viernes, 10 de mayo de 2019

Lisboa (V): Segunda Parte: Teatro Romano y Museo Arqueológico do Carmo

Ruinas del Teatro Romano de Lisboa
El Teatro Romano, ubicado en pleno centro de la capital, fue descubierto accidentalmente en 1798, cuando se reconstruía la ciudad tras el terremoto de 1755. Un arquitecto italiano intentó por todos los medios conservar aquellas ruinas, pero no pudo evitar que sobre ellas se construyeran nuevas viviendas. Ya en 1964 el Ayuntamiento de Lisboa comenzó los trabajos de recuperación de la zona, comprando todos los edificios adyacentes para demolerlos y permitir la excavación. En los años noventa del siglo pasado se consiguió sacar a la luz gran parte de las gradas del teatro romano, que permanecen abiertas al público para su visita.

Piezas en el Museo del Teatro Romano de Lisboa
En el edificio que está justo enfrente, al cruzar la calle, se ha abierto el Museo de Lisboa dedicado al Teatro Romano, donde se han clasificado y expuesto piezas procedentes de la excavación. También se puede realizar en su interior un recorrido por una parte anexa al Teatro Romano, varios metros por debajo de la superficie, donde se ubica el patio de una vivienda del s.XIX con restos de estructuras arqueológicas muy anteriores. En esta exposición se pueden observar los distintos niveles excavados y el progreso de los trabajos, hallando cada vez objetos más y más antiguos. La visita es gratis con la Lisboa Card y, sobre todo si sois fans de la arqueología, merece bastante la pena. Es un museo pequeñito pero muy interesante y con buen mantenimiento.

Tras otra comida típica portuguesa dimos un paseo por el barrio de Alfama, uno de los más populares y antiguos de Lisboa. Por sus empinadas callejuelas hay multitud de fachadas y edificios con encanto, como la Casa dos Bicos, sede de la Fundación José Saramago, o el Chafariz d'El-Rei, primera fuente pública de Lisboa, que data del S.XIII y abasteció a los navíos durante la época de los descubrimientos. 

Casa dos bicos
Chafariz d'El-Rei
Nuestros pasos nos llevaron también hacia el barrio de Chiado y a hacer unas cuantas paradas en lugares emblemáticos de la ciudad, como el Café A Brasileira. Este local, hoy declarado parte del patrimonio arquitectónico local, fue durante años centro de reunión de intelectuales y artistas portugueses, a los que han querido rendir homenaje colocando una estatua del poeta Fernando Pessoa en la entrada, sentado a una de las típicas mesas del bar. Era un lugar indiscutible para tomar la típica foto de postureo literario ya que, conscientemente al menos, no recuerdo haber leído nunca nada de Pessoa.
Estatua de Pessoa delante del café A Brasileira
Estatua del poeta Antonio Ribeiro en Chiado
Otra parada friki obligada era la Livraría Bertrand, la librería en activo más antigua del mundo (así figura en el Libro Guinness de los Récords). Fue fundada en el año 1732 por una familia francesa y en ella se organizaron durante décadas tertulias literarias. Aunque el local no tiene demasiado encanto, salvo por algunas estanterías antiguas de madera, y hoy por hoy la empresa ya pertenece a un gran grupo editorial, mantiene la buena costumbre de tener una cafetería anexa para poder leer cómodamente mientras te tomas un café. En los locales de Bertrand continúan además organizándose talleres literarios y tertulias, fomentando la interesante y viva cultura portuguesa.

Livraría Bertrand
Y cuando ya creíamos que la jornada tocaba a su fin, apuré un poco al señor de bigote (vale, lo arrastré bajo amenazas incluso...) para llegar a tiempo a las ruinas del Convento do Carmo (o del Carmen), cuya iglesia era la mayor de estilo gótico de la ciudad hasta que quedó completamente destruida por el terremoto de 1755. La iglesia perdió totalmente el tejado, que nunca se restauró, pero mantiene su armazón de altos arcos que se divisan por encima de las casas desde el cercano barrio del Chiado.

Interior Convento do Carmo
Estructura y arcos del Convento do Carmo
Detalle Museo Arqueológico do Carmo
El lugar acoge el Museo Arqueológico do Carmo, con una pequeña pero muy interesante muestra de piezas arqueológicas, entre las que destacan restos del Paleolítico y Neolítico, decoraciones de sarcófagos y otros elementos relacionados con los ritos funerarios. En otra sala también se exponen algunas momias y muchos libros antiguos, perteneciendes a las colecciones de varios arqueólogos famosos en la historia de Portugal. En el interior de las salas estaba prohibido hacer fotos, advertencia que la mayoría de los visitantes ignoraban sin ponerse ni colorados, pero que yo respeté así que prácticamente todas las fotos que tomé pertenecen solo al exterior abierto del convento.


Ya con el sol bajando en el horizonte, repusimos fuerzas justo al lado del Elevador de Santa Justa, en una cafetería que nos cobró un ojo de la cara por una cerveza, pero estábamos ya bastante cansados y necesitábamos esa parada técnica. Subimos hasta la terraza del elevador, incluida en la Lisboa Card, con unas espectaculares vistas de 360º de la ciudad y luego pudimos utilizar el ascensor también para llegar hasta la parte baja del Chiado.

Elevador de Santa Justa, monumento nacional de Lisboa
Elevador de Santa Justa
Las colas seguían siendo importantes para la subida, pero sorprendentemente para bajar sólo esperaba media docena de personas. Si no hubiera estado incluido en la Lisboa Card posiblemente no lo habríamos utilizado, ya que ese trayecto de apenas 45 metros en el ascensor, junto con el acceso a la terraza superior, cuesta más de 5 euros. Las vistas son muy bonitas, ciertamente, pero hay tantos miradores en la ciudad que no creo que compense pagar por este en concreto.

Vistas de Lisboa desde la terraza del Elevador de Santa Justa
Si queréis conocer algunas peculiaridades de la gastronomía portuguesa, curiosidades de la ciudad y otros detalles, no os perdáis el post final de este viaje, que publicaré en breve!

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*** (Continuará...)

jueves, 25 de abril de 2019

Lisboa (V): Primera Parte: Castelo de São Jorge y Panteão Nacional

Escaleras que ascienden hasta el castillo
La visita al Castillo de San Jorge era otra de nuestras imprescindibles en el viaje a Lisboa. Este monumento se erige sobre una de las colinas más altas de la zona y ofrece una incomparable vista del estuario del Tajo y de la capital portuguesa. Para llegar hasta allí tomamos uno de los famosos elevadores que se distribuyen por toda la ciudad para facilitar el acceso de autóctonos y turistas a los distintos barrios. En este caso el Elevador do Castelo es un sencillo ascensor convencional que sube en vertical varios metros dejándote de forma gratuita casi al pie del arco de entrada al castillo. También se puede subir a pie por una interminable escalinata, pero qué necesidad, francamente, a esas horas de la mañana.

Arco de entrada al Castelo de São Jorge
Patio castelo
El Castelo de São Jorge se encuentra en una fortificación medieval construida por los musulmanes en el s.XI. Pertenece a la zona noble de la antigua alcazaba, junto con las ruinas del antiguo palacio real. Durante varios siglos cambió de función según la dominación bajo la que se encontrara la ciudad y, tras el terremoto de 1755, se reconstruyó en gran parte pasando a tener un uso eminentemente militar. 

En el s.XX se iniciaron varias excavaciones que sacaron a la luz las antiguas edificaciones, creando una exposición permanente con los objetos hallados y una zona de yacimientos arqueológicos. Algunas de las piezas recuperadas se exhiben en una pequeña sala que, aunque no tiene una gran colección, sí ayuda a hacerse una idea de lo que existía en el castillo en su época de bonanza, sobre todo de su etapa islámica.

Azulejos en el museo del castelo
Yacimiento arqueológico. Castelo São Jorge
Este conjunto histórico ocupa unos 6.000 metros cuadrados, completamente amurallado y rodeado por un foso. Varias torres de vigilancia o garitas coronan los puntos estratégicos de los muros y protegen los patios interiores. En general está todo bastante bien conservado. Dentro del recinto se puede asistir también en una de las salas a una sesión comentada de cámara oscura, incluida en el precio de la entrada. Hay que tener en cuenta el horario según el grupo de idioma, ya que sólo hay una sesión en español cada dos horas aproximadamente. 

Cámara oscura desde el castillo
Mediante un sistema de lentes que giran 360º, como un periscopio, se captan imágenes en tiempo real de Lisboa, que muestran con gran detalle otros monumentos y zonas destacadas de la ciudad. Esta actividad dura unos 20 minutos y resulta una experiencia sin duda muy curiosa e interesante. La apertura de la cámara oscura del castillo está sujeta a las condiciones meteorológicas, ya que no se vería nada si el día está nuboso, por ejemplo, pero nosotros tuvimos suerte y nos acompañó otro día de cielos completamente despejados.

Ventana desde una torre del castillo
Patio Castelo São Jorge
Dentro de esta ciudad amurallada también hay unos jardines con especies autóctonas, algunos pavos y otros animales campando a sus anchas, además de una cafetería y una tienda, estos últimos locales menos medievales y bastante caros, pero útiles para realizar una parada técnica. Es muy recomendable rodear todo el castillo y contemplar la ciudad desde todos los ángulos, ya que las vistas son las más altas y amplias que encontraremos de Lisboa. 

Castelo São Jorge
Foso Castelo São Jorge
La visita al Castelo de São Jorge puede durar un par de horas aproximadamente y su entrada no está incluida en la Lisboa Card, aunque sí hay un descuento para los portadores de la tarjeta. A nosotros nos costó 6,50 € cada pase. Fuimos a primera hora de la mañana, por lo que pudimos pasear con calma y sin aglomeraciones por todo el conjunto de este monumento nacional que, sin duda, merece la pena visitar. 

Vistas de Lisboa y el Tajo desde el Castelo São Jorge
Azulejos en lateral Igreja Santa Luzía
En nuestro descenso caminamos hacia el Panteão Nacional, otro monumento sí incluido en la Lisboa Card y que resulta bastante espectacular. Esta iglesia, denominada de Santa Engrácia, funciona como panteón desde 1916 pero estuvo en obras desde varios siglos antes. Comenzó su última remodelación en el s. XVII y se terminó de construir bien entrado el s.XX, allá por 1966. 

Panteão Nacional, Lisboa
En este impresionante templo descansan los restos de varios presidentes de la república portuguesa y otros destacados miembros de la cultura del país, como la cantante de fado Amália Rodrigues o el futbolista Eusebio. También tiene varios cenotafios en honor de otras personalidades lusas como el navegante Vasco de Gama o el poeta Luís de Camões.

Órgano en el interior del Panteón Nacional
Se puede subir hasta la terraza exterior y la cúpula del edificio, con unas bonitas vistas del barrio de Alfama. He de reconocer que mi vértigo se puso a prueba en más de una ocasión durante este viaje y dentro de este panteón casi no pude asomarme a las balaustradas interiores, desde donde se podía contemplar una imagen de conjunto de los ricos trabajos en mármol del edificio. Hice unas cuantas fotos así como sin mirar mucho, de ahí que los enfoques dejen bastante que desear. 

Interior del panteón desde arriba
Una de las puertas de acceso al templo
Saliendo del Panteão Nacional pillamos por el camino el famoso Tranvía 28 en su descenso hacia la Baixa Lisboa. No perdimos ocasión de subirnos, ya que en bajada siempre va un poco más vacío que en el trayecto inverso. Agarramos bien los bolsos, siguiendo todas las indicaciones de "ojo carteristas" y recorrimos sólo unas cuantas calles para bajarnos en otra zona de excavación de Lisboa, la del Teatro Romano.

Esperando al Tranvía 28 en Lisboa
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*** (Continuará...)

domingo, 3 de marzo de 2019

Lisboa (IV): Segunda Parte: Museo de Arqueología y Palacio da Ajuda

Museo Nacional de Arqueología, Belém-Lisboa
Después de comer en Belém volvimos hacia Los Jerónimos, en cuyo anexo se ubica el Museo Nacional de Arqueología. Como ya habréis comprobado si me leéis habitualmente, somos visitantes asiduos de museos en todos nuestros viajes y siempre encontramos algo interesante en cada uno. Pues muy a mi pesar he de decir que este museo portugués es de lo más pobre que hemos visitado con el nombre de "museo nacional". 

Aparte de que nos dio la sensación de que tenía muy pocas piezas y todas muy desordenadas, es un museo incómodo de ver. Te obligan a dejar chaquetas y bolsos, incluso los pequeños, en una taquilla (de moneda), algo totalmente razonable, pero como la exposición está dividida en dos salas independientes y te piden la entrada cada vez que cambias de sala no te queda más remedio que llevarla en la mano, junto con el móvil o lo que necesites llevar encima si no tienes bolsillos. En la primera sala tiene una pequeña exposición egipcia, nada demasiado destacable en comparación con otras que hemos visto en la misma línea.

La segunda sala parece una nave industrial con piezas tiradas aquí y allá sin orden ni concierto, sin un sentido lógico ni cronológico ni de ningún otro tipo. Desde ahí se accede también a la exposición del tesoro, donde se muestran trabajos de orfebrería portuguesa y monedas, nada muy espectacular tampoco. En la puerta hay un guardia de seguridad y para poder entrar te obligan a pasar por un arco detector de metales y a introducir el móvil en una bolsa de plástico transparente reutilizable que tienes que llevar en la mano y que dejas de nuevo a la salida, y que sabe Dios por cuántas manos más ha pasado... En fin, un poco desagradable la experiencia. Puedo entender este celo porque hay muchas personas que ignoran deliberadamente la prohibición de hacer fotos, lo hemos visto en decenas de museos, pero lo de la bolsa de plástico me parece un método un tanto ridículo.

En el resto del museo se permiten fotos sin flash pero yo ya estaba tan desilusionada con esa visita que ni siquiera encontré algo destacable para poder fotografiar y mostrar aquí. Eso sí, la entrada del edificio, que forma parte del Monasterio de Los Jerónimos, es muy bonita. Con la Lisboa Card la visita al museo es gratuita pero desde ya os digo que no merece la pena verlo salvo que os sobre tiempo y fuera esté lloviendo o algo similar.

Guardia portuguesa en el Museo da Presidencia da República
Como habíamos contado con emplear bastante más tiempo en este museo (lo despachamos en apenas media hora), reorganizamos nuestros planes para visitar otro lugar ese día. Al caminar por el barrio nos encontramos con los curiosos guardias del Palacio de Belém, al lado del Museo da Presidencia da República. Éste no lo visitamos, ya que nuestra intención era llegar a tiempo al Palacio Nacional da Ajuda, para lo que cogimos un autobús urbano aprovechando la gratuidad del transporte con la Lisboa Card (y que el trayecto era cuesta arriba por callejuelas desconocidas, eso también nos animó a coger un bus en lugar de caminar).

Vistas al Puente 25 de abril y Cristo Rey. Lisboa
Palacio Nacional da Ajuda, Lisboa
El Palacio Nacional da Ajuda es un amplio edificio de estilo neoclásico situado en un alto, con vistas al Tajo. En el S.XIX sirvió como residencia de la familia real portuguesa y después, cuando se proclamó la república en el país, se convirtió en museo histórico. Acoge también la Biblioteca Nacional da Ajuda y el Ministerio de Cultura. La entrada cuesta 5 euros pero es gratuita con la Lisboa Card.

Sala do Trono, Palacio Nacional da Ajuda. Lisboa
Sala dos Jantares Grandes, Palacio Nacional da Ajuda. Lisboa
En sus salas se puede ver el estilo de vida de los monarcas lusos y numerosas muestras de enseres utilizados por miembros de la realeza durante varias generaciones. La mayoría de las salas se han restaurado con ayuda de empresas privadas estatales, que han querido colaborar económicamente para la conservación de la historia del país. 

Dormitorio del Rey Luis I de Portugal
Sala da música, Palacio Nacional da Ajuda. Lisboa
Entre las habitaciones del palacio se encuentran recreaciones fieles del dormitorio del Rey Luis I, el salón de la música, el salón del trono o el gran comedor para banquetes. Sus múltiples colecciones abarcan diferentes vertientes, destacando las artes decorativas con miles de piezas de porcelana, joyería, pinturas, esculturas y fotografías. En el vestíbulo exterior del palacio hay también una curiosa serie de estatuas de mármol, dedicadas a las virtudes humanas.

Prudencia, Gratitud, Honestidad y Justicia, Palacio da Ajuda
Después de finalizar la visita, cogimos otro autobús para bajar de nuevo al centro de Lisboa. Teníamos intención de adentrarnos en el Museo de Oriente, pero nos indicaron que la visita duraría más del tiempo que restaba para la hora del cierre, así que reorientamos de nuevo nuestras intenciones y nos dirigimos hacia el Barrio Alto, una de las zonas más visitadas de la ciudad. Por suerte conseguimos sitio en el Ascensor da Glória, uno de los funiculares tradicionales que unen la parte baja con la parte alta de Lisboa. 

Ascensor da Glória desde Avda. da Liberdade
Ascensor da Glória en Barrio Alto
La distancia que cubre este elevador es de unos 250 metros, eso sí, con una pendiente del 17%. El viaje dura apenas un par de minutos y cuesta la friolera de 3,70 € (nosotros, una vez más amortizamos la Lisboa Card al utilizar este clásico transporte). Una vez arriba, a apenas unos metros está el Jardim de São Pedro de Alcântara, desde el que hay unas vistas impresionantes de la capital. Allí hay un par de establecimientos que disponen cómodas tumbonas para sus clientes, donde se puede disfrutar de las inmejorables postales del atardecer mientras se toma una copa. Estaba todo ocupado pero nos quedamos con la curiosidad de saber cuánto clavarán allí por cada consumición.

Lisboa desde Jardim de São Pedro de Alcântara
Con el sol cayendo sobre Lisboa nos dirigimos ya hacia el hotel para descansar un poco y preparar nuestras visitas del día siguiente.

Otra vista de Lisboa desde Jardim de São Pedro de Alcântara

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*** (Continuará...)

miércoles, 6 de febrero de 2019

Lisboa (IV): Primera Parte: Torre de Belém y Los Jerónimos

Torre de Belém
Habíamos decidido concentrar en nuestro primer día completo en Lisboa la visita a Belém y a sus alrededores. Sus atractivos no son pocos así que madrugamos para llegar a la Torre de Belém, nuestro primer objetivo, antes de la hora de apertura a las 10:00 h. Para trasladarnos hasta este pueblo casi anexo a Lisboa (en algunos mapas se considera un barrio de la capital) viajamos en el tranvía nº15, un tranvía moderno que sólo comparte con los clásicos eléctricos lisboetas el color amarillo y la proliferación de carteristas, según los carteles de advertencia. 

Virgem do Restelo
Vista desde el patio de la Torre de Belém
El sol apuntaba maneras y el cielo azul sobre el Tajo auguraba otro día de mucho calor. Tras bajar del tranvía en la parada correspondiente, nos dispusimos a hacer cola durante los 15 minutos que quedaban para que se abriera al público la torre. La Torre de Belém es un monumento de estilo manuelino bañado por el río, que ha aguantado el paso de los siglos defendiendo a la capital de los ejércitos invasores. En su nave central conserva algunos cañones que muestran la forma en la que los portugueses marcaban su territorio. Posteriormente, el edificio también sirvió durante algunos años como prisión.

Garitas de vigilancia hacia el Tajo
Torre de Belém
El monumento es uno de los más representativos de Portugal, un icono de la arquitectura y la cultura lusa. Está considerado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO pero, en este sentido, he de decir que el mantenimiento interior es mejorable y la atención al visitante también, ya que cuando la visitamos se le habían terminado - o eso nos dijeron - todos los folletos informativos de la torre (no tenían ni en español ni en ningún otro idioma) y el semáforo de subida/bajada por las estrechas escaleras interiores no funcionaba correctamente en alguna de las plantas. La visita a la torre cuesta 6 euros, aunque hay tickets combinados que incluyen también el cercano Monasterio de Los Jerónimos y el Museo de Arqueología. Con la Lisboa Card la entrada es gratuita.

Homenaje a la primera travesía aérea en el Atlántico Sur
El conjunto exterior de la Torre de Belém se extiende por una amplia zona turística, donde también se encuentran otros destacados monumentos en apenas un kilómetro cuadrado. En el parque circundante se erige un hidroavión en homenaje a la primera travesía aérea que se realizó en el Atlántico Sur, entre Lisboa (Portugal) y Río de Janeiro (Brasil). El viaje duró 79 días, con varios aterrizajes de emergencia y varios hidroaviones utilizados en el intento, pero los pilotos llegaron finalmente a su destino y la experiencia se convirtió en todo un hito de la aviación.

Un poco más allá se encuentra el Museo de Arte Popular y a unos metros siguiendo la orilla del río está el Monumento a los Descubrimientos o Padrão dos Descobrimentos, una construcción de más de 50 metros de altura que conmemora los 500 años de la muerte de Enrique el Navegante, descubridor de las Azores y otras colonias portuguesas en África.

Padrão dos Descobrimentos, lado derecho
Padrão dos Descobrimentos, lado izquierdo
Esta torre fue construida bajo la dictadura de Salazar en 1960, con la forma de una carabela en la que se esculpieron las figuras de 33 famosos navegantes y reyes lusos. Entre estas personalidades están Vasco de Gama, Fernando de Magallanes o Bartolomeu Dias. Al pie se dibuja una enorme rosa de los vientos con las direcciones y fechas de las distintas exploraciones.

Desde la terraza del Padrão dos Descobrimentos hay una vista inmejorable del otro margen del Tajo, con el Puente 25 de Abril y el Santuario al Cristo Rey, monumentos que también se pueden divisar desde el paseo de Belém. La entrada para subir al mirador cuesta sólo 4 euros (3 € con la Lisboa Card), pero teníamos otros planes así que sólo tomamos imágenes del exterior.

Jardim da Praça do Imperio
Cruzando la carretera de Belém y atravesando unos bonitos jardines nos encontramos con el edificio de Los Jerónimos, un impresionante monasterio del s.XVI que, una vez más, conmemora las hazañas de los descubridores portugueses. En este caso, el edificio se empezó a construir sobre una pequeña capilla en la que Vasco de Gama y su tripulación pasaron rezando la última noche en Lisboa antes de partir hacia la India.

Eran alrededor de las 11:30 h. cuando comenzamos la espera para acceder al monasterio (con unas 200 personas delante) y tardamos casi una hora en alcanzar la entrada. Y todo ello bajo un sol de justicia para el que al menos iba protegida con crema solar factor 50 comprada con previsión el día anterior, porque sino me habría despellejado toda parte de mi piel en contacto con la luz.

Esperando para entrar a Los Jerónimos
El Monasterio de Los Jerónimos es de estilo manuelino, con añadidos góticos posteriores. En el centro tiene uno de los claustros más hermosos que he visto y que, por suerte y debido a la benévola climatología del día, pudimos contemplar en todo su esplendor. Las capillas circundantes acogen las tumbas del mismo Vasco de Gama, el poeta Luís de Camões y el escritor Fernando Pessoa, entre otras personalidades y miembros de la realeza portuguesa. En la sala capitular está la tumba de Alexandre Herculano, historiador y primer alcalde de Belém.

Claustro Monasterio de Los Jerónimos
Detalle claustro
Vista desde la primera planta
La arquitectura de este monasterio es realmente espectacular. El claustro está decorado con motivos marineros y religiosos, honrando las travesías de los navegantes locales, y las columnas y techos están labrados con un increíble detalle. Desde allí se puede acceder al refectorio, decorado con azulejos del s.XVIII, tan típicos de la arquitectura portuguesa. Todo transmite una sensación de genialidad y grandeza muy difícil de traducir en palabras.

Refectorio
La capilla central del monasterio, también llamada Iglesia de Sta. María de Belém, es una cruz latina de casi 30 metros de largo y con una altura sorprendente. Desde la primera planta se accede al coro alto y desde allí la vista impresiona bastante. Un enorme Cristo domina la escena y desde ahí se puede contemplar toda la amplitud de la nave central del monasterio y sus altísimas columnas labradas.


Cristo desde el coro alto de Los Jerónimos
Vista de la iglesia desde el coro alto
Otra vista desde el coro alto
Para mí era la segunda vez que visitaba ese monasterio (la primera fue cuando tenía unos 15 ó 16 años, con mi familia) y definitivamente me impactó más esta vez que entonces. Quizás soy más consciente ahora del valor que tienen estos monumentos de lo que lo era en aquella época, con mi espíritu adolescente centrado en otras cuestiones de índole más hormonal que cultural . Eso sí, recuerdo en aquella ocasión que la afluencia de turistas no era ni una cuarta parte de lo que nos encontramos ese martes de septiembre de 2018 Exseminarista Ye-ye y yo (conservo una foto del coche de mi familia aparcado delante mismo del monasterio, algo impensable hoy en día. Y bueno, estábamos allí dando de comer a las palomas, algo también muy impensable e impopular en la actualidad :P).


Interior Claustro Monasterio Los Jerónimos
La visita al Monasterio de Los Jerónimos, también Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1983 en conjunto con la Torre de Belém, es una parada obligada e imprescindible en Lisboa. En aproximadamente una hora se pueden recorrer todas las salas sin apuros. La entrada cuesta 10 euros de forma individual y es gratuita con la Lisboa Card y también todos los domingos por la mañana. He de decir que tampoco aquí disponían de folletos informativos o de guía para la visita, algo que me molesta especialmente ya que, como mi memoria es pésima, suelo utilizar esos folletos para ayudarme a recordar detalles mientras elaboro las reseñas para el blog.

Costumbres personales aparte, tras la maravillosa experiencia de Los Jerónimos nos dirigimos hacia uno de los cercanos restaurantes de la zona de Belém para reponer fuerzas y seguir deleitándonos con la incomparable gastronomía portuguesa.

Portada Sur del Monasterio

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*** (Continuará...)