sábado, 17 de octubre de 2015

Madrid (I)

Volando de Tenerife a Madrid
Después del dispendio de Londres del año pasado, en este 2015 nuestro presupuesto para viajes está bastante más limitado. La idea inicial era hacer un viaje internacional en este mes de octubre, pero como las previsiones laborales aún no son todo lo buenas que desearíamos decidimos aplazarlo. Aún así, a principios del pasado mes de julio quisimos aprovechar una semana de vacaciones y realizar una pequeña escapada cultural a Madrid. Bueno, más bien me emperré con este viaje y quería celebrar mi cumpleaños en la capital, porque yo lo valgo y tal :P

Compramos los pasajes con distintas compañías, unas tres semanas antes del viaje. La ida la realizamos desde el aeropuerto de Tenerife Norte con RyanAir (unos 40 euros por persona) y la vuelta con Iberia también al norte, pagando una parte de los pasajes con avios (puntos que acumulas volando con ellos en el programa Iberia Plus) y algo más de 25 euros en metálico por cada billete. El desembolso fue bastante razonable, sobre todo teniendo en cuenta que cogimos buenos horarios de vuelo y estábamos en pleno inicio de las vacaciones estivales.

Plaza de Cibeles
Cogimos un autobús para desplazarnos desde el aeropuerto de Barajas hasta el centro de la ciudad. La línea 203 realiza sólo paradas en las terminales del aeropuerto, en Cibeles (donde nos bajamos nosotros) y en la estación de Atocha. El viaje dura unos 40 minutos y cuesta 5 euros. 

La cuestión del alojamiento nos tuvo un poco en vilo hasta días antes del viaje. A pesar de tener algunos amigos en Madrid y haber casi confirmado la estancia en casa de uno de ellos durante nuestra visita, finalmente no pudo ser y tuvimos que reservar un hostal a última hora. No queríamos invertir en el alojamiento más de lo necesario puesto que nuestra intención, como siempre, era utilizarlo básicamente para asearnos y dormir. Pedimos consejo aquí y allá acerca de establecimientos baratos, limpios y tranquilos cerca de la zona por la que queríamos pasar más tiempo, que era la de los museos.

El ascensor del edificio del hostal... miedito!
Finalmente, de entre los que tenían disponibilidad y se ajustaban al precio que buscábamos, nos decidimos por el Hostal Dulcinea, en el Barrio de las Letras. Reservamos una habitación doble con baño propio, que era uno de nuestros requisitos imprescindibles, y aire acondicionado (algo que finalmente también se reveló imprescindible, ya que pillamos Madrid en plena ola de calor). Pagamos unos 40 euros por noche en la opción de sólo alojamiento y reservamos cuatro noches. Hay que decir que el sitio cumplió nuestras expectativas, a pesar de que regular adecuadamente la temperatura del agua de la ducha fue una ardua tarea que no llegamos a dominar en ningún momento. Por lo demás, la cama resultó muy cómoda (sobre todo el colchón; para mí la almohada resultaba demasiado alta y rígida y tuve que quitarla, pero suele pasarme en bastantes sitios y ya estoy acostumbrada a dormir sin almohada) y el hostal en sí tranquilo. 

La ubicación del hostal era inmejorable para las visitas que queríamos efectuar y el personal fue correcto en todo momento, así como la limpieza diaria rápida y esmerada de la habitación. Teniendo una cafetería justo al lado del portal, tampoco echamos de menos el desayuno incluido y pudimos tomar café casi recién levantados para espabilarnos. Los precios acordes a la capital se compensaron con un muy buen trato por parte del dueño del bar. Con sus chocolates, jugos de naranja, sándwiches y tostadas cogimos muchas energías para cada uno de los agotadores días que nos esperaban.

Plaza Mayor
Nuestra primera jornada fue corta pero intensa. Llegamos al hostal a mediodía y aprovechamos la tarde para dar un primer paseo por los alrededores. Google Maps en mano, fijamos nuestro punto de partida y caminamos por las callejuelas repletas de historia del Barrio de las Letras hasta llegar a la Plaza Mayor, un poco deslucida por estar una parte en obras. Casi al lado está el Mercado de San Miguel, un edificio de principios del siglo pasado que se ha convertido en un espacio gourmet que aúna el ocio y la gastronomía de temporada. Existen varias iniciativas de este tipo en otras ciudades y se han hecho muy populares sobre todo entre el turismo, a pesar de que sus ofertas culinarias no son aptas para todos los bolsillos.

Teatro Real
Siguiendo con nuestro paseo por la calle Mayor, desembocamos al final en la Plaza de Oriente, lugar emblemático y símbolo del Madrid más noble. Allí, en unos pocos metros, está el Teatro Real, la Catedral de La Almudena, el Palacio Real y, colindantes, los Jardines de Sabatini. Todo un chute de arquitectura, arte e historia a partes iguales. Aunque el palacio y la catedral no estaban abiertos, sí pudimos dar un paseo por los Jardines de Sabatini, nada espectacular en cuanto a su flora y vegetación, pero que con el edificio del imponente palacio al fondo sí que hacen una bonita postal.

Plaza de Oriente y Palacio Real
Estatua de Felipe IV en la Plaza de Oriente
Palacio Real desde los Jardines de Sabatini
Catedral de La Almudena
Desde allí nos dimos un salto hasta la Plaza del Callao y subimos por la famosa calle Preciados, centro neurálgico del comercio madrileño. Ni Exseminarista Ye-ye ni yo somos adictos a las compras de moda, así que estas zonas tampoco tienen demasiado interés para nosotros cuando viajamos. No entramos en la FNAC porque entonces igual sí que no salimos, entre libros, películas y tecnología, pero por lo demás, una visita obligada sin más detalle. Mucho calor y mucha gente por todas partes a pesar de ser un martes a media tarde.

Plaza del Callao
Calle Preciados
Desembocamos, como no podía ser de otro modo, en la Puerta del Sol, con su Ayuntamiento, su kilómetro Cero y su Oso y Madroño. Realmente no pensábamos que la luz nos fuera a dar para ver tanto en apenas unas horas, pero Madrid se camina muy bien y al final y sin apurar mucho hicimos una completa ruta. La idea era volver por allí otro día con más calma si nos daba tiempo.

Estatua del Oso y el Madroño
Nuestro (mi) antojo de bienvenida a la capital era un bocadillo de calamares, pero como los dos sitios que nos recomendaron estaban cerrados tuvimos que elegir otro bar, aledaño a la Plaza Mayor. El bocadillo que pedimos no estaba espectacular, más bien era todo pan, pero el gazpacho inicial de cortesía sí estaba delicioso y fresco, ideal para paliar un poco los 35 grados de media que habíamos tenido durante la jornada y que nos acompañarían hasta regresar a las islas.

* (Haz click en las imágenes para ampliar)

** (continuará...)

8 comentarios:

  1. Siento que os tocara la ola de calor horrible e interminable que sufrimos en julio (empezó a finales de junio en realidad, justo cuando tenía una boda que fue infernal), pero me alegro de que os cundiera mucho :). Mis padres últimamente también optan por un hostal en la misma zona que vosotros, hay algunos que están muy bien. Aunque son edificios viejos la mayoría están reformados y son limpios y tranquilos, aunque lo mejor es la zona, claro.
    Madrid, con su centro enorme, tiene eso de que te pones a andar y andar... y puedes no terminar nunca! Cuando turisteo me pego unas buenas caminatas, jajaja. Por cierto, el parque bueno del Palacio Real es el que hay abajo, el Campo del Moro, lo malo es que sólo hay una entrada abajo del todo y no está indicado desde arriba, lo que me parece un error. Para la próxima ;)

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    1. Liliana, pues la verdad es que ni vimos esa entrada al parque del Campo del Moro. Pero nos pasó igual cuando buscamos otro día el Templo de Debod, que de lo escondido y poco señalizado que estaba casi no llegamos!
      La zona del hostal es inmejorable! Como nuestra idea era visitar museos nos venía genial y además caminando se llega muy bien a todas partes. En mi próxima entrada criticaré un poquito el Museo del Prado, jiji, para que no te la pierdas ;)

      Gracias por pasarte y comentar, saluditos!

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  2. Mi santo y yo fuimos hace un par de años a Madrid e hicimos una visita guiada por el Barrio de las Letras que nos gustó mucho.
    ¿Te puedes creer que al final me volví sin haber comido un bocata de calamares?

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    1. Chechu, el bocata de calamares era una prioridad en ese viaje! Jajaja.
      El Barrio de las Letras tiene mucho encanto. Nosotros hicimos una visita a la casa de Lope de Vega, que comentaré en otro post, y paseamos bastante por la zona.

      Gracias por pasarte, saluditos!

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  3. ¡Madre mia, ese ascensor tiene pinta de máquina del tiempo victoriana! :D
    ¿Sabes? En la calle de abajo del lugar donde trabajo se encuentra el Museo Navarro Santafé, que fue el escultor villenense que hizo el famoso Oso y madroño de Madrid.
    Me encanta cómo cuentas tus viajes, Lillu.

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    1. JuanRa, yo tuve mis reparos iniciales a subir en ese ascensor, porque además sufro de vértigo... imagínate el combo!! XDD

      No sabía quién era el escultor del Oso y el Madroño! Pues hizo una bonita obra, sin duda.

      Seguiré la crónica en cuanto pueda ;) Gracias por pasarte y comentar, saluditos!

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  4. Buenos días

    Interesante crónica de tu viaje a Madrid. Yo ahora, por un nuevo trabajo que tengo (aunque conservo el antiguo) tengo que ir a Madrid un par de veces al año.

    Tengo fotos también del Teatro Real y del Palacio. Visité esa zona en febrero. Entonces, había lo contrario a una ola de calor :)

    Un saludo.

    Juan.

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    1. Juan, hola de nuevo! Aunque sean viajes de trabajo, seguro que siempre tienes un ratito para visitar algo que tengas pendiente ;) Y en Madrid estoy segura de que siempre hay cosas por ver.

      saluditos!

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