martes, 31 de marzo de 2009

El tío Petros y la Conjetura de Goldbach

Nunca pensé que un libro sobre matemáticas me podría gustar tanto. Evidentemente, se trata de una novela con una temática matemática (qué bien suena eso XD) por un lado pero complementada con una historia humana por el otro. El caso es que “El tío Petros y la Conjetura de Goldbach” se lee con avidez desde las primeras páginas y su autor, el griego Apóstolos Doxiadis, consigue trasladar al lector más profano en la materia la magia de la lógica matemática.

*** Spoilers! ***

La novela narra la trayectoria de un anciano y eminente matemático griego, Petros Papachristos, desde la perspectiva de su sobrino favorito, un joven aspirante a seguir los pasos de su tío en la materia. Se comenta que el viejo Petros consagró su vida de investigador a intentar demostrar la
Conjetura de Goldbach, uno de los problemas matemáticos irresueltos más complejos de todos los tiempos. El paso de los años y la ausencia de avances le hicieron abandonar y olvidar la obsesión por los números, empleando las horas de sus postreros años en el ajedrez y el cuidado de su jardín.

Pero el sobrino indaga en la historia de su tío y descubre muchos flecos que nadie de su familia ha sabido explicar. Nunca quedó claro por qué Petros abandonó los estudios sobre Goldbach, cuando se suponía que cualquier matemático estaría orgulloso de trabajar en un problema de tanta entidad. Las sospechas le llevan a escarbar en el pasado del joven y prometedor Petros, una vida plagada de éxitos, fracasos, miedos, dudas y certezas, enterradas bajo un velo de normalidad para evitar el sufrimiento de estar tan cerca y tan lejos al mismo tiempo de tocar el cielo.

*** Fin de Spoilers! ***

El libro es un pequeño compendio de conceptos matemáticos, bien explicados pero difíciles de entender para todos los que no tenemos una buena base en la materia. Teorías acerca de los números primos, ecuaciones diferenciales o distintos métodos matemáticos están presentes en la novela, aunque no es imprescindible saber aplicarlos para comprender la obra en sí. De hecho, yo soy una persona muy torpe en el ámbito de las matemáticas y no he tenido grandes problemas para seguir el hilo de la novela.

A pesar de no ser una fan de las matemáticas, el libro me ha enganchado lo suficiente como para querer llegar pronto al final y saber qué había pasado con el tío Petros y sus estudios sobre Goldbach. El mérito es sin duda de su autor,
Apóstolos Doxiadis, un matemático que se dedica a escribir sobre lo que más conoce acercándolo a todos esos lectores que no entendemos ni papa de números. El experimento le ha salido especialmente bien en el caso de este “El tío Petros y la Conjetura de Goldbach”, novela que tuvo una especial promoción por parte de la editorial británica Faber & Faber en 2000, que ofreció un millón de dólares al que consiguiera descifrar la Conjetura de Goldbach antes de dos años. Por supuesto, nadie logró solucionar el enigma ni embolsarse el dinero ofrecido por Faber, pero el libro se vendió como rosquillas en varios países.

- ¿Por qué tratar de convertirme en un profesional mediocre cuando puedo jactarme de ser un aficionado excepcional?

sábado, 28 de marzo de 2009

INE: Amo a Laura

* CLICK PARA AMPLIAR *

Muy poca gente conocerá mujeres que se llamen Laura nacidas antes de los años ochenta. La razón es que ese nombre no se encontraba entre los más utilizados hasta finales de los setenta, década en la que, si apelamos a la lógica social, se dio a conocer la canción “Lady Laura” de Roberto Carlos. Hechos como éste son los que influyen decisivamente a la hora de poner un nombre, o acaso la oscarizada Penélope Cruz no se llama así por la canción homónima de Joan Manuel Serrat?.

El caso es que Laura ha sido el único nombre capaz de desbancar a María Carmen o a María de lo más alto de la lista de preferidas, publicada por el
INE (Instituto Nacional de Estadística). De hecho, María a secas volvió a lo más alto de la clasificación en los noventa y 2000, puesto que no había ocupado desde los años treinta. En la década de los sesenta aproximadamente un 10% de las mujeres nacidas en España se llamaban María Carmen, Ana María, María Dolores o María Pilar, mientras que en los setenta, aunque continúa la hegemonía de los compuestos con María en los primeros lugares, van incorporándose a los más utilizados nombres como Cristina, Mónica, Raquel o Sonia.

La explicación aquí puede estar también en un tema religioso. Muchos sacerdotes se negaban a bautizar a las niñas con nombres poco comunes o foráneos. Tengamos en cuenta que en los setenta estaba mucho más extendida la costumbre católica de este sacramento, por lo que era en última instancia el cura de turno el que decidía cómo se iba a llamar tu hijo. En muchos casos se ponía el “María” al lado de un nombre menos bíblico como Olga o Natalia (de claras tendencias rusas, qué miedo) para que ambas partes quedaran satisfechas, y luego ya en casa le llamabas a tu hija como te diera la gana.

Pero los ochenta suponen un vuelco para los nombres compuestos, como ya había ocurrido en la sección masculina. De los diez más usados, sólo María Carmen sobrevive en el octavo puesto, en una proporción de algo más de 14 por cada mil niñas. En el nuevo siglo habrá que irse hasta el puesto 44 para encontrar a una solitaria María Carmen aferrándose a la tradición de los duales. En lo más alto de las preferencias se consolidan también Patricia y Marta, sobre todo esta última que se mantiene estable entre los diez primeros desde hace 40 años. Resulta más que curioso que yo, llamándome Marta, nunca haya coincidido en mi etapa escolar, ni universitaria, con ninguna otra Marta.

Los setenta y ochenta tienen algunos nombres que irrumpen con fuerza en el Top-Ten pero que después van perdiendo fuerza hasta desaparecer, como Sonia, Susana o Yolanda. La década ochentera destaca por los registros novedosos, como también ocurría con los niños ochenteros: Vanessa, Tamara, Estefanía, Jessica, Alba o Lidia se convierten en favoritos de los nuevos padres para sus hijas, aunque no todos sobreviven a la siguiente década. Se da el caso de que Vanessa aparece con sus dos modalidades, Vanesa y Vanessa en dos posiciones diferentes de la lista, logrando con ambas variantes registrar a 16 de cada mil niñas.

Curiosidades? En Ávila el 3% de las chicas de los setenta fueron registradas como María Teresa, con una clara influencia de la
Santa local. En Barcelona ocurre tres cuartos de lo mismo con Montserrat, nombre del 3,4% de las chicas allí nacidas en los setenta, mientras que en Lleida la proporción llega al 4,3%. Similar es la situación en la provincia de Santa Cruz de Tenerife con las 23 de cada mil niñas registradas como María Candelaria en los todavía conservadores setenta. A partir de los ochenta todo vestigio religioso desaparece de los nombres y comienzan a tomar fuerza los comunes simples, con especial predilección en casi todas las comunidades por María, Lucía, Cristina o Ana.

Y sí, como muchos de vosotros temíais, en los noventa también aparecen los nombres foráneos tipo Jennifer o Tania, aunque se quedan tímidamente en los puestos bajos de la clasificación general. Esta influencia, al igual que los nombres autóctonos, se nota más por regiones a finales de los ochenta. En el País Vasco hay una clarísima predilección de nombres típicos de la tierra en todas las provincias: Leire, Ainhoa, Itziar, Nagore, Olatz, Nerea, Irati, Amaia… En Galicia también aparecen nombres tradicionalmente gallegos como Iria, Antía o Uxía, aunque de un modo menos frecuente. Y también Canarias vuelve a distinguirse por el origen guanche (con influencias venezolanas en algunos casos, ciertamente) de su nomenclatura: Yurena, Guacimara, Yaiza, Yanira, Nayra… Se demuestra una vez más el detalle que apuntó
Jordi Soler en los comentarios del post anterior sobre la sección masculina: la salida de la dictadura hizo que los padres pusieran a sus hijos los nombres que querían y no los que les imponían.

viernes, 27 de marzo de 2009

INE: Yo no me llamo Javier

* CLICK PARA AMPLIAR *

Aunque lo parezca no es un homenaje a la famosísima canción de los Toreros Muertos (aunque podría serlo, ciertamente). Esa contundente afirmación corresponde a mi última incursión en la entretenida página del INE (Instituto Nacional de Estadística) que ya me inspiró hace meses para el post “Estoy de Rodríguez”.

En esta ocasión, y curioseando por los
listados de nombres propios que ofrece esta completa web, he descubierto que si eres hombre y naciste antes de la década de los sesenta tienes muy pocas posibilidades de llamarte Javier, a lo sumo Francisco Javier en una proporción de 22 por mil. La cosa cambia a partir de los setenta: Javier pasa a convertirse en el quinto nombre masculino más utilizado (casi dos de cada cien niños son llamados así) y en los ochenta 25 de cada mil niños reciben también ese nombre, situándose en el segundo lugar tras el líder David.

Los setenta suponen una revolución en los nombres propios de chico. David, llegado desde el lejano puesto 46, se alza como nombre más usado por los jóvenes papás de la época (2,7%) desbancando al todopoderoso Antonio que llevaba treinta años al frente de la clasificación. Los nombres compuestos van perdiendo fuerza y desaparecen por completo de la lista de las diez primeras elecciones a partir de los años ochenta. Los famosos José Luis, Juan Carlos, José Manuel, Miguel Ángel o Francisco Javier van perdiendo posiciones paulatinamente arrollados por los nombres modernos: Sergio, Alejandro, Iván, Daniel, Adrián… A partir del año 2000 habrá que llegar hasta el puesto 33 para encontrar el primer nombre compuesto más usado, Miguel Ángel, con un 0,6% de frecuencia.

A este respecto, a medida que avanzan los años también se abre el abanico de posibilidades, con una mayor variedad de nomenclatura. Nombres tradicionalmente ligados a una determinada Comunidad Autónoma, como Marc, Jordi, Iker, Pau o Aitor pasan a formar parte de la lista de los más comunes en el final del siglo pasado y principios de éste. La hegemonía de David en los setenta, ochenta y noventa se ve desbancada en el nuevo siglo por Alejandro, nombre que llevan 33 de cada mil niños registrados en España en estos últimos años.

Por territorio, si naciste en cualquier provincia gallega en los años 70 tienes altas probabilidades de llamarte José Manuel o Manuel a secas, mientras que si arribaste a este mundo en esa misma época pero en Cataluña podrías llamarte David o Jordi preferentemente. Si tu comunidad de nacimiento fue Andalucía los nombres que más barajaron tus progenitores seguramente fueron Antonio, Francisco Javier o Manuel en proporciones variables según la provincia. En Madrid se llevan la palma David y Javier tanto en los setenta como los ochenta. Canarias tiene en los setenta a Francisco Javier, Miguel Ángel y David como nombres preferidos en ambas provincias, mientras que los ochenta incorporan a la lista nombres más autóctonos como Yeray, Jonay, Rayco o Jonathan. Éste último francamente no sé de dónde viene, porque no me suena muy guanche, aunque Kevin tampoco y aparece de sopetón entre los diez primeros en los noventa. Todos los padres serán ateos y no bautizarán, porque me da que San Kevin no hizo grandes milagros…). Como dato curioso, en Ceuta y Melilla el nombre más puesto en los últimos cuarenta años a los niños varones nacidos allí es Mohamed, en proporciones realmente altas (más del 5% y llegando incluso a un 7% en la presente década).

Aciertan las estadísticas con vosotros? Próximamente, las chicas :D

miércoles, 25 de marzo de 2009

Simply Red

Creo que he tardado demasiado en dedicar un post musical al grupo Simply Red, teniendo en cuenta que la canción que suena, "Something got me started", fue una de las que más bailé durante gran parte de mi juventud. Vamos a intentar subsanar pues este pequeño fallo diciendo que posiblemente Mick Hucknall sea uno de los pelirrojos más conocidos del universo musical de los 80 (con permiso de Rick Astley, claro está...). Él fue y continúa siendo el alma de este grupo cuyos demás miembros siempre han quedado eclipsados por su carisma.

Simply Red se formó en Manchester (Reino Unido) a mediados de los 80, convirtiéndose muy pronto en todo un fenómeno dentro del sonido soul y rhythm & blues. En 1985, con su primer disco "Picture book" alcanzaron el segundo puesto en las listas de venta británicas, donde se mantuvieron durante casi ocho meses consecutivos. El tercer trabajo del grupo, "A new flame", se editó en 1989 y se convirtió en pasaporte de la banda hacia el resto de Europa y Estados Unidos. Se les consideraba ya por entonces el grupo blanco de soul más importante de su país.

En 1991 consolidaron su sonido pop con "Stars" y a partir de ahí exploraron otros terrenos más discotequeros, sin abandonar nunca del todo el género soul que más éxito les había propiciado. En 2007 editaron su octavo y último disco de estudio, anunciando su despedida tras una gira en la que todavía están inmersos. Mick Hucknall ha manifestado su interés por continuar en solitario para abordar otros trabajos al margen de los 25 años de carrera al frente de Simply Red.

Aunque hay varias canciones que me gustan de Simply Red, he elegido, como dije arriba, la que más me ha hecho bailar durante mucho años. "Something got me started" está incluida en su álbum "Stars" y fue además uno de sus temas más exitosos.

martes, 24 de marzo de 2009

Bizcocho de limón con pasas y avena

A estas alturas ya no pretendo ser original ni innovadora con mis modestas recetas. El caso es que voy viendo aquí y allá ingredientes que me llaman la atención o me apetece probar y voy incorporándolos a mis platos. El blog de Akane Albahaca y Canela es uno de los más inspiradores en cuanto a bizcochos se refiere, porque publica siempre unas recetas muy sanas, casi siempre libres de mantequillas y otras grasas poco saludables, y además con ingredientes naturales y muy campestres.

Aunque este bizcocho no está basado en ninguna receta concreta, sigo los pasos de preparación de cualquier cake al uso. Los ingredientes que yo utilicé fueron: 250 gr. de harina blanca, 150 gr. de azúcar moreno integral, un yogur natural desnatado, un chorro de miel, el jugo de un limón mediano, una taza de pasas sultanas, un puñado de copos de avena, medio vaso de aceite de girasol, medio vaso de leche desnatada, medio sobre de levadura de respostería y una cucharadita de bicarbonato.

Se mezclan todos los ingredientes secos en un bol, excepto la avena. Aparte se bate el yogur con el azúcar, el aceite, la miel, la leche y el jugo de limón. Posteriormente se va incorporando todo a la mezcla seca, removiendo bien y añadiendo las pasas al final. Se pone en un molde de cake y se espolvorea la superficie con los copos de avena, introduciéndolo en el horno precalentado a 200º. Se deja cocer durante aproximadamente 30 minutos, comprobando con un palillo si el interior está bien hecho. Y ya está, este tipo de bizcochos no tienen mucha ciencia y suelen quedar siempre apetecibles.

Como la mayoría de mis bizcochos no llevan huevo ni mantequilla, la consistencia siempre suele ser más compacta y un poco húmeda. Quizás algunas personas los encuentren un poco "mazacote", detalle que se soluciona añadiendo a la receta los ingredientes que yo elimino y un poco más de levadura :) Pero para mí lo mejor de estos bizcochos es la tranquilidad con la que me los como! jejeje.

domingo, 22 de marzo de 2009

Eragon

Me había picado el gusanillo con esta película, a pesar de que todo el mundo me decía “nooo, no la veas” como si me fuera a ocurrir algo del estilo de “The ring”. El caso es que la pillé un día en el Plus e ignoré las recomendaciones. No fue tan traumático como esperaba (bah, exagerados :P) pero tampoco fue para tirar cohetes, francamente.
"Eragon" es una peliculita que entretiene y no pidas mucho más porque no hay.

Lo primero que hay que tener en cuenta cuando se ve esta película es que el guión se basa en una novela que escribió un emocionado de la
Dragonlance cuando tenía 15 años, Christopher Paolini. Sabiendo esto, todo lo demás cobra bastante más sentido. El film reúne sin escatimar todos los tópicos de las novelas de fantasía del género y conceptos reconocibles por los amantes de cosas como “El señor de los anillos” o “Dungeons & Dragons”. Tiene su mérito, claro está, sacar una película decente de un refrito del medievo literario.

El argumento viene a ser el siguiente: en el mundo fantástico de Alagäesia un joven huérfano que vive en una granja con su tío encuentra un día un huevo azul, del que nacerá una dragoncita muy mona de una raza que todos creían extinguida. La dragona, de nombre Saphira, pertenece al malvado rey Galbatorix pero elegirá como dueño al joven granjero para que la monte y luche junto a ella por la supervivencia de la estirpe de los jinetes de dragón. Evidentemente, el rey y su secuaz el mago Durza no dejarán que las cosas se queden así y perseguirán a Eragon con la intención de acabar con él, con el dragón y (muahahahaha) dominar el mundo.

Casi todo suena a visto y recuerda a otras producciones constantemente, incluidos planos concretos en homenaje (o plagio?) a “Star Wars” o la anteriormente señalada “El señor de los anillos”. La música más de lo mismo, previsible y el montaje más bien regularcillo. A pesar de todo, la película se deja ver y consigue mantener el interés de un espectador poco exigente.

El director Stefen Fangmeier cuenta en su haber con esta única película, que dice poco realmente de su talento como realizador. Su labor en el resto de producciones en las que ha colaborado se sitúa en el departamento de efectos especiales, algo que en “Eragon” tiene un tratamiento correcto. Del resto, los lectores de la novela original de Paolini aseguran que el guionista, Peter Buchman, se ha dedicado a recortar y quitarle el sentido a la obra, sin reescribir nada que pueda salvar a la película de las sobremesas televisivas.

Evidentemente, las interpretaciones tampoco están a la altura, sobre todo la del protagonista primerizo Ed Speeleers, cuya cara de empanao molesta bastante durante todo el film. El hecho de que aparezcan estrellas como
John Malkovich o Robert Carlyle no hace mejorar una producción que se mueve constantemente entre la mediocridad. Puedo afirmar incluso que el que más me gustó fue Jeremy Irons, afirmación arriesgada cuando en el 90% de las películas suyas que he visto él constituye lo peor de la cinta (por favor que nadie vea “Dungeons & Dragons” si todavía puede evitarlo…). La dragona Saphira, realmente protagonista principal de “Eragon”, se salva de la quema porque es de cartón piedra y tiene un doblaje muy sugerente. Es inevitable que nos haga pensar, como no podía ser de otro modo, en “Dragonheart”, película ésta última de la que guardo un grato recuerdo.

La historia dio también para hacer un videojuego que parece que supera con creces a la película, a pesar de basarse directamente en ella y no en la novela. Recordemos que la novela de
“Eragon” fue un auténtico éxito de ventas, con más de dos millones y medio de copias sólo en Estados Unidos y se convirtió en una trilogía con las secuelas “Eldest” y “Brisingr”. No tengo pensado leerlo pero si alguien lo ha hecho quizás nos pueda orientar sobre si el libro se acerca más al pastiche medieval inspirado peligrosamente en Tolkien y otros autores, criticado por muchos lectores, o por el contrario se trata de una novela de fantasía épica con todas las de la ley.


viernes, 20 de marzo de 2009

Mi planta de pimiento rojo

No se me suelen dar bien las plantas, así que en mi casa no he tenido nunca ninguna. Pero hace unos meses se me dio por pensar en las lentejas y las habas que plantaba de pequeña en los botes de yogur, en las pepitas de manzana que florecían casi al instante, y los restos de fruta que enterrabas en cualquier lado y criaban hierbitas en cuestión de horas. Pensé entonces que si de pequeña era capaz de plantar algo y que diera flor, por qué no ahora con 25 años más.

El caso es que, como muchos de vosotros sabéis, tengo un lagarto en el patio cuyas preferencias alimenticias son las hortalizas y las frutas, pero sobre todo el pimiento rojo, que le vuelve loco. Continuando con mi razonamiento me dije: "si planto una semilla de pimiento rojo y me salen pimientitos, me ahorraré tener que darle a Laggy del nuestro...". Con esto que dicen que hay crisis qué mejor solución para la economía doméstica.

Dicho y hecho, me hice con una bolsa de tierra, una maceta y cuatro semillas de pimiento rojo. Sin ningún procedimiento concreto las planté y al terminar pensé fríamente que de allí no iba a salir nada en absoluto, pero que había sido divertido. Cual no sería mi sorpresa cuando tres días después veo que de la tierra está emergiendo una mini-planta!

La emoción me embargó así que fui rauda a por mi cámara para inmortalizar mi primera planta adulta (adulta yo, no la planta...). El milagro de la flora continuó su curso y de las cuatro semillitas brotaron cuatro tallos minúsculos que se abrieron en dos hojitas cada uno. Como no tengo ni idea de cómo se cuida una planta de pimiento busqué algo de información y leí cosas complicadísimas sobre trasplantar a vivero, la mejor época para los pimientos (entre primavera y otoño, anda que no acerté plantando en octubre...) y algunos otros detalles que directamente ignoré. Seguí un consejo de mi suegra para librarme de unos mosquitos que atacaban mis plantitas (echar un ajo picado en la tierra, funciona!) y situé una botella llena de agua al lado para intentar no olvidarme de regarla.

El caso es que mis intentos de pimiento siguen ahí echando hojas, aunque una de las plantas creo que ha muerto definitivamente. Yo es que a esa ya le veía pinta de emo desde el principio, así con la hoja de lado... A las otras tres se les ha caído alguna hojilla pero aguantan bien en la maceta y quizás algún día echen flor... o pimientos, quién sabe! :D Por ahora, he plasmado en un vídeo (muy) de aficionada el progreso de mi planta de pimiento rojo. Ah, y para los que le suene a crossover, efectivamente, "Mi planta de naranja-lima" es un libro fantástico :)

miércoles, 18 de marzo de 2009

More than words

Es un clásico que muchas bandas de rock duro o heavy metal de los ochenta sean conocidas a gran escala gracias a una balada. Son casos como el de Scorpions y su “Still lovin’ you” o Whitesnake con “Is this love?”. Esas canciones lentas y sentidas llegan incluso a convertirse a veces en lo más emblemático de algún grupo, para desgracia de sus intérpretes hardcore melenudos que llevan años haciendo apología del ruido como arma de destrucción masiva.

El caso de
Extreme es paradigmático: los oyentes de música “vulgaris” no sabían nada de este grupo americano hasta que salió a la luz “More than words”, tercer single de su segundo disco “Extreme II: Pornograffiti”, en 1990. Este tema acústico subió disparado al número 1 de la Billboard estadounidense y le dio fama mundial al cuarteto liderado por Gary Cherone en la voz y el muy valorado Nuno Bettencourt a la guitarra.

El vídeo de “More than words” se emitió hasta la saciedad en las cadenas de TV musicales y el tema sonaba por todas partes. Tanto, tanto, que ni siquiera sus propios autores quisieron repetir la fórmula de lo hartos que se quedaron, así que en su siguiente trabajo intentaron cambiar totalmente de estilo y ganarse con ello a los fans de pura cepa.

Pero ya a mediados de los noventa comenzó lo de siempre: idas y venidas de componentes, carreras alternativas y, a la larga, una especie de “stand-by” que ha durado casi hasta la actualidad, con discos intermitentes y diversas influencias en su música según entraban unos y salían otros. Editaron en total siete discos, dos de ellos recopilatorios, y nunca volvieron a tener la repercusión de esos primeros noventa.

Si hay alguien que conozca algún otro tema de Extreme que no sea “More than words”, sin ser seguidor asiduo de la banda, … por favor que lo comparta con nosotros!!



Saying I love you
Is not the words I want to hear from you
It's not that I want you
Not to say, but if you only knew
How easy it would be to show me how you feel
More than words is all you have to do to make it real
Then you wouldn't have to say that you love me
Cos I'd already know
What would you do if my heart was torn in two
More than words to show you feel
That your love for me is real
What would you say if I took those words away
Then you couldn't make things new
Just by saying I love you
More than words

Now I've tried to talk to you and make you understand
All you have to do is close your eyes
And just reach out your hands and touch me
Hold me close don't ever let me go
More than words is all I ever needed you to show
Then you wouldn't have to say that you love me
Cos I'd already know
What would you do if my heart was torn in two
More than words to show you feel
That your love for me is real
What would you say if I took those words away
Then you couldn't make things new
Just by saying I love you
More than words