sábado, 30 de julio de 2022

Donante de sangre

Con el paso de los años me voy dando cuenta de que el refrán "nunca es tarde si la dicha es buena" adquiere cada vez más sentido para mí. Casi nunca es tarde para casi nada, aunque cada vez nos sintamos más viejos y con menos energía para acometer actividades que teníamos que haber hecho en nuestra década de los veinte. 

Una de esas cosas que yo nunca había hecho era donar sangre. Quizás por desconocimiento, por miedo o por falta de tradición familiar, nunca me había interesado por el proceso de donación. Podría decir que también dudaba de mi idoneidad para tal fin, debido a mis achaques médicos, pero en realidad eso sólo sería una excusa y podría haberlo consultado hace años para salir de dudas.

El caso es que hace tiempo que me planteé intentar ser mejor persona. A lo mejor es sólo por puro egoísmo, por una simple necesidad de satisfacción personal y de reconocimiento, no lo tengo claro, pero la verdad es que esto ha redundado en mis actividades y mis intereses en los últimos tiempos. Y una de las cosas que más felicidad me ha aportado en este sentido es donar sangre.

Los que me seguís en Twitter sabréis que doné por primera vez en enero de 2022, el día de Reyes. Pasaba por delante de una unidad móvil que el Instituto Canario de Hemodonación y Hemoterapia va rotando por distintos puntos de la isla de Tenerife y entré a preguntar, ya que no tenía cita previa y desde el inicio de la pandemia la mayoría de estos procedimientos se realizan con cita. Si no tienen muchos donantes emplazados a esa hora, podrán atenderte en el momento. La sensación de utilidad y emoción positiva al donar sangre fue tan grande que me propuse firmemente seguir haciéndolo siempre que pudiera. A principios de julio, volví a realizar una donación, ya directamente en el hospital.

Antes de la donación debes responder por escrito a un breve cuestionario, donde te preguntarán detalles acerca de tu salud y hábitos. Después, un profesional sanitario te entrevistará para valorar si tu estado de salud es óptimo para la donación. Te tomarán la tensión y una muestra de sangre con un pinchacito en el dedo para analizar si tu nivel de hemoglobina es correcto. Es importante que hayas comido y bebido bastante agua antes de donar, ya que la cantidad de sangre que te extraen es de 450 ml.

Si todo está bien, pasarás a la sala de extracción. Si eres aprensivo con las agujas mejor no mires cómo te la colocan, porque es un poquito más gruesa que las habituales de una analítica, por ejemplo, pero te puedo asegurar que el pinchazo apenas duele. El proceso total durará unos 10 minutos, aunque si bombeas la sangre más rápido puedes acabar antes. En mi primera donación mi sangre fue lenta y no pude donar las plaquetas, para lo que es necesario un tiempo inferior a esos 10 minutos, pero en mi segunda vez sí lo conseguí, duplicando mi felicidad. De cada donación se puede extraer una bolsa de concentrado de hematíes, una de plasma y otra de plaquetas. 

Cuando haya terminado la extracción, te pedirán que esperes unos minutos para asegurarse de que estás bien y no sientes ningún mareo debido a la pérdida de sangre. En ese ratito puedes recuperarte con algo de comer o beber que pondrá a tu disposición el personal que te esté atendiendo. ¡Y ya está! Has finalizado tu aportación para que tu sangre ayude a salvar a cualquier persona que necesite una transfusión en una intervención quirúrgica. En las siguientes semanas recibirás en tu casa un carnet de donante, con tu grupo sanguíneo, y un resultado analítico de la composición de tu sangre.

Para los que tengáis dudas y así a grandes rasgos, para donar sangre es necesario ser mayor de 18 años y menor de 65, pesar más de 50 kg. y no estar embarazada si eres mujer. Se requiere una buena salud general y puedes ser rechazado como donante si has tenido hepatitis en algún momento de tu vida, si eres portador de VIH o diabético insulinodependiente, entre otros motivos. Si te has hecho un tatuaje o piercing recientemente deberás esperar al menos 4 meses para poder donar. En España la donación de sangre es un acto totalmente desinteresado y altruista, sin compensación económica de ningún tipo.

Los hombres pueden donar una vez cada 3 meses y las mujeres cada 4 meses. Es importante mantener el nivel de donaciones cada año, sobre todo de algunos grupos escasos o si eres donante universal (0-), puesto que la sangre, por desgracia, tiene fecha de caducidad. En la página web del Instituto de Hemodonación o Banco de Sangre más cercano a ti encontrarás muchísima información sobre las donaciones y los puntos de extracción. En mi caso (Tenerife), el ICHH tiene activa la web EfectoDonación, donde resuelve todas las dudas de los donantes.

Llegados hasta aquí, vuelvo al principio: he tardado muchos años en tener conciencia de la importancia de donar sangre pero ahora quiero hacerlo tanto como pueda, porque cualquier día puedo ser yo o un familiar mío quien necesite esa sangre para sobrevivir. Si puedes, hazte donante, y si ya lo eres sigue sintiendo la felicidad que da ayudar a los demás.

martes, 7 de junio de 2022

Hace tiempo que no hablamos de cine

Hace tiempo que no hablamos de cine y eso no quiere decir que no haya visto nada en los últimos meses, aunque ciertamente la cantidad de cine consumido por la que suscribe se ha visto bastante reducida en estos años. Podría parecer que con una pandemia de por medio, algunos meses de inactividad laboral forzosa y acceso a decenas de plataformas online habría un caldo de cultivo ideal para dar rienda suelta a mi cinefilia, pero unas veces por falta de tiempo y otras por falta de ganas, he ido relegando las películas que me llamaban la atención y para muchas de ellas todavía no he encontrado el momento adecuado.

En los últimos tres años no llega al centenar mi número de votaciones en el IMDB, y entre ellas hay muchas series y documentales. Además, las notas con las que valoro son mediocres en general. Voto todo en esa página porque tiendo a olvidar lo que veo, sobre todo lo que no me ha gustado; cuando algún argumento o escena me suena busco la peli en el IMDB y miro si ya la he votado y así evito revisionar alguna cinta horrenda por no recordarla. Aun así, a veces me despisto y veo por segunda vez algo a lo que ya le había puesto un 3 en su primer pase y vivo frustrada durante varios días.

Parte del tiempo que antes dedicaba a ver cine lo empleo ahora más en leer, pero como en esto del ocio suelo ser bastante cíclica en cualquier momento se pueden invertir los términos. La convivencia en pareja añade una dificultad añadida a la elección de contenidos: ya que Exseminarista ye-ye y yo solemos compartir un rato de tranquilidad al final del día, lo ideal es seleccionar algo que satisfaga a ambas partes por igual y muchas veces los dos preferimos leer en ese momento simultáneo de relax.

Por otro lado, el aumento de las series de TV y su disposición en plataformas hace que muchas noches nos decantemos por ver un capítulo de alguna de las series que seguimos en lugar de una película completa mucho más larga. Con respecto a eso, de un tiempo a esta parte parece que las producciones tienen que durar más de 150 minutos para considerarse "buenas", y eso, queridos lillusianos, son más de DOS HORAS Y MEDIA de vida. Hay muchas personas que ven esas películas de forma fraccionada (hola mamás y papás con hijos pequeños) o mientras realizan otras actividades, pero a mí lo de dejar películas a medias para seguir otro día o verlas a trocitos a lo largo de la jornada no me motiva nada porque enseguida pierdo el hilo de la historia y necesito encontrar rápidamente el momento para terminar lo que empecé, lo que me genera bastante ansiedad. Tiendo a ser compulsiva y por ello prefiero hacer maratón y verlo todo seguido antes que ir dosificando. Ir al cine físicamente a ver una película (y menos aún una que dure 3 horas) ya es algo que cada vez me apetece menos y que limito a ocasiones especiales y títulos muy concretos.

Otro hándicap para mí es la ingente oferta en plataformas y TVs online, que es ya tan abundante que a veces elegir algo que ver se convierte en todo un reto. A mí me pasa lo mismo cuando voy a un restaurante y tienen una carta de 4 páginas: suelo acabar pidiendo algo que quizás no me apetece mucho pero intuyo que me va a gustar porque tanta variedad me abruma y no consigo decidir sin pensar que me estoy equivocando y me quiero quitar de encima esa presión cuanto antes (sí, vivo en permanente estado de ansiedad...).

Llegados a este punto, he de decir que el objetivo real de este post era comentar mis contenidos visuales favoritos de estos últimos meses, pero como habréis comprobado la reflexión se me ha ido un poco de las manos y ahora ya se me ha desinflado la intención inicial. En general puedo decir que pocas películas de las que he visto en los últimos años se han ganado un sobresaliente por mi parte, y eso que tampoco soy excesivamente exigente. Básicamente pido que lo que vea me haga sentir cosas: miedo, rabia, dolor, risa... lo que sea, pero la mayoría de mis votos por lo alto se han quedado en un tibio 7-8 y algún 9 muy puntual. La película que mejor nota se llevó en este tiempo fue la enésima versión de "Ha nacido una estrella", con Bradley Cooper y Lady Gaga. Vale, podéis condenarme al infierno del CinExin por ello, qué le vamos a hacer, pero fue una de las pocas que me emocionó aún conociendo la trama. Y además la banda sonora está muy chula.

¿Quizás el exceso de oferta está mermando la calidad de los contenidos o quizás con los años tenemos la sensación de que ya casi nada nos puede sorprender? ¿Las películas de más de 3 horas se hacen eternas y por ello muchos espectadores prefieren ver ahora series con capítulos más cortos? ¿Esto se debe a que vivimos acelerados y ya no disfrutamos del ocio con la calma de antes? ¿Están las plataformas matando la experiencia cinéfila clásica o por el contrario están democratizando el acceso a las producciones cinematográficas?

viernes, 8 de abril de 2022

Malditas ganas

No soy muy fan del formato podcast, pero en los últimos días, aprovechando una lumbalgia que me ha dejado fuera de combate, me he pegado un atracón con el de Ángel Martín, "Por si las voces vuelven". Estas conversaciones surgen tras la publicación de su libro del mismo título, donde el autor relata su experiencia tras sufrir un brote psicótico que requirió el internamiento en la planta de psiquiatría de un hospital durante un par de semanas. Me leí el libro hace unos meses y me gustó mucho su visión personal de la locura, con pocos apuntes morales y una detallada descripción de sus pensamientos y sensaciones durante el evento.

Aunque no todos hayamos tenido trastornos graves, está claro que la salud mental es algo muy frágil que no se ha cuidado adecuadamente hasta hace muy poquito tiempo y que sigue necesitando de grandes esfuerzos personales, sanitarios, sociales, económicos y políticos para mejorar en su enfoque. Como dije en este post, yo llevo en terapia algo más de 2 años y es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Las sesiones con mi psicóloga me han ayudado a encontrar y aplicar herramientas para manejar determinadas situaciones que en algún momento se me iban de las manos y me hacían sufrir.

En el podcast que comento, Ángel Martín charla con varias personas más o menos conocidas, sobre todo músicos y artistas, sobre sus problemas de salud mental, sus momentos de conflicto emocional y lo que han hecho o están haciendo para superarlos. Creo que ayuda bastante sentirnos acompañados ante situaciones de extrema tristeza, vacío o indefensión, de las que creemos que nunca podremos salir. No sólo alguien más lo ha vivido y te ayuda a comprender donde te encuentras, sino que muchos de los que comentan sus vidas en este podcast transmiten claramente las mismas sensaciones que posiblemente nosotros estemos sintiendo en medio de una depresión o de una crisis de ansiedad, por ejemplo.

Posiblemente exista mucho más material sobre el tema, pero me gusta especialmente el ambiente de sinceridad y confianza que Ángel Martín ha creado en este podcast, un entorno seguro donde personas famosas se prestan a desnudar su intimidad emocional compartiendo sus roturas internas, sus desequilibrios y sus inseguridades, con todo lo que ello conlleva para artistas que viven en gran parte de la imagen que proyectan. Aunque pueda existir un abismo entre la situación de estos profesionales y la nuestra, a todos los niveles, en el fondo todos los humanos somos susceptibles de perder en algún momento la conexión con la realidad y no lograr recuperarla solos. Las conversaciones del podcast transmiten mucha verdad y, en mi caso, me motivan a seguir mejorando algunos aspectos vitales en los que todavía estoy trabajando.

Es importante tener claro que no todos afrontamos igual la misma cuestión ni tenemos acceso a los mismos medios. Lo que nos sirve a unos puede no ser útil para otros, aunque el problema sea el mismo, pero es cierto que hay aspectos comunes ampliamente estudiados por la ciencia, como los beneficios del ejercicio físico, que todos podemos utilizar. Cuando yo empecé a correr descubrí que eso me hacía inmensamente feliz de una forma inexplicable. Realmente fue un arrebato, porque yo venía de unos hábitos bastante caseros y sedentarios en general, pero me arriesgué a probar y encontré en salir a correr una de las motivaciones más fuertes para reordenar mi vida. A mucha otra gente le habrá servido el yoga, el ciclismo o la natación; la herramienta es distinta pero el resultado es parecido. 

En ese sentido, creo que es bueno conocerse y ser sincero con uno mismo, hacer un pequeño esfuerzo por vernos desde fuera y preguntarnos si somos como queremos ser o sólo nos estamos dejando llevar. Podemos aprender mucho de los demás y descubrir formas diferentes de hacer lo mismo, incorporar actividades nuevas a nuestras rutinas o retomar aquéllas que hace tiempo que no practicamos y que nos gustaban. Puede que llevemos 10 años haciendo algo del mismo modo pero nos demos cuenta de que ya no nos sirve. El miedo a tomar decisiones y a cambiar algo es a veces muy paralizante, pero ya solo pedir ayuda para afrontar cualquier situación nos hará sentirnos mejor. Reconocer que nos sentimos mal y no podemos o no sabemos manejarlo supone más un éxito que un fracaso y muchos pasos pequeñitos conforman al final un gran salto.

En "Por si las voces vuelven" podéis escuchar las experiencias sobre salud mental de gente como Mercedes Milá, Dani Martín, Carolina Iglesias o James Rhodes, por nombrar algunos de los más populares. A mí esta escucha me ha aportado además el descubrimiento de la música de varios artistas, como por ejemplo Bely Basarte, que también es protagonista de uno de los capítulos del podcast y con la que hoy quiero ilustrar esta entrada. 

Bely Basarte empezó su carrera con apenas 20 años haciendo covers en su canal de YouTube. En 2014 ganó el premio del público en el Festimad y un año después publicó su primer disco en plataformas digitales. Su preciosa voz y sus composiciones le han llevado a tener en la actualidad más de medio millón de suscriptores en su canal de vídeos y una importante repercusión en el panorama musical español. 

Y como llevo varios días escuchando en bucle esta canción, "Malditas ganas", en la que colabora con el rapero Rayden, he decidido que sea la música del blog en las próximas semanas.

viernes, 25 de marzo de 2022

La polilla

Your Light, by ErinM31 en DeviantArt
Hace algo más de un año decidí armarme de valor e ir compartiendo algunos de mis textos, las historias que he ido escribiendo durante los últimos 30 años y que rara vez han visto la luz fuera de mi círculo más cercano. En este enlace, donde publiqué "El macarrón Napoleón", tenéis una breve explicación de por qué me cuesta tanto abrir mi literatura al mundo.

Hoy llega a Lillusion otra de aquellas creaciones guardada durante años en un cajón, un relato intimista de corte lírico marcado por el amor, el dolor, la frustración y el miedo. "La polilla" expresa una dicotomía de sentimientos encontrados entre el querer y el deber, algo que quizás muchos de vosotros hayáis conocido también en algún momento de vuestra vida. Esta historia narra una lucha semántica entre recordar y olvidar y la confirmación de que el resultado de la búsqueda siempre depende de la perspectiva del que busque.

Sin más preámbulo, bienvenidos de nuevo a la mente literaria de Lillu:

 

                  La polilla                   

La lámpara ofrecía una gélida luz blanquecina. Una polilla volaba sin rumbo tras la bombilla, errante como una cometa olvidada. El aire enmohecido apenas se podía respirar. El humo nublaba todo lo que ella había amado alguna vez, todo lo que ella había aferrado entre los dedos y luego había dejado escapar. Su ilusión también volaba, pero muy lejos de sus deseos, muy lejos de su esperanza. Su voz sonaba ronca en susurros, sin llegar a percibirse más que un murmullo apagado.

Él consumía los minutos ante un reloj. Marcando cada minuto con sangre no acertaba a ver más allá del horizonte gris. Gotas de incauto sudor desafiaban el frío. Su puño cerrado golpeó la mesa y el dolor, apenas perceptible, lo llenó de impotencia. Golpeó de nuevo y lloró. 

Ella, acurrucada en un rincón, pretendía olvidar todo aquello de lo que el alma no puede despojarse. Su esfuerzo tensaba los músculos hasta hacerlos casi estallar y la tensión la dejaba exhausta en una olvidada esquina de ninguna parte. Él cerraba los ojos pero la intuía en su mente, desesperada y engañosa, como la primera luz del alba en un día de niebla. Ella quería olvidar; él daba su vida por un recuerdo.

Pasaron las horas lentamente, como si el día fuera eterno y el mundo un pozo de metal sin fondo. Ella no conseguía olvidar y él, por más que lo intentaba, no lograba suscitar ningún delirio pasado en su cansada y desnuda mente. En algún momento, hace más tiempo del que quisiera, había vivido pasiones sin nombre, había sentido el calor de un cuerpo a su lado, sin culpables ni inocentes. Lo sabía, pero no conseguía recordarlo. 

Ella veía tortuosamente en su memoria día tras día, beso tras beso, entrega tras entrega,... Y le dolía el corazón, aquel corazón de cristal que, muy a su pesar, era más fuerte que mil soldados en batalla y se negaba a caer derrotado. Minutos ajenos sentía como suyos. Un sentir robado la deshacía en arena mojada que el mar jamás arrastra consigo hacia el interior. Dejarse llevar era ya una odisea que un muro de deseos prohibidos le impedía plantearse.

De pronto, un recuerdo, ajeno como todos los demás, cruzó su mente y se detuvo en un callejón sin salida. El recuerdo se mantuvo inmóvil, sin querer avanzar en el tiempo. Él relajó sus miembros y, de repente, notó cómo una leve reminiscencia lo envolvía. No se atrevió a moverse por si perdía aquella sensación olvidada. Ella identificó aquel recuerdo y, al mismo tiempo, él lo encontró entre un millón de escombros de pasiones vividas y calcinadas. Por unos segundos se encontraron los dos en un mismo recuerdo, amargo y dulce a la vez, indescifrable y claro. Claro como la luz de la lámpara, como en un cuento de hadas, donde una polilla revoloteaba sin descanso buscando un recuerdo que, por fin, había conseguido olvidar.

(c) By Lillu

domingo, 13 de marzo de 2022

Los viajes de Googliver (2)

Inicio de la Ruta 66 en Chicago, Illinois, EEUU
Queridos lillusianos, bienvenidos a una nueva entrega de Los viajes de Googliver, este desatino de
sección que me da por escribir cuando querría viajar pero no puedo. Desde nuestro último encuentro por las tierras inhóspitas de este planeta (podéis revisar esa entrada aquí), se me han ido ocurriendo ideas, a cada cual más peregrina, para enfocar estos textos. Había pensado en dedicar este segundo post a las carreteras más largas del mundo pero, ahondando un poco en el tema, me pareció poco interesante hacer solamente un listado de tramos con fotos de carreteras interminables. Aun así, en mi búsqueda encontré algunos detalles que me parecieron curiosos, así que voy a compartirlos con vosotros.
 
Abre este post una captura del inicio de la legendaria Ruta 66 estadounidense, una histórica red de carreteras que se originó en Chicago, en el estado de Illinois, allá por 1926, para los emigrantes que huían de las tormentas de polvo que dañaban la agricultura y el comercio. El trazado, de casi 4.000 km., finaliza en Santa Mónica, California, y a mediados del siglo pasado se convirtió también en la principal ruta de veraneantes que viajaban hacia las costas cálidas del oeste de Estados Unidos. Una especie de ruta desde Madrid hacia el Levante español los fines de semana, vamos, pero más larga, sin tablet que darle a los niños y haciendo noche en hostales que allí se llaman moteles.
 
La Ruta 66 a su paso por Tulsa, Oklahoma
La ruta tuvo un gran movimiento durante la época de la Gran Depresión americana y supuso un importante crecimiento económico para los pueblos cercanos a la carretera, pero ya en la segunda mitad del s.XX fue sustituida por una red de autopistas más modernas y eficientes. Actualmente ya no es posible realizar la Ruta 66 completa, aunque su enorme impacto cultural ha propiciado que asociaciones independientes sigan trabajando para mantener vivo su espíritu en muchos de los tramos que permanecen activos. 
 
Cuatro vistas de la Carretera Transamzónica, Brasil
Sin salir del continente viajamos un poco hacia el sur y cambiamos radicalmente de paisaje. La selva del Amazonas, esa burbuja de oxígeno en medio de América, el bosque tropical más grande del mundo, es atravesado por casi 5.000 km. de carretera que apenas se utiliza y que no se sabe muy bien por qué se sigue construyendo. De hecho, en la temporada de lluvias la vía se hace intransitable debido al barro, ya que gran parte de su trazado está sin asfaltar. Su impacto medioambiental es enorme y ha colaborado en gran medida a empeorar la deforestación de la Amazonia. 
 
Trazado Rodovía Transamazônica, Brasil
Proyectada inicialmente para mejorar las comunicaciones del norte de Brasil con el resto del país, la Rodovía Transamazônica atraviesa siete estados y conecta el puerto de Cabedelo con el centro del estado de Amazonas. Sin embargo, tras la inauguración de sus primeros tramos en 1972, el daño causado por las obras y las malas condiciones de trabajo de los operarios en plena selva hicieron que el proyecto apenas avanzara en los últimos años. Mucho mejor para toda la fauna, flora y demás especies que habiten en la zona, claro está, puesto que ya se expolia bastante ese entorno sin necesidad de añadir facilidades de acceso.
 
Carretera Transiberiana, Rusia
Para contrastar con la tediosa Transamazónica brasileña se me ocurrió saltar hasta el otro extremo del mapa, a la gigantesca Carretera Transiberiana rusa. Esta red está formada por siete carreteras federales que aglutinan unos 11.000 km. desde el Mar de Japón hasta el Mar Báltico, atravesando todo el país. El trazado comienza en la provincia de Jabárovsk, y es casi igual de entretenido que el de la Amazonia. He de decir que, en mi empeño por descubrir algún detalle menos monótono del recorrido, me desplacé hacia un lado y otro por las carreteras en el mapa durante un buen rato, hasta que me salí a la P454, a la altura de un lugar llamado Dappy, y allí llegué de forma fortuita a la siguiente escena:
 
Escena rusa, Dappy, Krai de Jabárovsk, Rusia
A ver, Dimitri va con su señora Yuliya en su viejo automóvil de cuando Rusia era todavía una federación de repúblicas soviéticas, por una carretera de 500 km. de trayecto en pleno bosque siberiano, donde apenas te cruzas con algún coche de vez en cuando. Imagina que Dimitri, por un casual, tiene una avería o un pinchazo, puesto que el vehículo ya no da para más (o porque va sin pasar la ITV de este año, que ya se lo decía Yuliya antes de salir de Vladivostok) y hasta se queda sin rueda por el camino, por lo que Dimitri se ve obligado a echarse al borde de la carretera. Y aunque están en plena Siberia y la densidad de población es de apenas 1 persona por km2., pues ahí mismo, a esa altura en medio de la nada, se encuentran a la persona que cubre la densidad poblacional de ese kilómetro, que concretamente es un señor vendiendo cosas en un puestito con una sombrilla de colores. Para hacer más entretenida la espera mientras llega la policía o la grúa charlan con el señor, que niega con la cabeza y exclama en ruso "eso va a ser la junta de la culata". 
 
Voy a compartir con vosotros, aunque sé que no debería, que la otra opción de historia que se me pasó por la cabeza al ver la escena fue la de una persecución policial, más que nada porque en las imágenes hay dos personas vestidas con ropas militares. Que también puede ser el señor de la ventita con los restos de uniformes recogidos del Ejército de Salvación ruso, pero bueno, ahí lo dejo.
 
En definitiva, que yo creo que el coche de Google Street View ha tenido una inmensa suerte captando esta escena para que yo la narre, porque no olvidemos que estamos hablando del país más grande del mundo y que igual los señores de los puestitos están solo en su correspondiente kilómetro de carretera de junio a septiembre, que luego nieva.

El puestito

Por cierto, sentí curiosidad por saber qué vendía el buen hombre del paraguas multicolor, y como mi nivel de ruso es como el nivel medio de los idiomas de la mayoría de los currículums (o sea, bajo tirando a inexistente), recurrí a la herramienta de identificación de Google Lens para buscar imágenes similares. Si entendéis ruso ya lo sabréis, pero si sois profanos en lenguas eslavas os informo que se trata de carne de cerdo. Ya si son patas de cerdos flaquitos o ristras de tripas secadas al aire pues lo dejo a vuestra imaginación, porque yo tampoco indagué más.

Villa O'Higgins, Chile
Continuando con el periplo de carreteras interminables me desplacé de nuevo hacia América del Sur, donde la Carretera Austral cruza Chile de norte a sur bordeando la Patagonia. El recorrido es de unos 1.200 km. y une Puerto Montt con Villa O'Higgins, una pequeña localidad rodeada de parques nacionales y multitud de atractivos naturales. Durante muchos años esa zona del continente sólo era accesible por barco o avión y, de hecho, prolongar la carretera más al sur se hace tremendamente difícil debido a la gran cantidad de glaciares, fiordos y accidentes montañosos del terreno.

Región de Aysén, Chile
Tierra del Fuego, Chile
La región de Aysén es el comienzo de la zona austral chilena y tiene unos contrastes espectaculares, con multitud de lagos, ríos, montañas nevadas y unos paisajes increíbles que el Google Street View ha captado en todo su colorido. En paralelo, parte de la Patagonia pertenece a Argentina, compartiendo con su país vecino multitud de glaciares y paisajes australes. Uno de los más conocidos quizás sea el Glaciar Perito Moreno, una gigantesca masa de hielo con un frente de unos 5 km. de anchura y ubicada en la provincia de Santa Cruz. 
 
Y de repente, el Glaciar Perito Moreno, Santa Cruz, Argentina
Hacia el sur se extiende la denominada Tierra del Fuego, extensión compartida por Chile y Argentina y conformada por multitud de islas que bordean el estrecho de Magallanes. Un entramado de canales marítimos comunica las distintas poblaciones, donde se desarrollan diversos estudios ambientales. El turismo también está creciendo enormemente en esta parte del continente en los últimos años, sobre todo atraído por los glaciares, la pesca deportiva, las rutas de trekking y las distintas actividades extremas realizadas con la sensación de estar en "el fin del mundo", como también se conoce a esta zona. 
 
Ushuaia por parte de Argentina y Puerto Williams de Chile son las dos ciudades más meridionales de este archipiélago. La primera tiene una población superior a las 70.000 personas y supone un enclave estratégico para los cruceros que parten hacia la Antártida y otras embarcaciones de recreo. Personalmente me parece un espacio maravilloso, visualmente lleno de contrastes, con una naturaleza todavía poco manipulada por el hombre y, en definitiva, un destino más que atractivo para visitar al menos una vez en la vida.

Glaciares y Tierra del Fuego, entre Chile y Argentina

Ushuaia, Argentina
Si has viajado por alguna de estas emblemáticas carreteras o si ves alguna inexactitud en el texto no dudes en compartirlo con nosotros.

*** Haz click en las imágenes para ampliar.

martes, 22 de febrero de 2022

Las obsesiones de Lillu (III): la cronología

Aprovechando que hoy es 22-02-2022 (para mí son muchos patitos, lo mires por donde lo mires), me gustaría descubriros una de las bonitas manías de la Lillu, que con el tiempo casi se ha convertido en una pequeña obsesión digna de aparecer en esta seccion del blog: la cronología

Hablando con una amiga hace unos días le comentaba que tengo la costumbre de leer los libros de mis autores favoritos por orden cronológico, es decir, los más antiguos primero y luego seguir hasta las últimas publicaciones. Aunque no parezca nada demasiado extraño a priori, he de decir que aplico esa norma también al cine de mis directores o intérpretes preferidos y a la música. Ya suena suficientemente obsesivo y raro ahora, ¿verdad? :D

El caso es que a veces leo libros o escucho canciones por azar, por recomendaciones o sugerencias de amigos, pero en cuanto constato que el autor me gusta lo suficiente como para consumir más productos suyos, suelo acudir a sus páginas web o a la Wikipedia para ver el orden cronológico de sus obras y buscar las primeras en el tiempo. Esto podría tener una explicación más allá de la simple manía, puesto que considero que las personas evolucionamos con el tiempo y, para poder valorar una obra actual de algún creador, puede ayudarme conocer antes sus orígenes y sus trabajos anteriores. 

Aplico este criterio con especial empeño en las series de libros, como por ejemplo las de Lorenzo Silva con Bevilacqua o el Mundodisco de Terry Pratchett, ya que así sigo mejor la evolución de los personajes y evito perderme detalles importantes para entender la historia. Creo que esto sí es ya más habitual entre los lectores o los fans del cine, aunque quizás los de Star Wars discrepen un poquito. A veces seguir esta cronología no ayuda en nada o las obras son totalmente independientes y da igual el orden en que te lleguen, pero a mí personalmente me aporta un extra de tranquilidad hacerlo así. Por descontado, asumo que todos seguimos el orden de los capítulos y temporadas de series de TV de esta forma sin relacionarlo con ningún tipo de trastorno.

Es cierto que esta elección cronológica hace que muchas veces tarde demasiado en llegar a las últimas publicaciones y nunca consiga ponerme al día con la actualidad de algún autor, salvo que me enganche tanto como para realizar un visionado, lectura o escucha compulsiva, que de eso también tengo lo mío. En caso de que no sean series con los mismos protagonistas, sí me salto a veces títulos que claramente no me interesan y dudo que lleguen a hacerlo en un futuro cercano, lo que agiliza mi puesta al día.

Los órdenes cronológicos llevan en mi vida ya mucho tiempo conviviendo con mis otras obsesiones, creo que asociados a mi necesidad de control sobre determinados aspectos de mi vida y entorno. Y aunque puedo leer perfectamente algo fuera de ese estricto orden o escuchar un disco de un músico que me encanta sin tener que rebuscar en sus inicios, lo habitual es que si alguien me gusta mucho sí vaya a investigar todo su trabajo desde el principio de forma cronológica. Esto puede estar también relacionado con la sensación de "perderse algo" que siempre sufro cuando llego tarde a algún evento, por ejemplo cuando veo una película empezada, algo que evito al máximo ya que me produce un desasosiego importante (aquí otra de mis obsesiones conocidas: no llegar tarde al cine).

Desconozco si esta forma de consumir ocio está extendida o soy una friki rarita que está obsesionada con la cronología y el orden numérico como podría estarlo con cualquier otra cosa, como los Excel de gastos, las tablas de valores médicos de las analíticas o los listados de lecturas... Ah, espera, que todo eso también lo hago y en orden cronológico... Ups.

¡Viva la numeración!