banda sonora de John Williams, colaborador habitual de Steven Spielberg desde entonces y que compuso una música tensa y contundente para acompañar a las sorprendentes escenas del film. Su trabajo fue merecedor de un Oscar aquel año, así como lo fue el montaje de Verna Fields y el impactante sonido. Aunque no venció como mejor película, también fue nominada en esa categoría esta historia del sanguinario tiburón blanco que ataca a inocentes bañistas en la tranquila isla de veraneo de Amity.

La cinta tuvo un gran éxito, recuperando casi las tres cuartas partes de su presupuesto en su primer fin de semana de exhibición en las salas estadounidenses y convirtiéndose en la más taquillera del momento. El público sufría en las playas las bromas de las aletas y posiblemente la mitad de los que sufren miedo al mar hayan visto agravadas sus fobias tras ver la película. De hecho, la película fue acusada de promover un terror ilógico a los tiburones, aunque el libro de Benchley se basara en ataques reales ocurridos en New Jersey en 1916. El horror de "Tiburón" se vio potenciado por las secuelas que no tardaron mucho en aparecer, todas desvinculadas de Spielberg y su productora, y a cada cual peor. También se realizaron en los años siguientes multitud de películas de serie B que aprovechaban el filón de los escualos asesinos, como "Tintorera", "Orca" o "Ciclón", todas de pésima calidad.

Sin embargo, la "Tiburón" original sigue manteniendo a pesar de los años transcurridos un toque de frescura y de corrección que no eran tan habituales por entonces. Sin duda el director Steven Spielberg apuntaba maneras y el resultado de este trabajo fue increíblemente bueno, aunque el rodaje fue una auténtica tortura para todo el equipo, hasta el punto de que Spielberg ha odiado desde entonces rodar tomas acuáticas. La película se sitúa hoy en el puesto 91 del Top #250 de las cintas más valoradas por los usuarios del IMDB y en el lugar 48 de la lista de las mejores películas de todos los tiempos elaborada por los miembros del American Film Institute.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Billy Idol

Uno de los referentes indiscutibles del punk-rock de los ochenta es el británico Billy Idol. Su pelo rubio oxigenado y la presencia permanente del cuero en su vestuario lo convirtieron en un ídolo, como su propio nombre artístico indica, de miles de jovencitas de la época, sin olvidar esa actitud dura y salvaje que encandilaba a no pocos fans masculinos.

A pesar de haber comenzado su carrera formando varios grupos en su Gran Bretaña natal a finales de los setenta, su camino hacia el éxito se abrió realmente cuando se trasladó a Nueva York. Su estilo y su música pretendían plasmar su admiración por David Bowie, Sex Pistols, Iggy Pop y otros contemporáneos, para lo que su primer paso fue cambiarse el nombre de William Broad por el de Billy Idol, procedente de una antigua anécdota colegial. En 1982 publicaría su primer disco, con el que marcaría ya una constante en su sonido. Pero el gran éxito no le llegaría hasta 1983 con su segundo trabajo "Rebel yell" que, además de la gran canción que le daba título, incluía uno de los temas más escuchados de Idol, "Eyes without a face".

Su enorme repercusión en los ochenta culminó con el disco "Charmed life", publicado en 1990 y en el que aparecía el tema que yo he elegido para esta semana, "Cradle of love". Esta canción se incluyó también como tema central en la película "Las aventuras de Ford Fairlane", de ese mismo año. Sus canciones han aparecido en otras muchas películas, sobre todo "Rebell yell", "White wedding" y "Dancing with myself", esta última perteneciente a su primer EP e interpretada por The Donnas en "Chicas malas", con la participación de la omnipresente Lindsay Lohan.

En 1993 Billy Idol sacó al mercado "Cyberpunk", el principio de una decadencia personal y profesional de la que el artista tardaría mucho en recuperarse. Los efectos de las drogas comenzaron a hacer estragos en la vida del cantante, hasta el punto de que en 1994 sufrió una sobredosis que casi acaba con su vida a la salida de un club. Además, diversas discrepancias con su discográfica lo mantuvieron alejado de los estudios durante más de una década.

En 2005, al tiempo que cumplía 50 años, editó su último disco original con el nombre de "Devil's playground", sin conseguir acercarse al éxito que tuvo en su época dorada ochentera. Eso sí, ha sabido envejecer fiel a sus tendencias musicales y estéticas, con el pelo de punta, decolorado, y cruces y correas de cuero en su cuerpo, cosa que le honra como espíritu rockero punk que es y será siempre.

martes, 4 de marzo de 2008

El hotel más pequeño del mundo

El hotel más pequeño del mundo se encuentra en la localidad holandesa de Eenrum y se llama, paradójicamente, Grand Hotel “De Kromme Raake”. Como no podía ser de otro modo, consta de una sola habitación pero con todas las comodidades de una suite moderna: sala de estar con una estufa clásica, un renovado cuarto de baño, televisión y una cama king-size encajada dentro de una especie de armario. La dirección del hotel obsequia a los clientes con dos camisones de dormir, muy acordes con el estilo rústico y la decoración de la casa.

El local en el que se ubica actualmente este establecimiento hotelero fue una antigua tienda de comestibles, que se remodeló en el año 1989 para aparecer en el Libro Guinness de los Records como el hotel más pequeño del mundo. El pueblo en el que se sitúa,
Eenrum, al norte de la provincia holandesa de Groningen, cuenta con apenas 1.500 habitantes, tres cafeterías y una fábrica de velas, en la que los visitantes pueden elaborar su propia vela.

La estancia de una noche para dos personas con desayuno típico incluido en el Kromme Raake cuesta 150 euros, cantidad que aumentará a 175 si se desea champagne por la mañana. La opción de gran lujo supone una estancia de algunas horas más, con café y pastelitos en la recepción y añadiendo además una cena especial en el cercano restaurante Abraham’s Mosterdmakerij, que es conocido por ser también una fábrica de mostaza. Por todo ello, la tarifa es de 275 euros.

Este pintoresco hotel es una exquisita elección para viajeros ávidos de nuevas experiencias (si consiguen hacer la reserva, porque con una habitación sola debe estar difícil la cosa hasta el 2010, mínimo). Ah, y absténganse claustrofóbicos porque lo de dormir en una cama encajada en un armario no creo que les resulte muy agradable.


domingo, 2 de marzo de 2008

Mi primer pan!

Como todavía no dispongo de un recipiente adecuado para hacer pan de molde, me he tirado de cabeza a la piscina del pan normal. Sí, ese mismo que compramos en las panaderías, crujiente y que huele tan bien. Pues en mi primer intento la cosa no me ha salido nada mal, aunque esté mal que yo lo diga :D

No se me dan demasiado bien las masas pero con ésta no me he peleado demasiado. Antes de ponerme a ello busqué por internet y encontré miles de recetas, unas más fáciles, otras más complicadas, con
masa madre (que todavía no me he atrevido a preparar) y con distintos métodos de amasado. Como yo no tengo panificadora, ni amasadora, ni ningún cacharrito que me ayude en el proceso, cogí detalles de aquí y de allá y conformé la receta más sencilla y cómoda para probar sin que me causara demasiada frustración en caso de que no funcionara. Tengo que agradecer a Bea sus consejos y los enlaces que me facilitó, donde encontré valiosa información para embarcarme en el mundo del pan.

Los ingredientes que utilicé fueron: 500 gramos de harina
(no puedo asegurar que sea de fuerza, aunque eso es lo que pedí en la panadería, porque no tengo muy claro si la dependienta me entendió), medio litro de agua tibia, 15 gramos de levadura fresca (yo usé algo más de medio cubito de los de Mercadona), una cucharadita de aceite de oliva y una cucharadita de sal. Evidentemente, el pan que resulta de estos ingredientes es un pan blanco súper sencillo, sin sabores exóticos ni nada parecido, pero muy similar a cualquier pan rústico o artesano de las panaderías.

El primer paso es disolver la levadura en una taza de agua templada. Se deshace con los dedos, luego se le añaden tres o cuatro cucharadas de harina y se revuelve bien la mezcla. Se deja tapado con un trapo en un lugar libre de corrientes de aire, para que la levadura se active. El objetivo es que el “bichito” de la levadura reaccione, se vaya comiendo la harina, fermente, haga burbujitas y forme una especie de pasta espesa que será lo que hará luego subir el pan. Al menos eso es lo que yo he entendido en las diversas explicaciones que se dan sobre el tema a lo largo y ancho de las páginas de panificación en internet, que son muchísimas.


Bien, tras una media hora o cuarenta minutos se supone que la levadura ya está preparada, así que se colocan en un bol grande los demás ingredientes. Se echa por tanto la harina, la sal y el aceite y, tras mezclar, se añade la levadura. Se va agregando agua tibia y amasando hasta alcanzar un resultado bastante homogéneo. Aunque no he conseguido ningún dato exacto sobre el tiempo de amasado, yo lo hice durante unos 10 minutos, añadiendo a ratos un poco de harina sobre la superficie para evitar que la masa se pegara.

Tras este proceso, la masa debe permanecer en un recipiente tapado con film transparente durante una hora (o incluso dos si es posible) hasta que doble su volumen. Parece increíble pero sí que crece la masa, así que elegid un bol amplio no metálico y enharinad bien las paredes para que no se pegue. Tras ese tiempo de levado, la masa se retira del bol y se elimina el aire que ha cogido, amasando unas cuantas veces ligeramente. Se cortan las piezas de los panes que queramos hacer, se les da forma y se ponen en una rejilla, dejándolos de nuevo reposar durante otra media hora o un poco más. Durante ese tiempo volverán a coger algo más de volumen.


Finalmente, se precalienta el horno, se les hacen unos cortes limpios a cada pieza y se meten los primeros 10 minutos a máxima potencia, reduciendo después la temperatura a unos 200º. Dependiendo del tamaño de las barras o bollos necesitarán más o menos tiempo de cocción. Los míos tenían forma de barritas de bocadillo, más o menos, y necesitaron aproximadamente unos 20-25 minutos, aunque he de decir que mi horno apura bastante así que es mejor ir controlando que no se tuesten. Cuando estén se dejan enfriar fuera del horno sobre una rejilla.


Con las cantidades que puse arriba salen entre seis y ocho panes pequeños, que a mí me duraron para dos comidas y un picoteo con 7 personas (and the Oscar goes for… mi pan!). Lo bueno fue que al día siguiente el pan seguía estando muy bueno, sin la corteza crujiente de recién hecho pero con la miga muy fresca. Lo guardé a temperatura ambiente en una bolsa de las de congelar y aguantó perfectamente sin ponerse duro a pesar de la miga compacta ni ablandarse como un chicle.

Estoy muy contenta con el resultado y, actualizando la información, repetí la receta el sábado pasado y volvió a quedar buenísimo. Puede que no tenga un sabor espectacular, puesto que no lleva ningún ingrediente extraordinario, pero como un simple pan rústico es una receta verdaderamente satisfactoria. Lo único malo es que se precisa bastante tiempo para su elaboración, aunque la mayor parte de ese tiempo es de espera. El proceso completo puede llevar en total unas cuatro o cinco horas hasta el momento de degustación, pero el esfuerzo es mínimo y la recompensa inmejorable.

sábado, 1 de marzo de 2008

Pequeña Miss Sunshine

“Pequeña Miss Sunshine” es una película sencilla, sin grandes pretensiones pero con un importante fondo. Es una comedia con toques dramáticos y una honda crítica social que nos hace comprender que no somos tan diferentes de los demás, ni en nuestros éxitos, ni en nuestros fracasos. Fue la sorpresa de los Oscars del año pasado y yo creo que se mereció ese lugar de película revelación.

Realizada con un presupuesto modesto para lo que es hoy el cine americano (8 millones de dólares), la película lanzó a la primera plana a una pareja de directores desconocidos, Jonathan Dayton y Valerie Faris, que hasta entonces habían empleado todo su talento en la producción de vídeos musicales. Para el guionista Michael Arndt también fue esta su primera película, ganando el Oscar al mejor guión original con ella.

*** Spoilers! ***

La familia Hoover es un mosaico de locos en el que cada miembro lucha por sobrevivir enfrentándose a sus propios fantasmas. El padre fracasa una y otra vez en su empresa de proyectos de autoayuda para lograr el éxito, mientras ve que su propio padre, el abuelo Hoover, desperdicia los últimos años de su vida esnifando heroína y maldiciendo. Su hijo el joven Dwayne, de 15 años, se niega a hablar desde hace meses porque no le permiten ingresar en la academia de pilotos, mientras que su hija Olive, una regordeta niña miope de 7 años, aspira a convertirse en una belleza de los concursos de televisión. La abnegada madre soporta con estoicismo el cuadro diario de su hogar, sobre todo cuando se ve obligada a incorporar temporalmente a la familia a su hermano Frank, un gay con el corazón roto que ha intentado suicidarse.

Vista la situación, cualquiera diría que esa familia es una prueba de hogar desestructurado y sin futuro, pero todos deciden unir sus esfuerzos para ver cumplido el sueño de Olive: participar en el concurso infantil de belleza Little Miss Sunshine. Para ello deberán atravesar medio país en una maltrecha furgoneta y sufrir multitud de contratiempos que, sin embargo, no les hará desistir de su empeño por hacer feliz a la niña.

De fondo hay una crítica brutal a los concursos de belleza, a esas pequeñas Barbies de 8 años maquilladas, peinadas y vestidas como modelos de 25 en las que no se atisba ni pizca de la inocencia que muestra la infantil Olive. Ella sólo aspira a ser una niña guapa, a dejar atrás esas horribles gafas y a eliminar esa barriguita que la hace torpe. Todavía es demasiado joven para comprender que la belleza, como no, también está en el interior y su familia la rodea de un amor y una seguridad que jamás le permitirá verse fea. La muerte inesperada del abuelo durante el viaje (debido a un mal viaje…), hace que Olive tenga más deseos aún de mostrar ante el crítico jurado de Little Miss Sunshine la coreografía que su abuelo ensayó con ella durante muchas horas.

La familia en sí es enternecedora. La relación de Olive con su abuelo es muy tierna e inocente, al margen de la obsesión sexual del viejo por las mujeres; el adolescente nihilista descubre en su tío suicida a alguien que escucha sus reflexiones y le comprende en su sufrimiento existencial; la crisis matrimonial entre Sheryl y Richard es un calco de la que puede sufrir cualquier pareja con una situación económica difícil y cargas familiares añadidas. Todo tiene unos tintes de naturalidad sorprendente dentro de la particular locura de los Hoover. Podemos mirar hacia nuestras propias familias y posiblemente ellos serán más normales que algunos de nuestros propios consanguíneos. Eso es precisamente lo que los hace tan especiales, tan dignos de la comprensión y el cariño del espectador.

*** Fin de Spoilers! ***

“Pequeña Miss Sunshine” es para mí un soplo de aire fresco cinematográfico, no muy espectacular ni sorprendente pero sí muy cotidiana. Tiene momentos muy divertidos y otros mucho más dramáticos, lo que en conjunto hace del film algo muy entretenido que sigue una línea regular. Las interpretaciones son bastante correctas, aunque algunas escenas del guión llegan un pelín forzadas. Mi personaje favorito es sin duda el de
Toni Collette en su papel de sufrida madre, que mantiene económicamente a la familia, es resolutiva y siempre tiene una sonrisa para todos, poniendo un poco de cohesión y lógica en ese collage de personalidades que habitan bajo su techo. Alan Arkin, encarnando al deslenguado abuelo Hoover, ganó el Oscar por esta interpretación, 40 años después de haber sido nominado por primera vez por “Que vienen los rusos”.

Técnicamente hay también un buen trabajo en “Pequeña Miss Sunshine”, además de que la fotografía y la música son muy acertadas. Da en general la impresión de ser una producción hecha con cariño y, dentro de lo poco que me gustan las películas con niño, ésta se merece una buena nota por su prudencia y acierto al no mostrar algunos tópicos del género.

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