miércoles, 25 de septiembre de 2019

Granada (I)

Aeropuerto de Granada - Jaén
Como sé que lo echabais de menos, no me ha quedado más remedio que seguir viajando para poder acercaros estas entradas tan entretenidas, útiles y medianamente actuales que suelo escribir, al más puro estilo de los viajes a la Alcarria de Cela. En esta ocasión, nuestro objetivo era Granada (tierra soñada por mí... vale, ya lo dejo y controlo el subidón de azúcar). Aunque es un destino relativamente común, cercano y barato, por una u otra razón nunca había podido ir y la comunidad de Andalucía en general llevaba años en mi lista de deseos pendientes. En este sentido, visitar La Alhambra era además una de mis mayores ilusiones culturales.

Pero nuestra aventura granadina comenzó realmente tres meses antes del inicio del viaje, allá por febrero. Nos habían avisado de que era importante reservar las entradas para La Alhambra con bastante antelación, sobre todo si queríamos entrar en los Palacios Nazaríes, que tienen las visitas restringidas por motivos de conservación. Revisando en paralelo días para la visita del conjunto monumental y las posibilidades de vuelos desde Tenerife, conseguimos cuadrar todo para viajar a mediados de mayo. Y aunque lo comentaré con más detalle más adelante, empezaré advirtiendo que si queréis visitar La Alhambra próximamente compréis las entradas con al menos 2 meses de antelación, porque sino es posible que ya no tengáis disponibilidad.

Ayuntamiento de Granada
Nuestro vuelo directo desde Tenerife nos dejó en el Aeropuerto Federico García Lorca de Granada - Jaén a última hora de la tarde de un lunes y desde allí nos trasladamos al centro en autobús. El trayecto dura unos 40 minutos, dependiendo de la parada que elijas, y cuesta 3,00 €. Habíamos reservado las tres noches de alojamiento en el Hotel Las Nieves a través de su página web, después de darle muchas vueltas a opciones hoteleras de todo tipo, precio y condición. Al final, nuestra elección resultó ser un acierto sobre todo en lo relativo a comodidad e inmejorable ubicación. 

Fuente de Isabel La Católica y Colón, Granada
Cuando llegamos y nos instalamos en el hotel ya se había hecho casi de noche, por lo que sólo tuvimos tiempo de dar un pequeño paseo por los alrededores. Caminamos por la Carrera del Darro hasta el Paseo de los Tristes, desde donde pudimos contemplar dibujada en la noche la primera imagen de una de las torres de La Alhambra. A mí estas cosas me suelen producir mucha emoción, la verdad.

La Alhambra desde Carrera del Darro
Pasados los primeros escalofríos granadinos (causados tanto por la emoción como porque empezaba a refrescar), nos paramos a tomar un par de cañas en uno de los sitios que encontramos por el camino. El bar Los Diamantes resultó ser uno de los locales con más tradición de Granada en pescaíto frito y, aunque estaba a tope y tuvimos que acomodarnos en la barra, disfrutamos como enanos de la primera fritura andaluza del viaje.

Cañas en Bar Los Diamantes, Granada

*** Haz click en las imágenes para ampliar.
 
(continuará...)

domingo, 25 de agosto de 2019

Entre viaje y viaje, Coooonga!!

Conga 1290 de Cecotec
Hola lillusianos! Pues como bien dice el título de esta entrada, he querido hacer un pequeño apunte entre viaje y viaje, más que nada para no convertirme en una travelblogger pura, que realmente ya es casi lo único que publico en este espacio.

Mi otro monotema es la gordita peluda, reina de la casa, dominadora felina de los dos humanos que ocupan sus espacios en esta vivienda repleta de pelos de gato. Y a raíz de esto último hemos introducido una importante novedad que está cambiando nuestras vidas: nos hemos comprado un robot aspirador.

Vale, es triste que no tenga otra cosa que contar de mi día a día, pero considero que los beneficios de este asunto son lo suficientemente destacados como para dedicarle una entrada en Lillusion. Además, el blog es mío y ya sabemos lo que pasa con estos rollitos egocéntricos, verdad?

El caso es que vivimos en un piso pequeño (unos 68 m2) y nos parecía un poco excesivo tener un robot aspirador (que además no suelen ser baratos), para la limpieza de este espacio. No tenemos alfombras grandes que acumulen suciedad, pero la pereza de tener que pasar la aspiradora convencional para eliminar todas las pelusas generadas por la gata, ya que barrer hace que se desplacen más que eliminarlas del todo, nos convenció de que quizás era hora de probar algo diferente. He de decir que Exseminarista Ye-ye confiaba mucho más que yo en la solución del robot, a pesar de que le regalamos a mis padres uno hace un par de años y parecen estar encantados con el resultado.

Dado el primer paso, empezamos a mirar opciones. Habíamos visto de pasada en alguna tienda un modelo Rowenta por casi 200 euros, que aspira y friega, y que casualmente había comprado un amigo nuestro esos mismos días. Nos comentó que no le convencía demasiado porque no "mapeaba" la casa, con lo que la máquina no recuerda por qué sitios ha pasado ya y realiza una aspiración totalmente aleatoria. Descartamos casi de principio las Roomba porque se nos salían de presupuesto. Continuamos la investigación yéndonos a la web de Cecotec, compañía que fabrica el robot Conga que le habíamos regalado a mis padres.

Cecotec es una empresa española que, aunque fabrica en China como casi todas las empresas tecnológicas hoy en día, distribuye su línea de productos desde España, concretamente creo que desde Valencia. El primer problema que encontramos fue que enviar a Canarias siempre supone un gasto añadido. Hay muchas empresas que, directamente, no distribuyen a las islas por las complicaciones de los trámites aduaneros. Los precios de los robot Conga estaban dentro de nuestra expectativa de gasto, pero se complicaba la cosa para el envío a Canarias. Un amigo nos sugirió que buscáramos opciones en Amazon, pero al no disponer de Prime tampoco teníamos muy claro si supondría un ahorro comprarlo por esa vía.

Aprovechando que estábamos de vacaciones, nos dio por mirar si algún centro comercial tenía alguna oferta de robot que nos pudiera convenir, y por pura casualidad en Carrefour disponían de varios modelos de Conga a precios inmejorables esa semana. Tras algunas dudas consultadas y resueltas in situ, nos hicimos con un Conga 1290 que aspira, pasa la mopa, friega, mapea con giroscopio y tiene un especial diseño de componentes para evitar que el pelo de mascotas dañe sus sistemas de cepillos. Pagando unos ajustados 167,00 € nos llevamos a casa el robot, con 15 días de prueba.

Llegados a este punto he de decir que no tengo ningún conflicto de intereses y que Cecotec no me paga nada por promocionar sus productos y mucho menos me ha regalado el robot para que lo pruebe y opine sobre él. Pero oye, ahí lo dejo por si a partir de ahora quieren que lo haga con próximos modelos, ya que River estará encantada de soltar pelos y basurilla por toda la casa y yo estaré encantada de reseñarlo.
 
Nuestra Conga en modo carga

Tras un montaje sencillo del aparato, lo pusimos a funcionar con el sistema de aspirado. Tengo que decir que nos sorprendió la minuciosidad con la que la Conga repasa toda la superficie a donde puede llegar. Con sus cepillitos laterales recoge lo que pueda haber en las esquinas y aspira sin problema polvo, pelos (humanos y de gato), arena de gato, restos de migas y cualquier otra suciedad que se encuentre por el camino. Tiene varios programas de aspirado (lineal, en cuadrados, bordes, etc.) con los que va recorriendo todas las habitaciones de la casa orientándose "al toquito" por los márgenes. Sortea muebles y objetos que no hayamos apartado previamente o por los que no puede pasar por debajo, continuando su camino bastante silencioso (64 db, una conversación normal). Hay que tener especial cuidado con los cables, ya que tienden a enredarse en los cepillos de succión y pueden hacer que el aparato se atasque, tire de ellos o deje de funcionar.

Tardó algo más de una hora en hacer el piso completo. Cuando finaliza su ciclo de limpieza (o cuando le queda menos del 15% de batería) vuelve automáticamente a la base de su cargador enchufado en la pared, gracias a su tecnología de giroscopio, que es la que también facilita el mapeo. A la nuestra le cuesta un poco volver a la base, entre que se orienta, se tropieza y gira varias veces en sentido contrario, pero finalmente, tras unos minutos de duda, regresa y se pone en modo carga. Se recarga completamente en unas 3-4 horas y tiene hasta 160 minutos de autonomía de funcionamiento dependiendo del programa utilizado. Lo normal es que empiece a quedarse sin batería alrededor de los 90 minutos de uso, por lo que no es mala idea limpiar la casa en dos tandas para que haga el trabajo completo.

El resultado del aspirado con la Conga fue bastante más satisfactorio de lo esperado. No se veían pelusas sueltas que se van volando por las esquinas, algo que sí me pasa cuando barro manualmente, y la sensación de limpieza es más que correcta. Además, el robot tiene un filtro HEPA que filtra partículas microscópicas y hace que mejore la calidad del aire del entorno. Esto dicen que es especialmente útil en el caso de personas alérgicas, por ejemplo.

Una vez finalizado el proceso de aspirado probamos los programas de fregado, para los que se cambia el depósito, se añade agua con un poquito de detergente para suelos según indicaciones y se engancha una pequeña mopa en el aparato. El funcionamiento es similar al de aspiración pero el robot va soltando agua y "fregando" todo el suelo. Si se encuentra algún resto de suciedad también lo aspira a un pequeño depósito. En este caso, el resultado tampoco es malo, pero en nuestro suelo cerámico quedan demasiadas marcas de cada pasada, por lo que no se puede decir que sea equivalente a un fregado humano (no lo venden como tal, ciertamente, sino como un "complemento" a la limpieza humana consciente). Tampoco hace hincapié en manchas incrustadas, porque obviamente el aparato no sabe dónde están, pero en nuestro caso limpió sin problema todo lo destacable y dejó el agradable olor del friegasuelos en toda la casa. A River le da ahora por comerse las latitas húmedas con la pata, así que luego deja unas delatoras huellas de patitas por todo el pasillo, que la Conga se encargó de borrar casi por completo sin mucho esfuerzo.

Si está siempre conectada a su base, es posible programarla para que aspire sólo determinados días o todos los días a una hora concreta, por lo que tampoco tienes que preocuparte de iniciarla, incluso cuando no estés en casa. Nuestro modelo no tiene la opción de manejarse en remoto mediante una app de móvil (no lo consideramos algo imprescindible), pero el siguiente modelo, el Conga 1390 sí lo trae. Tiene sensor anticaídas por lo que si tu casa tiene varias plantas o escaleras, el sensor evitará que se caiga. Nosotros tenemos un escaloncito mínimo hacia un patio que no detectó la segunda vez que la pusimos, pero si los sensores están limpios y el aparato funciona bien, no debería caerse. Si quieres dejar abierta la puerta de algún cuarto pero no quieres que la aspiradora lo limpie por cualquier motivo, en la caja viene también una banda imantada que puedes colocar en el suelo como límite y el robot no lo traspasará.

En general, es un aparato súper recomendable, cómodo y con un nivel de calidad/precio muy adecuado desde mi punto de vista. Por todo ello, recomiendo a los dueños de mascotas que valoren la compra de un robot aspirador si aún no lo tienen, ya que les hará ganar tiempo y calidad de vida para ellos y sus bestias peludas. La gata sigue un poco sorprendida por la presencia de la Conga y su actividad errática, dándole no pocos sustos, pero supongo que será cuestión de tiempo que se acostumbre a su presencia, ya que ambas llevan conviviendo poco más de una semana. 

Resumiendo, el robot tiene ventajas pero también inconvenientes, que enumero para que sea más fácil la valoración en caso de que lo tengáis en vuestros planes:

Ventajas:
- Ganancia de tiempo: puedes estar haciendo cualquier otra cosa mientras el robot aspira/friega.
- En relación con lo anterior, puedes pasarlo varias veces a la semana o sólo en una habitación concreta para mantenimiento, colocando la banda magnética. Así, la suciedad no llegará a acumularse, algo que siempre da más pereza a la hora de limpiar y requiere más tiempo.
- Puedes programarlo y olvidarte de que hay que limpiar.
- Aunque la opción de fregado no es perfecta, sirve para mantenimiento semanal y para dejar un agradable aroma en casa, algo que teniendo animales es también importante.
- Los alérgicos no sufrirán tanto como pasando una aspiradora convencional y sólo tendrán que retocar algunos recovecos o esquinas por donde no quepa el robot.
- Aunque no sustituye a una limpieza humana en profundidad, nosotros no hemos barrido ni fregado la casa de otra forma en 10 días y la sensación de limpieza es total.

Inconvenientes:
- Limpia mejor en espacios amplios y sin obstáculos, por lo que si tienes muchos muebles o cosas en medio, no será todo lo eficiente que podría ser. Las alfombras pequeñas las puede arrastrar si no están sujetas con algún mueble, en vez de aspirarlas por encima.
- Estoy casi segura de que estos robots los inventó Marie Kondo, porque te obliga a levantar sillas, recoger juguetes, sujetar y alzar cables, guardar calzado tirado o cualquier otro objeto fuera de sitio que limite o entorpezca la actividad del aparato. 
- Vaciar el depósito y limpiar los cepillos y sensores de la Conga te puede llevar unos 10 minutos como mucho. No es un inconveniente real, pero es recomendable hacerlo cada vez que se use para mantener el aparato en condiciones óptimas.

Mirando otras marcas de robots aspiradores, la verdad es que es difícil encontrar uno que aspire, friegue y tenga un mapeo con giroscopio por menos de 200 euros, así que pienso que la opción de Conga es una de las más adecuadas. Si vuestro presupuesto es más limitado, hay algunos aparatos por unos 100 euros o menos que sólo aspiran pero que también pueden solucionaros parte de la limpieza diaria de vuestros hogares, y si no tenéis problema en invertir algo más, a partir de 300-400 euros los mapeos ya son en modo láser inteligente, tienen succión y motores extra potentes y puedes controlar casi todo el aparato a través de aplicaciones de móvil y voz, viendo los recorridos en tiempo real.

Espero vuestras opiniones al respecto y si tenéis mascotas con robots aspiradores qué tal se llevan con ellos. Os dejo un vídeo del primer contacto de River con nuestra Conga ;) 



viernes, 19 de julio de 2019

Oporto - Lisboa (y VII): Curiosidades

Tranvía 28 y Sé de Lisboa
Esta es la entrada que dedico a las curiosidades y consideraciones finales sobre el viaje a Portugal que realizamos en septiembre de 2018. Gracias por haber leído hasta aquí; no me merezco esta atención!

Al lío. Portugal es un país de contrastes. Las dos ciudades que visitamos tienen un aire de decadencia que a veces raya en el deterioro. Esa misma característica les confiere cierto encanto de esplendor caducado hace 50 años que las convierte en lugares idóneos para querer seguir descubriendo. Tanto Porto como Lisboa, pero sobre todo la primera, hacen gala de una dejadez arquitectónica digna de estudio. Fachadas y muros llenos de pintadas, paredes de azulejos comidas por el polvo y la suciedad, edificios completos abandonados... Sin embargo, los colores que se atisban en otras construcciones aledañas, los labrados balcones manuelinos y la majestuosidad de sus símbolos convierten a esas dos grandes ciudades en destinos imprescindibles.

Estación de São Bento, Porto
El país está repleto de turistas. Hay que tener en cuenta que Portugal es un destino barato, más incluso que España, y el visitante europeo lo tiene muy en cuenta. La cercanía a la España peninsular hace que muchos españoles elijan esos puntos para disfrutar de un fin de semana de descanso en el país vecino. Si viajáis en temporada alta, en grupo o queréis alojaros en el centro, tened en cuenta la opción de reservar con antelación en hoteles y restaurantes. Planificad muy bien la entrada al Monasterio de Los Jerónimos, ya que es el lugar más visitado del país y siempre está a tope.

Portugal se comunica mal a través de internet. Las webs de los monumentos, establecimientos y sitios oficiales tienen una imagen digna de principios de siglo, con poca información y en muchos casos desactualizada. Este desinterés también se ve en los lugares importantes de cada ciudad, donde la ayuda al visitante en forma de folleto es muy limitada. La conexión a internet es regular tirando a mala y no parece ser una prioridad en los establecimientos lusos, ya que pocos disponen de WiFi para sus clientes y donde la hay apenas conecta. Posiblemente esta característica mejore en los locales más modernos y sofisticados, que también los hay en Portugal, pero el corazón histórico normalmente no contempla estas mejoras.

El Camino de Santiago pasa por Porto: Caminho Portugués da Costa
A la hora de moverse por Lisboa, es interesante comprar una tarjeta de transporte como la 7 Colinas o la Viva Viagem (en Porto se llama Andante), que a nosotros no nos hizo falta ya que los desplazamientos se incluían en la Lisboa Card, como comenté en mi primer post sobre la llegada a la capital lusa. Tanto Porto como Lisboa tienen callejuelas estrechas, empinadas, empedradas y muchas escaleras, a donde es difícil acceder en vehículos convencionales. Las distancias no son excesivas así que lo mejor es utilizar transporte público como el tranvía (siempre atendiendo a los avisos de carteristas que aprovechan las aglomeraciones en los vagones para operar) y caminar. En este caso es imprescindible utilizar un calzado cómodo, con suela fuerte y buen agarre, ya que los adoquines dificultan bastante el paso. Las tarjetas de viaje nos permitirán utilizar también los famosos elevadores y ascensores y disfrutar con ello de una experiencia única.

Aparte de lo que comenté acerca del cobro de entrantes en los restaurantes portugueses en mi post anterior dedicado a la gastronomía, otro detalle a tener en cuenta es que también en muchos W.C. de estaciones y otros lugares públicos cobran por acceder, normalmente unos 50 céntimos. Con esta tarifa se supone que los aseos estarán más limpios y cuidados, algo que no siempre es así por desgracia. Intentad aprovechar para ir al servicio en algún restaurante, aunque ya os advierto que el mantenimiento de los baños portugueses en general tampoco alcanza ninguna cota de excelencia.

Durante el viaje muchas veces nos preguntamos cómo mantenía el país sus altas tasas de turistas cuidando tan poco sus monumentos y servicios en general. Dentro de la Torre de Bélem por ejemplo no funcionaba el indicador de subida/bajada por las escaleras en algunas plantas, que debe realizarse por turnos debido a la estrechez, y había telarañas en las esquinas. Quizás fueran para darle un toque más histórico a la visita, nunca se sabe, pero al mismo tiempo confirman esa dejadez local de la que hablaba al principio de este post. Está claro que las vistas de los estuarios de los ríos desde cualquier puente portugués y todo castillo o iglesia antigua tienen ya de por sí un encanto inherente digno de elogio, pero una pizca más de atención no estaría mal.

Las chicas malas van a Portugal!
Tengo entendido que la noche portuguesa resulta bastante animada, aunque como sabéis yo no soy muy nocturna así que no puedo opinar mucho al respecto. Sí puedo decir que tanto en Porto como en Lisboa, en las zonas más céntricas y turísticas, nos ofrecieron en varias ocasiones todo tipo de estimulantes ilegales de dudosa procedencia, que posiblemente no encuentren salida en el mercado local debido a que la tasa de consumo en Portugal es relativamente baja debido a su buena política social en materia de drogas.

Y aquí terminan las entradas de este viaje a Portugal, el país del bacalao, de las subidas y bajadas por estrechas e intrincadas escaleras, el país del clasicismo incrustado en la modernidad, con una conexión a internet deficiente pero un nivel de educación notable, una mezcla de decadencia romántica con modernidad ejecutiva, de pintadas vándalas que aportan entidad a un entorno que parece que se cae a pedazos pero que sin embargo se mantiene en pie majestuosamente, que sigue exprimiendo la era de los descubrimientos, el país que también es península ibérica, tan lejos y tan cerca al mismo tiempo, tan europeo y tan local, tan progresista dentro de su imagen conservadora y anticuada, el país que te engancha pero no sabes muy bien por qué.

En general, la estancia es agradable, se come bien y el destino es tranquilo y acogedor. El buen clima, los buenos precios de la restauración y los miradores son sin duda los puntos fuertes de estas dos ciudades, en las que el objetivo debe ser pasear y empaparse del entorno. Volveremos en cuanto podamos, ya que nos quedaron miles de asuntos pendientes en tierras lusas y 96 recetas de bacalao por probar.

Tranvía 28, Lisboa

*** Haz click en las imágenes para ampliar.

martes, 18 de junio de 2019

Oporto - Lisboa (VI): Gastronomía

Arroz de mariscos para 2 (docenas) en Papavinhos
La gastronomía portuguesa merece un capítulo propio en esta serie sobre nuestro viaje a Portugal de 2018. Cuando era pequeña mi familia y yo viajábamos mucho al norte del país vecino y siempre quedábamos encantados con la comida, tanto en lo relativo a cantidades como en el equilibrio calidad/precio. Con los años y la multiplicación del turismo pensaba que este detalle podría haber variado (a peor) pero la verdad es que los portugueses siguen siendo unos cocineros excelentes y sus productos típicos algo digno de degustar.

Las peculiaridades de nuestra estancia en Oporto, que podéis repasar aquí y aquí, nos obligaron a reservar en un par de restaurantes desde España, guiándonos en parte por los comentarios de los usuarios de TripAdvisor. En este caso he de reconocer que esas experiencias coincidieron con la mía y acertaron de lleno en sus recomendaciones. El sábado a mediodía comimos en el Papavinhos donde todo lo que pedimos estaba espectacular: pulpo, almejas, gambas, arroz de mariscos, bacalao... Tanto el Papavinhos como el Postigo do Carvao, donde cenamos, son dos restaurantes muy agradables, con platos típicos y buena atención. Eso sí, en ambos es mejor reservar mesa con antelación porque suelen estar siempre llenos.

Media ración de Bacalhau Papavinhos, Porto
El domingo comimos en un restaurante un poco más turístico, situado casi a pie de río y recomendado por nuestra guía de la excursión mañanera. Tampoco comimos mal pero en comparación con los establecimientos del día anterior nos pareció todo de peor calidad y más caro. Aún así, en general los precios son muy razonables, ya que en cada restaurante pagamos algo más de 100 euros (éramos 6 personas) y quedamos plenamente satisfechos con entrantes variados, platos principales, bebidas, postres y cafés.

Bacalhau com natas en Postigo do Carvao
Si viajas a Portugal es imprescindible que pruebes algún plato de bacalao. Es el país que más bacalao consume a nivel mundial y afirman poder prepararlo de más de cien formas diferentes. En mi caso se junta el hambre con las ganas de comer, ya que el bacalao es uno de mis pescados favoritos y casi no comí otra cosa durante mi estancia. Incluso el señor del bigote, que no es fan del pescado en general, sucumbió al bacalhau com natas en un par de ocasiones.

Postre de galleta y Postre de mango en Papavinhos, Porto
Los postres son otro de los puntos fuertes del país. Existen muchos dulces típicos dependiendo de la región y en casi todos los restaurantes te ofrecen postres caseros como tartas de galleta o leite creme, un clásico de su repostería que se parece un poco a la crema catalana patria. Por lo demás, aunque yo no bebo, también tienen buenos vinos y buenos panes, además de unos precios increíblemente baratos, por lo que es raro salir disgustado de un restaurante luso. 

En las fotos podéis ver algunos de los platos que degustamos en Porto durante nuestros dos primeros días de viaje. La última noche decidimos probar la tradicional "francesinha", un plato típico portuense de origen francés que introdujo en el país un emigrante retornado en los años sesenta del siglo pasado. Es un sandwich contundente que suele llevar carne, varios tipos de embutido y queso fundido entre las rebanadas de pan de molde, todo ello mojado con una salsa picante elaborada a base de tomate y cerveza. Suele acompañarse de patatas fritas. 

Francesinha en Francesinhas al forno da Baixa, Porto
A pesar de que el sitio donde la comimos parecía estar especializado en francesinhas (se llamaba Francesinhas al forno da Baixa y fue nuestra segunda elección, al no tener mesa disponible el primer restaurante que nos recomendaron), el plato no nos pareció nada del otro mundo. Influyó también que las patatas que nos sirvieron parecían llevar fritas tres horas y ni siquiera mojadas en la abundante salsa mejoraban. Está claro que con la diversidad de buenas recetas y maravillosas materias primas que tiene la cocina portuguesa recurrir a este tipo de comida basura, aún en forma de plato "típico", no compensa en absoluto. 

Pescado del día y Pollo al café en Tasca do Careca, Lisboa
Ya en Lisboa, en nuestra primera noche cenamos en un pequeño bar cerca de nuestro hotel, la Tasca do Careca, con comida casera, rica y muy, muy barata. Queríamos algo ligero así que elegimos medias raciones de pescado y pollo, que parecían platos completos por su generosa cantidad. Estaba todo muy bueno y pagamos poco más de 15 euros entre los dos. 

Al día siguiente comimos en un restaurante de Bélem, ya que coincidía con nuestra visita a la Torre y Los Jerónimos. Pensábamos que al ser una zona muy turística de la ciudad los restaurantes serían más caros y peores, así que tardamos un poco en decidirnos. Como todos estaban llenos, nos alejamos un poco del centro neurálgico de las visitas y entramos en Queijadas de Belem. Es un restaurante sencillo con una comida correcta y un servicio rápido y bueno, que al fin y al cabo es lo que deseas para seguir la excursión sin más complicaciones. Y pagando 14 euros por persona, con pan, bebida y postre, poco más se puede pedir.

Bacalhau com natas y ensalada en Queijadas de Bélem
En nuestra última jornada lisboeta comimos en otro restaurante típico, Alpendre, situado en el barrio de Alfama. Este local también estaba lleno y tuvimos que esperar un ratito para conseguir mesa, pero el servicio era rápido así que decidimos esperar porque, como pudimos comprobar, es raro encontrar un buen restaurante vacío en las zonas más turísticas de Portugal. Allí pedimos un par de sopas típicas, un plato de bacalao y otro de secreto ibérico de cerdo, además de bebida, postre y café, por 38 euros. Con cada plato podíamos haber comido de sobra los dos, de lo grandes que eran.

Secretos de porco preto en Alpendre, Lisboa
Bacalhau a casa en Alpendre, Lisboa
He de decir que en todos los restaurantes portugueses las raciones son muy abundantes, casi siempre acompañadas de patatas fritas en rodajas, a la forma típica portuguesa, o arroz y guarnición, y en ninguno de los que estuvimos salimos con la sensación de haber comido mal o caro, más bien al contrario. Hay que tener cuidado con un pequeño detalle, que muchos visitantes sufren por no estar al corriente: en casi todos los establecimientos te ponen unos entrantes mientras ordenan tus pedidos (aceitunas, patés, queso...). Pues bien, estos productos NO son cortesía de la casa, sino que te los cobran en cuanto los pruebas, por lo que si no te apetece comerlos y no quieres llevarte sorpresas desagradables en la cuenta, puedes indicar al camarero que los retire antes de tocarlos. Si tienes dudas de si lo que te ponen es o no una cortesía del restaurante puedes consultar con el camarero (son bastante amables en general), que te informará de si el producto tiene coste.

Por lo demás, el café es muy barato y de buena calidad en casi todos los sitios donde lo pedimos (un café solo o expreso puede costar entre 65 y 90 céntimos, algo que en España ya no se ve mucho). La cerveza oscila entre el precio español y el europeo, dependiendo del local donde la tomes, ya que hay algunas cafeterías que aprovechan su excepcional situación en miradores o cercanías de monumentos para incrementar un poco el precio de esas bebidas.

Pastel de Bélem en Porto
Los portugueses son unos maestros de la repostería en general y cualquier dulce que te ofrezcan merece la pena, pero uno de los más típicos del país son los Pasteis de Bélem (o pasteis de nata), unos pastelitos que se elaboran en el establecimiento del mismo nombre desde hace más de 150 años, a partir de una receta secreta. Las imitaciones se encuentran en todas las confiterías de Portugal pero sobre todo en Lisboa, ya que se cree que su origen se encuentra en el Monasterio de Los Jerónimos. Se trata de un pastelito redondo elaborado con masa de hojaldre y relleno de una crema de huevos, leche y azúcar básicamente, espolvoreado con canela. Se puede comer frío o templado y la Casa Pastéis de Bélem prepara unas 20.000 unidades al día de este delicioso dulce.

Con respecto a los precios en general, Portugal es un país muy barato en el aspecto gastronómico pero el turismo lleva unos años en constante auge y los hoteles empiezan a tener unas tarifas también más europeas que ibéricas. Posiblemente sea más barato quedarse en un apartamento, ya que tanto Porto como Lisboa disponen de cientos de alojamientos turísticos, pero en nuestro caso, al ser sólo 2 personas, no nos suele compensar (los apartamentos pequeños suelen ser los más caros). En mi próxima y última entrada ofreceré una visión general del viaje y el país, por si queréis tener alguna referencia más en caso de que estéis planeando una escapada a tierras vecinas.

Escaparate repleto de las típicas natas en Lisboa

*** Haz click en las imágenes para ampliar.

*** (Continuará... )

viernes, 10 de mayo de 2019

Lisboa (V): Segunda Parte: Teatro Romano y Museo Arqueológico do Carmo

Ruinas del Teatro Romano de Lisboa
El Teatro Romano, ubicado en pleno centro de la capital, fue descubierto accidentalmente en 1798, cuando se reconstruía la ciudad tras el terremoto de 1755. Un arquitecto italiano intentó por todos los medios conservar aquellas ruinas, pero no pudo evitar que sobre ellas se construyeran nuevas viviendas. Ya en 1964 el Ayuntamiento de Lisboa comenzó los trabajos de recuperación de la zona, comprando todos los edificios adyacentes para demolerlos y permitir la excavación. En los años noventa del siglo pasado se consiguió sacar a la luz gran parte de las gradas del teatro romano, que permanecen abiertas al público para su visita.

Piezas en el Museo del Teatro Romano de Lisboa
En el edificio que está justo enfrente, al cruzar la calle, se ha abierto el Museo de Lisboa dedicado al Teatro Romano, donde se han clasificado y expuesto piezas procedentes de la excavación. También se puede realizar en su interior un recorrido por una parte anexa al Teatro Romano, varios metros por debajo de la superficie, donde se ubica el patio de una vivienda del s.XIX con restos de estructuras arqueológicas muy anteriores. En esta exposición se pueden observar los distintos niveles excavados y el progreso de los trabajos, hallando cada vez objetos más y más antiguos. La visita es gratis con la Lisboa Card y, sobre todo si sois fans de la arqueología, merece bastante la pena. Es un museo pequeñito pero muy interesante y con buen mantenimiento.

Tras otra comida típica portuguesa dimos un paseo por el barrio de Alfama, uno de los más populares y antiguos de Lisboa. Por sus empinadas callejuelas hay multitud de fachadas y edificios con encanto, como la Casa dos Bicos, sede de la Fundación José Saramago, o el Chafariz d'El-Rei, primera fuente pública de Lisboa, que data del S.XIII y abasteció a los navíos durante la época de los descubrimientos. 

Casa dos bicos
Chafariz d'El-Rei
Nuestros pasos nos llevaron también hacia el barrio de Chiado y a hacer unas cuantas paradas en lugares emblemáticos de la ciudad, como el Café A Brasileira. Este local, hoy declarado parte del patrimonio arquitectónico local, fue durante años centro de reunión de intelectuales y artistas portugueses, a los que han querido rendir homenaje colocando una estatua del poeta Fernando Pessoa en la entrada, sentado a una de las típicas mesas del bar. Era un lugar indiscutible para tomar la típica foto de postureo literario ya que, conscientemente al menos, no recuerdo haber leído nunca nada de Pessoa.
Estatua de Pessoa delante del café A Brasileira
Estatua del poeta Antonio Ribeiro en Chiado
Otra parada friki obligada era la Livraría Bertrand, la librería en activo más antigua del mundo (así figura en el Libro Guinness de los Récords). Fue fundada en el año 1732 por una familia francesa y en ella se organizaron durante décadas tertulias literarias. Aunque el local no tiene demasiado encanto, salvo por algunas estanterías antiguas de madera, y hoy por hoy la empresa ya pertenece a un gran grupo editorial, mantiene la buena costumbre de tener una cafetería anexa para poder leer cómodamente mientras te tomas un café. En los locales de Bertrand continúan además organizándose talleres literarios y tertulias, fomentando la interesante y viva cultura portuguesa.

Livraría Bertrand
Y cuando ya creíamos que la jornada tocaba a su fin, apuré un poco al señor de bigote (vale, lo arrastré bajo amenazas incluso...) para llegar a tiempo a las ruinas del Convento do Carmo (o del Carmen), cuya iglesia era la mayor de estilo gótico de la ciudad hasta que quedó completamente destruida por el terremoto de 1755. La iglesia perdió totalmente el tejado, que nunca se restauró, pero mantiene su armazón de altos arcos que se divisan por encima de las casas desde el cercano barrio del Chiado.

Interior Convento do Carmo
Estructura y arcos del Convento do Carmo
Detalle Museo Arqueológico do Carmo
El lugar acoge el Museo Arqueológico do Carmo, con una pequeña pero muy interesante muestra de piezas arqueológicas, entre las que destacan restos del Paleolítico y Neolítico, decoraciones de sarcófagos y otros elementos relacionados con los ritos funerarios. En otra sala también se exponen algunas momias y muchos libros antiguos, perteneciendes a las colecciones de varios arqueólogos famosos en la historia de Portugal. En el interior de las salas estaba prohibido hacer fotos, advertencia que la mayoría de los visitantes ignoraban sin ponerse ni colorados, pero que yo respeté así que prácticamente todas las fotos que tomé pertenecen solo al exterior abierto del convento.


Ya con el sol bajando en el horizonte, repusimos fuerzas justo al lado del Elevador de Santa Justa, en una cafetería que nos cobró un ojo de la cara por una cerveza, pero estábamos ya bastante cansados y necesitábamos esa parada técnica. Subimos hasta la terraza del elevador, incluida en la Lisboa Card, con unas espectaculares vistas de 360º de la ciudad y luego pudimos utilizar el ascensor también para llegar hasta la parte baja del Chiado.

Elevador de Santa Justa, monumento nacional de Lisboa
Elevador de Santa Justa
Las colas seguían siendo importantes para la subida, pero sorprendentemente para bajar sólo esperaba media docena de personas. Si no hubiera estado incluido en la Lisboa Card posiblemente no lo habríamos utilizado, ya que ese trayecto de apenas 45 metros en el ascensor, junto con el acceso a la terraza superior, cuesta más de 5 euros. Las vistas son muy bonitas, ciertamente, pero hay tantos miradores en la ciudad que no creo que compense pagar por este en concreto.

Vistas de Lisboa desde la terraza del Elevador de Santa Justa
Si queréis conocer algunas peculiaridades de la gastronomía portuguesa, curiosidades de la ciudad y otros detalles, no os perdáis el post final de este viaje, que publicaré en breve!

*** Haz click en las imágenes para ampliar.

*** (Continuará...)

jueves, 25 de abril de 2019

Lisboa (V): Primera Parte: Castelo de São Jorge y Panteão Nacional

Escaleras que ascienden hasta el castillo
La visita al Castillo de San Jorge era otra de nuestras imprescindibles en el viaje a Lisboa. Este monumento se erige sobre una de las colinas más altas de la zona y ofrece una incomparable vista del estuario del Tajo y de la capital portuguesa. Para llegar hasta allí tomamos uno de los famosos elevadores que se distribuyen por toda la ciudad para facilitar el acceso de autóctonos y turistas a los distintos barrios. En este caso el Elevador do Castelo es un sencillo ascensor convencional que sube en vertical varios metros dejándote de forma gratuita casi al pie del arco de entrada al castillo. También se puede subir a pie por una interminable escalinata, pero qué necesidad, francamente, a esas horas de la mañana.

Arco de entrada al Castelo de São Jorge
Patio castelo
El Castelo de São Jorge se encuentra en una fortificación medieval construida por los musulmanes en el s.XI. Pertenece a la zona noble de la antigua alcazaba, junto con las ruinas del antiguo palacio real. Durante varios siglos cambió de función según la dominación bajo la que se encontrara la ciudad y, tras el terremoto de 1755, se reconstruyó en gran parte pasando a tener un uso eminentemente militar. 

En el s.XX se iniciaron varias excavaciones que sacaron a la luz las antiguas edificaciones, creando una exposición permanente con los objetos hallados y una zona de yacimientos arqueológicos. Algunas de las piezas recuperadas se exhiben en una pequeña sala que, aunque no tiene una gran colección, sí ayuda a hacerse una idea de lo que existía en el castillo en su época de bonanza, sobre todo de su etapa islámica.

Azulejos en el museo del castelo
Yacimiento arqueológico. Castelo São Jorge
Este conjunto histórico ocupa unos 6.000 metros cuadrados, completamente amurallado y rodeado por un foso. Varias torres de vigilancia o garitas coronan los puntos estratégicos de los muros y protegen los patios interiores. En general está todo bastante bien conservado. Dentro del recinto se puede asistir también en una de las salas a una sesión comentada de cámara oscura, incluida en el precio de la entrada. Hay que tener en cuenta el horario según el grupo de idioma, ya que sólo hay una sesión en español cada dos horas aproximadamente. 

Cámara oscura desde el castillo
Mediante un sistema de lentes que giran 360º, como un periscopio, se captan imágenes en tiempo real de Lisboa, que muestran con gran detalle otros monumentos y zonas destacadas de la ciudad. Esta actividad dura unos 20 minutos y resulta una experiencia sin duda muy curiosa e interesante. La apertura de la cámara oscura del castillo está sujeta a las condiciones meteorológicas, ya que no se vería nada si el día está nuboso, por ejemplo, pero nosotros tuvimos suerte y nos acompañó otro día de cielos completamente despejados.

Ventana desde una torre del castillo
Patio Castelo São Jorge
Dentro de esta ciudad amurallada también hay unos jardines con especies autóctonas, algunos pavos y otros animales campando a sus anchas, además de una cafetería y una tienda, estos últimos locales menos medievales y bastante caros, pero útiles para realizar una parada técnica. Es muy recomendable rodear todo el castillo y contemplar la ciudad desde todos los ángulos, ya que las vistas son las más altas y amplias que encontraremos de Lisboa. 

Castelo São Jorge
Foso Castelo São Jorge
La visita al Castelo de São Jorge puede durar un par de horas aproximadamente y su entrada no está incluida en la Lisboa Card, aunque sí hay un descuento para los portadores de la tarjeta. A nosotros nos costó 6,50 € cada pase. Fuimos a primera hora de la mañana, por lo que pudimos pasear con calma y sin aglomeraciones por todo el conjunto de este monumento nacional que, sin duda, merece la pena visitar. 

Vistas de Lisboa y el Tajo desde el Castelo São Jorge
Azulejos en lateral Igreja Santa Luzía
En nuestro descenso caminamos hacia el Panteão Nacional, otro monumento sí incluido en la Lisboa Card y que resulta bastante espectacular. Esta iglesia, denominada de Santa Engrácia, funciona como panteón desde 1916 pero estuvo en obras desde varios siglos antes. Comenzó su última remodelación en el s. XVII y se terminó de construir bien entrado el s.XX, allá por 1966. 

Panteão Nacional, Lisboa
En este impresionante templo descansan los restos de varios presidentes de la república portuguesa y otros destacados miembros de la cultura del país, como la cantante de fado Amália Rodrigues o el futbolista Eusebio. También tiene varios cenotafios en honor de otras personalidades lusas como el navegante Vasco de Gama o el poeta Luís de Camões.

Órgano en el interior del Panteón Nacional
Se puede subir hasta la terraza exterior y la cúpula del edificio, con unas bonitas vistas del barrio de Alfama. He de reconocer que mi vértigo se puso a prueba en más de una ocasión durante este viaje y dentro de este panteón casi no pude asomarme a las balaustradas interiores, desde donde se podía contemplar una imagen de conjunto de los ricos trabajos en mármol del edificio. Hice unas cuantas fotos así como sin mirar mucho, de ahí que los enfoques dejen bastante que desear. 

Interior del panteón desde arriba
Una de las puertas de acceso al templo
Saliendo del Panteão Nacional pillamos por el camino el famoso Tranvía 28 en su descenso hacia la Baixa Lisboa. No perdimos ocasión de subirnos, ya que en bajada siempre va un poco más vacío que en el trayecto inverso. Agarramos bien los bolsos, siguiendo todas las indicaciones de "ojo carteristas" y recorrimos sólo unas cuantas calles para bajarnos en otra zona de excavación de Lisboa, la del Teatro Romano.

Esperando al Tranvía 28 en Lisboa
*** Haz click en las imágenes para ampliar.
*** (Continuará...)

Related Posts with Thumbnails