miércoles, 21 de noviembre de 2018

Oporto (I)

Destino: Oporto
Creo que por primera vez en mucho tiempo voy a empezar las reseñas de un viaje el mismo año en que realicé ese viaje. No os acostumbréis, porque en Lillusion se sabe cuándo empieza algo pero no cuándo termina.

El caso es que este viaje a Portugal venía marcado por unas circunstancias muy concretas: las bodas de oro de mis padres. Sí, en efecto, 50 años de matrimonio, toda una proeza que mi hermana y yo, vástagos de la referida y extensa unión, quisimos celebrar de una manera especial. La idea era sorprender a mis padres en Oporto, viajando nosotros (mi pareja y yo) desde Tenerife y ellos (mis padres, mi hermana y mi cuñado) desde Galicia, sin que tuvieran conocimiento del encuentro familiar que tendría lugar en tierras portuguesas. Con unas cuantas triquiñuelas y engaños veniales conseguimos que mis padres se subieran a un tren en Vigo con destino luso, con la intención de pasar el fin de semana fuera.


Sorpresa y reencuentro consumados, el señor del bigote y yo teníamos la intención de pasar dos días en Oporto con mi familia y después viajar en tren hasta Lisboa para continuar tres días más por nuestra cuenta. Nuestra odisea comenzó un mes antes intentando encontrar pasajes de avión que nos coincidieran bien por fecha y precio. Viajar desde Canarias a cualquier otro lugar es mucho más complicado que hacerlo hacia las islas. A pesar del descuento de residente, que ahora mismo es de un 75%, los billetes de avión a la península siguen siendo escandalosamente caros, y peor aún si el destino está fuera de España. Además, el tiempo que se invierte en cada desplazamiento es más del doble del que realiza cada peninsular para conectarse con casi cualquier sitio, por lo que configurar un viaje coherente en tiempo y forma, y adaptado al presupuesto disponible, resulta una tarea ardua. 

Amanece en el Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas
Dicho esto, nuestros vuelos, tanto de ida como de vuelta, tuvieron que ser con transbordo en Madrid y nos costaron en total casi 200 euros por persona. Iberia, a través de su filial de bajo coste Iberia Express, fue la única compañía que nos ofreció horarios adecuados a nuestras necesidades, junto con el trayecto Madrid-Oporto que realizamos con RyanAir. Tras hacer noche en Madrid el viernes en casa de unos amigos, aterrizamos en el Aeropuerto Sá Carneiro de Oporto el sábado por la mañana, con un retraso suficiente para resignar a la compañía RyanAir a que no sonara su típico jingle de puntualidad.

Se esperaba mucho calor para esa semana de septiembre, algo que nos vino bien a la hora de preparar el limitado equipaje de mano con el que viajábamos con ropa más ligera. El traslado del aeropuerto al centro de Oporto lo realizamos en metro, en una línea que conecta directamente ambas zonas. Para ello, tuvimos que comprar una tarjeta física recargable denominada Andante e introducirle el importe para el trayecto de zona 4 donde está enmarcado el aeropuerto, que son 2,40 €. Toda esta gestión se puede hacer sin problema en las máquinas expendedoras que hay en la estación de metro del aeropuerto, donde también hay un puesto de información. 

Río Douro/Duero
Esa misma tarjeta, modificando posteriormente la zona (a zona 2), sirve para efectuar recargas por viaje (1,20 €) y moverse por el centro menos histórico de la ciudad. Y digo el centro menos histórico porque las calles más tradicionales de Porto son calles estrechas, muchas de ellas peatonales, en cuesta o con escaleras, por las que el mejor medio de transporte es simplemente caminar. Aun así, es conveniente disponer de una tarjeta de transporte sobre todo en caso de querer visitar zonas un poco alejadas unas de otras o en caso de que el alojamiento esté en las afueras. Nuestro hotel, el HF Tuela Porto no estaba en el centro pero sí muy bien situado, en el barrio de Boavista, a menos de 10 minutos de una entrada de metro y varias paradas de autobús.

Escadas do Caminho Novo
Igreja de Sâo Francisco
Ese sábado teníamos reserva para comer en un recomendado restaurante cerca del río Douro, el PapaVinhos. Aunque por fuera el local no invita a entrar, tanto la comida como el trato del personal son maravillosos, y el precio increíble para lo que ofrecen. Allí comí mi primer bacalao “á moda da casa” del viaje (frito, con una capa de patatas fritas y cebolla) y un postre de galleta realmente delicioso. Como siempre, no quiero ahondar en los detalles de la comida ya que dedicaré un post completo a las genialidades de la gastronomía portuguesa. 

Sé do Porto (Catedral de Oporto)
Estatua Vímara Peres
Mirador Igreja San Lorenzo dos Grilos
Tras el almuerzo dimos un paseo por la zona antigua de Porto, de regreso al hotel. Eso nos convenció de que caminar está bien pero resulta muy agotador, sobre todo teniendo en cuenta que ya rondábamos los 30 grados y que viajábamos con dos personas de edad elegante que, aunque acostumbrados a la actividad física, encontraron cierta dificultad en sortear tantos adoquines y estrechas callejuelas repletas de escaleras apenas iniciado el fin de semana. 

Bodegas Vilanova de Gaia
Después de un merecido descanso y una ducha reconstituyente, tomamos rumbo hacia la Ribeira para dar una vuelta por allí antes de ir a cenar. Ascendimos hasta el puente de Luis I, con sus dos alturas (una para vehículos y otra para tranvía) desde donde la puesta de sol portuense es espectacular. Desde allí arriba se ve gran parte de la ciudad, que va a caer sobre el Duero. La gran afluencia de gente haciéndose fotos al margen de las barandillas del puente no lo hacen muy agradable para un demofóbico o para alguien con vértigo, y peor aún si el tranvía pasa cada 3 minutos por el centro del puente, con el movimiento, ruido y miedo intrínseco que ello conlleva. Aún así, esa visita es imprescindible y las preciosas fotos compensan el mal rato que pasé.

Anochecer desde Ponte Luiz I
Anochecer desde Ponte Luiz I
Anochecer desde Ponte Luiz I
Tras esa excitante experiencia, nos dirigimos hacia el restaurante donde habíamos reservado para cenar. Es importante destacar que la ciudad estaba a reventar de gente y que muchos de los restaurantes de la zona son pequeños, por lo que siempre es conveniente reservar si apetece probar alguno en concreto y con más razón si se trata de un grupo más o menos grande (nosotros éramos seis). El restaurante el Postigo do Carvao resultó ser otro acierto, un establecimiento típico del puerto, con manteles de cuadros, música en directo y preparado para grupos. La cena transcurrió de forma muy agradable y la comida, una vez más, buenísima. 

Mucha gente en Cais da Ribeira
Porto es un destino turístico en auge en los últimos años. Abundan los apartamentos de alquiler y la oferta hotelera ha crecido mucho lo que, unido a la multitud de restaurantes a precios más que asequibles, han convertido la ciudad en un hervidero de visitantes. Muchos de ellos son españoles que aprovechan el fin de semana para acercarse a la ciudad lusa y disfrutar también de su ambiente nocturno. Personalmente, mi interés cuando viajo suele tener un carácter más diurno y cultural, por lo que casi nunca me inclino por salir de copas o a bares, pero algunos amigos me han contado que ese aspecto de Porto es uno de los que más motiva a visitarlo. 

El barrio de la Ribeira, enfrente de las bodegas de Vilanova de Gaia, es una de las zonas con más vida nocturna. Las escenas del río, con las luces de los locales en los márgenes y el puente Luiz I son otro de los atractivos fotográficos de la ciudad. No tuvimos tiempo para realizar un pequeño crucero por el río Duero, pero es una posibilidad que barajamos para una próxima visita.

Cais da Ribeira

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*** (Continuará...)

miércoles, 10 de octubre de 2018

Lista de Lillusion en Spotify

Como he estado unos días de baja por una pequeña intervención quirúrgica he tenido algunos ratitos durante la convalecencia para revisar el blog. He actualizado enlaces, eliminando algunos que ya no funcionaban, y poniendo al día las secciones de Cine, Libros y Música, que ahora ya incluyen las últimas publicaciones.

Pero lo que realmente quería hacer desde hace tiempo era una lista de Spotify con las canciones que han sonado en este blog a lo largo de estos más de 12 años de existencia. La sección de música pretendía recordar aquellos temas o intérpretes que habían significado algo a lo largo de mi vida, los que me habían transmitido sensaciones en momentos concretos, esas canciones que tenemos en mente siempre que nos ocurre algo o que nos recuerdan a una situación vivida o a una persona.
Durante años publiqué una canción semanal, que se actualizaba cada miércoles, y que venía acompañada de una breve reseña del artista en forma de post.

Los miércoles musicales sirvieron también para dar a conocer nuevos estilos que llegaban a mi repertorio de escucha, nuevos sonidos y diferentes artistas. También fueron fiel reflejo de lo que me iba sucediendo, poniendo banda sonora a la vida de Lillu y, por extensión, a Lillusion y sus visitantes. Con los años y la falta de dedicación las entradas referentes a la música (y a todo lo demás) fueron reduciéndose y durante meses sonaron las mismas melodías en la barra lateral del blog.

Me apetecía crear un compendio con toda esa música para poder llevar a cualquier parte y que reflejara el espíritu ecléctico de Lillusion. En mi caso esto tiene un efecto un tanto nostálgico, y quizás a muchos de vosotros os transmita algo similar, pero a otros seguro que os supone un ejercicio de descubrimiento musical hasta cierto punto interesante y enriquecedor.

La Lista de Lillusion en Spotify tiene mucho de Lillu y también mucho de vosotros, de todos los que habéis pasado por este blog que a ratos ha estado en la cresta de la ola y a ratos ha agonizado entre la debacle bloguera y el aumento de otros medios de comunicación digital. A todos vosotros está dedicada esta recopilación. Son casi 20 horas de música, casi 300 canciones, entre las que podéis encontrar prácticamente de todo, con mucho rock y pop, casi todos los estilos en español y otros idiomas y seguramente algunos temas que hoy ni siquiera sé por qué aparecieron en este espacio. 

Que nadie se asuste si suena algo de Pimpinela y lo siguiente es una banda sonora de Carpenter, o un temazo de la Creedence justo precediendo a una canción de Hombres G. Si estáis escuchando la lista y no entendéis por qué suena tal o cual tema o simplemente queréis saber qué historia hay detrás, podéis acceder a la sección de Música en Lillusion y, si pincháis en los enlaces, podréis leer la entrada que explica la presencia de cada pieza. Está ordenada por fecha de publicación en el blog, al igual que en la lista de Spotify. Solamente hay dos o tres canciones que no están disponibles en Spotify y que, por lo tanto, no aparecen en esa lista. 

He colocado en la barra lateral, arriba del todo a la derecha, el reproductor de la lista completa, que creo que también funciona aunque no seáis usuarios de Spotify.

Espero que os guste la iniciativa, que se irá actualizando si algún día decido añadir nuevas entradas musicales a esta bitácora. 

 

jueves, 27 de septiembre de 2018

Dublín (y VI): Comer, beber y otras curiosidades irlandesas

Calle en Dublín
Ha llegado el momento de cerrar las entradas dedicadas a Dublín, con algunas referencias a la gastronomía irlandesa y las peculiaridades de este viaje realizado en mayo de 2017. Para empezar, es importante destacar que Dublín es una ciudad cara, tanto para alojarse como para comer y beber. Nosotros tuvimos la suerte de tener unos amigos viviendo allí que nos prestaron su cuarto de invitados para quedarnos, pero los hoteles más básicos (estilo hostal en España, con baño privado) superan ampliamente los 100,00 € por noche y un hotel de tres estrellas ronda los 150,00 - 200,00 € por habitación doble, obviamente mucho más caro cuanto más nos acerquemos al centro. Si se viaja en grupo siempre saldrá mejor alquilar un apartamento vacacional.

Puerta de casa típica en Dublín
A nivel de transporte, Dublín tiene un tranvía bastante eficaz que, en nuestro caso, nos solucionó casi al 100% los traslados al centro de la ciudad desde el barrio de Ranelagh donde nos alojábamos. La compañía del tranvía se llama Luas y sólo tiene dos líneas, pero Dublín es una ciudad muy llana que se camina muy bien, por lo que el uso del transporte público resulta realmente opcional. En mayo de 2017 un billete sencillo nos costó 2,40 € por trayecto, pero también hay opciones más económicas para tickets de ida y vuelta por ejemplo. En la web de Luas puedes calcular cuánto te va a costar cada desplazamiento según las paradas. 

Dublín tiene autobuses de dos pisos, pero son amarillos.
A pesar de que el tráfico de la ciudad es un poco infernal (cuando nosotros visitamos Dublín el centro estaba en obras, con lo que el caos era bastante mayor) también se pueden usar autobuses, imprescindibles para los trayectos al aeropuerto, por ejemplo, o algunas excursiones a los alrededores. El Aircoach que realiza el viaje del aeropuerto cuesta unos 8 ó 9 euros, dependiendo de la parada de destino. También se puede adquirir una Leap Visitor Card, que permite usar todos los transportes (autobús, tranvía y tren) de forma ilimitada durante el tiempo de activación. Nosotros no nos planteamos este sistema ya que teníamos programada la excursión a Glendalough en el medio del viaje y vimos que no nos iba a compensar.

También existe una DublinPass para el acceso gratuito a monumentos y atracciones de la ciudad, que nosotros tampoco compramos en esta ocasión. La mayoría de los museos estatales son gratuitos y la entrada a las catedrales nos costó 6,50 € (creo que ahora cuesta ya 7 euros), por lo que hay que estudiar atentamente qué se quiere visitar para ver si compensa una Dublin Pass, que tiene un coste de 59,00 € en la modalidad de un día.

Irish Stew con soda bread en el pub Johnnie Fox's
En cuanto a la gastronomía irlandesa, degustamos algunos platos típicos del país durante nuestra excursión a Glendalough, en el pub Johnnie Fox's: Soda bread, sopa del día (las denominan "sopas" pero en realidad son una especie de cremas de verduras) y el tradicional "irish stew", que es un estofado típico del país elaborado con carne de cordero, patatas, zanahoria y cebolla como ingredientes básicos. Todo bastante rico y abundante, con postre y bebida por un precio cerrado de 20 euros. En ese local una cerveza aparte nos costó 5,60 €, un precio más o menos estándar en los restaurantes irlandeses.

Apañamos un par de almuerzos con compras de supermercado y la mayoría de las cenas en casa o acompañados por nuestros anfitriones. Dublín es una ciudad bastante cosmopolita con restaurantes modernos y de todo tipo. Los precios son los de cualquier gran ciudad europea, es decir, tirando a caros. Es importante señalar que el salario mínimo en Irlanda es uno de los más altos de la Unión Europea, rondando los 1.500 euros, por lo que hasta cierto punto es lógico que los precios al consumo sean también más altos. 

Scone con mantequilla y mermelada casera
No quería dejar Dublín sin probar un típico scone con mantequilla y mermelada casera, en una de las múltiples cafeterías del centro. Un scone y dos cafés nos costaron 7,40 €, para que os hagáis una idea de lo que comento sobre los precios. Un café expresso ronda los 2 euros y un café con leche o latte no baja de los 3 euros. Eso sí, los cafés también son europeos, grandes y ricos. 

Los irlandeses no son especialmente golosos y no tienen muchos dulces típicos, aparte de la amplia variedad de masas y panes tradicionales de Reino Unido e Irlanda, pero yo descubrí una de las marcas de chocolate autóctona y no pude resistirme a comprar varias barritas y tabletas de chocolate con whisky, con crujiente de panal de miel, con Guinness y otras variedades.

Chocolate con leche y panal de miel de abejas de Butlers
En Irlanda las ovejas son animales venerados, por su lana pero también por su carne. Superan en número a los habitantes humanos del país y representan parte importante de su economía, además de un símbolo al estilo del leprechaun. Cuando fuimos a Glendalough nos encontramos con algunos de estos animales (ovejas, no leprechauns...) pastando por los prados y un curioso cartel en el que se advertía que se dispararía sin miramientos a los perros que molestaran de algún modo a las ovejas.

Ovejas en Glendalough
Perros No Permitidos. Se disparará a los perros que molesten a las ovejas!
Volviendo a la gastronomía irlandesa, el precio medio en los restaurantes en Dublín suele ser de unos 12-15 euros por plato, lo que alcanza fácilmente los 25-30 por persona sumando bebida, pan y postre, siempre dependiendo del tipo de establecimiento, claro está. La comida típica irlandesa es bastante contundente, pero está bien elaborada y todo lo que probamos nos gustó bastante. En Howth, durante nuestro último almuerzo en Dublín, pedimos un original plato de bacalao con chorizo y pastel de Guinness con el tradicional puré de patata en el restaurante The Bloody Stream. Todo realmente sabroso.

Pastel de Guinness, acompañado de ensalada
Bacalao frito con patatas, chorizo y cigala

En Irlanda se puede pagar sin problema con tarjeta de crédito o débito. El sistema de propinas funciona como en otros muchos países europeos, donde lo adecuado es dejar alrededor de un 10% del importe total, ya que no suele incluirse en el ticket. El servicio es bastante bueno en general, tanto en tiendas como restaurantes, aunque os recuerdo que el inglés de los irlandeses es un poco difícil de entender para los que no tienen el oído habituado.

A la hora de planificar, hay que tener en cuenta que la mayoría de las tiendas y monumentos cierran alrededor de las 17:00 h. A partir de esa hora ya sólo se encuentra movimiento en pubs y restaurantes, repletos de irlandeses con sus inseparables cervezas en la mano. Ah, y aunque no lo he comentado, supongo que todos sabéis que en Irlanda se conduce por la izquierda, al igual que en Reino Unido, por lo que alquilar un coche para moverse por la isla es una opción sólo recomendable para los experimentados o los valientes, al igual que moverse en bicicleta teniendo en cuenta esas normas.

Bye Bye Dublín
Y aquí termina nuestro corto viaje a Dublín, en un avión de RyanAir de vuelta a Tenerife para planificar nuestro próximo destino. Por si no tenéis Instagram y no sabéis nada del tema os adelanto que ese siguiente viaje ya se ha producido y ha sido a Portugal. Más detalles muy pronto!

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sábado, 15 de septiembre de 2018

Dublín (V)

Howth, condado de Dublín
Nuestro último día completo en Dublín coincidía un domingo, así que lo pasamos con la familia que nos acogió en su casa durante nuestra estancia en tierras irlandesas. Nos llevaron a un antiguo pueblo pesquero que hoy pertenece al condado de Dublín, Howth, destino típico para comer pescado fresco y pasar el día para muchos dublineses. 

Puerto de Howth
Howth es una península situada a unos 15 km. del centro de la capital, con unos bonitos senderos y preciosas vistas. También tiene un castillo típico irlandés y un mercadillo dominical. Al ser el final de una de las líneas de tren de Dublín, muchos turistas se acercan a esta zona para pasar el día o para comer en alguno de sus numerosos restaurantes, donde se ofrece pescado y marisco fresco.

Nosotros almorzamos en un local llamado The Bloody Stream, justo debajo de la estación de tren. En el próximo post dedicado a comer y beber en Dublín hablaré un poco más de nuestras elecciones gastronómicas durante el viaje, pero he de decir que este restaurante de Howth tiene comida muy rica y a un precio muy razonable para el estándar irlandés.

Mapa de Howth
Interior The Bloody Stream, Howth
Otro de los atractivos turísticos de Howth es la presencia de focas en sus muelles, atraídas por los barcos pesqueros que faenan en el puerto. Son animales de lo más sociable y, aunque sólo conseguimos captar la imagen de una, nos contaron que suelen acercarse sin miedo a los barcos y a la gente en busca de restos de pescado. 

Foca en el muelle de Howth
La foca que quiso posar en el muelle de Howth
Tras pasear por la zona y realizar algunas compras en el mercadillo (algunos regalos y nuestro tradicional imán de nevera como recuerdo del viaje), regresamos a Dublín para preparar la maleta, ya que nuestro avión salía a primera hora de la mañana siguiente y había que elaborar concienzudamente el tetris del equipaje de mano para el visto bueno de RyanAir. 

Paseo de Howth
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*** (Continuará...)

lunes, 20 de agosto de 2018

Dublín (IV): Segunda Parte: Guinness Storehouse

Hacia la Guinness Storehouse
La segunda parte de nuestra penúltima jornada en Dublín, continuando con el rollito espiritual, estaba destinada a visitar la Guinness Storehouse. Aunque sorprenda, es uno de los motivos principales por los que los turistas, sobre todo jóvenes, acuden a esta ciudad, y nosotros estábamos también bastante ilusionados con ello.

Cubas acercándose a la Guinness Storehouse
A medida que nos íbamos acercando a nuestro destino se intuía ya el espíritu Guinness por doquier, en la arquitectura circundante y en los grupos de turistas que, sin duda, se dirigían hacia el mismo lugar. Pero he de decir que personalmente esta peregrinación a la antigua fábrica de Guinness me resultó un poco decepcionante, tanto por el elevado importe de la entrada (20 euros!) como por el escaso interés de la visita, fuera de los datos estrictamente técnicos de la elaboración de la cerveza. Si no eres fan de la marca o experto en cata de cerveza negra, no aconsejaría invertir ese dinero en entrar en la Storehouse.

Quizás hicimos mal en programar esta visita para un sábado, ya que los accesos a las taquillas y la entrada al edificio estaban repletos de gente, posiblemente más llenos que en un día de semana, aunque por lo que pudimos ver se trata de una atracción permanentemente a tope. Tardamos casi media hora en entrar al recinto, adquirir nuestras entradas e iniciar el recorrido por las 5 plantas de la fábrica-museo, lo que fue bastante rápido si tenemos en cuenta que había 4 colas de gente de varias decenas de personas cada una para acceder a las taquillas.

Primer contrato de arrendamiento de la Guinness Storehouse

Una de las primeras atracciones de la Guinness Storehouse es la exposición del primer contrato de arrendamiento de los terrenos de la fábrica St. James Gate Brewery, que Arthur Guinness firmó en 1759 por un tiempo de 9.000 años. Con la ampliación de la cervecería, que hoy ocupa una extensión de unos 200.000 m2, el contrato perdió su vigencia. 

Los secretos de la levadura de cerveza Guinness

Esta primera parte de la visita tiene un interesante museo donde se exhiben las herramientas que se utilizaban para elaborar la cerveza en sus inicios. Se muestran palas y rastrillos que eran usados para maltear la cebada y una antigua caja fuerte donde se guardaba a buen recaudo la levadura exclusiva de Guinness para la elaboración de sus bebidas. 

Se puede ver la historia del fundador de la Guinness y el proceso de elaboración de la cerveza, con la maquinaria original de producción y almacenamiento. También hay una sección dedicada exclusivamente a la tonelería y el envasado de las cervezas, con vídeos informativos. Todo el recorrido discurre por un entramado de tuberías y cubas, ahora en desuso, pero que formaban parte de la estructura original de la primera fábrica Guinness de St. James Gate Brewery.

Barriles
Estructura interior de la antigua fábrica

En todas las plantas hay bares en los que degustar una pinta. En algunos de ellos es posible asistir a sesiones de cata para expertos o para aprender a tirar correctamente una cerveza sin que pierda ninguna de sus condiciones, todo ello ajustado a un horario concreto programado. Nosotros sólo somos consumidores ocasionales de Guinness así que ninguna de estas actividades nos resultó tan interesante como para inscribirnos. También hay espectáculos de música y bailes tradicionales irlandeses (hombres con kilt tocando percusión, para ser más exactos) en algunas de las cafeterías del edificio. A mí, entre mi 1,58 m. de altura y la gran cantidad de público que había en todas partes, me resultó un poco complicado poder ver nada con tranquilidad. 

Uno de los bares para degustar cerveza y ver el espectáculo musical
En la siguiente planta (todo el recorrido se realiza en orden ascendente) hay un curioso museo de piezas publicitarias relacionadas con la marca. Es obvio que para muchos fans de Guinness el tucán o la ostra que silba (The Whistling Oyster) son recordados como iconos de los anuncios de esta cerveza. Sin conocer en profundidad la publicidad de Guinness, se pueden ver objetos interesantes y muy variados como modelos de latas de cerveza, miniaturas de todo lo relacionado con la fábrica, tipos de jarras y muchos más elementos relevantes en la historia audiovisual y mediática de la compañía.

Publicidad y antiguos objetos de Guinness
The Whistling Oyster, un icono de la marca
En el último piso del edificio se accede al Gravity Bar, sin duda el mayor atractivo de la visita para casi todo el mundo. Se trata de un típico recinto acristalado con casi 360 grados de visión exterior abierta. Allí puedes canjear la pinta gratuita incluida en tu entrada (o refresco si no bebes alcohol, cosa rara de encontrar allí, ciertamente) y disfrutar de una vista panorámica de la ciudad. Siempre y cuando consigas acercarte a las cristaleras, claro, porque el local estaba absolutamente repleto.

Tras pedir nuestras cervezas negras y conseguir un huequito en una esquina para sentarnos, intentamos evadirnos un poco del bullicio general del bar y contemplar el skyline de Dublín desde las alturas. El día estaba bastante nuboso, para no variar, pero la vista es bastante bonita desde allí arriba.

Nuestras pintas de Guinness
Vista de Dublín desde el Gravity Bar
He de decir que no podíamos pasar allí una hora (tiempo que hubiera tardado yo en circunstancias normales en terminarme la pinta sin nada sólido de acompañamiento, ni unos míseros cacahuetes), así que el señor de bigote se bebió su cerveza y me ayudó con la mía para evitarme una indisposición. Además, allí arriba se estaban agudizando mis acuciantes síntomas de vértigo y enoclofobia que ya llevaban manifestándose desde hacía rato.

Indicadores de la Guinness Storehouse
En general, para mí resultó ser una visita totalmente prescindible, y eso que la planifiqué con mucha ilusión. Demasiada gente y ruido por todas partes, algo que personalmente no me ayuda nada a disfrutar de una experiencia. Pero insisto, si os gusta la cerveza, en especial la Guinness, y tenéis interés en gastaros un pastón en merchandising súper caro de la marca, ésta es vuestra opción. Al margen de mi opinión personal, entiendo que es un imprescindible dublinés y es justo decir que todo está muy bien organizado para gestionar las hordas de visitantes ávidos de lúpulo, pero mejor ir sabiendo lo que te espera.

Márgenes del río Liffey, que atraviesa Dublín
The Brazen Head, el pub más antiguo de Dublín
Ya en nuestro paseo de regreso por las orillas del Liffey pasamos por delante del pub The Brazen Head, fundado en Dublín en 1198 y que se enorgullece de ser el local más antiguo de Irlanda. También nos acercamos hasta Temple Bar, el barrio más bullicioso de la ciudad en lo que a copas se refiere. A aquellas horas (cuatro de la tarde) estaban comenzando a llegar los dublineses y turistas para iniciar su ronda vespertina de pintas. Nosotros (a petición mía, siendo sincera) buscamos un sitio un poco más tranquilo para degustar un delicioso scone con mantequilla y mermelada y un chocolate caliente, que después de lo regular que me había sentado la apresurada Guinness del Gravity Bar era lo que más me pedía el cuerpo. Sin duda, me hago mayor.

The Temple Bar, Dublín
Pubs en Temple Bar, Dublín

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*** (Continuará...)  

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