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sábado, 10 de diciembre de 2022

Triple XXX: éXito, conteXto y eXpectativas

Desde hace algún tiempo ronda por mi cabeza una reflexión que me gustaría compartir con vosotros. Una definición estándar nos diría que el ÉXITO es el "resultado, en especial feliz, de una empresa o acción emprendida, o de un suceso". Según esta descripción, cualquier cosa que llevemos a buen término en nuestras vidas podría considerarse un éxito. Sin embargo, cuando la mayoría de nosotros pensamos en tener éxito no se nos pasa por la cabeza que habernos acordado de todo lo que teníamos que comprar en el supermercado sea un logro o que irse a tomar cañas con unos amigos sea un éxito de ninguna clase. 

Ahí es cuando entra en juego otra palabra súper importante y que, por pura casualidad, también contiene una X: CONTEXTO. Para alguien con problemas de memoria acordarse de todo lo que tenía que comprar es todo un éxito, al igual que salir a tomar algo para alguien con un trastorno social, por ejemplo. Etimológicamente la palabra latina "exitus" significa "salida" y en el ámbito sanitario supone, de forma más específica, una "salida de la vida", o sea, una muerte. Ahí el contexto cobra fuerza a la hora de especificar mucho si una operación ha resultado un éxito o un exitus.

Pero dejando humor negro y posibilidades del lenguaje aparte, cuando ahondamos un poco más en el asunto vemos que el concepto de éxito está estrechamente relacionado con, oh qué avatar del destino, otra palabra que contiene X: EXPECTATIVAS. Comparamos los resultados de nuestras tareas con las expectativas que teníamos antes de iniciarlas, por lo que el éxito sólo se produce si se cumplen esos objetivos marcados previamente.

De esa premisa deducimos que el éxito de una tarea nunca significará lo mismo para dos personas con diferentes expectativas. Pongamos otro ejemplo sencillo: para un músico aficionado puede suponer un éxito publicar un disco, sin más, mientras que para otro artista sacar un disco sin conseguir un número mínimo de oyentes o de ventas no sólo no supondrá un éxito sino que podrá considerarlo incluso un fracaso. De igual forma, un deportista de élite aspirará a quedar entre los primeros puestos de una maratón mientras que un corredor amateur se puede conformar con terminar la carrera sin quedar el último. E incluso habrá alguno que considere que terminar el último es un éxito por el simple hecho de haber completado la prueba. ¿Cuál de todos esos éxitos es mejor? ¿Hay éxitos mejores que otros? ¿Es más válido tu éxito que el mío?

Durante años hemos oído que el conformismo es malo, que hay que aspirar siempre a más y que tener pocas ambiciones te convierte en un mediocre. Bien, lillusianos, sin ningún tipo de base científica ni nada que avale esta afirmación más que mi propia experiencia he de decir con rotundidad que esa idea quizás sea válida para determinados caracteres pero puede llegar a causar miedo, ansiedad y mucha inseguridad en otras personas y no deberíamos generalizar al respecto. 

Cada uno de nosotros tiene una visión diferente del éxito muy similar al umbral del dolor, personal, difícil de explicar y poco medible en términos generales, de igual modo que nuestro nivel de expectativas varía y difiere notablemente del de nuestros semejantes en las mismas situaciones y condiciones. No todos necesitamos lo mismo, ni tenemos las mismas capacidades, ni nos contentamos con lo mismo; es obvio y sobran los ejemplos. No hay más que recordar la frase de Albert Einstein: «Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, pensará toda la vida que es un inútil».

Sí, ¿verdad que se os vienen a la cabeza personas increíblemente creativas que nunca han tenido éxito y personas con una inteligencia limitada que son muy exitosas? ¿Qué estamos midiendo exactamente como éxito? ¿El dinero de nuestras cuentas bancarias? ¿La fama? ¿El número de likes en una red social? ¿Haber alcanzado un puesto de responsabilidad en una compañía? ¿Crear una empresa? ¿Tener muchos amigos? Estamos midiendo todos los tipos de éxito por nuestro propio contexto y nuestras expectativas, ahí está el error.

Todo esto nos hace pensar que no necesariamente tiene más éxito el que más arriba llega en un determinado camino pero, obviamente, si tus expectativas eran llegar hasta ahí arriba y lo has logrado, considerarás que has tenido éxito. Si aún encima tu éxito encaja con los parámetros de los que te rodean, habrás dado en el clavo para sentirte plenamente satisfecho con lo que has conseguido. Enlazamos aquí con el sentimiento de felicidad y satisfacción personal, entrando ahora sí ya en un terreno totalmente subjetivo. ¿Somos más felices porque tenemos éxito o tenemos éxito porque somos más felices? 

No nos vamos a engañar ahora: los "ricos y famosos" son nuestro paradigma de haber alcanzado el punto más álgido en la pirámide del éxito. Durante muchas décadas el triunfo y el prestigio vestían de forma impecable, llevaban un malentín con documentos, tenían una cartera llena de dinero, un buen coche, una casa lujosa, una familia envidiable y unas relaciones sociales de alto nivel. Sin embargo, con el paso de los años este paradigma ha ido cambiado y se ha demostrado que el éxito económico, social o laboral no necesariamente garantiza la felicidad. Es cierto que el dinero ayuda a cumplir sueños y objetivos, pero tener dinero no supone un éxito per se. Creo que siempre acabaríamos llegando a la conclusión de que el único éxito realmente válido es el personal, el que nos hace sentirnos felices, sanos, tranquilos, útiles, seguros, satisfechos de nuestros pequeños logros. En paz con nosotros mismos.

Es posible que todos nazcamos con el nivel de opciones al máximo y que, a medida que cumplimos años o etapas vitales, nos vayamos dando cuenta de que algunas de esas opciones no están a nuestro alcance y rebajemos nuestras expectativas al respecto. Supongo que será nuestra capacidad de adaptación y de resiliencia la que consigue que, aún así, no decaigamos en el empeño por alcanzar nuestros objetivos. La frustración es un sentimiento a veces inevitable pero podemos minimizarlo si conseguimos que nuestras expectativas se ajusten más a la realidad del contexto en que vivimos o en el que desarrollamos nuestras tareas. 

Esto no significa que debamos dejar de mejorar nuestras capacidades o de marcarnos nuevos retos, en absoluto. El ser humano está programado para seguir avanzando incluso ante la adversidad, sólo realizando unos pequeños ajustes al firmware. Pero donde Mr. Wonderful diría que todo es posible, que somos capaces de hacer todo lo que nos propongamos en la vida, Lillu tiene una visión un poco más pragmática que consiste en poner el foco precisamente en los propósitos: querer no siempre es poder, pero sí lo será si nos proponemos cosas alcanzables de forma objetiva, más ajustadas a nuestras expectativas de vida. Tú puedes llamarle conformismo, pero yo le llamo éxito.

«Lillu, estás matando nuestras ilusiones con este post». Pues nada, comenta por aquí si tu concepto del éxito es diferente, que está claro que no todos podemos ser introvertidos con ansiedad social y debilidad por los amaneceres (si no sabes de lo que hablo revisa mi Instagram). Ah, y cuéntanos de paso si has conseguido ya todo lo que te anotaste en esa lista de propósitos de Año Nuevo para 2022 porque te quedan poquitos días para completarla ;)

*** Las viñetas que ilustran este post son de Dinos and Comics.

miércoles, 27 de octubre de 2021

En terapia

Reaching out for love, by kjherstin (DeviantArt)

Hace unas semanas escribí un post sobre la importancia de la salud mental. He reflexionado bastante sobre ese asunto en estos últimos meses, no tanto por la situación creada por el Covid19 sino por muchos otros temas personales que me han afectado a lo largo de mi vida. Hoy me gustaría compartir con vosotros algunas de esas reflexiones. 

Llevo en terapia casi dos años y es lo mejor que he hecho en mi vida. En mi caso no es nada grave, pero llegó un momento en el que ya me costaba manejar determinadas situaciones que se estaban dando en mi entorno familiar y, sobre todo, laboral. Como mi problema no tenía nada que ver con las limitaciones de la pandemia, a mí el confinamiento me ayudó muchísimo a sobrellevar otras cuestiones. Soy una muchacha introvertida que suele disfrutar de la soledad y los pequeños círculos, qué le vamos a hacer, así que para mí el hecho de socializar menos y no ver a gente diariamente fue como una bocanada de aire fresco en el enrarecido ambiente en el que me desenvolvía. A pesar de haberlo vivido así, puedo entender perfectamente que para muchas otras personas el confinamiento o las restricciones de contacto fueran todo lo contrario y supusieran un verdadero sufrimiento.

El incremento de los problemas mentales o, simplemente el desasosiego asociado a una situación desconocida y no deseada, como fue todo lo derivado de la pandemia de Covid19, ha provocado en los últimos meses el auge de la preocupación por el equilibrio y la salud emocional. Los humanos no estamos programados para continuar sin más cuando algo nos bloquea, por lo que debemos readaptarnos, recalibrar nuestras capacidades y reacciones. Como no todos disponemos de las mismas herramientas se hace inevitable que muchos necesitemos ayuda para realizar algunos de esos ajustes personales. La catástrofe que está ocasionando el volcán en la isla de La Palma es otro ejemplo de la necesidad de esta ayuda psicológica, puesto que las personas que están perdiendo su vivienda y sus recuerdos van a precisar de mucho apoyo para recuperar la normalidad en sus vidas.

Algunas personas cercanas han sufrido a lo largo de su vida momentos complicados: depresión, ansiedad, TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria), TEA (Trastornos del Espectro Autista), estrés, etc. Yo también he tenido mis achaques emocionales y no es la primera vez que busco ayuda psicológica para solucionar algún conflicto interno. Hace años una depresión leve que no se trató adecuadamente desembocó en problemas de ansiedad social y múltiples TOCs, con los que he convivido durante mucho tiempo. En los últimos años también he vivido muchas situaciones estresantes relacionadas con el entorno laboral. Esto me ha causado más de un disgusto, pero he conseguido sobrellevarlo gracias en parte a mi resiliencia, esa palabra que está tan de moda ahora mismo, pero sobre todo gracias a mi psicóloga, que me ayudó a tomar distancia y a manejarme en situaciones de continua tensión que no podía evitar. 

Lamentablemente, la precariedad laboral y las malas condiciones económicas van inexorablemente ligadas a muchos de los problemas que tenemos hoy los (no tan) jóvenes para gestionar nuestra existencia. Abandonar un trabajo fijo que te produce un terrible daño psíquico sin tener otra opción laboral es una decisión que a veces es imposible de tomar haciendo números y mirando hacia las obligaciones de gasto mensual, por lo que tendemos a aguantar hasta cotas casi insostenibles para nuestra salud mental.

Los Colores Olvidados

A pesar de tener una sanidad pública excepcional, nuestro sistema sanitario adolece de falta de personal y recursos. Los profesionales hacen todo lo posible por mejorar la vida de sus pacientes, pero una terapia de 30-40 minutos cada mes y medio o dos meses es a todas luces insuficiente para tratar a una persona desorientada y confusa que no puede manejar la situación que le causa angustia o sufrimiento. Algunos de ellos ni siquiera son conscientes de lo mucho que les está afectando lo que les ocurre, por lo que requieren más atención si cabe y no es posible obtenerla con esa estructura de atención sanitaria que en muchas comunidades están abandonando a su suerte al mismo tiempo que se fomenta la asistencia privada. La medicación sin un apoyo terapéutico puede funcionar pero la mayoría de casos necesitarán también terapia para salir de su bucle de dificultades. Una consulta psicológica privada oscila entre los 40-80 euros por sesión y, dependiendo de la gravedad de cada caso, se puede necesitar una periodicidad quincenal o incluso semanal. No todos los presupuestos familiares pueden hacer frente a estos gastos extra y la brecha social se hace inevitablemente más patente.

Aunque en mi caso concreto no ha sido nunca necesaria una valoración psiquiátrica, en otros casos que conozco sí ha sido imprescindible un seguimiento médico de dolencias más graves. No debe ser ningún estigma ni vergüenza tener que medicarnos para controlar determinados síntomas, igual que no lo es ponernos una escayola en un miembro con un hueso roto o tomarnos un ibuprofeno si nos duele la cabeza. Eso sí, que España esté en el top ten mundial de consumo de antidepresivos y ansiolíticos quizás nos indica que hay un problema social de base al que no se está atendiendo adecuadamente.

Por desgracia, la salud mental continúa siendo un tabú en muchos ámbitos. Una baja laboral por depresión no se valora igual que otra por un golpe físico, por ejemplo. Las heridas mentales no se ven la mayoría de las veces a simple vista y, como todos sabemos desde siempre, lo que no se ve, no existe. En otras ocasiones, no es viable tomarse ese tiempo de baja para recuperarse, bien debido a motivos económicos o a presiones laborales.

Dicho todo esto, desde este humilde espacio sólo quiero seguir visibilizando lo que no se ve, porque muchas de esas dolencias invisibles pueden ser plenamente recuperables sólo dedicando un poquito más de atención y esfuerzo desde las instituciones, identificando qué las provoca, diagnosticando de forma precoz, modificando entornos y corrigiendo conductas. Luego podemos seguir hablando de recursos económicos, absolutamente imprescindibles para ofrecer una correcta atención, y de contextos sociales, porque definitivamente no todos tenemos las mismas oportunidades en la vida. Aun así, en algunas ocasiones la empatía, la comprensión y la solidaridad pueden hacer mucho más de lo que imaginamos para dar la vuelta a una situación negativa.

No soy psicóloga ni sanitaria y quiero dejar claro que aquí sólo hablo de mis experiencias personales y de lo que me afecta. No tengo ni idea de por qué funcionan algunas estrategias y otras no o por qué funcionan en unas personas y no en otras, pero lo que sí sé es que a todos nos paraliza el miedo en algún momento. A veces podremos salir adelante casi sin despeinarnos, elegir el camino que más nos convenga y ejecutar las tareas obvias para mejorar nuestra situación, pero otras veces no lo tendremos tan claro y se nos hará un mundo tomar una sola decisión. Si notamos que no nos sentimos bien pero no somos capaces de dar el paso para sentirnos mejor, quizás sólo necesitemos la fuerza suficiente para pedir ayuda profesional. Aprendamos a cuidarnos, a invertir en nosotros mismos y a querernos más, porque merece mucho la pena sentir que todo encaja.

Tetris

jueves, 3 de junio de 2021

La importancia de la salud mental

En los últimos días el tema de la salud mental está saliendo del ocultismo al que nos tenía acostumbrados. La pandemia, las consecuencias de los confinamientos, los cambios laborales, las obligadas modificaciones en las relaciones sociales y otras cuestiones nos han hecho meditar largo y tendido sobre lo que ocurre a veces en nuestra cabecita y nuestro comportamiento al respecto.

Por desgracia, todavía hay mucha gente que no entiende el proceso de una enfermedad mental, las limitaciones que puede suponer sufrir un trastorno de estas características, el fantasma de la ansiedad o la depresión. Lo primero (y casi único) que hay que entender es que no todos somos iguales y no todos vamos a reaccionar o comportarnos igual ante la misma situación. La mayoría de la gente no está mal porque quiera estarlo, sino porque no lo puede controlar. Una vez entendido eso, podremos empatizar muchísimo más con nuestros semejantes y, por lo tanto, comprender que no todos somos capaces de todo y que querer no siempre es poder, por muy positivos que seamos. Esto también nos ayudará a ser más indulgentes con nosotros mismos, dejando de maltratarnos por no poder cumplir las expectativas de los demás o lo que creemos que esperan de nosotros.

En este sentido, estos días el ex entrenador del tenista Rafa Nadal, su tío Toni Nadal, publicó una columna de opinión en el periódico El País comentando la retirada de la japonesa Naomi Osaka del torneo de Roland Garros. La tenista había anunciado que no interactuaría con los medios de comunicación en las ruedas de prensa obligatorias del torneo, ya que las preguntas que le formulaban eran repetitivas, le hacían dudar de sus capacidades y la situación le producía mucha ansiedad. La jugadora de 23 años, que ha manifestado arrastrar una depresión desde hace tiempo, no se presentó al primer encuentro con los periodistas y decidió retirarse de la competición francesa tras ser sancionada por la organización por incumplimiento de contrato. En su artículo Toni Nadal dudaba de que los problemas de Osaka le impidieran cumplir con sus obligaciones con la prensa y criticaba su actitud, minimizando las dolencias que pudiera sufrir la tenista.

Aparte de una falta de empatía notable, Toni Nadal peca también de ignorancia sobre la evolución de un problema mental. Aunque está ejerciendo su libertad para opinar sobre lo que quiera, cuando eres un personaje público relevante y tus declaraciones tienen cierta repercusión es importante valorar las consecuencias de lo que vas a decir. ¿Qué ocurriría si su antiguo pupilo decidiera retirarse del torneo por un esguince, por ejemplo? ¿Alguien cuestionaría su incapacidad para afrontar la competición aún sufriendo dolores o riesgo de empeorar la lesión? Pues eso es lo que ha hecho él con Naomi Osaka, juzgar que su actitud no era la correcta, que debería haber continuado en el torneo afrontando las ruedas de prensa que le causaban ansiedad, estrés y dolor porque son su trabajo como deportista de élite. 

En otro párrafo de la columna señala que si Osaka hubiera avisado con antelación a la organización sobre sus padecimientos, todos habrían sido más comprensivos. Como si todos supiéramos en qué momento exacto nos va a incapacitar un episodio de ansiedad o estrés, ¿verdad? Despreciar el dolor ajeno de esta forma no suele generar muy buenas vibraciones así que multitud de voces se han alzado defendiendo a la tenista nipona, alabando su valentía por dar visibilidad a la salud mental al desvelar sus problemas y deseándole una pronta recuperación.

Naomi Osaka

Es muy difícil reconocer en público que necesitas ayuda. Lo normal es que disimules, consciente o inconscientemente, que estás sufriendo y cumplas como puedas con las tareas laborales o sociales que tengas que realizar, que te impongas la "normalidad". Nosotras mismas nos ponemos siempre en último lugar para no mostrar debilidad, incapacidad o sufrimiento, de ahí las dificultades para diagnosticar a tiempo determinadas dolencias o recurrir al apoyo profesional. El "traumatólogo" de la salud mental sigue siendo una figura difusa y malinterpretada que en muchas ocasiones ni siquiera es considerado como profesional sanitario. Muchas personas, sobre todo ya con cierta edad, siguen pensando en el estigma de la locura al acudir a un psicólogo o un psiquiatra y se pierden cosas maravillosas de la vida por no saber o poder afrontarlas con garantías. 

En otros casos son los directivos de las empresas los que no comprenden que sus empleados tengan que dejar de trabajar por problemas psicológicos, muchas veces causados incluso por el propio entorno laboral. Situaciones de estrés o acoso mantenidas en el tiempo acaban rompiendo el equilibrio de algunos trabajadores que posiblemente también luchen con otras situaciones desfavorables en el ámbito personal o familiar. La necesidad económica hace que en más ocasiones de las razonables deban continuar desempeñando sus tareas profesionales sin atender como se merece a su salud mental. 

Para completar este caldo de cultivo para los trastornos emocionales, la sanidad pública española ofrece unas posibilidadades muy limitadas de diagnóstico y seguimiento de los pacientes, con una ratio de psicólogos de 6 por cada 100.000 habitantes cuando la media europea se sitúa en unos 18. Igual que es muy difícil curar un cáncer con una sesión de quimio cada 3 meses, tampoco puedes mejorar el pronóstico de una enfermedad mental con esa periodicidad en la terapia.

Este post sólo pretende ser una pequeña llamada de atención, como otras muchas que están surgiendo, sobre la salud mental y sus consecuencias a corto plazo. Si no ponemos ya el foco sobre este asunto nos encontraremos en muy poco tiempo con una población abandonada a su suerte que no podrá trabajar ni desarrollar una vida satisfactoria debido a su sufrimiento, incrementándose las situaciones de violencia y desamparo por falta de diagnósticos precoces y el número de suicidios. Cada día se quitan la vida en España 10 personas que ya no ven otra salida para paliar su dolor, personas que con un tratamiento y una terapia adecuados quizás podrían recuperar su camino para volver a disfrutar de la vida.

viernes, 16 de marzo de 2018

Cerrando etapas

Hace unas cuantas semanas decidí cerrar una etapa laboral y abrir el espacio necesario para que entrara aire en mi vida. El trabajo me absorbía física y emocionalmente día tras día, sin dejarme tiempo ni ánimo para dedicar atención a las cosas que antes me hacían feliz y de las que este blog es fiel reflejo. Dejé casi de leer, porque me acostaba tarde y mi momento de lectura nocturna no tenía horario fijo. Dejé de correr porque los horarios por turnos hacían imposible marcarme una rutina deportiva. Dejé de ganchillar porque, como muchos sabéis, tenía un pinzamiento en un nervio de la mano derecha por forzarla en el trabajo. Apenas coincidía con mi pareja para ver juntos una película o para salir a cenar un fin de semana.

Quizás con 25 años lo hubiera enfocado de otro modo y me habría costado menos adaptarme, pero con más de 40 y una visión clara de lo que quiero en mi vida y lo que no, la situación fue poco a poco empeorando y me fui deprimiendo. Lamentablemente, la ausencia de mejores oportunidades laborales me hizo aguantar al pie del cañón durante muchos meses, incluso años, sin poder tomar una decisión a favor de mi salud física y mental. 

Pero como ocurre en todas las relaciones, y una laboral no es una excepción, de tanto tensar la cuerda al final se rompió. Ese manido "no eres tú, soy yo" lo define a la perfección. Era yo, que necesitaba urgentemente volver a ubicar mi parcelita de felicidad en el espacio-tiempo, retomar las pequeñas cosas que disfrutaba en mi sencilla y ordenada vida, mis rutinas, mis descansos. Necesitaba que la balanza entre mi bienestar laboral y el personal no estuviera tan exageradamente desequilibrada. Necesitaba con la misma urgencia reducir mis dosis de ibuprofeno, decir adiós a los dolores crónicos en las manos y los pies, abandonar el insomnio y la sensación de angustia y ansiedad constantes.

Y al principio me pareció que nunca sabría si había tomado la decisión correcta hasta que lo viera en retrospectiva mucho tiempo después. Sin embargo, al día siguiente de renunciar me sentí inexplicablemente más ligera y noté que la pesadez en la espalda había desaparecido y que, de repente, me empezaba a ilusionar de nuevo, que me apetecía bailar por toda la casa una canción estúpida en bucle y sonreír al pasar por delante de un espejo, sin motivo alguno. Y entonces supe que había cerrado una puerta y que después se abrirían miles de ventanas para que pudiera entrar el aire.

Esta canción del nuevo disco de Eels, "The deconstruction", es absolutamente fantástica para expresar todo lo que sentí en ese difícil proceso, entre mi deconstrucción y mi futuro renacimiento conceptual.


The deconstruction has begun 
Time for me to fall apart 
And if you think that it was rough,
I tell you nothing changes 
'Till you start to break it down 

And break apart 
I'll break apart 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 

The reconstruction will begin 
Only when there's nothing left 
But little pieces on the floor 
That made of what I was 
Before I had to break it down 

And break apart 
I'll break apart
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 

And every block you've built on 
It's going to come right out 

And break apart 
I'll break apart 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 
I'll break apart 
I'll break apart

Podéis escuchar la canción en Spotify a través del enlace en la barra lateral.

martes, 12 de noviembre de 2013

Conductores, esa peligrosa especie animal

Conduzco desde hace poco tiempo, apenas un par de meses. Tengo el carnet desde hace más de 15 años pero nunca he tenido coche propio y, hasta ahora, nunca había necesitado conducir. Con la mudanza me he alejado unos cuantos kilómetros de mi lugar de trabajo y el transporte urbano no cubre en absoluto mis necesidades así que no me ha quedado más remedio que reciclarme al volante y echarme a la carretera.

Mi pareja me presta su coche. Sí, sé lo que estáis pensando: es un santo. Y no os falta razón, ya que dejar en manos de una (no tan) joven e inexperta conductora tan preciada posesión merece alabanzas sin fin. Sobre todo teniendo en cuenta que durante las primeras semanas dejé mi marca personal en el utilitario en forma de roces y rasguños. En mi defensa he de decir que la culpa no es mía, sino de la diabólica puerta del garaje y de esa columna móvil que todos conocemos.

Pero ése no es el tema que nos ocupa. Hoy quería hablar de esos otros conductores que siempre van con prisa, que nunca señalizan sus maniobras, que superan los límites de velocidad, que aparcan en doble fila o en vados, que te adelantan por donde ven hueco sea derecha o izquierda y que olvidan que la distancia de seguridad, como dice una amiga mía, se llama precisamente "de seguridad" por algo. 

No hay nada más estresante para un conductor novel que ver por el retrovisor al coche de detrás pegado a tu culo. El motivo más claro de este agobio es que la inexperiencia obvia de las primeras veces al volante hace que el coche pueda calarse con más facilidad y la sensación de que te van a embestir de un momento a otro es realmente desagradable. Como yo no puedo llevar la "L", ya que mi permiso de conducir tiene más de un año de antigüedad, nadie sabe que soy novata y sufro seriamente la falta de paciencia de los conductores que me suceden. Por suerte, no suele calárseme a menudo el coche pero esa situación me mantiene intranquila. 

Foto tomada de la web del canal de TV Cuatro.
En este tiempo que llevo conduciendo también he confirmado ese dato que todos conocemos ya aunque no vayamos al volante: el 80% de los conductores no conoce los intermitentes o directamente los ignora. La mayoría se limita a cambiar de carril sin más o a tomar desvíos sin ningún tipo de aviso previo. También existe el caso de los que sí señalizan pero al mismo tiempo que se incorporan a la vía, con lo que parece que quedan exentos de toda culpa y el frenazo y el susto te lo comes tú porque "eh, que yo puse el intermitente". Esto, en una autopista con varios carriles, no deja de ser más peligroso incluso que lo primero.

Por último están los que hacen barbaridades al volante, como adelantarte por encima de la acera y por el mismo lado hacia el que tienes señalizado que vas a girar, porque creen que estás tardando demasiado en realizar tu maniobra de entrada al garaje. Esa gente se salva de muchos disgustos porque el tiempo se cuenta por milésimas de segundo y porque la suerte a veces acompaña a quien no la merece. Y algún día hablaré también de los peatones, esos que van caminando por el arcén de la autopista alegremente, porque así acortan distancias, o los que cruzan las calles y carreteras por cualquier lugar porque el paso de cebra queda a unos lejanos 20 metros o porque los 50 segundos que tarda en cambiar el semáforo a verde les parecen excesivos.

martes, 16 de julio de 2013

Y de verdad este negocio funciona?

Por circunstancias de la vida, estas últimas semanas he estado enfrascada en la búsqueda de una nueva vivienda de alquiler. No esperaba que la tarea resultara sencilla pero tampoco pensaba que las inmobiliarias se hubieran convertido en las empresas desfasadas, desorganizadas y poco colaborativas que he comprobado que son. Aunque mi principal canal de búsqueda han sido los portales inmobiliarios de internet, no quise dejar de lado los métodos tradicionales como las gestoras de propiedades con oficina física y la revisión visual de carteles de "se alquila" en las ventanas de los edificios.

Mi experiencia con las agencias inmobiliarias típicas ha sido francamente decepcionante. Ya sin tener en cuenta los locales, con mobiliario desvencijado y olor a humedad, en dos o tres de ellas no llegaron a invitarme ni siquiera a sentarme, preguntándome en la distancia qué buscaba y diciéndome directamente que no tenían nada tras comentar las primeras características de mi búsqueda. En algunas otras quedaron en llamarme para confirmarme determinados datos como precios que desconocían o detalles concretos de alguna vivienda, llamadas que nunca llegaron y dudo que lleguen, pasados ya muchos días desde la visita.

Pero lo peor es que en muchas de estas inmobiliarias ni siquiera tenían las propiedades en un gestor informático adecuado, ni disponían de fotos de las mismas. En algunas me atreví a preguntar (incauta de mí) los metros cuadrados de determinado piso, dato que reconocieron desconocer. Ya no te digo preguntar por los armarios empotrados, si la cocina es a gas o vitrocerámica o si permiten animales. Listados a bolígrafo en libretas con la dirección postal, el número de habitaciones del inmueble, el precio de alquiler y listo. Por un momento me picó el gusanillo de montar una inmobiliaria en condiciones, porque si aquello funcionaba, una bien montada y con buenos profesionales, interesados y cuidadosos, ya tenía que ser un negoción.

El trato con esas empresas no mejora a través de internet. La mayoría de sus páginas web están desactualizadas, hasta el extremo de que en alguna que visité la columna de precios figura encabezada como "Pesetas", aún estando la cantidad en euros (menos mal). En muchas no figuran ni las dimensiones de la vivienda, ni la altura de planta y las fotos inútiles de esquinas, ángulos inverosímiles y despropósitos varios ya merecen mención aparte (para eso no hay nada como visitar la sección del blog de Therwis "Para entrar a vivir"). Envié casi una docena de mensajes a distintas inmobiliarias a través de sus anuncios en portales pidiendo más información sobre viviendas concretas, como los metros cuadrados o la posibilidad de garaje, ninguno (ojo, ninguno) de los cuales ha sido respondido hasta la fecha. No es muy alentador teniendo en cuenta que algunos fueron enviados hace casi un mes.

Y mis dudas son: Para qué coño pones anuncios en internet si luego no los gestionas adecuadamente a través de ese canal y obligas a los clientes a realizar llamadas telefónicas? Por qué no ofreces a tu cliente posibles alternativas que, aunque no se ajusten exactamente a lo que busca, quizás sí supongan una solución para él? No tienen interés por alquilar sus propiedades? Les da igual tratarte bien o mal, teniendo en cuenta que hoy igual buscas un alquiler por 600 euros, pero quizás mañana decidas comprar una vivienda por 100.000? 

Pues lamentablemente parece que sí, que les da igual atenderte bien o mal, ayudarte a encontrar lo que necesitas o mirarte de arriba a abajo no bien has puesto un pie en el local y contestarte "no tengo nada" apenas has dicho "buenos días, busco un piso para alquilar con...". Y otro día comentaré las exigencias de los arrendadores (dos o tres nóminas, dos avalistas con propiedad, comprobación de solvencia, contrato de trabajo fijo, un fiador con nómina fija, sangre de unicornio, huevos de dragón...) cuando ellos no ofrecen ni una sola garantía de que estarán allí para firmar el contrato en el momento acordado. 

Muy decepcionada, francamente, y muy sorprendida de que esos negocios sigan funcionando haciendo gala de esa enorme falta de profesionalidad.

*** Foto superior cogida de la web de la inmobiliaria Gtr3s.