
El argumento es interesante aunque nada novedoso: cuatro matemáticos son citados en una extraña reunión al estilo de “Un cadáver a los postres”, en la que deben solucionar una serie de acertijos de lógica e ingenio si quieren salvar sus vidas. Alguien intenta aplastarles en una habitación cerrada que no para de menguar y deben descubrir, apelando a sus conocimientos y situaciones anteriores, quién es el misterioso criminal y por qué ha reunido en ese macabro lugar a los cuatro desconocidos.
Parte de la historia me recuerda al libro que reseñé hace unos meses, “El tío Petros y la Conjetura de Goldbach”, en el que se supone que no se inspira la película aunque yo tengo mis dudas. Eso es, de hecho, la mejor idea de la película. Del resto, el planteamiento es muy correcto aunque por desgracia la narración está llena de absurdeces con aires de grandeza. La idea es buena a primera vista, pero el desarrollo se centra en típicos tópicos de las películas de misterio y vueltas de tuerca inverosímiles, que para mi gusto no ayudan a meterse en la historia. No hay empatía con los personajes ni con la situación en sí y, a pesar de que los protagonistas se esfuerzan, no consiguen transmitir la necesaria tensión que requeriría una cinta de esta magnitud.
Sobre el elenco actoral tengo que explayarme un poco… El casting es pésimo, sobre todo si hablamos de la horrible interpretación de Alejo Sauras (Raúl de “Los Serrano” forever, lo siento por él pero es así), la extraña y desagradable dicción (y presencia) del en otra época grande Federico Luppi, y la contención de Santi Millán, que a todas luces intenta huir también de su registro cómico televisivo y acaba convertido en un mero recitador de guiones. Creo firmemente que un grupo de desconocidos habría hecho un trabajo mucho más honesto, como en su día hizo Alejandro Amenábar con “Tesis”. Aunque también hay que decir que Luis Piedrahita y Rodrigo Sopeña, directores y co-guionistas de la película, han cometido muchos más errores de principiante en la dirección que el oscarizado Amenábar.
“La habitación de Fermat” aburre un poco, es previsible y floja en más aspectos de los que debería. En ningún momento se retrata con acierto la claustrofobia del cuarto menguante que se supone los oprime, se repiten planos que no dicen nada hasta la saciedad y hay obviedades que te hacen perder el interés continuamente. Y el final está metido con calzador, acorde con el resto del metraje. Vale para pasar el rato pero es francamente olvidable. Y es una pena, porque confiaba en encontrar en ella una película mucho más inquietante… Qué se le va a hacer.