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sábado, 10 de diciembre de 2022

Triple XXX: éXito, conteXto y eXpectativas

Desde hace algún tiempo ronda por mi cabeza una reflexión que me gustaría compartir con vosotros. Una definición estándar nos diría que el ÉXITO es el "resultado, en especial feliz, de una empresa o acción emprendida, o de un suceso". Según esta descripción, cualquier cosa que llevemos a buen término en nuestras vidas podría considerarse un éxito. Sin embargo, cuando la mayoría de nosotros pensamos en tener éxito no se nos pasa por la cabeza que habernos acordado de todo lo que teníamos que comprar en el supermercado sea un logro o que irse a tomar cañas con unos amigos sea un éxito de ninguna clase. 

Ahí es cuando entra en juego otra palabra súper importante y que, por pura casualidad, también contiene una X: CONTEXTO. Para alguien con problemas de memoria acordarse de todo lo que tenía que comprar es todo un éxito, al igual que salir a tomar algo para alguien con un trastorno social, por ejemplo. Etimológicamente la palabra latina "exitus" significa "salida" y en el ámbito sanitario supone, de forma más específica, una "salida de la vida", o sea, una muerte. Ahí el contexto cobra fuerza a la hora de especificar mucho si una operación ha resultado un éxito o un exitus.

Pero dejando humor negro y posibilidades del lenguaje aparte, cuando ahondamos un poco más en el asunto vemos que el concepto de éxito está estrechamente relacionado con, oh qué avatar del destino, otra palabra que contiene X: EXPECTATIVAS. Comparamos los resultados de nuestras tareas con las expectativas que teníamos antes de iniciarlas, por lo que el éxito sólo se produce si se cumplen esos objetivos marcados previamente.

De esa premisa deducimos que el éxito de una tarea nunca significará lo mismo para dos personas con diferentes expectativas. Pongamos otro ejemplo sencillo: para un músico aficionado puede suponer un éxito publicar un disco, sin más, mientras que para otro artista sacar un disco sin conseguir un número mínimo de oyentes o de ventas no sólo no supondrá un éxito sino que podrá considerarlo incluso un fracaso. De igual forma, un deportista de élite aspirará a quedar entre los primeros puestos de una maratón mientras que un corredor amateur se puede conformar con terminar la carrera sin quedar el último. E incluso habrá alguno que considere que terminar el último es un éxito por el simple hecho de haber completado la prueba. ¿Cuál de todos esos éxitos es mejor? ¿Hay éxitos mejores que otros? ¿Es más válido tu éxito que el mío?

Durante años hemos oído que el conformismo es malo, que hay que aspirar siempre a más y que tener pocas ambiciones te convierte en un mediocre. Bien, lillusianos, sin ningún tipo de base científica ni nada que avale esta afirmación más que mi propia experiencia he de decir con rotundidad que esa idea quizás sea válida para determinados caracteres pero puede llegar a causar miedo, ansiedad y mucha inseguridad en otras personas y no deberíamos generalizar al respecto. 

Cada uno de nosotros tiene una visión diferente del éxito muy similar al umbral del dolor, personal, difícil de explicar y poco medible en términos generales, de igual modo que nuestro nivel de expectativas varía y difiere notablemente del de nuestros semejantes en las mismas situaciones y condiciones. No todos necesitamos lo mismo, ni tenemos las mismas capacidades, ni nos contentamos con lo mismo; es obvio y sobran los ejemplos. No hay más que recordar la frase de Albert Einstein: «Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, pensará toda la vida que es un inútil».

Sí, ¿verdad que se os vienen a la cabeza personas increíblemente creativas que nunca han tenido éxito y personas con una inteligencia limitada que son muy exitosas? ¿Qué estamos midiendo exactamente como éxito? ¿El dinero de nuestras cuentas bancarias? ¿La fama? ¿El número de likes en una red social? ¿Haber alcanzado un puesto de responsabilidad en una compañía? ¿Crear una empresa? ¿Tener muchos amigos? Estamos midiendo todos los tipos de éxito por nuestro propio contexto y nuestras expectativas, ahí está el error.

Todo esto nos hace pensar que no necesariamente tiene más éxito el que más arriba llega en un determinado camino pero, obviamente, si tus expectativas eran llegar hasta ahí arriba y lo has logrado, considerarás que has tenido éxito. Si aún encima tu éxito encaja con los parámetros de los que te rodean, habrás dado en el clavo para sentirte plenamente satisfecho con lo que has conseguido. Enlazamos aquí con el sentimiento de felicidad y satisfacción personal, entrando ahora sí ya en un terreno totalmente subjetivo. ¿Somos más felices porque tenemos éxito o tenemos éxito porque somos más felices? 

No nos vamos a engañar ahora: los "ricos y famosos" son nuestro paradigma de haber alcanzado el punto más álgido en la pirámide del éxito. Durante muchas décadas el triunfo y el prestigio vestían de forma impecable, llevaban un malentín con documentos, tenían una cartera llena de dinero, un buen coche, una casa lujosa, una familia envidiable y unas relaciones sociales de alto nivel. Sin embargo, con el paso de los años este paradigma ha ido cambiado y se ha demostrado que el éxito económico, social o laboral no necesariamente garantiza la felicidad. Es cierto que el dinero ayuda a cumplir sueños y objetivos, pero tener dinero no supone un éxito per se. Creo que siempre acabaríamos llegando a la conclusión de que el único éxito realmente válido es el personal, el que nos hace sentirnos felices, sanos, tranquilos, útiles, seguros, satisfechos de nuestros pequeños logros. En paz con nosotros mismos.

Es posible que todos nazcamos con el nivel de opciones al máximo y que, a medida que cumplimos años o etapas vitales, nos vayamos dando cuenta de que algunas de esas opciones no están a nuestro alcance y rebajemos nuestras expectativas al respecto. Supongo que será nuestra capacidad de adaptación y de resiliencia la que consigue que, aún así, no decaigamos en el empeño por alcanzar nuestros objetivos. La frustración es un sentimiento a veces inevitable pero podemos minimizarlo si conseguimos que nuestras expectativas se ajusten más a la realidad del contexto en que vivimos o en el que desarrollamos nuestras tareas. 

Esto no significa que debamos dejar de mejorar nuestras capacidades o de marcarnos nuevos retos, en absoluto. El ser humano está programado para seguir avanzando incluso ante la adversidad, sólo realizando unos pequeños ajustes al firmware. Pero donde Mr. Wonderful diría que todo es posible, que somos capaces de hacer todo lo que nos propongamos en la vida, Lillu tiene una visión un poco más pragmática que consiste en poner el foco precisamente en los propósitos: querer no siempre es poder, pero sí lo será si nos proponemos cosas alcanzables de forma objetiva, más ajustadas a nuestras expectativas de vida. Tú puedes llamarle conformismo, pero yo le llamo éxito.

«Lillu, estás matando nuestras ilusiones con este post». Pues nada, comenta por aquí si tu concepto del éxito es diferente, que está claro que no todos podemos ser introvertidos con ansiedad social y debilidad por los amaneceres (si no sabes de lo que hablo revisa mi Instagram). Ah, y cuéntanos de paso si has conseguido ya todo lo que te anotaste en esa lista de propósitos de Año Nuevo para 2022 porque te quedan poquitos días para completarla ;)

*** Las viñetas que ilustran este post son de Dinos and Comics.

sábado, 30 de julio de 2022

Donante de sangre

Con el paso de los años me voy dando cuenta de que el refrán "nunca es tarde si la dicha es buena" adquiere cada vez más sentido para mí. Casi nunca es tarde para casi nada, aunque cada vez nos sintamos más viejos y con menos energía para acometer actividades que teníamos que haber hecho en nuestra década de los veinte. 

Una de esas cosas que yo nunca había hecho era donar sangre. Quizás por desconocimiento, por miedo o por falta de tradición familiar, nunca me había interesado por el proceso de donación. Podría decir que también dudaba de mi idoneidad para tal fin, debido a mis achaques médicos, pero en realidad eso sólo sería una excusa y podría haberlo consultado hace años para salir de dudas.

El caso es que hace tiempo que me planteé intentar ser mejor persona. A lo mejor es sólo por puro egoísmo, por una simple necesidad de satisfacción personal y de reconocimiento, no lo tengo claro, pero la verdad es que esto ha redundado en mis actividades y mis intereses en los últimos tiempos. Y una de las cosas que más felicidad me ha aportado en este sentido es donar sangre.

Los que me seguís en Twitter sabréis que doné por primera vez en enero de 2022, el día de Reyes. Pasaba por delante de una unidad móvil que el Instituto Canario de Hemodonación y Hemoterapia va rotando por distintos puntos de la isla de Tenerife y entré a preguntar, ya que no tenía cita previa y desde el inicio de la pandemia la mayoría de estos procedimientos se realizan con cita. Si no tienen muchos donantes emplazados a esa hora, podrán atenderte en el momento. La sensación de utilidad y emoción positiva al donar sangre fue tan grande que me propuse firmemente seguir haciéndolo siempre que pudiera. A principios de julio, volví a realizar una donación, ya directamente en el hospital.

Antes de la donación debes responder por escrito a un breve cuestionario, donde te preguntarán detalles acerca de tu salud y hábitos. Después, un profesional sanitario te entrevistará para valorar si tu estado de salud es óptimo para la donación. Te tomarán la tensión y una muestra de sangre con un pinchacito en el dedo para analizar si tu nivel de hemoglobina es correcto. Es importante que hayas comido y bebido bastante agua antes de donar, ya que la cantidad de sangre que te extraen es de 450 ml.

Si todo está bien, pasarás a la sala de extracción. Si eres aprensivo con las agujas mejor no mires cómo te la colocan, porque es un poquito más gruesa que las habituales de una analítica, por ejemplo, pero te puedo asegurar que el pinchazo apenas duele. El proceso total durará unos 10 minutos, aunque si bombeas la sangre más rápido puedes acabar antes. En mi primera donación mi sangre fue lenta y no pude donar las plaquetas, para lo que es necesario un tiempo inferior a esos 10 minutos, pero en mi segunda vez sí lo conseguí, duplicando mi felicidad. De cada donación se puede extraer una bolsa de concentrado de hematíes, una de plasma y otra de plaquetas. 

Cuando haya terminado la extracción, te pedirán que esperes unos minutos para asegurarse de que estás bien y no sientes ningún mareo debido a la pérdida de sangre. En ese ratito puedes recuperarte con algo de comer o beber que pondrá a tu disposición el personal que te esté atendiendo. ¡Y ya está! Has finalizado tu aportación para que tu sangre ayude a salvar a cualquier persona que necesite una transfusión en una intervención quirúrgica. En las siguientes semanas recibirás en tu casa un carnet de donante, con tu grupo sanguíneo, y un resultado analítico de la composición de tu sangre.

Para los que tengáis dudas y así a grandes rasgos, para donar sangre es necesario ser mayor de 18 años y menor de 65, pesar más de 50 kg. y no estar embarazada si eres mujer. Se requiere una buena salud general y puedes ser rechazado como donante si has tenido hepatitis en algún momento de tu vida, si eres portador de VIH o diabético insulinodependiente, entre otros motivos. Si te has hecho un tatuaje o piercing recientemente deberás esperar al menos 4 meses para poder donar. En España la donación de sangre es un acto totalmente desinteresado y altruista, sin compensación económica de ningún tipo.

Los hombres pueden donar una vez cada 3 meses y las mujeres cada 4 meses. Es importante mantener el nivel de donaciones cada año, sobre todo de algunos grupos escasos o si eres donante universal (0-), puesto que la sangre, por desgracia, tiene fecha de caducidad. En la página web del Instituto de Hemodonación o Banco de Sangre más cercano a ti encontrarás muchísima información sobre las donaciones y los puntos de extracción. En mi caso (Tenerife), el ICHH tiene activa la web EfectoDonación, donde resuelve todas las dudas de los donantes.

Llegados hasta aquí, vuelvo al principio: he tardado muchos años en tener conciencia de la importancia de donar sangre pero ahora quiero hacerlo tanto como pueda, porque cualquier día puedo ser yo o un familiar mío quien necesite esa sangre para sobrevivir. Si puedes, hazte donante, y si ya lo eres sigue sintiendo la felicidad que da ayudar a los demás.

viernes, 8 de abril de 2022

Malditas ganas

No soy muy fan del formato podcast, pero en los últimos días, aprovechando una lumbalgia que me ha dejado fuera de combate, me he pegado un atracón con el de Ángel Martín, "Por si las voces vuelven". Estas conversaciones surgen tras la publicación de su libro del mismo título, donde el autor relata su experiencia tras sufrir un brote psicótico que requirió el internamiento en la planta de psiquiatría de un hospital durante un par de semanas. Me leí el libro hace unos meses y me gustó mucho su visión personal de la locura, con pocos apuntes morales y una detallada descripción de sus pensamientos y sensaciones durante el evento.

Aunque no todos hayamos tenido trastornos graves, está claro que la salud mental es algo muy frágil que no se ha cuidado adecuadamente hasta hace muy poquito tiempo y que sigue necesitando de grandes esfuerzos personales, sanitarios, sociales, económicos y políticos para mejorar en su enfoque. Como dije en este post, yo llevo en terapia algo más de 2 años y es una de las mejores cosas que he hecho en mi vida. Las sesiones con mi psicóloga me han ayudado a encontrar y aplicar herramientas para manejar determinadas situaciones que en algún momento se me iban de las manos y me hacían sufrir.

En el podcast que comento, Ángel Martín charla con varias personas más o menos conocidas, sobre todo músicos y artistas, sobre sus problemas de salud mental, sus momentos de conflicto emocional y lo que han hecho o están haciendo para superarlos. Creo que ayuda bastante sentirnos acompañados ante situaciones de extrema tristeza, vacío o indefensión, de las que creemos que nunca podremos salir. No sólo alguien más lo ha vivido y te ayuda a comprender donde te encuentras, sino que muchos de los que comentan sus vidas en este podcast transmiten claramente las mismas sensaciones que posiblemente nosotros estemos sintiendo en medio de una depresión o de una crisis de ansiedad, por ejemplo.

Posiblemente exista mucho más material sobre el tema, pero me gusta especialmente el ambiente de sinceridad y confianza que Ángel Martín ha creado en este podcast, un entorno seguro donde personas famosas se prestan a desnudar su intimidad emocional compartiendo sus roturas internas, sus desequilibrios y sus inseguridades, con todo lo que ello conlleva para artistas que viven en gran parte de la imagen que proyectan. Aunque pueda existir un abismo entre la situación de estos profesionales y la nuestra, a todos los niveles, en el fondo todos los humanos somos susceptibles de perder en algún momento la conexión con la realidad y no lograr recuperarla solos. Las conversaciones del podcast transmiten mucha verdad y, en mi caso, me motivan a seguir mejorando algunos aspectos vitales en los que todavía estoy trabajando.

Es importante tener claro que no todos afrontamos igual la misma cuestión ni tenemos acceso a los mismos medios. Lo que nos sirve a unos puede no ser útil para otros, aunque el problema sea el mismo, pero es cierto que hay aspectos comunes ampliamente estudiados por la ciencia, como los beneficios del ejercicio físico, que todos podemos utilizar. Cuando yo empecé a correr descubrí que eso me hacía inmensamente feliz de una forma inexplicable. Realmente fue un arrebato, porque yo venía de unos hábitos bastante caseros y sedentarios en general, pero me arriesgué a probar y encontré en salir a correr una de las motivaciones más fuertes para reordenar mi vida. A mucha otra gente le habrá servido el yoga, el ciclismo o la natación; la herramienta es distinta pero el resultado es parecido. 

En ese sentido, creo que es bueno conocerse y ser sincero con uno mismo, hacer un pequeño esfuerzo por vernos desde fuera y preguntarnos si somos como queremos ser o sólo nos estamos dejando llevar. Podemos aprender mucho de los demás y descubrir formas diferentes de hacer lo mismo, incorporar actividades nuevas a nuestras rutinas o retomar aquéllas que hace tiempo que no practicamos y que nos gustaban. Puede que llevemos 10 años haciendo algo del mismo modo pero nos demos cuenta de que ya no nos sirve. El miedo a tomar decisiones y a cambiar algo es a veces muy paralizante, pero ya solo pedir ayuda para afrontar cualquier situación nos hará sentirnos mejor. Reconocer que nos sentimos mal y no podemos o no sabemos manejarlo supone más un éxito que un fracaso y muchos pasos pequeñitos conforman al final un gran salto.

En "Por si las voces vuelven" podéis escuchar las experiencias sobre salud mental de gente como Mercedes Milá, Dani Martín, Carolina Iglesias o James Rhodes, por nombrar algunos de los más populares. A mí esta escucha me ha aportado además el descubrimiento de la música de varios artistas, como por ejemplo Bely Basarte, que también es protagonista de uno de los capítulos del podcast y con la que hoy quiero ilustrar esta entrada. 

Bely Basarte empezó su carrera con apenas 20 años haciendo covers en su canal de YouTube. En 2014 ganó el premio del público en el Festimad y un año después publicó su primer disco en plataformas digitales. Su preciosa voz y sus composiciones le han llevado a tener en la actualidad más de medio millón de suscriptores en su canal de vídeos y una importante repercusión en el panorama musical español. 

Y como llevo varios días escuchando en bucle esta canción, "Malditas ganas", en la que colabora con el rapero Rayden, he decidido que sea la música del blog en las próximas semanas.

miércoles, 27 de octubre de 2021

En terapia

Reaching out for love, by kjherstin (DeviantArt)

Hace unas semanas escribí un post sobre la importancia de la salud mental. He reflexionado bastante sobre ese asunto en estos últimos meses, no tanto por la situación creada por el Covid19 sino por muchos otros temas personales que me han afectado a lo largo de mi vida. Hoy me gustaría compartir con vosotros algunas de esas reflexiones. 

Llevo en terapia casi dos años y es lo mejor que he hecho en mi vida. En mi caso no es nada grave, pero llegó un momento en el que ya me costaba manejar determinadas situaciones que se estaban dando en mi entorno familiar y, sobre todo, laboral. Como mi problema no tenía nada que ver con las limitaciones de la pandemia, a mí el confinamiento me ayudó muchísimo a sobrellevar otras cuestiones. Soy una muchacha introvertida que suele disfrutar de la soledad y los pequeños círculos, qué le vamos a hacer, así que para mí el hecho de socializar menos y no ver a gente diariamente fue como una bocanada de aire fresco en el enrarecido ambiente en el que me desenvolvía. A pesar de haberlo vivido así, puedo entender perfectamente que para muchas otras personas el confinamiento o las restricciones de contacto fueran todo lo contrario y supusieran un verdadero sufrimiento.

El incremento de los problemas mentales o, simplemente el desasosiego asociado a una situación desconocida y no deseada, como fue todo lo derivado de la pandemia de Covid19, ha provocado en los últimos meses el auge de la preocupación por el equilibrio y la salud emocional. Los humanos no estamos programados para continuar sin más cuando algo nos bloquea, por lo que debemos readaptarnos, recalibrar nuestras capacidades y reacciones. Como no todos disponemos de las mismas herramientas se hace inevitable que muchos necesitemos ayuda para realizar algunos de esos ajustes personales. La catástrofe que está ocasionando el volcán en la isla de La Palma es otro ejemplo de la necesidad de esta ayuda psicológica, puesto que las personas que están perdiendo su vivienda y sus recuerdos van a precisar de mucho apoyo para recuperar la normalidad en sus vidas.

Algunas personas cercanas han sufrido a lo largo de su vida momentos complicados: depresión, ansiedad, TCA (Trastornos de la Conducta Alimentaria), TEA (Trastornos del Espectro Autista), estrés, etc. Yo también he tenido mis achaques emocionales y no es la primera vez que busco ayuda psicológica para solucionar algún conflicto interno. Hace años una depresión leve que no se trató adecuadamente desembocó en problemas de ansiedad social y múltiples TOCs, con los que he convivido durante mucho tiempo. En los últimos años también he vivido muchas situaciones estresantes relacionadas con el entorno laboral. Esto me ha causado más de un disgusto, pero he conseguido sobrellevarlo gracias en parte a mi resiliencia, esa palabra que está tan de moda ahora mismo, pero sobre todo gracias a mi psicóloga, que me ayudó a tomar distancia y a manejarme en situaciones de continua tensión que no podía evitar. 

Lamentablemente, la precariedad laboral y las malas condiciones económicas van inexorablemente ligadas a muchos de los problemas que tenemos hoy los (no tan) jóvenes para gestionar nuestra existencia. Abandonar un trabajo fijo que te produce un terrible daño psíquico sin tener otra opción laboral es una decisión que a veces es imposible de tomar haciendo números y mirando hacia las obligaciones de gasto mensual, por lo que tendemos a aguantar hasta cotas casi insostenibles para nuestra salud mental.

Los Colores Olvidados

A pesar de tener una sanidad pública excepcional, nuestro sistema sanitario adolece de falta de personal y recursos. Los profesionales hacen todo lo posible por mejorar la vida de sus pacientes, pero una terapia de 30-40 minutos cada mes y medio o dos meses es a todas luces insuficiente para tratar a una persona desorientada y confusa que no puede manejar la situación que le causa angustia o sufrimiento. Algunos de ellos ni siquiera son conscientes de lo mucho que les está afectando lo que les ocurre, por lo que requieren más atención si cabe y no es posible obtenerla con esa estructura de atención sanitaria que en muchas comunidades están abandonando a su suerte al mismo tiempo que se fomenta la asistencia privada. La medicación sin un apoyo terapéutico puede funcionar pero la mayoría de casos necesitarán también terapia para salir de su bucle de dificultades. Una consulta psicológica privada oscila entre los 40-80 euros por sesión y, dependiendo de la gravedad de cada caso, se puede necesitar una periodicidad quincenal o incluso semanal. No todos los presupuestos familiares pueden hacer frente a estos gastos extra y la brecha social se hace inevitablemente más patente.

Aunque en mi caso concreto no ha sido nunca necesaria una valoración psiquiátrica, en otros casos que conozco sí ha sido imprescindible un seguimiento médico de dolencias más graves. No debe ser ningún estigma ni vergüenza tener que medicarnos para controlar determinados síntomas, igual que no lo es ponernos una escayola en un miembro con un hueso roto o tomarnos un ibuprofeno si nos duele la cabeza. Eso sí, que España esté en el top ten mundial de consumo de antidepresivos y ansiolíticos quizás nos indica que hay un problema social de base al que no se está atendiendo adecuadamente.

Por desgracia, la salud mental continúa siendo un tabú en muchos ámbitos. Una baja laboral por depresión no se valora igual que otra por un golpe físico, por ejemplo. Las heridas mentales no se ven la mayoría de las veces a simple vista y, como todos sabemos desde siempre, lo que no se ve, no existe. En otras ocasiones, no es viable tomarse ese tiempo de baja para recuperarse, bien debido a motivos económicos o a presiones laborales.

Dicho todo esto, desde este humilde espacio sólo quiero seguir visibilizando lo que no se ve, porque muchas de esas dolencias invisibles pueden ser plenamente recuperables sólo dedicando un poquito más de atención y esfuerzo desde las instituciones, identificando qué las provoca, diagnosticando de forma precoz, modificando entornos y corrigiendo conductas. Luego podemos seguir hablando de recursos económicos, absolutamente imprescindibles para ofrecer una correcta atención, y de contextos sociales, porque definitivamente no todos tenemos las mismas oportunidades en la vida. Aun así, en algunas ocasiones la empatía, la comprensión y la solidaridad pueden hacer mucho más de lo que imaginamos para dar la vuelta a una situación negativa.

No soy psicóloga ni sanitaria y quiero dejar claro que aquí sólo hablo de mis experiencias personales y de lo que me afecta. No tengo ni idea de por qué funcionan algunas estrategias y otras no o por qué funcionan en unas personas y no en otras, pero lo que sí sé es que a todos nos paraliza el miedo en algún momento. A veces podremos salir adelante casi sin despeinarnos, elegir el camino que más nos convenga y ejecutar las tareas obvias para mejorar nuestra situación, pero otras veces no lo tendremos tan claro y se nos hará un mundo tomar una sola decisión. Si notamos que no nos sentimos bien pero no somos capaces de dar el paso para sentirnos mejor, quizás sólo necesitemos la fuerza suficiente para pedir ayuda profesional. Aprendamos a cuidarnos, a invertir en nosotros mismos y a querernos más, porque merece mucho la pena sentir que todo encaja.

Tetris

jueves, 3 de junio de 2021

La importancia de la salud mental

En los últimos días el tema de la salud mental está saliendo del ocultismo al que nos tenía acostumbrados. La pandemia, las consecuencias de los confinamientos, los cambios laborales, las obligadas modificaciones en las relaciones sociales y otras cuestiones nos han hecho meditar largo y tendido sobre lo que ocurre a veces en nuestra cabecita y nuestro comportamiento al respecto.

Por desgracia, todavía hay mucha gente que no entiende el proceso de una enfermedad mental, las limitaciones que puede suponer sufrir un trastorno de estas características, el fantasma de la ansiedad o la depresión. Lo primero (y casi único) que hay que entender es que no todos somos iguales y no todos vamos a reaccionar o comportarnos igual ante la misma situación. La mayoría de la gente no está mal porque quiera estarlo, sino porque no lo puede controlar. Una vez entendido eso, podremos empatizar muchísimo más con nuestros semejantes y, por lo tanto, comprender que no todos somos capaces de todo y que querer no siempre es poder, por muy positivos que seamos. Esto también nos ayudará a ser más indulgentes con nosotros mismos, dejando de maltratarnos por no poder cumplir las expectativas de los demás o lo que creemos que esperan de nosotros.

En este sentido, estos días el ex entrenador del tenista Rafa Nadal, su tío Toni Nadal, publicó una columna de opinión en el periódico El País comentando la retirada de la japonesa Naomi Osaka del torneo de Roland Garros. La tenista había anunciado que no interactuaría con los medios de comunicación en las ruedas de prensa obligatorias del torneo, ya que las preguntas que le formulaban eran repetitivas, le hacían dudar de sus capacidades y la situación le producía mucha ansiedad. La jugadora de 23 años, que ha manifestado arrastrar una depresión desde hace tiempo, no se presentó al primer encuentro con los periodistas y decidió retirarse de la competición francesa tras ser sancionada por la organización por incumplimiento de contrato. En su artículo Toni Nadal dudaba de que los problemas de Osaka le impidieran cumplir con sus obligaciones con la prensa y criticaba su actitud, minimizando las dolencias que pudiera sufrir la tenista.

Aparte de una falta de empatía notable, Toni Nadal peca también de ignorancia sobre la evolución de un problema mental. Aunque está ejerciendo su libertad para opinar sobre lo que quiera, cuando eres un personaje público relevante y tus declaraciones tienen cierta repercusión es importante valorar las consecuencias de lo que vas a decir. ¿Qué ocurriría si su antiguo pupilo decidiera retirarse del torneo por un esguince, por ejemplo? ¿Alguien cuestionaría su incapacidad para afrontar la competición aún sufriendo dolores o riesgo de empeorar la lesión? Pues eso es lo que ha hecho él con Naomi Osaka, juzgar que su actitud no era la correcta, que debería haber continuado en el torneo afrontando las ruedas de prensa que le causaban ansiedad, estrés y dolor porque son su trabajo como deportista de élite. 

En otro párrafo de la columna señala que si Osaka hubiera avisado con antelación a la organización sobre sus padecimientos, todos habrían sido más comprensivos. Como si todos supiéramos en qué momento exacto nos va a incapacitar un episodio de ansiedad o estrés, ¿verdad? Despreciar el dolor ajeno de esta forma no suele generar muy buenas vibraciones así que multitud de voces se han alzado defendiendo a la tenista nipona, alabando su valentía por dar visibilidad a la salud mental al desvelar sus problemas y deseándole una pronta recuperación.

Naomi Osaka

Es muy difícil reconocer en público que necesitas ayuda. Lo normal es que disimules, consciente o inconscientemente, que estás sufriendo y cumplas como puedas con las tareas laborales o sociales que tengas que realizar, que te impongas la "normalidad". Nosotras mismas nos ponemos siempre en último lugar para no mostrar debilidad, incapacidad o sufrimiento, de ahí las dificultades para diagnosticar a tiempo determinadas dolencias o recurrir al apoyo profesional. El "traumatólogo" de la salud mental sigue siendo una figura difusa y malinterpretada que en muchas ocasiones ni siquiera es considerado como profesional sanitario. Muchas personas, sobre todo ya con cierta edad, siguen pensando en el estigma de la locura al acudir a un psicólogo o un psiquiatra y se pierden cosas maravillosas de la vida por no saber o poder afrontarlas con garantías. 

En otros casos son los directivos de las empresas los que no comprenden que sus empleados tengan que dejar de trabajar por problemas psicológicos, muchas veces causados incluso por el propio entorno laboral. Situaciones de estrés o acoso mantenidas en el tiempo acaban rompiendo el equilibrio de algunos trabajadores que posiblemente también luchen con otras situaciones desfavorables en el ámbito personal o familiar. La necesidad económica hace que en más ocasiones de las razonables deban continuar desempeñando sus tareas profesionales sin atender como se merece a su salud mental. 

Para completar este caldo de cultivo para los trastornos emocionales, la sanidad pública española ofrece unas posibilidadades muy limitadas de diagnóstico y seguimiento de los pacientes, con una ratio de psicólogos de 6 por cada 100.000 habitantes cuando la media europea se sitúa en unos 18. Igual que es muy difícil curar un cáncer con una sesión de quimio cada 3 meses, tampoco puedes mejorar el pronóstico de una enfermedad mental con esa periodicidad en la terapia.

Este post sólo pretende ser una pequeña llamada de atención, como otras muchas que están surgiendo, sobre la salud mental y sus consecuencias a corto plazo. Si no ponemos ya el foco sobre este asunto nos encontraremos en muy poco tiempo con una población abandonada a su suerte que no podrá trabajar ni desarrollar una vida satisfactoria debido a su sufrimiento, incrementándose las situaciones de violencia y desamparo por falta de diagnósticos precoces y el número de suicidios. Cada día se quitan la vida en España 10 personas que ya no ven otra salida para paliar su dolor, personas que con un tratamiento y una terapia adecuados quizás podrían recuperar su camino para volver a disfrutar de la vida.

martes, 31 de enero de 2012

Mi primera carrera

El pasado domingo corrí mi primera carrera oficial. Aunque se trataba de la IV Carrera Solidaria de la Mujer, un evento no competitivo y con un carácter marcadamente lúdico, me apetecía mucho participar. Los fondos de la inscripción iban destinados a la investigación sobre el cáncer de mama, razón de más para colaborar y completar los 3 km. del recorrido urbano por las calles de San Cristóbal de La Laguna.

Estaba bastante nerviosa porque nunca había participado en una carrera de estas características y la gran cantidad de gente que había por todas partes me agobiaba un poco. La salida fue lo peor, avanzando todo el mundo a trompicones y esquivando a otras participantes para poder hacerme con un poco de espacio. Me obligaron a ir a un ritmo más rápido de lo que yo quería y menos mal que no llevé el pulsómetro y no pude comprobar que mis pulsaciones seguramente estarían por las nubes. Tardé unos cuantos minutos en normalizar mi zancada, pero finalmente me hice con un hueco en medio de la marabunta de corredoras rosas.

Hice los 3 km. del recorrido en aproximadamente 15 minutos, llegando más o menos en el medio del pelotón. Aunque no fuera una carrera competitiva para mí era importante mi marca, puesto que mis referencias de carreras anteriores eran inexistentes y mis entrenamientos sobre esa distancia nunca habían bajado de los 20 minutos.

Dentro de la parte negativa, señalar el pequeño retraso de media hora en las carreras, tanto masculina como femenina, y una ligera desorganización con los dorsales y las camisetas. El mío tenía un 2 escrito a rotulador sobre el 1 anterior, puesto que el número de participantes parece ser que había superado con creces al estimado en un principio. Por ese mismo motivo no pude obtener tampoco una camiseta, aunque siendo rosa tenía altas probabilidades de ser usada sólo ese día y luego morirse de asco en mi armario.

A pesar de todo, la experiencia fue bastante positiva y quizás repita próximamente en alguna otra carrera cuya distancia esté a mi alcance.

*** La primera foto la cogí de la web de uno de los organizadores, el C.E.A. Tenerife Cajacanarias 1984. La segunda está tomada después de terminar la carrera, cortesía de Exseminarista ye-ye.

viernes, 21 de octubre de 2011

Super Size Me

Este documental dio mucho que hablar cuando se estrenó en 2004, sobre todo porque significaba una crítica abierta hacia los restaurantes de comida rápida y, especialmente, hacia el gigante McDonald’s. El cineasta Morgan Spurlock se proponía desayunar, comer y cenar exclusivamente en ese establecimiento durante 30 días consecutivos, con la intención de ver cómo reaccionaba su cuerpo tras el experimento.

Spurlock gestó este proyecto tras comprobar el alto índice de obesidad que sufre la población estadounidense en los últimos años. La mala alimentación, la falta de ejercicio y otros hábitos poco saludables son los principales causantes de esta epidemia que también afecta de modo similar a la mayoría de los países de Europa, y además a edades cada vez más tempranas. Según datos de 2010 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren más de 2 millones y medio de personas por problemas derivados directamente del exceso de peso. Más de 40 millones de niños menores de 5 años padecen ya sobrepeso y tienen muchas posibilidades de desarrollar enfermedades relacionadas de cerca con la obesidad como la diabetes o trastornos cardiovasculares.

El realizador de “Super Size Me” se sometió a un chequeo previo al inicio del documental, para comprobar que su salud era correcta, y un grupo de médicos especialistas siguieron su evolución durante los treinta días de rodaje. Los resultados del experimento alimenticio fueron, en teoría, concluyentes: casi 12 kg. de aumento de peso en un mes, parámetros de colesterol y triglicéridos muy por encima de lo recomendable, consecuencias físicas imprevistas como disfunciones sexuales o anomalías cardíacas y hepáticas que, según sus médicos, ponían su vida en riesgo. Aún así, Spurlock finalizó el documental comiendo nueve veces la ración “super size” (gigante), sólo disponible en Estados Unidos y que un par de meses después del estreno de la película fue retirada de todos los McDonald’s. La empresa señaló que la decisión no había tenido nada que ver con la emisión de “Super Size Me”.

Como documental, “Super Size Me” está bien hecho y es entretenido, con momentos incluso divertidos, pero su valor científico o de denuncia para mí es bastante más limitado. Es obvio que si todos comemos más de lo que debemos durante un mes, sin hacer prácticamente nada de ejercicio físico, nuestro cuerpo se resentirá y posiblemente nuestro peso aumente considerablemente. Lo que intenta demostrar Spurlock en su cinta tiene, en definitiva, un fondo muy poco objetivo.

Partimos de la base de que todo en exceso es malo. Si alguien rodara un documental similar comiendo durante 30 días, por poner un ejemplo, sólo pizza, los efectos negativos sobre el cuerpo humano posiblemente serían similares. Lo mismo ocurriría si se comieran sólo ibéricos, por muy sanos que sean (y buenos que estén) o sólo legumbres. Teniendo eso claro, “Super size me” es un producto claramente tendencioso que, sin embargo, sí que cumple su función de llamar la atención sobre un tema cada vez más preocupante en nuestra sociedad.

Tras el gran éxito de “Super size me”, que fue nominada a un Oscar como mejor largometraje documental, Morgan Spurlock produjo entre 2005 y 2008 una serie para televisión denominada “30 Days”, en la que repetía el formato con distintos temas y situaciones. Es más o menos lo mismo que se vino a hacer en España con el programa de Cuatro “21 Días”, que protagonizaba en sus inicios Samanta Villar y posteriormente Adela Úcar.

Hace ya unos años dediqué una entrada a un tema similar al de este documental, a raíz de una noticia que informaba sobre una nueva normativa de etiquetado de calorías en los productos. He visto que incluso Sese nombraba esta misma película en los comentarios de aquella entrada, así que a lo mejor a alguien le apetece echarle un vistazo y recordar las reflexiones de entonces.

Puntuación: 6 sobre 10.

domingo, 14 de agosto de 2011

Smoke Free 8.0

Un año más conmemoro una fecha importante: hoy se cumplen 8 años desde que dejé de fumar! No os voy a decir nada nuevo sobre el tema, salvo que tengo bastante claro que la cifra va a seguir aumentando y estoy encantada con ello. Y eso que mi balanza personal todavía se inclina hacia el lado fumador! (diez años fumando frente a ocho sin hacerlo).

Como no soy nadie para decir lo que debéis o no debéis hacer, solamente dejo constancia de que es posible dejar de fumar si se quiere. Es importante tenerlo muy claro, elegir uno mismo el momento y decidir alejar los malos humos con todas las consecuencias que eso conlleva. No es fácil, pero tampoco imposible. Y aunque al principio parezca que no, a la larga todo son ventajas, os lo aseguro.

Un año más pongo los datos que registra mi SilkQuit, y con ello me vuelvo a preguntar dónde demonios habré metido los 5.800 euros que me he ahorrado en tabaco durante estos ocho años.

Eight years, 2 minutes and 10 seconds.

58.440 cigarettes not smoked, saving 5.844,00 €.

Life saved: 28 weeks, 6 days, 22 hours, 0 minutes.

viernes, 11 de febrero de 2011

Running Time (I)

Ha llegado el momento de dedicar una entrada (o varias) a algo que me ha hecho enormemente feliz en los últimos meses, aunque muchos considerarán que exagero. Se trata de correr. Hace poco dediqué una reseña al libro de Haruki Murakami “De qué hablo cuando hablo de correr”, que me encantó. Ahora me toca hacer mía su frase y explicar por qué ha sido para mí toda una revelación esto de correr.

Como muchos de vosotros sabéis, tengo un problema de hipercolesterolemia que me obliga a hacer ejercicio regularmente. Bueno, realmente no es una obligación pero sí una recomendación si quiero vivir muchos años sin sufrir aterosclerosis y otras complicaciones. Como mi dolencia tiene carácter hereditario, no hay ninguna manera de erradicarla, aunque sí de controlarla mediante la dieta, el ejercicio, los buenos hábitos y, en último caso, la medicación. Yo estuve medicándome para bajar el colesterol y los triglicéridos durante casi cinco años, hasta que un día pensé que era demasiado joven para maltratar mi hígado de ese modo con pastillas y preferí probar qué ocurría si cambiaba un par de cosas en mi vida sin recurrir a la química.

Los médicos son escépticos en estos casos: no apoyan el abandono de la medicación puesto que lo consideran una prevención más que un remedio, pero como la decisión por ahora es mía prefiero vivir con ese 1% más de riesgo cardiovascular que tengo en comparación con una persona totalmente sana. He de señalar que no fumo ni bebo desde hace varios años y sigo una dieta baja en grasas aunque no tan reducida en carbohidratos como debería, ciertamente, lo que en último caso afecta más a mis triglicéridos y a mi peso que a mi colesterol en sí.

Durante algo más de un año estuve yendo a un gimnasio, donde utilizaba la cinta andadora combinada con bicicleta estática tres veces por semana. El recorrido de la cinta lo hacía siempre caminando rápido y lo máximo que llegué a correr antes de asfixiarme fueron un par de minutos. Hace algo más de cuatro años me compré mi propia bici estática así que dejé el gimnasio y seguí mi entrenamiento en casa.

En estos últimos meses probé también varios tipos de aerobic, siguiendo vídeos y cursos de internet. Podéis pensar en esas películas en las que las mujeres entradas en años y con algunos kilos de más se enfundan en una malla, se colocan una cinta en el pelo y realizan torpemente los ejercicios que sugieren los vídeos de las famosas al ritmo de la música. Pues sí, algo así era yo.

El caso es que allá por el mes de junio del año pasado me dije que a lo mejor debería cambiar de ejercicio y probar eso que me decía todo el mundo: caminar. Hasta ese momento sólo pensar en “andar” por la calle sin objetivos claros me producía un aburrimiento profundo. Pero pensé que tampoco perdía nada por intentarlo y, si no me gustaba, no tenía por qué volver. Con mi índice de masa corporal rozando el sobrepeso leve (mi IMC estaba entre 25 y 26), me calcé mis viejos tenis, cargué mi mp3 con la música más motivadora que encontré y me lancé a la calle a caminar a buen paso durante algo más de 45 minutos.

Sorprendentemente, me encontré bien. Caminé a ritmo de marcha y sudé bastante, pero no me sentí cansada en exceso ni me aburrí. Al día siguiente sólo noté algo forzados los músculos de la zona de la pelvis y las caderas, así que decidí repetir, subiendo la intensidad y utilizando un contador para medir la distancia. El cuenta-pasos no fue demasiado fiable porque variaba los kilómetros de un día para otro realizando el mismo recorrido, pero sí me dio una primera orientación sobre mis posibilidades.

(continuará…)

sábado, 14 de agosto de 2010

Siete años

Como cada año, me gusta recordar la fecha en que dejé de fumar, hace ahora siete años. Quiero recordarla porque el tabaco me mantuvo como una esclava durante diez años y esas cosas no se pueden ni deben olvidar.

Me repito si digo aquí que una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida fue la de dejar de fumar. Elegí mi momento y me lancé a ello, consiguiéndolo en el primer intento. Y aquí sigo :) No quiero convencer a nadie porque a mí tampoco consiguieron convencerme. Cada uno debe sentir que ha llegado el momento de planteárselo y dar el paso, sin mirar atrás, sin dudas y sin condiciones. Si hay que dejarlo, se deja radicalmente y del todo. Para mí no vale reducir, tres cigarros, hoy uno porque lo necesito… No, no necesitamos el humo, somos más fuertes que esa necesidad y en cuanto nos demos cuenta lo veremos todo mucho más claro.

Y como cada año, no sé qué habré hecho con esos 5.000 y pico euros que me he ahorrado :P


Seven years, 1 minute and 43 seconds.
51.140 cigarettes not smoked, saving 5.114,00 €.
Life saved: 25 weeks, 2 days, 13 hours, 40 minutes.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Cinco raciones al día

Hoy voy a hacer una entrada reivindicativa, a favor de las frutas y las verduras. La iniciativa 5 al día promueve el consumo de, al menos, cinco raciones diarias de frutas y verduras, dentro de una alimentación equilibrada y como apoyo a una vida sana. Esta asociación sin ánimo de lucro está presente ya en más de 40 países y desarrolla diversas actividades para promocionar una dieta saludable basada principalmente en el consumo de frutas y hortalizas frescas.

Aunque hay algunos tipos de fruta o verdura que no son de mi agrado, como el aguacate o el pepino, hay otros que me apasionan, por lo que generalmente no me cuesta llegar a esas cinco raciones. Tengo la suerte también de que me encantan las
legumbres, tanto lentejas como garbanzos y todo tipo de alubias (blancas, pintas, negras… no hago distinción, me gustan todas!), así que suelo comerlas a menudo.

El caso es que el otro día pasé por una frutería china y, aparte de ver productos que desconocía totalmente (la
carambola fue el que más me llamó la atención), me traje a casa todo lo que podéis ver en la foto por sólo 2,68 €. Se trata de una lechuga, dos tomates, dos zanahorias, un calabacín, un puerro, dos manzanas, una pera y cuatro kiwis. Con ese dinero tengo solucionada la base para tres o cuatro comidas y, aunque mi intención no es dar consejos ni culinarios ni económicos, quería comentaros mi manera de aprovechar estos dos euros y medio al máximo.

La lechuga y los tomates me dan para preparar dos ensaladas básicas, añadiéndole un poco de atún y unas tiras de remolacha, por ejemplo. Normalmente le añado una manzana troceada, piña y la preparo como plato único, pero una ensalada básica de lechuga, tomate y cebolla también puede acompañar perfectamente a una pechuga de pollo o un pescado a la plancha. Con el calabacín, el puerro y las zanahorias (añadiéndole quizás una patata y unos cuantos guisantes congelados o unas espinacas) prepararé una crema de verduras que me servirá de entrante o cena durante al menos dos días, y el agua de la cocción de esas verduras la congelaré para hacer una sopa de pasta en alguna otra ocasión.

La fruta que compré será mi postre durante los próximos días, y la manzana troceada y mezclada con yogur natural y sésamo constituye incluso una de mis cenas ligeras más habituales. Sé que hay mucha gente que no consume fruta por pereza, por tener que pelarla o por no ensuciarse las manos. Para ello la mejor solución es lavar, pelar (si es necesario) y trocear la fruta en un cuenco antes de comer, y así tenerla lista para cuando terminemos el plato principal. Si se oxida rápido podemos ponerle unas gotitas de limón. Preparar
macedonias y guardarlas en un tupper en la nevera también es una opción buena para los perezosos (como yo, para qué negarlo).

viernes, 23 de octubre de 2009

El síndrome de Munchausen

Acaba de estrenarse en nuestro país la nueva ida de bola (perdón… la nueva película) de Terry Gilliam, “El imaginario del doctor Parnassus”. Aunque parece que las críticas son por ahora favorables, Gilliam suele ser un director bastante incomprendido en su manera de hacer cine. Su nueva obra me ha hecho recordar a “Las aventuras del Barón Munchausen”, una película suya de 1988 que tiene bastantes similitudes con esta última realización y que se enmarca también dentro del cine fantástico y de aventuras.

Pero no quería hablar de la película en sí, sino de una enfermedad que desconocía hasta hace poco y que la película me ha hecho recordar. Se trata del
Síndrome de Munchausen, que como su propio nombre indica debe su denominación a este famoso barón alemán que vivió en el s.XVIII y se inventaba historias fantásticas sobre sus viajes. A veces escrito como Münchhausen, del original alemán, esta enfermedad psiquiátrica consiste en fingir otras enfermedades o incluso provocarlas mediante la ingesta de medicamentos, con el objetivo de llamar la atención.

El término de Munchausen aplicado a esta enfermedad fue usado por primera vez en 1951 para hacer referencia a varios adultos que se inventaban síntomas y dolencias para ser tratados y recibir atención constante del personal médico. Al no saber qué era lo que tenían, los afectados eran incluidos en el grupo de “enfermedades raras”, con la consiguiente notoriedad que ello conllevaba. Más allá de la pura
hipocondría, los enfermos de Munchausen son capaces de alterar el resultado de sus pruebas, cambiar las muestras por las de otros pacientes o provocarse ellos mismos lesiones de consideración con el único objetivo de ser tratados como enfermos.

Quizás la variedad más conocida de este mal es la que se denomina
Síndrome de Munchausen por poderes, en la que una madre o responsable adulto está al cuidado de un menor que siempre está enfermo. Los síntomas del niño no suelen encajar en los de ninguna enfermedad conocida y muchas veces aparecen sustancias químicas extrañas o inapropiadas en los análisis. El pediatra británico Roy Meadow fue el primero en identificar estos síntomas en 1977 en el caso de dos mujeres, una que había envenenado a su hijo con enormes cantidades de sal y otra que había añadido su propia sangre a la muestra de orina de su bebé.

En todas estas situaciones las madres (más del 90% de los afectados por este mal son mujeres) pueden envenenar a sus hijos o alterar sus pruebas, pero se muestran siempre preocupadas, dispuestas a que los médicos les realicen todos los exámenes necesarios a los niños y a dedicar todo su tiempo a atenderlos y cuidarlos. Esta actitud dificulta el diagnóstico del Munchausen por poderes, del que no se sabe cuántas personas pueden sufrirlo en el mundo. En algunos hospitales se ha llegado incluso a instalar cámaras en las habitaciones de los casos sospechosos para poder diagnosticar este síndrome con efectividad, ya que muchos especialistas son escépticos a la hora de reconocer este trastorno. Los niños corren serio peligro si sus progenitores sufren esta enfermedad mental, que está considerada además como una forma grave de maltrato infantil.

Si os interesa el tema, podéis visitar los enlaces de la entrada a los artículos de la Wikipedia.

viernes, 14 de agosto de 2009

Seis años sin fumar

Parece que fue ayer pero hoy se cumplen ya seis años desde que dejé de fumar. Es increíble que todavía me considere vulnerable, aunque no he recaído nunca en ese vicio hasta ahora y me he mantenido firme en mi convicción de que mi vida sin tabaco es infinitamente mejor.

Como siempre digo, cada uno es libre de fumar o no fumar y, sobre todo, de decidir cuándo dejarlo. Porque sí, creedme, tarde o temprano lo dejaréis. Es una evolución natural: la sociedad oprime cada vez más, los años pasan y el dinero se lo fuma uno, esas pequeñas molestias en forma de tos, cansancio, mal aliento o piel amarillenta se harán cada vez más desagradables y las cosas que nos va ofreciendo la vida nos harán desembocar en el momento exacto en el que tomaremos la decisión. Tendrá que ser ése momento y no otro, ése en el que de repente nos veamos con fuerza para hacerlo y nos sintamos más cerca de aquellos que desean que lo dejemos. Pero no lo haremos por nadie, sino por nosotros mismos.

Yo no quería dejar de fumar pero llegó mi momento y lo hice. Lo dejé muy convencida y sigo convencida de que fue la mejor decisión. Pero no me engaño: el hábito me gustaba, fumar era agradable y físicamente noté más achaques cuando lo dejé que mientras fumaba, pero no cambiaría mi vida actual de ex-fumadora por nada del mundo. He pasado malos momentos y no he recurrido al tabaco, lo que para mí es un motivo de orgullo.

Si quieres dejar de fumar, hay muchas formas de hacerlo, sólo tienes que encontrar aquella con la que te sientas más capaz de afrontarlo. Hay varios libros que dicen que funcionan, como el famoso “Es fácil dejar de fumar si sabes como” e incluso un juego para la NintendoDS,
“Mi experto en vida sana: Dejar de fumar”. Yo no tuve que utilizar ningún método especial pero me encerré en casa unos cuantos días, sin dinero para evitar la tentación de bajar a comprar tabaco y, eso sí, atrincherada con un par de kilos de caramelos Solano sin azúcar y muchas botellas de agua. Y funcionó!

Six years, 3 hours, 52 minutes and 18 seconds.
43843 cigarettes not smoked, saving 4.384,32 €.
Life saved: 21 weeks, 5 days, 5 hours, 35 minutes.

jueves, 14 de agosto de 2008

5 años

Pues hoy hace ya cinco años que dejé de fumar. En ningún momento he recaído, a pesar de los episodios de flaqueza, y jamás me he arrepentido de tomar esa decisión. Soy consciente de que seré siempre una ex-fumadora y que la lucha continuará el resto de mi vida, pero estoy orgullosa de cada año que paso sin tocar un cigarro.

Hoy por hoy no tengo ningunas ganas de volver a fumar y, aunque no puedo decir que a veces no lo eche de menos, mi decisión es firme y nunca se me ha ocurrido ni siquiera acercar un cigarrillo a mis manos en todo este tiempo. Cabezona que es una. Adoro que mi casa huela bien, que mi ropa y mis manos huelan bien y que mis besos sepan bien :P

Si alguno de vosotros cree que ha llegado su momento para abandonar el hábito, acudid sin dudarlo a cualquier centro o persona que pueda ayudaros. Es bueno cambiar costumbres e incluso evitar compañías fumadoras durante al menos las primeras semanas, cuando las posibilidades de recaer son más altas. Que no os preocupe recurrir a chicles o caramelos en los primeros días, o engordar un par de kilos por la ansiedad, porque la situación se normalizará en cuanto la nicotina abandone definitivamente vuestro cerebro.

A partir de los tres años sin fumar ya somos considerados ex-fumadores de bajo riesgo, es decir, con pocas posibilidades de retomar esa insana costumbre, pero hasta que llega ese momento se pasa bastante mal y toda ayuda es poca. Lo más importante es estar convencidos de que deseamos hacerlo y entonces sí que merecerá la pena el esfuerzo. Porque no nos engañemos, dejar de fumar cuesta un huevo (sin perdón), pero al final siempre compensa y nos da un subidón de ego considerable.

Five years, 3 minutes and 31 seconds.
36540 cigarettes not smoked, saving 3.654,00 €.
Life saved: 18 weeks, 21 hours, 0 minutes.

P.D.: Sigo sin saber a dónde coño habrán ido esos 3.600 euros que me he ahorrado en estos años...

sábado, 28 de junio de 2008

El síndrome de Tourette

Muchas veces hemos visto a niños hiperactivos, con extraños tics, movimientos de brazos involuntarios, patadas, guiños de ojos o muecas, repitiendo sin cesar palabrotas, chillando o tocándose obsesivamente alguna parte del cuerpo. La mayoría de las veces pensamos que ese comportamiento se debe a la mala educación que los padres están dando a ese niño o a un problema de desatención. Pues bien, cada vez más se plantea como posible explicación a esa actitud el padecimiento de una patología neurológica bastante desconocida: el síndrome de Tourette.

Esta enfermedad, que lleva el nombre del neurólogo francés
Georges Gilles de la Tourette, muestra sus primeros síntomas en la infancia, síntomas que se traducen en tics motores y vocales crónicos, de difícil control para los que los sufren. Aunque su causa es desconocida, se sabe que los que padecen este síndrome presentan anormalidades en determinadas zonas del cerebro, en los niveles de dopamina, serotonina y otras sustancias neurotransmisoras que ayudan a la comunicación de las células nerviosas.

Mi desconocimiento sobre este desorden neurológico era absoluto hasta hace unos días, cuando vi el documental
“I have tourette’s but tourette’s doesn’t have me” (“Tengo tourette pero tourette no me tiene a mí”) acerca de esta alteración, contada desde el punto de vista de varios niños americanos que la padecen. Para ellos lo más importante es no sentirse observados ni diferentes, que sus compañeros y profesores comprendan en qué consiste la enfermedad y que sepan cómo actuar con ellos sin menospreciarlos, regañarles o mofarse.

Aunque pueden sacar de quicio al más tranquilo con sus involuntarias muecas o sonidos, sus capacidades intelectuales son exactamente iguales a las de los demás e incluso en muchas ocasiones superiores. Esto se debe en gran parte a que dejan de tener los odiados tics cuando se concentran en algo, por lo que la mayoría de estos enfermos se sienten cómodos desarrollando actividades que requieran mucha atención, como tocar algún instrumento musical, dibujar o practicar un deporte. La historia cuenta que grandes artistas como el compositor Wolfgang Amadeus Mozart o el escritor Hans Christian Andersen padecían el síndrome de Tourette, interpretado en aquellas épocas como meras excentricidades.

Aunque se trata de un mal hereditario, lo bueno es que no es degenerativo y tiende a atenuarse o incluso desaparecer una vez pasada la adolescencia. El porcentaje de adultos con síndrome de Tourette es muy bajo en comparación con los niños que lo sufren, siendo además el sexo masculino más afectado por este trastorno que las chicas. Es muy difícil dar cifras concretas aunque se estima que en España padecen este desorden alrededor del 1% de la población adulta, alcanzando casi el 3% en el sector infantil.

Existen medicamentos para reducir la presencia de los tics nerviosos pero no hay ningún tratamiento que cure efectivamente la enfermedad. Los propios afectados pueden controlar a veces sus tics en situaciones concretas, pero eso les requiere un enorme esfuerzo y provoca posteriormente violentos ataques de “desfogue” de todos esos movimientos reprimidos. No es que no quieran controlar los tics; es que no pueden. Además de esos gestos involuntarios los “tourettes” suelen padecer también
Déficit de Atención con Hiperactividad y Trastornos Obsesivos Compulsivos (TOC).

La enfermedad en sí sólo tiene componentes psiquiátricos y neurológicos, a pesar de que muchos niños desarrollan también trastornos psicológicos debido a las burlas de sus compañeros o las recriminaciones a su conducta. Estos hechos pueden afectar al futuro comportamiento del adulto y requerir terapia, aunque por lo general el síndrome de Tourette va remitiendo en la segunda década de vida y en muchos casos permite a esas personas hacer una vida prácticamente normal, sin depender de medicación alguna.

Para orientar a los “tourettes” y a sus familiares existen en España varias asociaciones como la
Fundació Tourette, a través de la cual se difunde información sobre este trastorno. Hay que tener en cuenta la dificultad de adaptación social que sufren la mayoría de los que padecen este mal tan incómodo y desconocido, más aún siendo gran parte de sus afectados niños de entre 6 y 14 años. Aunque resulten graciosos y ellos mismos muchas veces se tomen con humor su problema, no dejan de ser víctimas de una enfermedad rara, hoy por hoy incurable, y socialmente muy poco comprendida y aceptada.