sábado, 13 de enero de 2007

Reencarnación

Este es un típico ejemplo de película que promete mucho pero se queda en nada. Su principal aliciente, la presencia de Nicole Kidman, es lo único que al final no tiene pegas en este film de 2004 dirigido de forma muy lírica pero poco efectiva por el británico Jonathan Glazer. (Spoilers!). El punto de partida de “Reencarnación” es ciertamente sugerente: Anna se queda viuda y 10 años después da por fin el paso para casarse con otro hombre.

Pero días antes de su boda irrumpe en su vida un niño diciendo que es su marido muerto, Sean. La duda enloquece a Anna y a su actual novio, que ve cómo su futura esposa pierde el juicio y está dispuesta a abandonarlo por un crío al que cree su difunto marido reencarnado.

El planteamiento es de lo más interesante y también controvertido, sobre todo por la extraña relación que mantiene la adulta con el menor, incluso con alguna escena íntima cercana a la pedofilia si no fuera porque los sentimientos se suponen de un adulto. Para mí, lo malo del niño es que más que reencarnado parece estar poseído, pero por la inexistencia de expresiones de cualquier tipo en su rostro. Parece que desde "El sexto sentido" todos los niños raritos tienen que tener cara de muertos andantes y decir todas sus frases con el menor movimiento de músculos. A ver si se pasa la moda.

El acercamiento del personaje de Nicole Kidman hacia su reencontrado marido se va fraguando a través de escenas contenidas acompañadas de una música en ocasiones muy acertada pero en otras con un toque de intento de opresión que me recordaba más bien al rumor apagado del vibrador de mi móvil. Esto me resultó bastante desagradable, aunque no tanto como los larguísimos primeros planos de hasta cuatro minutos de duración de algunos de los protagonistas. Sin duda, Nicole demuestra en esta película su enorme capacidad interpretativa y su extraordinaria entrega al sentimiento de su personaje, algo que valoro muy positivamente, pero el sufrimiento de estas escenas acaba por aburrir al espectador cuando todo lo que tenía que decir el plano ya está dicho.

A pesar de estos detalles formales, que a mi modo de ver no aportan más que pesadez a la película, se mantiene una cierta intriga por saber cómo terminará la historia y si Sean es realmente el marido de Anna reencarnado en ese cuerpo infantil. Pues llega el final y te quedas como estabas. De lo que te cuentan se puede deducir que el niño leyó unas antiguas cartas de amor entre la pareja y asumió el rol de Sean, hechizado por el encanto de la esbelta Anna, y quizás aquejado por alguna dolencia mental similar a la doble personalidad o la suplantación inconsciente. También se puede pensar que el crío decidió negar su condición de difunto esposo (en este caso real) para evitarse problemas entre su propia familia y la de Anna, que rechaza de plano la existencia de tal reencarnación.

El caso es que no aclaran nada, se quedan a la mitad de todo y la película termina mucho peor de lo que empezó. Eso sí, la escena final de la playa, con una Nicole Kidman vestida de novia en la orilla llorando desconsoladamente por no se sabe qué, tiene una fuerza visual impresionante, pero parece que pertenece a otra película distinta. Si alguien tiene alguna idea más clara de lo que ocurrió que por favor me lo cuente, porque reconozco que me he quedado un poco intrigada y no me extrañaría que esté todo mucho más claro de lo que yo he llegado a comprender. Mientras tanto, seguiré pensando que la cinta es bastante lenta, confusa y aburrida para lo mucho que podría dar de sí la idea inicial.

1 comentario:

  1. non a vin. así que non digo nin que si nin que non. pertiñas!!

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