Siguiendo la receta de Cristina en su blog "La cocina de la Crinch" me decidí hace un par de días a preparar mi primera mermelada. Siempre me había dado la impresión de que lo de hacer mermeladas y confituras era una cosa compleja, lenta y pesada, pero la verdad es que lo único que lleva es tiempo pero no excesivo trabajo.Como tenía algo menos de medio melón ya bastante maduro en la nevera y no sabía muy bien qué hacer con él, tomé la idea de Cristina para prepararlo en mermelada. Para ello podéis seguir las cantidades que ella pone en su blog, pero en mi caso fue lo siguiente: un cuarto de melón (aproximadamente), media manzana golden, tres cucharadas grandes de azúcar blanco, un vasito de agua y un poco de zumo de limón. La proporción aproximada de azúcar por cantidad de fruta sería de más o menos la mitad. A mí estas cantidades me dieron solamente para medio bote pequeño, aunque es suficiente puesto que en mi casa no le gusta a nadie más el melón. En primer lugar se corta el melón y la manzana en trozos pequeñitos y se ponen en un cazo al fuego con el agua, hasta que la fruta comience a ablandarse. Entonces se le añade el azúcar y el limón, se remueve y se deja cocinar a fuego lento durante unos 45 minutos (alrededor de una hora si la cantidad de fruta es más grande). Se va removiendo de vez en cuando hasta que adquiera una textura espesa y brillante. Se retira del fuego y se echa caliente en tarros de cristal que se colocarán bien cerrados boca abajo durante 24 horas para que creen vacío. Pasado ese tiempo, la mermelada estará lista para consumir.
Yo la extendí sobre las dos últimas rebanadas de pan de molde casero que me quedaban en el congelador, para desayunar esta mañana. El sabor de esta mermelada es francamente sorprendente, muy fresco y agradable. En cuanto tenga ocasión probaré a elaborar más mermeladas con esta sencilla receta, sobre todo para aprovechar la fruta que se va quedando en la nevera y al final nunca se come.