Desde hace unos años se han puesto de moda los programas televisivos de reportajes de actualidad con cámara al hombro. Este formato puede verse por ejemplo en “Comando Actualidad” de Televisión Española o “Denominación de origen” en La Sexta, pero el referente de todo el género es sin duda “Callejeros”, que emite Cuatro.
Gracias a estos programas (o por culpa de ellos, que eso aún no lo tengo muy claro) muchos hemos conocido lo peorcito de nuestro país, los barrios más conflictivos, los puntos negros de la droga y la pobreza más extrema de cada ciudad en forma de edificios ruinosos. Tengo que reconocer que yo siempre he vivido en ciudades pequeñas y había visto muy en la distancia toda esa marginación social y esa delincuencia que, ahora cada vez más, domina el extrarradio, y a veces incluso el mismo centro, de nuestras urbes.
Hablamos de barrios que a lo mejor a algunos de vosotros os suenan: Las 3.000 Viviendas, El Vacie, Los Pajaritos, Torreblanca (Sevilla), La Mina (Sant Adrià de Besòs-Barcelona), El Raval (Barcelona), Sa Penya (Ibiza), Son Banya (Mallorca), El Cabanyal (Valencia), Los Asperones, Palma-Palmilla (Málaga), Los Colorines (Badajoz), El Puche (Almería), Cuesta Piedra, San Matías (Santa Cruz de Tenerife), El Polvorín, Jinámar (Las Palmas de Gran Canaria), Las Barranquillas, Orcasitas, Pan Bendito (Madrid), Las 600 (Albacete), Las Mil Viviendas, Virgen del Remedio (Alicante), San Francisco (Bilbao), Penamoa (A Coruña), Polígono de Almanjáyar (Granada), Oliver, El Gancho (Zaragoza), Los Vikingos (Córdoba), Espíritu Santo, La Paz (Murcia). Como no los conozco personalmente, me gustaría saber si todos esos barrios que he nombrado y que tienen fama de conflictivos son realmente tan peligrosos como los pintan, o son simplemente distritos humildes donde los edificios antiguos comienzan a dejar notar el paso de los años.
En algunos casos, como en El Raval barcelonés, se unen ciertas calles muy peligrosas con otras históricas o típicas de las salidas nocturnas, con bares y locales de ocio, mientras que algunos de los barrios considerados como “malos” lo que sufren básicamente es la dejadez y el vandalismo urbanístico, lo que los hace parecer auténticos polvorines. La mayoría de estas zonas son poblados chabolistas, zonas viejas con alto porcentaje de población gitana y de otras etnias, mucha inmigración, problemas de prostitución y, sobre todo, presencia continua de drogas. Muchas calles de esas barriadas son conocidas como supermercados de la droga, que suele ser el principal motivo de su mala fama.
Pero es curioso que cuando entran las cámaras de TV a esos lugares sin ley resulta que allí nadie vende drogas (puede que dos calles más allá sí, pero allí mismo, jamás), nadie consume nada de nada (bueno, sólo algún porrito de vez en cuando, ya sabes), están todos los entrevistados en paro porque nadie les da trabajo (se les ve hacendosos buscando, allí sentados al sol los lunes, los martes, los miércoles… mientras tintinean sus cadenas de oro) y, esto ya no sé cómo decirlo, se dedican a hacer trompos por las pistas de tierra con coches que cuestan lo que cualquier currito de a pie gana en seis meses. Eso por no decir que ellos ven el “Callejeros” en una televisión plana diez pulgadas más grande que la mía.
Expulsado el párrafo demoníaco que me carcomía, puedo volver al tono documental del post. La exclusión social y la marginación se han adueñado de barrios que, por su condición humilde y su antigüedad, son caldo de cultivo para todo lo demás que pueda venirles encima. Igual que el dinero llama al dinero, supongo que la pobreza sólo llama a más pobreza. Conocer toda esa depresión social me hace pensar, como casi siempre, que el problema de fondo es la educación y no la escasez en sí.
Muchos de los colectivos más desfavorecidos (no todos, pero muchos sí) se automarginan y se deshacen en críticas al Gobierno por no darles más ayudas, pero no muestran tampoco interés por cambiar o mejorar su situación, porque además no consideran que su manera de hacer las cosas sea cuestionable. A mí es que me cuesta mucho entender por qué casi todos los parados que aparecen en estos reportajes tienen un cigarro en la mano, cuando con el dinero que se gastan en fumar podrían pagar la comida de toda la semana. Pero entrando ahí me salgo un poco del tema que quería tratar.
La solución para las miles de familias que malviven en los asentamientos chabolistas de las afueras de algunas ciudades pasa por el desmantelamiento de esos poblados y el realojo de las familias en otras viviendas. Así ha ocurrido por ejemplo con el coruñés poblado de Penamoa, invadido por los drogadictos, donde sus vecinos están siendo realojados en otras casas para construir en los terrenos una circunvalación. Es importante en esos casos dispersar al grupo para evitar que los problemas de venta de drogas, en caso de haberlos (para qué engañarnos, realmente es lo habitual), se trasladen con los inquilinos al nuevo barrio.
Llegaremos así a la conclusión de que el problema no está en el barrio en sí (una casa no suele atacarte…) sino en sus moradores y que todas las zonas tienen su riesgo potencial. Eso sí, si algún barrio sale en “Callejeros” yo no pasaría por allí ni con escolta policial, porque además la Policía es muy mal recibida en esos lugares, paradojas de la vida. Y si la zona se llama “Las xxx Viviendas”, mejor huir, que seguro que no es buen sitio para ir de compras... a no ser que tengamos claro lo que vamos a comprar.

*** Para elaborar esta entrada me he guiado por la documentación visual del programa “Callejeros” y por algunos foros de internet con debate sobre barrios conflictivos. Las imágenes son de "Callejeros" y sacadas por mí del Street View de Google.