sábado, 30 de junio de 2018

Dublín (III): Segunda Parte: Powerscourt

Jardines de Powerscourt
Aunque la llovizna y la niebla no permitían que las vistas fueran todo lo espectaculares que prometía el entorno, nos dispusimos a disfrutar de los jardines de Powerscourt, segunda parada importante en nuestra excursión irlandesa. La entrada para adultos, en nuestro caso incluida en el precio de la excursión, cuesta 9,50 € de marzo a octubre y 7,00 € de noviembre a febrero.

Lago del Tritón; al fondo Powerscourt Mansion
Powerscourt Estate es un terreno de más de 400 hectáreas que incluye una enorme mansión, hoy reconvertida en espacio para tiendas de artesanía típica irlandesa y cafetería, un club de golf con dos campos de competición, un hotel de 5 estrellas, unos jardines catalogados como los terceros mejores del mundo y la cascada más alta de Irlanda, con 121 m. de caída de agua. La visita a la cascada tiene un coste adicional, por lo que nosotros nos conformamos con verla en la distancia y recorrer solamente los amplios jardines.

En el folleto que te entregan a la entrada con el plano de los jardines te van contando también la historia de la propiedad, sobre la que se alzaba un antiguo castillo normando en el s.XIII. Lord Powerscourt ordenó construir la mansión, de 68 habitaciones, en 1731 como símbolo de prosperidad familiar. En 1961 toda la extensión fue vendida a la familia Slazenger, dueños actuales de la misma. La casa sufrió un incendio en 1974 que destrozó por completo el interior y que sólo dejó en pie las imponentes fachadas. 
 
Pozo en Powerscourt
Como el interior no tiene gran cosa que mostrar, el plato fuerte de la visita son los jardines, que se dividen en varios tipos bien diferenciados. Como sólo teníamos algo más de una hora para la visita (esa es sin duda la peor parte de las excursiones programadas, que no puedes ver las cosas a tu ritmo y a mí eso me suele disgustar) enfilamos los senderos de Powerscourt desde nuestra izquierda, bajo la lluvia y siguiendo las agujas del reloj, sin prisa pero sin pausa. 

Pepperpot Tower, Powerscourt
Jardines de Powerscourt
Nuestras primeras paradas fueron un precioso pozo, que parecía sacado de un cuento de hadas irlandés, y la Torre Pepperpot, construida imitando a un molinillo de pimienta usado por la familia Powerscourt. La torre está rodeada por cañones defensivos, algunos de ellos, según datos históricos, procedentes de la Armada Invencible. Aquí y allá había multitud de flores, arbustos y árboles, perfectamente identificados y catalogados. Todo el entorno daba la sensación de estar cuidado con mucho mimo. 

Jardines Japoneses, Powerscourt
Jardines Japoneses, Powerscourt
Un poco más allá nos encontramos con una de las joyas de Powerscourt: los jardines japoneses. Fueron creados a principios del s.XX y en ellos se puede contemplar un puente tradicional de madera, una pagoda y otros motivos inspiracionales de filosofía oriental.
 
Jardines Japoneses, Powerscourt
Jardines Japoneses, Powerscourt
Cada especie floral y cada detalle decorativo o juego de agua recuerda a un jardín típico de China o Japón. El conjunto es realmente bonito y aquí pude constatar, una vez más, que Irlanda gusta a los objetivos a pesar de la lluvia y la baja visibilidad.

Pet Cemetery, Powerscourt
Muy cerca de los jardines japoneses está la parte inferior del Lago del Tritón, con una fuente central inspirada en la plaza Barberini de Roma. Un poco más allá, rodeado por un camino de rododendros, está el cementerio de mascotas, uno de los más grandes de Irlanda. En él, identificadas con sus nombres en las lápidas de piedra, están enterradas las mascotas de las familias que vivieron en Powerscourt durante siglos, sobre todo perros, caballos y vacas. 
 
Dolphin Pond, Jardines Vallados, Powerscourt
Jardines Vallados, Powerscourt
La visita continúa por los jardines vallados, con el Estanque del Delfín y el Julia's Memorial casi al final del paseo, adornado con multitud de flores y vegetación. Esta parte del jardín fue diseñada en honor a la viuda del séptimo vizconde de Powerscourt, por su hijo, con réplicas de los bustos de los maestros italianos del Vaticano: Miguel ángel, Leonardo Da Vinci, Rafael y Benvenuto Cellini.

Julia's Memorial, Powerscourt
Todo el centro de los jardines está ocupado por los jardines italianos, diseñados por el arquitecto Daniel Robertson en la década de 1840, conformados por una vasta extensión de césped, varios parterres de flores, estatuas y el enorme lago del Tritón, con su fuente central. El conjunto resulta esplendoroso, ciertamente.

Jardines Italianos, Powerscourt
Al terminar la visita a Powerscourt y tras una revisión rápida de las tiendas de souvenirs y artesanía de la mansión, nos dirigimos por fin (eran ya más de las tres de la tarde) hacia el lugar programado para el almuerzo, el pub irlandés Johnnie Fox's, uno de los más antiguos de Irlanda. Está situado en Glencullen, una pequeña localidad a una media hora de Dublín, y ofrece música en vivo a partir de las 21:00 h. todos los días de la semana.

Pub Johnnie Fox's
La excursión contratada incluía una comida en este pub con un menú compuesto por dos platos, bebida, postre y café, además de "soda bread" con mantequilla de entrante. Para el primer plato se podía elegir entre ensalada o sopa irlandesa (una especie de crema de verduras, que yo elegí) y para el segundo entre lasaña vegetariana o estofado irlandés (el típico "irish stew", que obviamente también preferí). El postre común era una tarta de chocolate al whiskey y como bebida se podía tomar una pinta de cerveza.  

Pondré las fotos de este almuerzo en un próximo post sobre la gastronomía típica irlandesa, pero he de decir que la comida fue bastante abundante y estuvo realmente rica y bien servida, dentro de lo turístico del local, ambientado al más puro estilo tradicional. De hecho, sentados en las mesas de la entrada y en la barra estaban los esperables paisanos irlandeses del pueblo, con sus pintas de cerveza en las manos y sus gorras. Todo muy irlandés, en efecto.

Interior pub Johnnie Fox's
Finalizado el almuerzo volvimos al autobús para emprender el camino de vuelta a la ciudad, con la lluvia que continuaba regando los verdes prados con insistencia. Esta excursión de Civitatis resulta en general bastante completa y agradable para ver un trocito de la Irlanda rural a apenas unos kilómetros de la capital. A las seis de la tarde ya estábamos de regreso en Dublín, con un ratito más para tomar algo por el centro. En nuestro caso el cuerpo dijo que la fiesta ya era suficiente y nos cogimos un tranvía directo a casa para darnos una ducha y comentar con nuestros anfitriones las bellezas irlandesas contempladas durante la jornada.

*** Haz click en las imágenes para ampliar.

*** (Continuará...)

sábado, 2 de junio de 2018

Dublín (III): Primera Parte: Glendalough

Glendalough, condado de Wicklow, Irlanda
Para nuestra estancia irlandesa nos habíamos planteado realizar alguna excursión fuera de Dublín. Nuestra primera opción fue viajar hasta los famosos e impresionantes Acantilados de Moher, en la costa oeste del país, pero desechamos esta idea al comprobar que el viaje en autobús sería demasiado largo para ir y volver en un solo día (casi 4 horas cada trayecto). Hacer noche en la ciudad de Galway se nos antojaba lo más adecuado en ese caso, pero de ese modo ya tendríamos que buscar transporte y alojamiento por nuestra cuenta, en lugar de adquirir una excursión completa de un día.

Como tampoco habíamos planificado el viaje para invertir tanto tiempo en desplazamientos, decidimos finalmente comprar desde España otra excursión que también prometía ser interesante, al cercano condado de Wicklow. En el viaje se incluía la visita al valle de Glendalough, los lagos de las montañas de Wicklow, la mansión de Powerscourt y un almuerzo en un pub irlandés clásico, por un precio total de 60 euros. En otro post comentaré con más detenimiento los detalles de estas excursiones, organizadas por la empresa Civitatis, que ofrece tours guiados en español en más de 70 países.

Glendalough
La excursión tenía tres puntos de recogida en hoteles destacados de Dublín, entre las 9:30 y las 9:45 h. de la mañana. El minibus llegó con algo de retraso, debido al tráfico para salir de la ciudad y a la lluvia de esas primeras horas. De todos modos, el trayecto inicial tampoco tenía mucho encanto, hasta que nos internamos en las carreteras secundarias rodeadas de verde que me recordaron inevitablemente a mi Galicia natal. La vegetación es muy similar y, de hecho, me sorprendió ver los campos irlandeses repletos de unas matas espinosas con flores amarillas que resultaron ser tojos, una especie invasora muy abundante tanto en Galicia como en Irlanda.

Autofoto con ruinas del Monasterio de Glendalough.
Tras algo más de una hora de viaje (mal tolerado por los propensos al mareo, he de decir), llegamos a nuestra primera parada: las ruinas del monasterio de Glendalough. En este enclave, creado por el monje San Kevin en el s.VI, se conservan todavía partes de los edificios originales, aunque muchos de ellos fueron reconstruidos con el paso de los siglos y, sobre todo, después de los asedios sufridos por parte de los vikingos y los británicos. Se mantienen en pie algunas de las iglesias, entre ellas la conocida como "St. Kevin's Kitchen", y la estructura exterior de otros edificios. Todo el conjunto está rodeado por el cementerio, con lápidas que van desde los inicios del asentamiento, la mayoría ilegibles, hasta algunas de hace apenas unos años.

Cementerio de Glendalough
Iglesia de St. Kevin's Kitchen, Glendalough
Pero uno de los símbolos principales de la ciudad monástica de Glendalough es la torre cilíndrica de unos 30 metros de altura, con la puerta de entrada en alto para dificultar la entrada a los posibles asaltantes. Este curioso detalle ya lo habíamos visto en la película de la que hablaba en una entrada anterior, "El secreto del Libro de Kells", que ilustra de manera muy precisa cómo podía ser la vida en estas pequeñas aldeas irlandesas en la época medieval. 

Round Tower en Glendalough
Los guías de Civitatis nos dejaron los típicos minutos para fotos entre explicación y explicación, añadiendo aquí y allá pequeñas anécdotas o detalles curiosos de la actividad en el monasterio. Lamentablemente, el tiempo no acompañaba demasiado y el verde irlandés no se puede apreciar demasiado bien en las fotos hechas por mi móvil. El objetivo sí captó con acierto el ambiente neblinoso y húmedo de la zona, aunque con un exceso de luz en muchas imágenes que habrían salido preciosas con un poquito de sol.
 
Lagos del Parque Nacional de las Montañas de Wicklow
Lagos de Glendalough
Más allá de las ruinas del monasterio nos adentramos en el Parque Nacional de las Montañas de Wicklow, haciendo un sendero circular de unos 3 km. que bordea los dos lagos de Glendalough (esta palabra significa exactamente "Valle de los dos lagos"). Allí encontramos mucha vegetación, aire puro y un paisaje muy agradable a pesar de la bruma y la lluvia, que nos acompañó de forma intermitente durante casi todo el día. El entorno está bastante cuidado y representa de forma acertada la esencia de esa Irlanda que casi todos los visitantes vamos buscando.

Terminada la ruta volvimos al autobús para dirigirnos hacia Powerscourt Estate, siguiente parada importante en nuestra excursión por el condado de Wicklow.

Lagos de Glendalough

*** Haz click en las imágenes para ampliar.

*** (Continuará...)

jueves, 17 de mayo de 2018

Dublín (II): Segunda Parte

"Demosthenes by the seashore" - Eugene Delacroix, National Gallery of Ireland
Después de visitar las zonas verdes más céntricas de Dublín nos dirigimos a la Galería Nacional de Irlanda, un museo pictórico y escultórico gratuito que expone unas 800 obras de su colección europea, bastante flojo en comparación con otros que ya visitamos en otros países. Tiene una selección de pinturas de finales del s.XIX y principios del s.XX, con algún cuadro destacado de Monet o Van Gogh y alguna escultura de Rodin. También ofrecía en aquel momento dos exposiciones de pago dedicadas a Caravaggio y Vermeer, a las que decidimos no entrar ya que suponían una colaboración con la National Gallery londinense que ya habíamos visitado un par de años atrás. 

"Pierrot" - Juan Gris, NGI
"Rooftops in Paris" - Vincent Van Gogh, NGI
También en el centro de Dublín está el Museo Nacional de Irlanda, otro museo gratuito dedicado a la historia y arqueología del país. Personalmente nos suelen gustar mucho esta clase de museos, donde se refleja lo más significativo y representativo de la historia y el arte de cada país. La exposición se divide en cuatro apartados dedicados a arqueología, historia natural, vida en el campo y artes decorativas, los dos últimos ubicados fuera de Dublín, en la ciudad de Castlebar.

Museo Nacional de Irlanda, sección de Arqueología e Historia
"Campana de San Patricio", Museo Nacional de Irlanda
"Broche de Tara", Museo Nacional de Irlanda
En el edificio central del National Museum of Ireland se pueden ver diversas muestras de las raíces y cultura celta irlandesas, entre ellas piezas muy destacadas como el Broche de Tara, la campana de San Patricio y varios cálices cristianos de la época medieval. También tiene una pequeña muestra del paso vikingo por Irlanda y alguna recopilación de arte egipcio y de piezas cerámicas de Chipre.

Iglesia de Santa Ana
Castillo de Dublín

Terminada la ronda museística nos acercamos al Castillo de Dublín, un bonito conjunto construido sobre un asentamiento defensivo anterior a la época vikinga. Durante ocho siglos el castillo fue la sede del gobierno colonial y posteriormente un referente político de la independencia irlandesa, con su entrega a Michael Collins en 1922. En la actualidad se utiliza como sede de celebración de recepciones y actos oficiales.
Capilla Real, Castillo de Dublín
Castillo de Dublín
La visita guiada por los salones cuesta 10,00 € y dura alrededor de 45 minutos, pero se realiza sólo en inglés. Nosotros tampoco estábamos muy convencidos de querer ver las suntuosas habitaciones del castillo, así que finalmente decidimos no entrar. Sí tomamos alguna foto del patio central y los exteriores.

The Record Tower, Dublín Castle
The Record Tower, panel informativo. Dublín Castle
The Record Tower es la única torre que se conserva del castillo y, de hecho, la única torre medieval de todo Dublín que permanece en pie. Los Dubhlinn Gardens son los jardines aledaños al conjunto del castillo, que tienen una curiosa disposición de motivos celtas en el el césped central.  
 
Castillo desde los Dubhlinn Gardens

En uno de los laterales del Castillo de Dublín se encuentra la Biblioteca Chester Beatty, un lugar muy recomendado por nuestra anfitriona hispano-dublinesa, conociendo nuestros gustos. Se trata de un pequeño museo (sí, volvimos a los museos) que expone de forma permanente una selección de manuscritos, libros, papiros, ilustraciones y caligrafías realmente interesante. Los fondos de la biblioteca están divididos según el origen de los objetos: Lejano Oriente (China, Japón y otras zonas del sudeste asiático); Zona Islámica (Arabia, Turquía, India, etc); y Asia Occidental y África (Egipto, Etiopía, etc). Son colecciones preparadas con muchísimo mimo, en las que se pueden apreciar a la perfección las diferencias entre unas culturas y otras según sus obras caligráficas y sus estilos ilustrativos.

The Chester Beatty Library
En una sala permanente se incluye una muestra de arte sacro y miniaturas de todas las religiones tradicionales, muchas de ellas talladas en jade. En el momento en que nosotros visitamos la Chester Beatty había también una exposición temporal titulada "The art of friendship: Japanese Surimono Prints", que recogía unas elegantes postales que se intercambiaban los artistas en los círculos culturales de Japón y China durante los s.XVII y XVIII. Estas tarjetas incluían algún tipo de verso o cita literaria además de las ilustraciones y solían enviarse en Año Nuevo u otras ocasiones especiales.


Autofoto ante la Chester Beatty Library
Finalizada la visita a la Chester Beatty Library, en cuyas exposiciones no están permitidas las fotografías, cerramos el intenso día cultural para acercarnos a uno de los símbolos de Dublín, la estatua de Molly Malone. Esta obra está situada ahora en la calle Suffolk, ya que las obras del tranvía que atraviesa la ciudad obligaron a trasladarla desde su anterior ubicación en Grafton Street. Cuando visitamos Dublín las obras todavía continuaban, así que no sé si ésa será la ubicación definitiva de Molly, con su carro de pescado y sus sobados pechos. Esta estatua es sin duda un referente dublinés así que ahí nos hicimos la última foto de la jornada antes de coger precisamente el tranvía para volver a casa y tomarnos un merecido descanso. 

Estatua de Molly Malone, Suffolk St.
*** Haz click en las fotos para ampliar.
*** (Continuará...)

miércoles, 2 de mayo de 2018

Dublín (II): Primera Parte

The Bleeding Horse, uno de los pubs clásicos de Dublín
Como en todo viaje que aparece por Lillusion, también en esta ocasión el señor con bigote y yo habíamos planificado nuestra visita a Dublín para sacar el máximo partido a las horas disponibles. Teníamos claro que uno de nuestros primeros objetivos era el Trinity College, así que hasta allí nos dirigimos tras abandonar nuestro cálido hogar de acogida temporal.

Barriles de cerveza a la puerta de un pub
Decidimos ir caminando al centro, en parte para calcular en qué distancias nos movíamos desde nuestro barrio hasta el meollo de la ciudad, y en parte para ir disfrutando de las calles de Dublín. No digo que fuera un error pero realmente los barrios periféricos de la ciudad no tienen gran atractivo para pasear y a partir de ese momento decidimos que era mucho más eficaz utilizar el transporte público y ganar tiempo. Por el camino sí pudimos ver el despertar de un Dublín cargado de barriles de cerveza y pubs centenarios, señal inequívoca e identificativa del carácter irlandés. 

Entrada al Trinity College
Llegamos al Trinity College en un día soleado y rodeados de bastantes turistas. Esta universidad data de 1592 y es la más antigua de Irlanda. Todos los edificios tienen su entrada en torno a una gran plaza central y en los aledaños se sitúan varias zonas verdes y de juego. El conjunto es realmente bonito y deja traspasar toda esa vida universitaria y multicultural que se espera de un campus con más de 15.000 estudiantes, muchos de ellos de intercambio. Ni que decir tiene que había españoles por todas las esquinas, como ya es habitual en todos los destinos turísticos europeos.

Trinity College
"Sfera con Sfera", estatua de Pomodoro en el Trinity College
La biblioteca del Trinity College constituye la biblioteca de investigación más grande de Irlanda, con más de 4,25 millones de libros. Dentro de este conjunto, la joya de la corona es sin duda The Old Library (La Vieja Biblioteca), que alberga el famoso Libro de Kells. Este manuscrito, que data del año 800, contiene cuatro evangelios del Nuevo Testamento y fue bellamente ilustrado por monjes celtas. El Libro de Kells está considerado como la pieza mejor conservada del cristianismo celta y se exhibe de forma permanente en una sala anexa a la Old Library. 

He de decir que nuestra gran ilusión por ver el Book of Kells se chafó un poco al entrar en el recinto y ver en qué consistía la muestra. La entrada cuesta 13,00 € y te da acceso al conjunto del libro y la biblioteca. El libro se encuentra en una sala oscura (lógico por temas de conservación de la obra) dentro de una vitrina, abierto en una página fija y acompañado por otros dos o tres ejemplares de manuscritos ilustrados de la misma época. Para verlo un poco de cerca hay que hacer esfuerzos, ya que la gente se agolpa sobre la vitrina y el libro tampoco es un objeto muy grande. En el resto de las salas casi todo son paneles explicativos de la época histórica de la que data la obra, imágenes ampliadas del libro y un par de muestras del tipo de tinta empleada para las miniaturas.

Acceso a la sala del Libro de Kells
No sé si ya he dicho en ocasiones anteriores lo mucho que odio las exposiciones con paneles explicativos, que realmente no aportan a las muestras más que datos históricos que podrían leerse en la Wikipedia o en cualquier libro. Una cosa es situar la obra geográfica y temporalmente por medio de paneles, algo totalmente necesario, pero que el centro de una exposición sea un único objeto rodeado de rótulos de "cómo se hizo" y fotos ampliadas del mismo objeto... pues no me acaba de convencer. Realmente nos pareció una entrada cara para ver tan poco. 

No se permiten fotos en la zona de exposición, pero para que os hagáis una idea de lo que vimos allí está este enlace. Hay una preciosa película muy adecuada para entender la historia de esta pieza, que nos recomendó un amigo residente en Irlanda durante varios años, "El secreto del libro de Kells". Se trata de una obra de animación que narra la creación y conservación del manuscrito por parte de los monjes celtas. Nosotros la vimos antes de viajar a Irlanda y nos encantó. Visualmente es una preciosidad y la música irlandesa que la acompaña una delicia.

The Long Room, dentro de la Old Library del Trinity College
Detalle de la Old Library
Busto en una de las secciones de la Old Library
Otra sección de la Old Library
Por suerte, tras atravesar un pequeño hall accedimos a la otra pieza de la exhibición, la Vieja Biblioteca, una estancia realmente impresionante, impregnada de historia, que nos resarció un poco por la decepción de la sala del libro. Dentro de la Old Library, la Long Room es la arteria central de la biblioteca y acoge más de 200.000 ejemplares de los volúmenes más antiguos del Trinity College. Son 65 metros de largo repletos de estanterías, catalogadas alfabéticamente, y encabezadas por bustos de los más destacados escritores y pensadores de todos los tiempos. El lugar enamora, ciertamente.

The Long Room, Old Library. Trinity College
Tras esta visita, nos acercamos caminando hasta alguno de los pulmones verdes de Dublin, el parque Stephen's Green y el cercano Merrion Square, donde se encuentra el monumento a Oscar Wilde. Este último conjunto son 3 estatuas proyectadas y elaboradas por el artista británico Danny Osborne que representan al propio Wilde, a su esposa Constance Lloyd embarazada y el torso de Dionisio, Dios griego del vino.

Stephen's Green
Estatua de Oscar Wilde en Merrion Square
Conjunto escultórico de Danny Osborne en homenaje a Wilde
*** (Haz click en las imágenes para ampliar).

*** (Continuará...)

sábado, 14 de abril de 2018

Dublín (I)

Teide al fondo, dejando Tenerife
No creeríais, queridos lillusianos de pro y visitantes accidentales, lectores todos, que ya os habíais librado de las reseñas de viajes pasados, incluso añejos me atrevería a decir. Pues no, aquí vuelvo por mis fueros para compartir con vosotros el viaje a Dublín, capital de la gemela gallega Irlanda, que realizamos en mayo de 2017. Puede que algunos hayáis visto ya alguna foto de ese viaje en mi Instagram por aquel entonces, pero igualmente ilustraré estas revisiones con ésas y otras imágenes. 

Nuestro viaje comienza a principios de mayo en Tenerife, con un transbordo en Madrid hacia tierras irlandesas. Habíamos barajado la posibilidad de un vuelo directo, porque casi siempre resulta mucho más cómodo y ganamos mucho tiempo teniendo en cuenta que nos desplazamos desde las islas, pero no encontramos ninguna opción que nos dejara en Dublín a una hora decente. Como nos alojábamos en casa de unos amigos no queríamos trastocar su rutina habitual con nuestra llegada a deshora, así que finalmente elegimos una combinación con Iberia bastante ajustada a nuestras necesidades, con un tiempo de espera entre vuelos de apenas una hora.

Primeras tierras irlandesas desde el avión
A las cinco y media de la tarde aterrizamos en el aeropuerto de Dublín, situado a unos 15 km. del centro de la ciudad. Elegimos trasladarnos hasta nuestro destino en autobús, utilizando una de las dos líneas especiales que realizan esos trayectos desde el aeropuerto hasta distintas zonas de la capital irlandesa y pueblos aledaños. Nosotros nos decantamos por el Aircoach básicamente porque fue la primera parada que encontramos al salir de la terminal. El precio del trayecto nos costó 8,50 € por persona, aunque varía según la zona de la ciudad a la que te dirijas. El autobús es bastante cómodo, con espacio para las maletas y WiFi gratis.

Aeropuerto de Dublín con carteles en gaélico
La primera sensación al llegar al aeropuerto es que has entrado en un país mágico donde se habla en lengua élfica. Vale, no, es gaélico, lengua co-oficial de Irlanda que figura al lado del inglés en casi todos los carteles de lugares públicos del país, en un intento firme por mantenerlo vivo. Os advierto que no se entiende nada de ese idioma salvo que tengas algún conocimiento previo, aunque ciertamente tampoco lo hablan muchos irlandeses en la actualidad. Prácticamente toda la población se expresa en inglés, pero cuidado si piensas que tu nivel Avanzado 1 de la Escuela de Idiomas te servirá para comprender lo que te digan: ¡error! El acento irlandés se las trae y a mí me costó un riñón entender gran parte de lo que me decían en restaurantes o establecimientos. Al final acabas asintiendo y señalando con vehemencia lo que quieres, que es el idioma universal, y casi nunca da problemas. Si conseguimos hacerlo en Berlín sin saber ni papa de alemán cómo no íbamos a poder hacerlo igual o mejor en Dublín!

Desde el autobús, igualito que Galicia!
Como llegamos ya tarde a Dublín apenas tuvimos tiempo para dejar nuestras cosas y salir a dar una vuelta por el barrio donde nos alojábamos, Ranelagh, una zona residencial con supermercados, restaurantes y servicios varios, a unos 20 minutos caminando del centro de la ciudad. Nuestros anfitriones nos llevaron a cenar a un local muy de moda, TriBeCa, con una amplia carta de tortillas, hamburguesas gourmet, ensaladas y carnes. 

Tras un pequeño paseo por el barrio, nos dispusimos a descansar para acometer al día siguiente nuestro primer día de visitas en Dublín, con una agenda repleta de (sí, sé que lo estáis esperando)... museos! :P
 
Barrio de Ranelagh, donde nos alojamos

*** Haz click en las fotos para ampliar.
*** (Continuará...)

viernes, 16 de marzo de 2018

Cerrando etapas

Hace unas cuantas semanas decidí cerrar una etapa laboral y abrir el espacio necesario para que entrara aire en mi vida. El trabajo me absorbía física y emocionalmente día tras día, sin dejarme tiempo ni ánimo para dedicar atención a las cosas que antes me hacían feliz y de las que este blog es fiel reflejo. Dejé casi de leer, porque me acostaba tarde y mi momento de lectura nocturna no tenía horario fijo. Dejé de correr porque los horarios por turnos hacían imposible marcarme una rutina deportiva. Dejé de ganchillar porque, como muchos sabéis, tenía un pinzamiento en un nervio de la mano derecha por forzarla en el trabajo. Apenas coincidía con mi pareja para ver juntos una película o para salir a cenar un fin de semana.

Quizás con 25 años lo hubiera enfocado de otro modo y me habría costado menos adaptarme, pero con más de 40 y una visión clara de lo que quiero en mi vida y lo que no, la situación fue poco a poco empeorando y me fui deprimiendo. Lamentablemente, la ausencia de mejores oportunidades laborales me hizo aguantar al pie del cañón durante muchos meses, incluso años, sin poder tomar una decisión a favor de mi salud física y mental. 

Pero como ocurre en todas las relaciones, y una laboral no es una excepción, de tanto tensar la cuerda al final se rompió. Ese manido "no eres tú, soy yo" lo define a la perfección. Era yo, que necesitaba urgentemente volver a ubicar mi parcelita de felicidad en el espacio-tiempo, retomar las pequeñas cosas que disfrutaba en mi sencilla y ordenada vida, mis rutinas, mis descansos. Necesitaba que la balanza entre mi bienestar laboral y el personal no estuviera tan exageradamente desequilibrada. Necesitaba con la misma urgencia reducir mis dosis de ibuprofeno, decir adiós a los dolores crónicos en las manos y los pies, abandonar el insomnio y la sensación de angustia y ansiedad constantes.

Y al principio me pareció que nunca sabría si había tomado la decisión correcta hasta que lo viera en retrospectiva mucho tiempo después. Sin embargo, al día siguiente de renunciar me sentí inexplicablemente más ligera y noté que la pesadez en la espalda había desaparecido y que, de repente, me empezaba a ilusionar de nuevo, que me apetecía bailar por toda la casa una canción estúpida en bucle y sonreír al pasar por delante de un espejo, sin motivo alguno. Y entonces supe que había cerrado una puerta y que después se abrirían miles de ventanas para que pudiera entrar el aire.

Esta canción del nuevo disco de Eels, "The deconstruction", es absolutamente fantástica para expresar todo lo que sentí en ese difícil proceso, entre mi deconstrucción y mi futuro renacimiento conceptual.


The deconstruction has begun 
Time for me to fall apart 
And if you think that it was rough,
I tell you nothing changes 
'Till you start to break it down 

And break apart 
I'll break apart 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 

The reconstruction will begin 
Only when there's nothing left 
But little pieces on the floor 
That made of what I was 
Before I had to break it down 

And break apart 
I'll break apart
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 

And every block you've built on 
It's going to come right out 

And break apart 
I'll break apart 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 
Right now it's going to start 
I'll break apart 
I'll break apart 
I'll break apart

Podéis escuchar la canción en Spotify a través del enlace en la barra lateral.

martes, 20 de febrero de 2018

El día de los mininos

River meditando
Pues sí, un año más queremos celebrar por aquí el Día Internacional del Gato. Cuando River se entere de la foto con la que he ilustrado este post empezará a planear cómo matarme, lo sé, pero no he podido resistirme. Está taaaaaaan adorable!! :) 

Si queréis indagar un poco más en la historia de cómo surgió este día visitad la entrada que dediqué hace ya unos años a esta especial conmemoración. Y si tenéis gatitos, celebradlo con ellos con unos mimos, unas golosinas y unos mordisquitos cariñosos por su parte.