sábado, 27 de noviembre de 2010

Réquiem por un sueño

Muchísima gente había comentado que ésta era una de las mejores películas de los últimos tiempos. Bien, desde mi punto de vista esa consideración es un tanto excesiva aunque la película se puede catalogar como buena y con partes ciertamente brillantes. Tiene dos hilos argumentales claramente diferenciados donde uno gana claramente la partida al otro. Pasaré a relatarlo en los spoilers para los interesados.

*** Spoilers! ***

“Réquiem por un sueño” es una revisión del sueño americano, la ambición, la ilusión, la esperanza, y cómo todos esos sentimientos se van desvaneciendo aniquilados por el inframundo de las drogas. Ellen Burstyn interpreta magistralmente a Sara Goldfarb, una madre viuda y abducida por el poder de la televisión. Sufre los desaires de su hijo Harry, que empieza a tontear con las drogas y que poco a poco se ve inmerso en el trapicheo y el consumo desmedido junto a su novia Marion (maravillosa Jennifer Connelly). El futuro de la joven pareja se va resquebrajando a medida que su adicción es mayor y las ganas de colocarse superan con creces a las de la voluntad.

Por su parte, la vida gris y monótona de la madre da un vuelco cuando le comunican que ha sido seleccionada para participar en un concurso televisivo. Su obsesión por adelgazar unos kilos y ofrecer su mejor imagen al mundo la va consumiendo. Se vuelve adicta a las anfetaminas en forma de pastillas adelgazantes y comienza a delirar mientras se monta un universo paralelo en el que ella es una mujer importante y querida, algo que no siente desde hace mucho tiempo. Ésta es, sin duda, la mejor parte de la película, la que muestra el descalabro mental de una mujer que lucha contra una soledad física y moral que la oprime sin remedio. El poder alienante de la televisión y las anfetas la van dominando y aislándola de todo resquicio de realidad que pudiera quedar a su alrededor.

Mientras, Harry, Marion y su amigo Tyrone se hunden en las miserias de sus deseos incumplidos y sus fracasos. Comienzan los reproches, los sufrimientos y la frustración, todo amparado por el consumo cada vez más descontrolado de sustancias. Subsisten como camellos de poca monta y van cayendo cada vez más bajo para conseguir sus dosis, alejándose del ansiado sueño americano que los iba a salvar de sus insulsas existencias. La muerte y la locura acechan cada vez más a estas pobres marionetas del mundo.

*** Fin de Spoilers! ***

Todo ello va acompañado, como ya es habitual en el cine de Aronofsky, de un efectismo visual importante, que al final a mí se me hizo un poco repetitivo y pesado. Continúa en ese sentido la línea que ya iniciara en “Pi, fe en el caos”, aunque en este caso depositando todo el peso del film en el tratamiento del color, los primeros planos y, de nuevo, un montaje bastante llamativo pero también bastante embrolloso, a base de golpes de cámara que tienen como único objetivo apabullar al espectador con el bombardeo de imágenes.

Personalmente no me parece una obra tan redonda como opina mucha gente. La parte de Burstyn es realmente impresionante (no comprendo por qué no ganó el Oscar cuando su papel está muchísimo más elaborado y trabajado que el de Julia Roberts en “Erin Brockovich”) pero el periplo de Jared Leto y Jennifer Connelly como yonkis no deja de ser un sinsentido poco original que se apoya básicamente en la fuerza visual del proceso de consumo. En ciertos momentos me recordó a “Trainspotting”, otra película sobre drogadictos que no me gustó nada, así que será que no me dice gran cosa que me muestren esa degeneración tan consciente y voluntaria del ser humano.

Sin embargo, en conjunto “Réquiem por un sueño” está bien y gracias a ella el director Darren Aronofsky se ganó la consideración del gran público. La dirigió en el año 2000 y más de 110.000 personas la valoraron con un 9 ó un 10 en las votaciones del IMDB, lo que la sitúa en el puesto 62 del Top250 de las mejores películas de la historia, según los usuarios de ese portal cinéfilo.

Puntuación: 7 sobre 10.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Spotify

Hace un par de años GeekDraz me envió una invitación para crearme una cuenta en un programa que se llamaba Spotify, que era una aplicación para buscar y escuchar música. Por aquel entonces yo usaba LastFM y estaba bastante satisfecha con el sistema, así que me registré en Spotify pero no lo utilicé hasta mucho tiempo después. Last.FM era un servicio gratuito con el que podías escuchar canciones al instante, buscar artistas similares, revisar las biografías y discografías de los cantantes y un sinfín de cosas más. Pero un día Last.FM dejó de ser gratuito y en ese momento entró en mi vida Spotify.

De origen sueco y con base de operaciones entre Luxemburgo y el Reino Unido, Spotify nacía con vocación de servicio de streaming musical, con la posibilidad de crear listas de reproducción, buscar música por afinidad, compartir preferencias con otras personas conectadas... En esencia el funcionamiento es muy similar al de Last.FM con la diferencia de que, más que una página web, Spotify es una pequeña aplicación independiente con la que interactúas para disfrutar de millones de temas musicales.

Para mí los principales puntos a favor de esta herramienta es que la música es instantánea, no hay que descargarse ningún mp3 ni esperar a que se cargue nada para escucharla; podemos importar nuestra propia biblioteca de mp3, la que tengamos en el disco duro, gestionarla y escucharla a través de Spotify con la misma calidad; tenemos secciones de novedades y sugerencias, imprescindibles para conocer música nueva; podemos crear listas de reproducción y guardarlas como haríamos en cualquier reproductor común de mp3 (tipo WinAmp); y además, podemos cruzar los contactos de Facebook y otras redes sociales con nuestra cuenta de Spotify para acceder a las listas musicales de nuestros amigos. Y ésas son sólo algunas de las ventajas de la aplicación.

(click en la imagen siguiente para ampliar detalle de la interfaz)
En la parte negativa tenemos la publicidad, base de la financiación de Spotify. Cada tres o cuatro canciones (a veces más) se emite un anuncio que, aunque no interrumpe en ningún caso la música, sí "molesta" un poco. También existen banners publicitarios que aparecen en la interfaz del programa. Para evitar esas intromisiones existe la opción premium, pagando 10 euros al mes y obteniendo música ilimitada sin publicidad, en modo offline y con algún otro beneficio. Las cuentas que se abren ahora (Spotify Open) ya no tienen la opción de música ilimitada de la que sí disponemos los que nos registramos en su momento por invitación. Esos nuevos usuarios cuentan sólo con 20 horas de música gratis al mes, aunque es la opción ideal para probar el servicio y ver si nos convence como para querer pagar por ello. Para conseguir la opción de más horas sería necesario registrarse en Spotify Unlimited, por 5 euros mensuales.

A través de Spotify existe también la opción de comprar música, de un modo similar al sistema de iTunes. Aunque todo lo que escuchamos en Spotify lo hacemos de forma legal, ya que la compañía ha firmado acuerdos previos con los artistas y las productoras, comprando el producto podemos disfrutarlo directamente en nuestro equipo. No sé si el método funciona pero he leído que Apple está haciendo presión para evitar la inminente llegada de la iniciativa sueca a Estados Unidos, ya que sus ventas a través de iTunes podrían verse seriamente afectadas.

(click en la imagen siguiente para ampliar detalle de la interfaz)
Spotify, que ya cuenta con más de 10 millones de usuarios en Europa, se puede descargar tanto para Windows como para Macintosh, y creo que también están desarrollándolo para que próximamente pueda funcionar bajo Linux. Desde que lo conozco apenas he vuelto a utilizar el reproductor de mp3 normal en mi ordenador y casi no he vuelto a descargar música de forma digamos "dudosa" :P Aquí en el blog, para que puedan escucharlas todos los visitantes, enlazo directamente las canciones a través de GoEar, disponible de forma gratuita y con mayor cobertura geográfica que Spotify por ahora.

Juro que no me pagan por promocionar Spotify, pero tengo que decir que lo recomiendo a todo el mundo y estoy segura de que, como me ha ocurrido a mí, muchos de vosotros descubriréis mucha música gracias a esta herramienta. Y como hoy no he podido subir música nueva os invito a compartir aquí una canción de una de mis listas de Spotify, que ya ha sonado en el blog, "Will you love me tomorrow", de las fantásticas The Shirelles. En primicia absoluta para los que no son mis contactos de Facebook la podéis escuchar también en versión perpetración por mí misma, en GoEar :D Reclamaciones por daños auditivos en los comentarios, gracias...

Aquí el enlace de Spotify del tema.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Las ovejas de Glennkill

Yo sé que reírse sola mientras se lee algo no debe dar muy buena impresión, pero eso es lo que me ha ocurrido leyendo “Las ovejas de Glennkill”, la primera y hasta ahora única novela publicada por la autora alemana Leonie Swann. Este libro, escrito con gran originalidad y desenfado, nos narra las investigaciones de un rebaño de ovejas para descubrir al asesino de su pastor, ocurrido en el pueblecito irlandés de Glennkill.

Y lo de “ovejas” no es en sentido figurado. Entre las ovejas, descritas por la autora al más puro estilo de Agatha Christie, se encuentra la más lista del lugar, la que tiene mejor memoria, la más experimentada, la de mejor sentido del olfato… y así hasta completar un rebaño de lanudos personajes que actúan como humanos sin ser conscientes de que son vistos sólo como animales. Los ovinos interpretan lo que ven acorde a sus escasos conocimientos del mundo humano, adquiridos a través de las lecturas vespertinas de su recién fallecido pastor.

Las ovejas, que han descubierto al pastor muerto en su parcela, atravesado por una pala, deciden iniciar sus propias pesquisas para averiguar quién ha podido ser el autor de semejante crimen. Entienden que la pala no ha podido hacer nada por sí sola y que los humanos, que ellas clasifican según su olor y las palabras sueltas y comprensibles que captan en sus conversaciones, son los únicos responsables de que su amado dueño ya no las guíe en su camino. Así, inician un disparatado periplo por el pueblo de Glennkill para investigar entre los lugareños, que cada vez están más desconcertados con la extraña actitud de los animales.

Me ha gustado muchísimo la manera de contar la historia, tan novedosa y divertida, uniendo la perspectiva humana de las cosas con la sabiduría animal. El resultado es una coctelera de situaciones surrealistas (escenas como la de los efectos que sufre una de las ovejas tras “pastar” marihuana no tienen precio) que nos hacen empatizar más con las pobres ovejitas que con los hombres del pueblo. Es una lectura muy recomendable para pasar un buen rato y que además también cuenta con algunas reflexiones filosóficas destacables.

Leonie Swann, una joven escritora de 35 años, publicó “Las ovejas de Glennkill” en 2005, conocido también como “Glennkill” a secas o en su traducción inglesa como “Three bags full”. La óbra ganó el premio Glauser de novela policíaca y ha sido traducida del alemán original a más de 30 idiomas.

Puntuación: 9 sobre 10

viernes, 19 de noviembre de 2010

Pastel de melocotón con sésamo

Antes de nada tengo que decir que no esperaba gran cosa de este pastel, ya que se trataba de aprovechar unos cuantos ingredientes que se acercaban a su fecha de caducidad. Y sin embargo, lo que son las cosas, ha sido uno de los que mejor me han salido y de los más sabrosos según uno de los catadores habituales de mi comida (GeekDraz).

El caso es que tenía un bote abierto de mermelada de melocotón en la nevera que en breve empezaría a ponerse verde (lo sé por experiencia). Este tipo de conservas siempre se me acaban estropeando porque los botes traen demasiada cantidad para una sola persona y no tengo manera de utilizarla más rápidamente, ya que yo casi nunca desayuno tostadas ni similares. Me ocurre lo mismo con los huevos: resulta mucho más barato comprarlos por docenas que de seis en seis, pero como yo tengo limitado mi consumo a 2-3 unidades por semana, siempre acaban unos cuantos al borde de la caducidad. Con este planteamiento, pensé en alguna receta para aprovechar sobre todo estos dos ingredientes, además de una bolsa de salvado que pronto pasará a mejor vida.

Mirando en internet se me ocurrió que me apetecía hacer algo con sésamo, especia que me encanta y que intento incluir en todas las recetas que puedo, tanto dulces como saladas. En el blog de Cristina “La cocina de la Crinch” vi un bizcocho de almendras y sésamo que me inspiró un poco para mi plato.

Finalmente mis ingredientes fueron: 2 huevos batidos con un chorrito de leche desnatada, 1 yogur de limón desnatado, 1 vaso y medio de azúcar moreno, 2 vasos de harina blanca, ½ vaso de aceite de girasol, una cucharada de sésamo, una cucharadita de azúcar avainillado, dos cucharadas colmadas de salvado, medio sobre de levadura de repostería y unos 150 gramos de mermelada de melocotón.

Se baten los huevos con la leche, el yogur, el azúcar y el aceite. Cuando esté bien mezclado se va añadiendo poco a poco la harina con la levadura, incorporándola bien a la masa evitando los grumos. Finalmente se pone el salvado y el sésamo, removiendo de nuevo. La masa se vierte en un molde redondo, untado con aceite si es necesario (el mío era de silicona) y se espolvorea con abundantes semillas de sésamo por encima. Se deja en el horno precalentado a 200 grados alrededor de 45 minutos.

Cuando esté listo, se saca y se deja enfriar del todo antes de abrirlo por la mitad con un cuchillo de sierra. Intentad hacer el corte justo por la mitad de la altura del bizcocho o incluso un poco hacia arriba, porque a mí se me fue la mano y lo hice bastante bajo, por lo que la parte superior pesaba bastante más que la inferior. Se esparce bien la mermelada (yo usé melocotón pero puede ser de cualquier otro sabor) y se tapa, dejándolo reposar un poco antes de consumir para que se asiente la mermelada dentro del bizcocho. El resultado, para mi gusto, riquísimo!.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Englishman in New York

Hace unos días caí en la cuenta de que aún no había sonado en el blog una canción que ha tenido siempre un significado muy especial para mí. Se trata de "Englishman in New York", un tema de Sting, antiguo líder del grupo británico The Police que el artista incluyó en su disco de 1987 "Nothing like the sun". Es además el único disco suyo que tengo y que escuché mucho durante una época, pero he de decir que su sonido acabó por aburrirme un poco y hace bastantes años ya que no sigo su carrera.

Esta canción es especial porque en bastantes momentos me he sentido identificada con su letra. Ni soy inglesa ni he estado nunca en Nueva York, pero las diferencias culturales son a veces abismales sin necesidad de cambiar de país.

"Englishman in New York" estuvo apoyada en su lanzamiento por un vídeo en blanco y negro dirigido por el casi desconocido por entonces David Fincher, experto en videoclips musicales y anuncios publicitarios hasta que dio su gran salto al cine. Es un vídeo bastante famoso con imágenes de la ciudad de Nueva York y estoy segura de que casi todos lo habéis visto ya, pero os lo dejo en este enlace por si alguien lo quiere recordar.

Y sin más, escuchemos esta semana a Gordon Matthew Summer, alias Sting, sintiéndose extraño como un británico en Nueva York: "Englishman in New York".



I'm an alien I'm a legal alien
I'm an Englishman in New York

martes, 16 de noviembre de 2010

Amigurumi Nosferatu

Hace unos días estuvo de cumpleaños GeekDraz y tenía en mente regalarle este Nosferatu de amigurumi. Lo había visto en el blog de Veo Visiones, que hace cosas muy chulas. El original creo que pertenece a "Creepy Cute Crochet", un libro muy conocido entre los que ganchillamos y donde también hay zombies, brujas y otros bichejos terroríficos de lana.

En este caso yo me guié directamente por el Nosferatu que publicó Veo Visiones, inventándome una vez más el patrón y añadiendo el detalle de las manos que ella le incluyó también en los suyos. Me parece una gran idea lo de las manos, que le aportan muchísima expresividad al vampiro. Su imagen se acerca así mucho más al estilo tétrico e inolvidable del Nosferatu de F.W.Murnau.

El amigurumi lleva lana acrílica color hueso para la cabeza y negra para el resto del cuerpo. Le bordé la típica boca con colmillos y le puse también un enganche para poder colgarlo. Su tamaño es similar al de los zombies, unos 7 u 8 centímetros, así que tampoco tiene mucho peligro a pesar de su espantosa imagen :D

Nosfe, como es conocido entre los colegas, ha tenido también una gran acogida, así que posiblemente pase a formar parte de mi catálogo personal para repetirlo. Si consigo acordarme de cómo lo hice, claro...

sábado, 13 de noviembre de 2010

En terapia (In treatment)

Hace un par de meses me recomendaron esta serie. La primera temporada es fantástica y me enganchó muchísimo. Acabo de terminar de ver la segunda, un pelín más floja, pero también con sus puntos de interés. “En terapia” está interpretada por el conocido actor Gabriel Byrne en el papel principal de un terapeuta que recibe a distintos pacientes en su consulta neoyorkina.

Cada capítulo narra la sesión semanal con uno de los pacientes y los vínculos que cada uno de ellos crea con el psicoanalista. Se muestra además la cara más humana del profesional, sus conflictos familiares, sus puntos débiles y sus propias dudas ante las situaciones personales que se le plantean, lo que le da un enfoque muy interesante a la serie.

Este serial estadounidense está basado en un formato original de la televisión israelí que, bajo el título de “Be tipul”, se emitió durante dos temporadas en ese país. En 2006 ganó todos los premios de la Academia de Televisión Israelí como mejor serie dramática, incluyendo director, guión, actor y actriz. En 2008 se presentó “In treatment” en Estados Unidos en la cadena por cable HBO, con gran éxito de crítica y público, y proporcionándole además a Byrne un Globo de Oro por su trabajo. La serie también fue adaptada en 2009 en Serbia y recientemente en Holanda, todas siguiendo fielmente la estética y la temática del original de Israel.

Los capítulos son muy cortitos, poco más de 20 minutos cada uno, y la verdad es que se ven muy bien. A mí el tema de la psicología y los conflictos emocionales me interesa bastante (estoy en la edad, igual me matriculo pronto, jaja) así que la serie me enganchó desde el principio. Aún no he visto nada de la tercera temporada, pero tengo pensado seguirla también y espero que mantenga la calidad de las dos anteriores.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Black horse & the cherry tree

La cantautora escocesa KT Tunstall se dio a conocer en un programa de la televisión británica, en el que dejó impresionados a todos los espectadores con su genial actuación. Por entonces ya tenía en el mercado su primer disco, editado a finales de 2004 con un estilo pop y aires del folk de su país natal. Pero aquella interpretación para el gran público de su canción "Black horse & the cherry tree", acompañada únicamente por un pedal-grabadora, le proporcionó un enorme éxito. Su disco se relanzó, se publicó también en Estados Unidos y Tunstall comenzó a dejar de ser anónima en el mundillo musical.

Esta cantante, cuyo nombre real es Katie (se pronuncia en inglés igual que KT), es conocida por sus conciertos, en los que sólo utiliza su guitarra y su inseparable pedal, con el que graba otros instrumentos, coros y demás ritmos para acompañar sus temas. La verdad que verla "crear" sobre el escenario sus canciones es todo un espectáculo.

Acaba de publicar su tercer disco de estudio y ya ha obtenido críticas muy positivas.
Entre sus canciones más conocidas se encuentran "Suddenly I see", utilizada en varias series de TV como "Anatomía de Grey" o "Entre fantasmas", y este "Black horse & the cherry tree", ambas pertenecientes a su primer LP "Eye to the telescope". Esta semana disfrutemos con el caballo negro y el cerezo de KT Tunstall.


So I sent it to a place in the middle of nowhere
With a big black horse and a cherry tree.
Now it won't come back, 'cause it's oh so happy
And now I've got a hole for the world to see

And it said no, no, no, no-no-no
Said no, no, you're not the one for me

martes, 9 de noviembre de 2010

Kelly Slater, el mejor surfista del mundo

El veterano Kelly Slater acaba de proclamarse campeón del mundo por décima vez, lo que lo convierte en el mejor surfista de todos los tiempos, según leo en una noticia publicada en el periódico digital de El Mundo. Este americano de 38 años es el profesional del surf que ha ganado un campeonato mundial con mayor edad, como ya fuera el más joven en hacerlo cuando tenía 20 años.

Personalmente, yo le tengo un especial cariño a este muchacho, ya que mi primer novio practicaba surf y Slater era uno de sus favoritos, junto con Sunny García o el veterano Tom Curren. Aunque parezca mentira, también había algún que otro español en la élite del surf, sobre todo oriundos de Galicia, Asturias o el País Vasco, en cuyas playas se pueden coger las mejores olas. Recuerdo a Eneko Acero, que por entonces era un chavalito que despuntaba y que fue durante años el mejor valor de este país en el surf, seguido luego por sus hermanos Iker y Kepa.

Durante años me moví en ese ambiente surfero y leí muchas revistas especializadas como Surfer Rule o 3sesenta, que ahora tienen su edición en internet pero que en aquella época eran en papel y de escasa distribución en muchos lugares. Aprendí que las olas tenían paredes, creaban tubos (que no túneles) y que las tablas también tenían quillas que ayudaban a mantener su estabilidad. Por entonces vi también la mítica película “El gran miércoles”, dirigida en 1978 por John Milius, que abordaba la evolución de la amistad de tres amigos surfistas con el paso de los años. La película estaba protagonizada por algunas estrellas del celuloide en ciernes como William Katt, que un par de años después se convertiría en “El gran héroe americano”, o Gary Busey, que participaría también en 1991 en otra película que tocaba el tema del surf “Le llaman Bodhi”. Ambos films se convirtieron en todo un referente para los aficionados, muchos de los cuales consideran el surf un estilo de vida más que un mero deporte. Yo también intenté “surfear” en un par de ocasiones, pero el resultado más que surfear lo consideraría supervivencia sobre una tabla y evitación del ahogamiento...

El joven Kelly Slater ascendió enseguida gracias a su rompedora visión del surf y a su innovación. Se ligó al potente patrocinador Quiksilver y a mediados de los noventa era toda una figura en este deporte, minoritario pero con seguidores muy fieles como suele ocurrir con todas las actividades deportivas “menores”. Pero muchos quizás recuerden más a este fantástico surfista por su participación en la serie “Los vigilantes de la playa” a principios de los noventa, en la que aprovechó su imagen y su recién adquirida notoriedad para ganar muchos más fans, sobre todo femeninas.

Lejos de despistarse con toda esa parafernalia mediática, Kelly Slater ganó durante cinco años consecutivos el ASP World Tour, el campeonato mundial de la Asociación de Surfistas Profesionales, entre 1994 y 1998, y continuó surfeando al más alto nivel mientras compatibilizaba otras tareas. Incluso llegó a grabar un disco junto con un par de colegas surfistas y a protagonizar algunas películas como secundario, además de producir documentales y ser el inspirador de un videojuego con su nombre.

Fue el rey absoluto de las olas hasta que con la entrada del nuevo siglo le salió un duro competidor: el hawaiano Andy Irons. Ambos vivieron una década de vibrante rivalidad, mientras Irons se confirmaba como sucesor natural del talento de Slater. Lamentablemente, su ritmo de vida y su coqueteo con las drogas no le permitió llegar a ser nunca el mejor y el dengue truncó la carrera de Irons hace apenas unos días, justo antes de la celebración del último campeonato mundial en Puerto Rico que acabó ganando Slater.

Pues hoy me apetecía escribir esta entrada actual pero con un toque de nostalgia sobre el mejor surfista de todos los tiempos, Kelly Slater, con mi visión personal y mi acercamiento al mundo del surf hace ya un montón de años. Para concluir, un precioso vídeo con algunas olas cogidas por el fenómeno Slater y su eterno rival Irons en la famosa rompiente de Pipeline, en Hawaii, una de las playas más frecuentadas por los surfistas. Parece fácil, eh?

sábado, 6 de noviembre de 2010

Pi, fe en el caos

Acabo de iniciarme en la filmografía de Darren Aronofsky, director muy valorado por la crítica del que todavía no había tenido la oportunidad de ver nada. He decidido empezar por el principio, claro está, así que mi primera elección ha sido su primer largo, dirigido en 1998 bajo el título español de “Pi, fe en el caos”. A muchos de vosotros quizás os suene la película porque en su momento fue bastante comentada, en parte por su novedosa realización y en parte también por la incomprensión generalizada de buena parte de sus espectadores. Yo me situaré en un discreto término medio, desde el que valoro la audacia técnica de Aronofsky pero echo en falta un poco de coherencia argumental y sencillez narrativa, que hubiera aportado algo más de cordura al film. Digamos que yo no tengo demasiada fe en el caos de “Pi”, francamente.

En la película un genio matemático se ve inmerso en una compleja lucha de poder entre los judíos y los tiburones de Wall Street, que se disputan sus descubrimientos sobre unas series numéricas aplicadas a las fluctuaciones de la Bolsa. Aparte de eso, el argumento da poco más de sí. El director se recrea en mostrar las paranoias y las obsesiones ilógicas del protagonista, con diálogos casi inexistentes y un montaje arriesgado que casi nos hace perder el hilo de la historia en más de una ocasión. Nada que no hayamos visto ya pero mucho mejor tratado en algunas películas de David Lynch, por ejemplo.

Pero la conclusión general de “Pi” es que las matemáticas son la mar de peligrosas. Todo científico que estudia, investiga o profundiza en algún problema sin resolver termina arriesgando su vida o viéndose envuelto en oscuras tramas, cuando no volviéndose directamente loco, claro está. A este respecto me vienen a la cabeza puntos de contacto con la novela “El tío Petros y la Conjetura de Goldbach” y estoy segura de que hay muchísimos más casos. Es interesante también comprobar que la mayoría de estos esforzados genios sufre migrañas insoportables, que los aboca a agriar más aún su carácter ya de por sí bastante descompensado. Me alegro de no ser tan inteligente e imprescindible para la sociedad, que así me libro de las migrañas y de que alguien me persiga para beneficiarse de mi talento.

La película está rodada íntegramente en blanco y negro y tiene cierto interés a nivel visual y de realización. Está interpretada por el desconocido Sean Gullette, muy acertado también, todo hay que decirlo, en su papel de matemático paranoico, aunque su carrera posterior haya sido más que discreta. “Pi, fe en el caos” ganó varios premios en festivales de cine independiente como Sundance o Gotham, y fue incluso objeto de una parodia en el corto “American Pi” inspirado en la exitosa comedia juvenil “American Pie”.

*** A partir de ahora añadiré mi puntuación a las películas o libros que reseñe en este blog, para que os hagáis una idea un poco más cercana de mis gustos. Advierto que suelo ser bastante cutre puntuando, jaja, aunque últimamente intento controlarme y ser un poco más objetiva.

Puntuación: 6 sobre 10.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

The passenger

Hoy escucharemos a James Newell Osterberg, Jr. Bien, por ese nombre es más conocido en su casa a la hora de comer, pero seguro que os suena más si digo Iggy Pop. Se trata de un artista revolucionario donde los haya y un poco pirado posiblemente también; las drogas son muy chungas e Iggy Pop tuvo un largo y tormentoso idilio con la heroína durante años.

Se inició en la música como cantante del grupo
The Stooges, banda de punk-rock nacida en Detroit que enseguida se hizo famosa por lo ruidosas que eran sus actuaciones. Fue en esa época cuando Iggy Pop también comenzó a tirarse sobre el público desde el escenario, patentando lo que luego se denominaría stage diving y que fue imitado posteriormente por muchos cantantes de hard rock. A finales de los setenta inició una dilatada carrera en solitario, sumando en toda su trayectoria más de una veintena de discos.

No pretendo revisar aquí su amplia discografía porque es, en efecto, demasiado amplia y además porque la desconozco en gran parte. Sólo diré que uno de sus trabajos más conocidos es "Lust for life", editado en 1977 y que contó con la colaboración de grandes músicos de la época, como David Bowie, con el que Iggy compartía talento y adicciones. De ese disco se extrajo el single que suena esta semana, "The passenger", que llevo escuchando obsesiva y compulsivamente desde hace varios días.



I am the passenger
And I ride and I ride

martes, 2 de noviembre de 2010

Donde no alcanza la mirada

No todo lo que leo me gusta y muchos de los productos que no me convencen acaban por no aparecer nunca en este blog, dejando sitio a los que más me satisfacen. De todos modos, a veces hay lecturas que te dejan en el medio, ese típico ni fu ni fa que en otros lectores puede tener otras interpretaciones más positivas. Es el caso de “Donde no alcanza la mirada”, un cómic francés que me cautivó por su portada pero cuya historia no me convenció del todo.

Esta obra narra la llegada del pequeño William con su familia a un pueblo italiano llamado Barellito, donde su padre pretende iniciar una novedosa industria de pesca. Son los principios del s.XX y los forasteros no son bien recibidos, y mucho menos los cambios en el entorno de la actividad pesquera que lleva alimentando al pueblo desde tiempos inmemoriales. Pero William consigue hacer amigos, acercándose sobre todo a la pizpireta Lisa, una niña también de diez años que lo cautiva con un extraño halo sobrenatural.

William, Lisa y otros dos críos comparten fecha de nacimiento y parecen estar predestinados a encontrarse. A través de un objeto milenario viven unas raras alucinaciones que los sitúan en otros lugares, otros cuerpos y otras épocas. Con el paso de los años llegan a comprender que sus almas van reencarnándose en otras personas que, tarde o temprano, acabarán también hallándose y reconociéndose.

El cómic está dividido en dos partes, una primera muy sencilla y nostálgica, con las vivencias infantiles de los cuatro protagonistas, y una segunda, veinte años después, durante la que descubren todos los entresijos del objeto que los une. El dibujo, a cargo de Olivier Pont y entintado por Jean-Jacques Chagnaud, es muy expresivo y está muy cuidado, aunque para mi gusto el guión de Georges Abolin es más flojo. Quizás sea porque a mí el tema de la reencarnación no me interesa demasiado y en algunos momentos los hechos tan místicos llegaron a aburrirme. Puede ser que leída desde un punto de vista más espiritual o empático esta obra tenga mayor interés.

“Donde no alcanza la mirada” se publicó en 2004 y tuvo bastante éxito en Francia, aunque creo que en nuestro país no es demasiado conocido y tampoco sus autores. Visualmente merece la pena porque es muy evocador, con unos colores realmente interesantes, pero el resto ya depende de las ganas del lector de sumergirse en una historia nostálgica con toques fantásticos, un poco enfermiza en mi opinión.

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