
Pues en este caso estoy plenamente de acuerdo. "Corre, Lola, corre" no es del todo innovadora pero sí cuenta con una exposición estética original y un ritmo enloquecedor que contagia al espectador, a lo que ayuda una música muy adecuada (spoilers!).
El director Tom Tykwer, también guionista del film, ha manejado el argumento de una manera bastante diferente y novedosa, creando tres finales para una misma historia, y dejando que sea el espectador el que decida con cuál se queda. Personalmente me parece una manera acertada de implicar al público en la frenética actividad de Lola, que debe conseguir 100.000 marcos en el plazo de apenas 15 minutos para poder salvar la vida de su novio Manni.
En su camino, que se produce casi en su totalidad corriendo, debe superar diversos obstáculos que modificarán el curso de los acontecimientos. En su planteamiento recuerda un poco a los libros de "Elige tu propia aventura", en los que según la decisión que tomaras mientras leías ocurría una cosa u otra en las siguientes páginas. De este modo, Lola tiene varias opciones en su desesperada lucha contra el tiempo, no todas muy ortodoxas, y que darán como resultado una calamidad o un éxito en sus propósitos.
Aunque el estilo del film resulta novedoso, también recuerda al ya practicado por Guy Ritchie en "Lock & Stock", también de 1998, y la posterior "Snatch: cerdos y diamantes" (2000). El montaje es quizás la pieza fundamental en este tipo de películas, muy cuidado y milimétrico para que todas las escenas duren exactamente el tiempo necesario para crear el impacto al que aspiran. Algo interesante es que en el caso de "Corre, Lola, corre" no sólo cambia el destino de los protagonistas según Lola se retrasa 10 segundos de más o de menos o toma una decisión u otra, sino que las personas con las que se cruza también modifican su futuro tras el encuentro con ella.
La mezcla de animación en un metraje real tampoco es nueva en esta película, pero sí que aporta una reducción de dramatismo a la huida de Lola, introduciéndose en la normalidad de la acción a través de la televisión. Realmente no constituye nada determinante en la producción pero tampoco estorba ni resulta fuera de lugar; dentro de una línea cinematográfica con leves tintes surrealistas, ese tipo de licencias encajan a la perfección.
Lo dicho, una película interesante y diferente que cuenta con algunas novedades narrativas y visuales destacables y unas interpretaciones muy acertadas, sobre todo la de Franka Potente, de la que todos recordarán de por vida esa melena roja al viento.