viernes, 19 de julio de 2019

Oporto - Lisboa (y VII): Curiosidades

Tranvía 28 y Sé de Lisboa
Esta es la entrada que dedico a las curiosidades y consideraciones finales sobre el viaje a Portugal que realizamos en septiembre de 2018. Gracias por haber leído hasta aquí; no me merezco esta atención!

Al lío. Portugal es un país de contrastes. Las dos ciudades que visitamos tienen un aire de decadencia que a veces raya en el deterioro. Esa misma característica les confiere cierto encanto de esplendor caducado hace 50 años que las convierte en lugares idóneos para querer seguir descubriendo. Tanto Porto como Lisboa, pero sobre todo la primera, hacen gala de una dejadez arquitectónica digna de estudio. Fachadas y muros llenos de pintadas, paredes de azulejos comidas por el polvo y la suciedad, edificios completos abandonados... Sin embargo, los colores que se atisban en otras construcciones aledañas, los labrados balcones manuelinos y la majestuosidad de sus símbolos convierten a esas dos grandes ciudades en destinos imprescindibles.

Estación de São Bento, Porto
El país está repleto de turistas. Hay que tener en cuenta que Portugal es un destino barato, más incluso que España, y el visitante europeo lo tiene muy en cuenta. La cercanía a la España peninsular hace que muchos españoles elijan esos puntos para disfrutar de un fin de semana de descanso en el país vecino. Si viajáis en temporada alta, en grupo o queréis alojaros en el centro, tened en cuenta la opción de reservar con antelación en hoteles y restaurantes. Planificad muy bien la entrada al Monasterio de Los Jerónimos, ya que es el lugar más visitado del país y siempre está a tope.

Portugal se comunica mal a través de internet. Las webs de los monumentos, establecimientos y sitios oficiales tienen una imagen digna de principios de siglo, con poca información y en muchos casos desactualizada. Este desinterés también se ve en los lugares importantes de cada ciudad, donde la ayuda al visitante en forma de folleto es muy limitada. La conexión a internet es regular tirando a mala y no parece ser una prioridad en los establecimientos lusos, ya que pocos disponen de WiFi para sus clientes y donde la hay apenas conecta. Posiblemente esta característica mejore en los locales más modernos y sofisticados, que también los hay en Portugal, pero el corazón histórico normalmente no contempla estas mejoras.

El Camino de Santiago pasa por Porto: Caminho Portugués da Costa
A la hora de moverse por Lisboa, es interesante comprar una tarjeta de transporte como la 7 Colinas o la Viva Viagem (en Porto se llama Andante), que a nosotros no nos hizo falta ya que los desplazamientos se incluían en la Lisboa Card, como comenté en mi primer post sobre la llegada a la capital lusa. Tanto Porto como Lisboa tienen callejuelas estrechas, empinadas, empedradas y muchas escaleras, a donde es difícil acceder en vehículos convencionales. Las distancias no son excesivas así que lo mejor es utilizar transporte público como el tranvía (siempre atendiendo a los avisos de carteristas que aprovechan las aglomeraciones en los vagones para operar) y caminar. En este caso es imprescindible utilizar un calzado cómodo, con suela fuerte y buen agarre, ya que los adoquines dificultan bastante el paso. Las tarjetas de viaje nos permitirán utilizar también los famosos elevadores y ascensores y disfrutar con ello de una experiencia única.

Aparte de lo que comenté acerca del cobro de entrantes en los restaurantes portugueses en mi post anterior dedicado a la gastronomía, otro detalle a tener en cuenta es que también en muchos W.C. de estaciones y otros lugares públicos cobran por acceder, normalmente unos 50 céntimos. Con esta tarifa se supone que los aseos estarán más limpios y cuidados, algo que no siempre es así por desgracia. Intentad aprovechar para ir al servicio en algún restaurante, aunque ya os advierto que el mantenimiento de los baños portugueses en general tampoco alcanza ninguna cota de excelencia.

Durante el viaje muchas veces nos preguntamos cómo mantenía el país sus altas tasas de turistas cuidando tan poco sus monumentos y servicios en general. Dentro de la Torre de Bélem por ejemplo no funcionaba el indicador de subida/bajada por las escaleras en algunas plantas, que debe realizarse por turnos debido a la estrechez, y había telarañas en las esquinas. Quizás fueran para darle un toque más histórico a la visita, nunca se sabe, pero al mismo tiempo confirman esa dejadez local de la que hablaba al principio de este post. Está claro que las vistas de los estuarios de los ríos desde cualquier puente portugués y todo castillo o iglesia antigua tienen ya de por sí un encanto inherente digno de elogio, pero una pizca más de atención no estaría mal.

Las chicas malas van a Portugal!
Tengo entendido que la noche portuguesa resulta bastante animada, aunque como sabéis yo no soy muy nocturna así que no puedo opinar mucho al respecto. Sí puedo decir que tanto en Porto como en Lisboa, en las zonas más céntricas y turísticas, nos ofrecieron en varias ocasiones todo tipo de estimulantes ilegales de dudosa procedencia, que posiblemente no encuentren salida en el mercado local debido a que la tasa de consumo en Portugal es relativamente baja debido a su buena política social en materia de drogas.

Y aquí terminan las entradas de este viaje a Portugal, el país del bacalao, de las subidas y bajadas por estrechas e intrincadas escaleras, el país del clasicismo incrustado en la modernidad, con una conexión a internet deficiente pero un nivel de educación notable, una mezcla de decadencia romántica con modernidad ejecutiva, de pintadas vándalas que aportan entidad a un entorno que parece que se cae a pedazos pero que sin embargo se mantiene en pie majestuosamente, que sigue exprimiendo la era de los descubrimientos, el país que también es península ibérica, tan lejos y tan cerca al mismo tiempo, tan europeo y tan local, tan progresista dentro de su imagen conservadora y anticuada, el país que te engancha pero no sabes muy bien por qué.

En general, la estancia es agradable, se come bien y el destino es tranquilo y acogedor. El buen clima, los buenos precios de la restauración y los miradores son sin duda los puntos fuertes de estas dos ciudades, en las que el objetivo debe ser pasear y empaparse del entorno. Volveremos en cuanto podamos, ya que nos quedaron miles de asuntos pendientes en tierras lusas y 96 recetas de bacalao por probar.

Tranvía 28, Lisboa

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martes, 18 de junio de 2019

Oporto - Lisboa (VI): Gastronomía

Arroz de mariscos para 2 (docenas) en Papavinhos
La gastronomía portuguesa merece un capítulo propio en esta serie sobre nuestro viaje a Portugal de 2018. Cuando era pequeña mi familia y yo viajábamos mucho al norte del país vecino y siempre quedábamos encantados con la comida, tanto en lo relativo a cantidades como en el equilibrio calidad/precio. Con los años y la multiplicación del turismo pensaba que este detalle podría haber variado (a peor) pero la verdad es que los portugueses siguen siendo unos cocineros excelentes y sus productos típicos algo digno de degustar.

Las peculiaridades de nuestra estancia en Oporto, que podéis repasar aquí y aquí, nos obligaron a reservar en un par de restaurantes desde España, guiándonos en parte por los comentarios de los usuarios de TripAdvisor. En este caso he de reconocer que esas experiencias coincidieron con la mía y acertaron de lleno en sus recomendaciones. El sábado a mediodía comimos en el Papavinhos donde todo lo que pedimos estaba espectacular: pulpo, almejas, gambas, arroz de mariscos, bacalao... Tanto el Papavinhos como el Postigo do Carvao, donde cenamos, son dos restaurantes muy agradables, con platos típicos y buena atención. Eso sí, en ambos es mejor reservar mesa con antelación porque suelen estar siempre llenos.

Media ración de Bacalhau Papavinhos, Porto
El domingo comimos en un restaurante un poco más turístico, situado casi a pie de río y recomendado por nuestra guía de la excursión mañanera. Tampoco comimos mal pero en comparación con los establecimientos del día anterior nos pareció todo de peor calidad y más caro. Aún así, en general los precios son muy razonables, ya que en cada restaurante pagamos algo más de 100 euros (éramos 6 personas) y quedamos plenamente satisfechos con entrantes variados, platos principales, bebidas, postres y cafés.

Bacalhau com natas en Postigo do Carvao
Si viajas a Portugal es imprescindible que pruebes algún plato de bacalao. Es el país que más bacalao consume a nivel mundial y afirman poder prepararlo de más de cien formas diferentes. En mi caso se junta el hambre con las ganas de comer, ya que el bacalao es uno de mis pescados favoritos y casi no comí otra cosa durante mi estancia. Incluso el señor del bigote, que no es fan del pescado en general, sucumbió al bacalhau com natas en un par de ocasiones.

Postre de galleta y Postre de mango en Papavinhos, Porto
Los postres son otro de los puntos fuertes del país. Existen muchos dulces típicos dependiendo de la región y en casi todos los restaurantes te ofrecen postres caseros como tartas de galleta o leite creme, un clásico de su repostería que se parece un poco a la crema catalana patria. Por lo demás, aunque yo no bebo, también tienen buenos vinos y buenos panes, además de unos precios increíblemente baratos, por lo que es raro salir disgustado de un restaurante luso. 

En las fotos podéis ver algunos de los platos que degustamos en Porto durante nuestros dos primeros días de viaje. La última noche decidimos probar la tradicional "francesinha", un plato típico portuense de origen francés que introdujo en el país un emigrante retornado en los años sesenta del siglo pasado. Es un sandwich contundente que suele llevar carne, varios tipos de embutido y queso fundido entre las rebanadas de pan de molde, todo ello mojado con una salsa picante elaborada a base de tomate y cerveza. Suele acompañarse de patatas fritas. 

Francesinha en Francesinhas al forno da Baixa, Porto
A pesar de que el sitio donde la comimos parecía estar especializado en francesinhas (se llamaba Francesinhas al forno da Baixa y fue nuestra segunda elección, al no tener mesa disponible el primer restaurante que nos recomendaron), el plato no nos pareció nada del otro mundo. Influyó también que las patatas que nos sirvieron parecían llevar fritas tres horas y ni siquiera mojadas en la abundante salsa mejoraban. Está claro que con la diversidad de buenas recetas y maravillosas materias primas que tiene la cocina portuguesa recurrir a este tipo de comida basura, aún en forma de plato "típico", no compensa en absoluto. 

Pescado del día y Pollo al café en Tasca do Careca, Lisboa
Ya en Lisboa, en nuestra primera noche cenamos en un pequeño bar cerca de nuestro hotel, la Tasca do Careca, con comida casera, rica y muy, muy barata. Queríamos algo ligero así que elegimos medias raciones de pescado y pollo, que parecían platos completos por su generosa cantidad. Estaba todo muy bueno y pagamos poco más de 15 euros entre los dos. 

Al día siguiente comimos en un restaurante de Bélem, ya que coincidía con nuestra visita a la Torre y Los Jerónimos. Pensábamos que al ser una zona muy turística de la ciudad los restaurantes serían más caros y peores, así que tardamos un poco en decidirnos. Como todos estaban llenos, nos alejamos un poco del centro neurálgico de las visitas y entramos en Queijadas de Belem. Es un restaurante sencillo con una comida correcta y un servicio rápido y bueno, que al fin y al cabo es lo que deseas para seguir la excursión sin más complicaciones. Y pagando 14 euros por persona, con pan, bebida y postre, poco más se puede pedir.

Bacalhau com natas y ensalada en Queijadas de Bélem
En nuestra última jornada lisboeta comimos en otro restaurante típico, Alpendre, situado en el barrio de Alfama. Este local también estaba lleno y tuvimos que esperar un ratito para conseguir mesa, pero el servicio era rápido así que decidimos esperar porque, como pudimos comprobar, es raro encontrar un buen restaurante vacío en las zonas más turísticas de Portugal. Allí pedimos un par de sopas típicas, un plato de bacalao y otro de secreto ibérico de cerdo, además de bebida, postre y café, por 38 euros. Con cada plato podíamos haber comido de sobra los dos, de lo grandes que eran.

Secretos de porco preto en Alpendre, Lisboa
Bacalhau a casa en Alpendre, Lisboa
He de decir que en todos los restaurantes portugueses las raciones son muy abundantes, casi siempre acompañadas de patatas fritas en rodajas, a la forma típica portuguesa, o arroz y guarnición, y en ninguno de los que estuvimos salimos con la sensación de haber comido mal o caro, más bien al contrario. Hay que tener cuidado con un pequeño detalle, que muchos visitantes sufren por no estar al corriente: en casi todos los establecimientos te ponen unos entrantes mientras ordenan tus pedidos (aceitunas, patés, queso...). Pues bien, estos productos NO son cortesía de la casa, sino que te los cobran en cuanto los pruebas, por lo que si no te apetece comerlos y no quieres llevarte sorpresas desagradables en la cuenta, puedes indicar al camarero que los retire antes de tocarlos. Si tienes dudas de si lo que te ponen es o no una cortesía del restaurante puedes consultar con el camarero (son bastante amables en general), que te informará de si el producto tiene coste.

Por lo demás, el café es muy barato y de buena calidad en casi todos los sitios donde lo pedimos (un café solo o expreso puede costar entre 65 y 90 céntimos, algo que en España ya no se ve mucho). La cerveza oscila entre el precio español y el europeo, dependiendo del local donde la tomes, ya que hay algunas cafeterías que aprovechan su excepcional situación en miradores o cercanías de monumentos para incrementar un poco el precio de esas bebidas.

Pastel de Bélem en Porto
Los portugueses son unos maestros de la repostería en general y cualquier dulce que te ofrezcan merece la pena, pero uno de los más típicos del país son los Pasteis de Bélem (o pasteis de nata), unos pastelitos que se elaboran en el establecimiento del mismo nombre desde hace más de 150 años, a partir de una receta secreta. Las imitaciones se encuentran en todas las confiterías de Portugal pero sobre todo en Lisboa, ya que se cree que su origen se encuentra en el Monasterio de Los Jerónimos. Se trata de un pastelito redondo elaborado con masa de hojaldre y relleno de una crema de huevos, leche y azúcar básicamente, espolvoreado con canela. Se puede comer frío o templado y la Casa Pastéis de Bélem prepara unas 20.000 unidades al día de este delicioso dulce.

Con respecto a los precios en general, Portugal es un país muy barato en el aspecto gastronómico pero el turismo lleva unos años en constante auge y los hoteles empiezan a tener unas tarifas también más europeas que ibéricas. Posiblemente sea más barato quedarse en un apartamento, ya que tanto Porto como Lisboa disponen de cientos de alojamientos turísticos, pero en nuestro caso, al ser sólo 2 personas, no nos suele compensar (los apartamentos pequeños suelen ser los más caros). En mi próxima y última entrada ofreceré una visión general del viaje y el país, por si queréis tener alguna referencia más en caso de que estéis planeando una escapada a tierras vecinas.

Escaparate repleto de las típicas natas en Lisboa

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*** (Continuará... )

viernes, 10 de mayo de 2019

Lisboa (V): Segunda Parte: Teatro Romano y Museo Arqueológico do Carmo

Ruinas del Teatro Romano de Lisboa
El Teatro Romano, ubicado en pleno centro de la capital, fue descubierto accidentalmente en 1798, cuando se reconstruía la ciudad tras el terremoto de 1755. Un arquitecto italiano intentó por todos los medios conservar aquellas ruinas, pero no pudo evitar que sobre ellas se construyeran nuevas viviendas. Ya en 1964 el Ayuntamiento de Lisboa comenzó los trabajos de recuperación de la zona, comprando todos los edificios adyacentes para demolerlos y permitir la excavación. En los años noventa del siglo pasado se consiguió sacar a la luz gran parte de las gradas del teatro romano, que permanecen abiertas al público para su visita.

Piezas en el Museo del Teatro Romano de Lisboa
En el edificio que está justo enfrente, al cruzar la calle, se ha abierto el Museo de Lisboa dedicado al Teatro Romano, donde se han clasificado y expuesto piezas procedentes de la excavación. También se puede realizar en su interior un recorrido por una parte anexa al Teatro Romano, varios metros por debajo de la superficie, donde se ubica el patio de una vivienda del s.XIX con restos de estructuras arqueológicas muy anteriores. En esta exposición se pueden observar los distintos niveles excavados y el progreso de los trabajos, hallando cada vez objetos más y más antiguos. La visita es gratis con la Lisboa Card y, sobre todo si sois fans de la arqueología, merece bastante la pena. Es un museo pequeñito pero muy interesante y con buen mantenimiento.

Tras otra comida típica portuguesa dimos un paseo por el barrio de Alfama, uno de los más populares y antiguos de Lisboa. Por sus empinadas callejuelas hay multitud de fachadas y edificios con encanto, como la Casa dos Bicos, sede de la Fundación José Saramago, o el Chafariz d'El-Rei, primera fuente pública de Lisboa, que data del S.XIII y abasteció a los navíos durante la época de los descubrimientos. 

Casa dos bicos
Chafariz d'El-Rei
Nuestros pasos nos llevaron también hacia el barrio de Chiado y a hacer unas cuantas paradas en lugares emblemáticos de la ciudad, como el Café A Brasileira. Este local, hoy declarado parte del patrimonio arquitectónico local, fue durante años centro de reunión de intelectuales y artistas portugueses, a los que han querido rendir homenaje colocando una estatua del poeta Fernando Pessoa en la entrada, sentado a una de las típicas mesas del bar. Era un lugar indiscutible para tomar la típica foto de postureo literario ya que, conscientemente al menos, no recuerdo haber leído nunca nada de Pessoa.
Estatua de Pessoa delante del café A Brasileira
Estatua del poeta Antonio Ribeiro en Chiado
Otra parada friki obligada era la Livraría Bertrand, la librería en activo más antigua del mundo (así figura en el Libro Guinness de los Récords). Fue fundada en el año 1732 por una familia francesa y en ella se organizaron durante décadas tertulias literarias. Aunque el local no tiene demasiado encanto, salvo por algunas estanterías antiguas de madera, y hoy por hoy la empresa ya pertenece a un gran grupo editorial, mantiene la buena costumbre de tener una cafetería anexa para poder leer cómodamente mientras te tomas un café. En los locales de Bertrand continúan además organizándose talleres literarios y tertulias, fomentando la interesante y viva cultura portuguesa.

Livraría Bertrand
Y cuando ya creíamos que la jornada tocaba a su fin, apuré un poco al señor de bigote (vale, lo arrastré bajo amenazas incluso...) para llegar a tiempo a las ruinas del Convento do Carmo (o del Carmen), cuya iglesia era la mayor de estilo gótico de la ciudad hasta que quedó completamente destruida por el terremoto de 1755. La iglesia perdió totalmente el tejado, que nunca se restauró, pero mantiene su armazón de altos arcos que se divisan por encima de las casas desde el cercano barrio del Chiado.

Interior Convento do Carmo
Estructura y arcos del Convento do Carmo
Detalle Museo Arqueológico do Carmo
El lugar acoge el Museo Arqueológico do Carmo, con una pequeña pero muy interesante muestra de piezas arqueológicas, entre las que destacan restos del Paleolítico y Neolítico, decoraciones de sarcófagos y otros elementos relacionados con los ritos funerarios. En otra sala también se exponen algunas momias y muchos libros antiguos, perteneciendes a las colecciones de varios arqueólogos famosos en la historia de Portugal. En el interior de las salas estaba prohibido hacer fotos, advertencia que la mayoría de los visitantes ignoraban sin ponerse ni colorados, pero que yo respeté así que prácticamente todas las fotos que tomé pertenecen solo al exterior abierto del convento.


Ya con el sol bajando en el horizonte, repusimos fuerzas justo al lado del Elevador de Santa Justa, en una cafetería que nos cobró un ojo de la cara por una cerveza, pero estábamos ya bastante cansados y necesitábamos esa parada técnica. Subimos hasta la terraza del elevador, incluida en la Lisboa Card, con unas espectaculares vistas de 360º de la ciudad y luego pudimos utilizar el ascensor también para llegar hasta la parte baja del Chiado.

Elevador de Santa Justa, monumento nacional de Lisboa
Elevador de Santa Justa
Las colas seguían siendo importantes para la subida, pero sorprendentemente para bajar sólo esperaba media docena de personas. Si no hubiera estado incluido en la Lisboa Card posiblemente no lo habríamos utilizado, ya que ese trayecto de apenas 45 metros en el ascensor, junto con el acceso a la terraza superior, cuesta más de 5 euros. Las vistas son muy bonitas, ciertamente, pero hay tantos miradores en la ciudad que no creo que compense pagar por este en concreto.

Vistas de Lisboa desde la terraza del Elevador de Santa Justa
Si queréis conocer algunas peculiaridades de la gastronomía portuguesa, curiosidades de la ciudad y otros detalles, no os perdáis el post final de este viaje, que publicaré en breve!

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*** (Continuará...)

jueves, 25 de abril de 2019

Lisboa (V): Primera Parte: Castelo de São Jorge y Panteão Nacional

Escaleras que ascienden hasta el castillo
La visita al Castillo de San Jorge era otra de nuestras imprescindibles en el viaje a Lisboa. Este monumento se erige sobre una de las colinas más altas de la zona y ofrece una incomparable vista del estuario del Tajo y de la capital portuguesa. Para llegar hasta allí tomamos uno de los famosos elevadores que se distribuyen por toda la ciudad para facilitar el acceso de autóctonos y turistas a los distintos barrios. En este caso el Elevador do Castelo es un sencillo ascensor convencional que sube en vertical varios metros dejándote de forma gratuita casi al pie del arco de entrada al castillo. También se puede subir a pie por una interminable escalinata, pero qué necesidad, francamente, a esas horas de la mañana.

Arco de entrada al Castelo de São Jorge
Patio castelo
El Castelo de São Jorge se encuentra en una fortificación medieval construida por los musulmanes en el s.XI. Pertenece a la zona noble de la antigua alcazaba, junto con las ruinas del antiguo palacio real. Durante varios siglos cambió de función según la dominación bajo la que se encontrara la ciudad y, tras el terremoto de 1755, se reconstruyó en gran parte pasando a tener un uso eminentemente militar. 

En el s.XX se iniciaron varias excavaciones que sacaron a la luz las antiguas edificaciones, creando una exposición permanente con los objetos hallados y una zona de yacimientos arqueológicos. Algunas de las piezas recuperadas se exhiben en una pequeña sala que, aunque no tiene una gran colección, sí ayuda a hacerse una idea de lo que existía en el castillo en su época de bonanza, sobre todo de su etapa islámica.

Azulejos en el museo del castelo
Yacimiento arqueológico. Castelo São Jorge
Este conjunto histórico ocupa unos 6.000 metros cuadrados, completamente amurallado y rodeado por un foso. Varias torres de vigilancia o garitas coronan los puntos estratégicos de los muros y protegen los patios interiores. En general está todo bastante bien conservado. Dentro del recinto se puede asistir también en una de las salas a una sesión comentada de cámara oscura, incluida en el precio de la entrada. Hay que tener en cuenta el horario según el grupo de idioma, ya que sólo hay una sesión en español cada dos horas aproximadamente. 

Cámara oscura desde el castillo
Mediante un sistema de lentes que giran 360º, como un periscopio, se captan imágenes en tiempo real de Lisboa, que muestran con gran detalle otros monumentos y zonas destacadas de la ciudad. Esta actividad dura unos 20 minutos y resulta una experiencia sin duda muy curiosa e interesante. La apertura de la cámara oscura del castillo está sujeta a las condiciones meteorológicas, ya que no se vería nada si el día está nuboso, por ejemplo, pero nosotros tuvimos suerte y nos acompañó otro día de cielos completamente despejados.

Ventana desde una torre del castillo
Patio Castelo São Jorge
Dentro de esta ciudad amurallada también hay unos jardines con especies autóctonas, algunos pavos y otros animales campando a sus anchas, además de una cafetería y una tienda, estos últimos locales menos medievales y bastante caros, pero útiles para realizar una parada técnica. Es muy recomendable rodear todo el castillo y contemplar la ciudad desde todos los ángulos, ya que las vistas son las más altas y amplias que encontraremos de Lisboa. 

Castelo São Jorge
Foso Castelo São Jorge
La visita al Castelo de São Jorge puede durar un par de horas aproximadamente y su entrada no está incluida en la Lisboa Card, aunque sí hay un descuento para los portadores de la tarjeta. A nosotros nos costó 6,50 € cada pase. Fuimos a primera hora de la mañana, por lo que pudimos pasear con calma y sin aglomeraciones por todo el conjunto de este monumento nacional que, sin duda, merece la pena visitar. 

Vistas de Lisboa y el Tajo desde el Castelo São Jorge
Azulejos en lateral Igreja Santa Luzía
En nuestro descenso caminamos hacia el Panteão Nacional, otro monumento sí incluido en la Lisboa Card y que resulta bastante espectacular. Esta iglesia, denominada de Santa Engrácia, funciona como panteón desde 1916 pero estuvo en obras desde varios siglos antes. Comenzó su última remodelación en el s. XVII y se terminó de construir bien entrado el s.XX, allá por 1966. 

Panteão Nacional, Lisboa
En este impresionante templo descansan los restos de varios presidentes de la república portuguesa y otros destacados miembros de la cultura del país, como la cantante de fado Amália Rodrigues o el futbolista Eusebio. También tiene varios cenotafios en honor de otras personalidades lusas como el navegante Vasco de Gama o el poeta Luís de Camões.

Órgano en el interior del Panteón Nacional
Se puede subir hasta la terraza exterior y la cúpula del edificio, con unas bonitas vistas del barrio de Alfama. He de reconocer que mi vértigo se puso a prueba en más de una ocasión durante este viaje y dentro de este panteón casi no pude asomarme a las balaustradas interiores, desde donde se podía contemplar una imagen de conjunto de los ricos trabajos en mármol del edificio. Hice unas cuantas fotos así como sin mirar mucho, de ahí que los enfoques dejen bastante que desear. 

Interior del panteón desde arriba
Una de las puertas de acceso al templo
Saliendo del Panteão Nacional pillamos por el camino el famoso Tranvía 28 en su descenso hacia la Baixa Lisboa. No perdimos ocasión de subirnos, ya que en bajada siempre va un poco más vacío que en el trayecto inverso. Agarramos bien los bolsos, siguiendo todas las indicaciones de "ojo carteristas" y recorrimos sólo unas cuantas calles para bajarnos en otra zona de excavación de Lisboa, la del Teatro Romano.

Esperando al Tranvía 28 en Lisboa
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*** (Continuará...)

domingo, 3 de marzo de 2019

Lisboa (IV): Segunda Parte: Museo de Arqueología y Palacio da Ajuda

Museo Nacional de Arqueología, Belém-Lisboa
Después de comer en Belém volvimos hacia Los Jerónimos, en cuyo anexo se ubica el Museo Nacional de Arqueología. Como ya habréis comprobado si me leéis habitualmente, somos visitantes asiduos de museos en todos nuestros viajes y siempre encontramos algo interesante en cada uno. Pues muy a mi pesar he de decir que este museo portugués es de lo más pobre que hemos visitado con el nombre de "museo nacional". 

Aparte de que nos dio la sensación de que tenía muy pocas piezas y todas muy desordenadas, es un museo incómodo de ver. Te obligan a dejar chaquetas y bolsos, incluso los pequeños, en una taquilla (de moneda), algo totalmente razonable, pero como la exposición está dividida en dos salas independientes y te piden la entrada cada vez que cambias de sala no te queda más remedio que llevarla en la mano, junto con el móvil o lo que necesites llevar encima si no tienes bolsillos. En la primera sala tiene una pequeña exposición egipcia, nada demasiado destacable en comparación con otras que hemos visto en la misma línea.

La segunda sala parece una nave industrial con piezas tiradas aquí y allá sin orden ni concierto, sin un sentido lógico ni cronológico ni de ningún otro tipo. Desde ahí se accede también a la exposición del tesoro, donde se muestran trabajos de orfebrería portuguesa y monedas, nada muy espectacular tampoco. En la puerta hay un guardia de seguridad y para poder entrar te obligan a pasar por un arco detector de metales y a introducir el móvil en una bolsa de plástico transparente reutilizable que tienes que llevar en la mano y que dejas de nuevo a la salida, y que sabe Dios por cuántas manos más ha pasado... En fin, un poco desagradable la experiencia. Puedo entender este celo porque hay muchas personas que ignoran deliberadamente la prohibición de hacer fotos, lo hemos visto en decenas de museos, pero lo de la bolsa de plástico me parece un método un tanto ridículo.

En el resto del museo se permiten fotos sin flash pero yo ya estaba tan desilusionada con esa visita que ni siquiera encontré algo destacable para poder fotografiar y mostrar aquí. Eso sí, la entrada del edificio, que forma parte del Monasterio de Los Jerónimos, es muy bonita. Con la Lisboa Card la visita al museo es gratuita pero desde ya os digo que no merece la pena verlo salvo que os sobre tiempo y fuera esté lloviendo o algo similar.

Guardia portuguesa en el Museo da Presidencia da República
Como habíamos contado con emplear bastante más tiempo en este museo (lo despachamos en apenas media hora), reorganizamos nuestros planes para visitar otro lugar ese día. Al caminar por el barrio nos encontramos con los curiosos guardias del Palacio de Belém, al lado del Museo da Presidencia da República. Éste no lo visitamos, ya que nuestra intención era llegar a tiempo al Palacio Nacional da Ajuda, para lo que cogimos un autobús urbano aprovechando la gratuidad del transporte con la Lisboa Card (y que el trayecto era cuesta arriba por callejuelas desconocidas, eso también nos animó a coger un bus en lugar de caminar).

Vistas al Puente 25 de abril y Cristo Rey. Lisboa
Palacio Nacional da Ajuda, Lisboa
El Palacio Nacional da Ajuda es un amplio edificio de estilo neoclásico situado en un alto, con vistas al Tajo. En el S.XIX sirvió como residencia de la familia real portuguesa y después, cuando se proclamó la república en el país, se convirtió en museo histórico. Acoge también la Biblioteca Nacional da Ajuda y el Ministerio de Cultura. La entrada cuesta 5 euros pero es gratuita con la Lisboa Card.

Sala do Trono, Palacio Nacional da Ajuda. Lisboa
Sala dos Jantares Grandes, Palacio Nacional da Ajuda. Lisboa
En sus salas se puede ver el estilo de vida de los monarcas lusos y numerosas muestras de enseres utilizados por miembros de la realeza durante varias generaciones. La mayoría de las salas se han restaurado con ayuda de empresas privadas estatales, que han querido colaborar económicamente para la conservación de la historia del país. 

Dormitorio del Rey Luis I de Portugal
Sala da música, Palacio Nacional da Ajuda. Lisboa
Entre las habitaciones del palacio se encuentran recreaciones fieles del dormitorio del Rey Luis I, el salón de la música, el salón del trono o el gran comedor para banquetes. Sus múltiples colecciones abarcan diferentes vertientes, destacando las artes decorativas con miles de piezas de porcelana, joyería, pinturas, esculturas y fotografías. En el vestíbulo exterior del palacio hay también una curiosa serie de estatuas de mármol, dedicadas a las virtudes humanas.

Prudencia, Gratitud, Honestidad y Justicia, Palacio da Ajuda
Después de finalizar la visita, cogimos otro autobús para bajar de nuevo al centro de Lisboa. Teníamos intención de adentrarnos en el Museo de Oriente, pero nos indicaron que la visita duraría más del tiempo que restaba para la hora del cierre, así que reorientamos de nuevo nuestras intenciones y nos dirigimos hacia el Barrio Alto, una de las zonas más visitadas de la ciudad. Por suerte conseguimos sitio en el Ascensor da Glória, uno de los funiculares tradicionales que unen la parte baja con la parte alta de Lisboa. 

Ascensor da Glória desde Avda. da Liberdade
Ascensor da Glória en Barrio Alto
La distancia que cubre este elevador es de unos 250 metros, eso sí, con una pendiente del 17%. El viaje dura apenas un par de minutos y cuesta la friolera de 3,70 € (nosotros, una vez más amortizamos la Lisboa Card al utilizar este clásico transporte). Una vez arriba, a apenas unos metros está el Jardim de São Pedro de Alcântara, desde el que hay unas vistas impresionantes de la capital. Allí hay un par de establecimientos que disponen cómodas tumbonas para sus clientes, donde se puede disfrutar de las inmejorables postales del atardecer mientras se toma una copa. Estaba todo ocupado pero nos quedamos con la curiosidad de saber cuánto clavarán allí por cada consumición.

Lisboa desde Jardim de São Pedro de Alcântara
Con el sol cayendo sobre Lisboa nos dirigimos ya hacia el hotel para descansar un poco y preparar nuestras visitas del día siguiente.

Otra vista de Lisboa desde Jardim de São Pedro de Alcântara

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*** (Continuará...)

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