sábado, 15 de septiembre de 2018

Dublín (V)

Howth, condado de Dublín
Nuestro último día completo en Dublín coincidía un domingo, así que lo pasamos con la familia que nos acogió en su casa durante nuestra estancia en tierras irlandesas. Nos llevaron a un antiguo pueblo pesquero que hoy pertenece al condado de Dublín, Howth, destino típico para comer pescado fresco y pasar el día para muchos dublineses. 

Puerto de Howth
Howth es una península situada a unos 15 km. del centro de la capital, con unos bonitos senderos y preciosas vistas. También tiene un castillo típico irlandés y un mercadillo dominical. Al ser el final de una de las líneas de tren de Dublín, muchos turistas se acercan a esta zona para pasar el día o para comer en alguno de sus numerosos restaurantes, donde se ofrece pescado y marisco fresco.

Nosotros almorzamos en un local llamado The Bloody Stream, justo debajo de la estación de tren. En el próximo post dedicado a comer y beber en Dublín hablaré un poco más de nuestras elecciones gastronómicas durante el viaje, pero he de decir que este restaurante de Howth tiene comida muy rica y a un precio muy razonable para el estándar irlandés.

Mapa de Howth
Interior The Bloody Stream, Howth
Otro de los atractivos turísticos de Howth es la presencia de focas en sus muelles, atraídas por los barcos pesqueros que faenan en el puerto. Son animales de lo más sociable y, aunque sólo conseguimos captar la imagen de una, nos contaron que suelen acercarse sin miedo a los barcos y a la gente en busca de restos de pescado. 

Foca en el muelle de Howth
La foca que quiso posar en el muelle de Howth
Tras pasear por la zona y realizar algunas compras en el mercadillo (algunos regalos y nuestro tradicional imán de nevera como recuerdo del viaje), regresamos a Dublín para preparar la maleta, ya que nuestro avión salía a primera hora de la mañana siguiente y había que elaborar concienzudamente el tetris del equipaje de mano para el visto bueno de RyanAir. 

Paseo de Howth
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*** (Continuará...)

lunes, 20 de agosto de 2018

Dublín (IV): Segunda Parte: Guinness Storehouse

Hacia la Guinness Storehouse
La segunda parte de nuestra penúltima jornada en Dublín, continuando con el rollito espiritual, estaba destinada a visitar la Guinness Storehouse. Aunque sorprenda, es uno de los motivos principales por los que los turistas, sobre todo jóvenes, acuden a esta ciudad, y nosotros estábamos también bastante ilusionados con ello.

Cubas acercándose a la Guinness Storehouse
A medida que nos íbamos acercando a nuestro destino se intuía ya el espíritu Guinness por doquier, en la arquitectura circundante y en los grupos de turistas que, sin duda, se dirigían hacia el mismo lugar. Pero he de decir que personalmente esta peregrinación a la antigua fábrica de Guinness me resultó un poco decepcionante, tanto por el elevado importe de la entrada (20 euros!) como por el escaso interés de la visita, fuera de los datos estrictamente técnicos de la elaboración de la cerveza. Si no eres fan de la marca o experto en cata de cerveza negra, no aconsejaría invertir ese dinero en entrar en la Storehouse.

Quizás hicimos mal en programar esta visita para un sábado, ya que los accesos a las taquillas y la entrada al edificio estaban repletos de gente, posiblemente más llenos que en un día de semana, aunque por lo que pudimos ver se trata de una atracción permanentemente a tope. Tardamos casi media hora en entrar al recinto, adquirir nuestras entradas e iniciar el recorrido por las 5 plantas de la fábrica-museo, lo que fue bastante rápido si tenemos en cuenta que había 4 colas de gente de varias decenas de personas cada una para acceder a las taquillas.

Primer contrato de arrendamiento de la Guinness Storehouse

Una de las primeras atracciones de la Guinness Storehouse es la exposición del primer contrato de arrendamiento de los terrenos de la fábrica St. James Gate Brewery, que Arthur Guinness firmó en 1759 por un tiempo de 9.000 años. Con la ampliación de la cervecería, que hoy ocupa una extensión de unos 200.000 m2, el contrato perdió su vigencia. 

Los secretos de la levadura de cerveza Guinness

Esta primera parte de la visita tiene un interesante museo donde se exhiben las herramientas que se utilizaban para elaborar la cerveza en sus inicios. Se muestran palas y rastrillos que eran usados para maltear la cebada y una antigua caja fuerte donde se guardaba a buen recaudo la levadura exclusiva de Guinness para la elaboración de sus bebidas. 

Se puede ver la historia del fundador de la Guinness y el proceso de elaboración de la cerveza, con la maquinaria original de producción y almacenamiento. También hay una sección dedicada exclusivamente a la tonelería y el envasado de las cervezas, con vídeos informativos. Todo el recorrido discurre por un entramado de tuberías y cubas, ahora en desuso, pero que formaban parte de la estructura original de la primera fábrica Guinness de St. James Gate Brewery.

Barriles
Estructura interior de la antigua fábrica

En todas las plantas hay bares en los que degustar una pinta. En algunos de ellos es posible asistir a sesiones de cata para expertos o para aprender a tirar correctamente una cerveza sin que pierda ninguna de sus condiciones, todo ello ajustado a un horario concreto programado. Nosotros sólo somos consumidores ocasionales de Guinness así que ninguna de estas actividades nos resultó tan interesante como para inscribirnos. También hay espectáculos de música y bailes tradicionales irlandeses (hombres con kilt tocando percusión, para ser más exactos) en algunas de las cafeterías del edificio. A mí, entre mi 1,58 m. de altura y la gran cantidad de público que había en todas partes, me resultó un poco complicado poder ver nada con tranquilidad. 

Uno de los bares para degustar cerveza y ver el espectáculo musical
En la siguiente planta (todo el recorrido se realiza en orden ascendente) hay un curioso museo de piezas publicitarias relacionadas con la marca. Es obvio que para muchos fans de Guinness el tucán o la ostra que silba (The Whistling Oyster) son recordados como iconos de los anuncios de esta cerveza. Sin conocer en profundidad la publicidad de Guinness, se pueden ver objetos interesantes y muy variados como modelos de latas de cerveza, miniaturas de todo lo relacionado con la fábrica, tipos de jarras y muchos más elementos relevantes en la historia audiovisual y mediática de la compañía.

Publicidad y antiguos objetos de Guinness
The Whistling Oyster, un icono de la marca
En el último piso del edificio se accede al Gravity Bar, sin duda el mayor atractivo de la visita para casi todo el mundo. Se trata de un típico recinto acristalado con casi 360 grados de visión exterior abierta. Allí puedes canjear la pinta gratuita incluida en tu entrada (o refresco si no bebes alcohol, cosa rara de encontrar allí, ciertamente) y disfrutar de una vista panorámica de la ciudad. Siempre y cuando consigas acercarte a las cristaleras, claro, porque el local estaba absolutamente repleto.

Tras pedir nuestras cervezas negras y conseguir un huequito en una esquina para sentarnos, intentamos evadirnos un poco del bullicio general del bar y contemplar el skyline de Dublín desde las alturas. El día estaba bastante nuboso, para no variar, pero la vista es bastante bonita desde allí arriba.

Nuestras pintas de Guinness
Vista de Dublín desde el Gravity Bar
He de decir que no podíamos pasar allí una hora (tiempo que hubiera tardado yo en circunstancias normales en terminarme la pinta sin nada sólido de acompañamiento, ni unos míseros cacahuetes), así que el señor de bigote se bebió su cerveza y me ayudó con la mía para evitarme una indisposición. Además, allí arriba se estaban agudizando mis acuciantes síntomas de vértigo y enoclofobia que ya llevaban manifestándose desde hacía rato.

Indicadores de la Guinness Storehouse
En general, para mí resultó ser una visita totalmente prescindible, y eso que la planifiqué con mucha ilusión. Demasiada gente y ruido por todas partes, algo que personalmente no me ayuda nada a disfrutar de una experiencia. Pero insisto, si os gusta la cerveza, en especial la Guinness, y tenéis interés en gastaros un pastón en merchandising súper caro de la marca, ésta es vuestra opción. Al margen de mi opinión personal, entiendo que es un imprescindible dublinés y es justo decir que todo está muy bien organizado para gestionar las hordas de visitantes ávidos de lúpulo, pero mejor ir sabiendo lo que te espera.

Márgenes del río Liffey, que atraviesa Dublín
The Brazen Head, el pub más antiguo de Dublín
Ya en nuestro paseo de regreso por las orillas del Liffey pasamos por delante del pub The Brazen Head, fundado en Dublín en 1198 y que se enorgullece de ser el local más antiguo de Irlanda. También nos acercamos hasta Temple Bar, el barrio más bullicioso de la ciudad en lo que a copas se refiere. A aquellas horas (cuatro de la tarde) estaban comenzando a llegar los dublineses y turistas para iniciar su ronda vespertina de pintas. Nosotros (a petición mía, siendo sincera) buscamos un sitio un poco más tranquilo para degustar un delicioso scone con mantequilla y mermelada y un chocolate caliente, que después de lo regular que me había sentado la apresurada Guinness del Gravity Bar era lo que más me pedía el cuerpo. Sin duda, me hago mayor.

The Temple Bar, Dublín
Pubs en Temple Bar, Dublín

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*** (Continuará...)  

domingo, 29 de julio de 2018

Dublín (IV): Primera Parte: St. Patrick's Cathedral y Christ Church

Entrada a St. Patrick Park
Nuestra cuarta jornada en Dublín tenía un marcado carácter espiritual, ya que fue la que reservamos para visitar la Catedral de San Patricio (Saint Patrick's Cathedral). La iglesia original de madera se construyó en el S.V al lado de un pozo donde, según la leyenda, San Patricio bautizaba a los paganos que se convertían al cristianismo. Hacia el año 1.200 fue cuando se inició el proyecto en piedra que, con el paso de los siglos, sufrió varias reformas y ampliaciones.

Sir Benjamin Lee Guinness en el St. Patrick Park
Interior Catedral St. Patrick
Esta preciosa catedral anglicana pertenece a la Iglesia de Irlanda, segunda comunidad cristiana del país tras la Iglesia Católica. Arquitectónicamente tiene una torre característica con uno de los carillones más grandes de Irlanda y en la nave central un bonito coro, al que dan mucha importancia ya que se ofrecen misas cantadas diarias. Sobre el coro están los estandartes y las banderas de armas de los Caballeros de San Patricio, orden fundada por el Rey Jorge III en el s.XVIII.

Coro y banderas de armas de los Caballeros de San Patricio
Puerta del Capítulo
En uno de los laterales del edificio también se puede observar la Puerta del Capítulo, a través de la cual dos familias enfrentadas, los Butler de Ormonde y los Fitzgerald de Kildare, sellaron su reconciliación en 1492. Además se exhiben banderas en recuerdo de los regimientos irlandeses del Ejército Británico. En una parte de la nave está el Árbol del Recuerdo, un monumento creado en 2014 para conmemorar el centenario de la I Guerra Mundial y el horror de la destrucción.

John Neill Boyd, St. Patrick Cathedral
Púlpito de St. Patrick, St. Patrick's Cathedral
Uno de los principales atractivos de la Catedral de St. Patrick es todo lo relacionado con Jonathan Swift, el famoso escritor de "Los viajes de Gulliver. El autor fue deán de la catedral entre los años 1713 y 1745 y está enterrado en ella, junto con su compañera Stella. Tiene un púlpito con su nombre, desde el que se dirigía a los fieles, y también se muestran algunos objetos personales del escritor, como una máscara mortuoria, elementos bastante típicos (y un tanto macabros) de la época para recordar la fisonomía del fallecido. 

Máscara mortuoria de Jonathan Swift
Tumba de Jonathan Swift y su amiga Stella
La catedral está repleta de objetos curiosos y relevantes en la historia, como la silla del Rey Guillermo III de Inglaterra e Irlanda (King William III), que el monarca utilizó para sentarse cuando acudió a St. Patrick a agradecer a Dios su victoria sobre el Rey Jacobo II (King James II) en la batalla de Boyne en 1690. También está la tradicional campana de San Patricio y más símbolos de la historia de la catedral, todos bien conservados y con información adjunta. El templo tiene además una sección interactiva con información sobre la construcción y usos del edificio, sobre el santo que la fundó y algunas actividades educativas para niños. 

Silla del Rey Guillermo III, St. Patrick's Cathedral
Capilla, interior St. Patrick's Cathedral
Banderas de armas, St. Patrick's Cathedral
La entrada para adultos a la catedral nos costó 6,50 € por persona. En el exterior hay un bonito parque que enmarca el conjunto típico de postal que siempre hemos visto de la catedral dublinesa, aunque el día de nuestra visita la luz no estaba en su mejor posición para las fotos.

Parque y catedral de St. Patrick
Catedral desde el Parque de St. Patrick
No muy lejos de allí se encuentra la segunda catedral de Dublín, la Christ Church o Catedral de la Santísima Trinidad, fundada en 1.030 y que siempre ha rivalizado con San Patricio por ostentar los derechos litúrgicos de la ciudad. Finalmente, Christ Church es considerada la catedral oficial de Dublín mientras que la de San Patricio funciona como catedral nacional de Irlanda. La entrada a Christ Church costaba también 6,50 € por persona.

Christ Church, Dublín
Esta curiosa catedral anglicana tiene unos mosaicos realmente espectaculares en los suelos y una bonita pila bautismal. Los colores sorprenden, ya que en las iglesias católicas tradicionales no estamos acostumbrados a ver tanto colorido. Desde su origen medieval, la construcción también pasó por multitud de reformas y restauraciones, como St. Patrick, y conserva por ello vestigios del estilo arquitectónico de cada época.

Púlpito en Christ Church
Entre los reclamos del templo se encuentra la tumba de Strongbow, llamado en realidad Richard Fitz Gilbert de Clare, conde de Pembroke, que fue líder de la conquista normanda de Dublín en el S.XII. La tumba original fue destruida por el derrumbe de una pared, pero en el S.XV crearon un nuevo sepulcro para esta figura. Uno de los detalles más curiosos de esta tumba son las espuelas de la armadura, que obligaron a enterrar (teóricamente) al susodicho con los pies girados y así lo refleja la escultura.

Tumba de Strongbow, Christ Church
Otro de los aspectos destacados de Christ Church es su cripta medieval, la más grande de Irlanda y Gran Bretaña. Data del S.XII y en ella se conservan numerosos objetos históricos y religiosos. No se permiten fotografías de la exhibición del tesoro, pero sí de otros detalles que allí se encuentran, como "The Cat and the Rat", un gato y una rata que quedaron atrapados en un tubo del órgano de la iglesia allá por el año 1.860 y se momificaron con el paso del tiempo. Fueron descubiertos años después cuando desarmaron el órgano, al notar que no sonaba del todo bien. 

The Cat and the Rat, cripta de Christ Church
En los sótanos de la catedral también había en aquel momento una exposición sobre el vestuario de la serie de TV "Los Tudor", que tomó como localización principal el templo para sus tomas de bodas, bautizos y otros actos litúrgicos de la época relatada.

Conectado físicamente con Christ Church está el edificio que acoge Dublinia, una exposición interactiva sobre los vikingos y el Dublín medieval. Decidimos no visitarla, ya que nos pareció una experiencia más adecuada para ir con niños, al estilo de los museos de historia natural, pero ofrece la opción de visita combinada junto con la catedral ya que comparten espacio histórico.

Dublinia conectada por el puente con Christ Church
A la salida se puede constatar precisamente que este espacio está construido sobre un antiguo asentamiento vikingo, que transcurría a orillas del río Liffey, y del que se descubrieron los restos mientras se desarrollaban las obras de unas oficinas públicas. Se ordenó su excavación pero los trabajos no pudieron completarse y el Ayuntamiento de Dublín se ganó serias críticas de sus ciudadanos por continuar con el levantamiento del nuevo edificio institucional. En varias zonas se pueden observar placas en el suelo representando ítems y símbolos familiares descubiertos durante aquellos trabajos arqueológicos.

Dublin Viking's Age Plots, Dublín
De camino hacia nuestro siguiente destino del día también pasamos por la Iglesia católica de St. Audoen. Adyacente a ella hay otro templo del mismo nombre, de confesión anglicana, edificado en 1.212 sobre los terrenos donde estaba enterrado el Obispo de Rouen, y que hoy por hoy constituye la iglesia más antigua de Dublín. Tiene una torre muy significativa con tres de las campanas más antiguas de la ciudad, que datan de 1.423.

Iglesia Católica de St. Audoen
Torre de la Iglesia Anglicana de St. Audoen

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*** (Continuará...)

sábado, 30 de junio de 2018

Dublín (III): Segunda Parte: Powerscourt

Jardines de Powerscourt
Aunque la llovizna y la niebla no permitían que las vistas fueran todo lo espectaculares que prometía el entorno, nos dispusimos a disfrutar de los jardines de Powerscourt, segunda parada importante en nuestra excursión irlandesa. La entrada para adultos, en nuestro caso incluida en el precio de la excursión, cuesta 9,50 € de marzo a octubre y 7,00 € de noviembre a febrero.

Lago del Tritón; al fondo Powerscourt Mansion
Powerscourt Estate es un terreno de más de 400 hectáreas que incluye una enorme mansión, hoy reconvertida en espacio para tiendas de artesanía típica irlandesa y cafetería, un club de golf con dos campos de competición, un hotel de 5 estrellas, unos jardines catalogados como los terceros mejores del mundo y la cascada más alta de Irlanda, con 121 m. de caída de agua. La visita a la cascada tiene un coste adicional, por lo que nosotros nos conformamos con verla en la distancia y recorrer solamente los amplios jardines.

En el folleto que te entregan a la entrada con el plano de los jardines te van contando también la historia de la propiedad, sobre la que se alzaba un antiguo castillo normando en el s.XIII. Lord Powerscourt ordenó construir la mansión, de 68 habitaciones, en 1731 como símbolo de prosperidad familiar. En 1961 toda la extensión fue vendida a la familia Slazenger, dueños actuales de la misma. La casa sufrió un incendio en 1974 que destrozó por completo el interior y que sólo dejó en pie las imponentes fachadas. 
 
Pozo en Powerscourt
Como el interior no tiene gran cosa que mostrar, el plato fuerte de la visita son los jardines, que se dividen en varios tipos bien diferenciados. Como sólo teníamos algo más de una hora para la visita (esa es sin duda la peor parte de las excursiones programadas, que no puedes ver las cosas a tu ritmo y a mí eso me suele disgustar) enfilamos los senderos de Powerscourt desde nuestra izquierda, bajo la lluvia y siguiendo las agujas del reloj, sin prisa pero sin pausa. 

Pepperpot Tower, Powerscourt
Jardines de Powerscourt
Nuestras primeras paradas fueron un precioso pozo, que parecía sacado de un cuento de hadas irlandés, y la Torre Pepperpot, construida imitando a un molinillo de pimienta usado por la familia Powerscourt. La torre está rodeada por cañones defensivos, algunos de ellos, según datos históricos, procedentes de la Armada Invencible. Aquí y allá había multitud de flores, arbustos y árboles, perfectamente identificados y catalogados. Todo el entorno daba la sensación de estar cuidado con mucho mimo. 

Jardines Japoneses, Powerscourt
Jardines Japoneses, Powerscourt
Un poco más allá nos encontramos con una de las joyas de Powerscourt: los jardines japoneses. Fueron creados a principios del s.XX y en ellos se puede contemplar un puente tradicional de madera, una pagoda y otros motivos inspiracionales de filosofía oriental.
 
Jardines Japoneses, Powerscourt
Jardines Japoneses, Powerscourt
Cada especie floral y cada detalle decorativo o juego de agua recuerda a un jardín típico de China o Japón. El conjunto es realmente bonito y aquí pude constatar, una vez más, que Irlanda gusta a los objetivos a pesar de la lluvia y la baja visibilidad.

Pet Cemetery, Powerscourt
Muy cerca de los jardines japoneses está la parte inferior del Lago del Tritón, con una fuente central inspirada en la plaza Barberini de Roma. Un poco más allá, rodeado por un camino de rododendros, está el cementerio de mascotas, uno de los más grandes de Irlanda. En él, identificadas con sus nombres en las lápidas de piedra, están enterradas las mascotas de las familias que vivieron en Powerscourt durante siglos, sobre todo perros, caballos y vacas. 
 
Dolphin Pond, Jardines Vallados, Powerscourt
Jardines Vallados, Powerscourt
La visita continúa por los jardines vallados, con el Estanque del Delfín y el Julia's Memorial casi al final del paseo, adornado con multitud de flores y vegetación. Esta parte del jardín fue diseñada en honor a la viuda del séptimo vizconde de Powerscourt, por su hijo, con réplicas de los bustos de los maestros italianos del Vaticano: Miguel ángel, Leonardo Da Vinci, Rafael y Benvenuto Cellini.

Julia's Memorial, Powerscourt
Todo el centro de los jardines está ocupado por los jardines italianos, diseñados por el arquitecto Daniel Robertson en la década de 1840, conformados por una vasta extensión de césped, varios parterres de flores, estatuas y el enorme lago del Tritón, con su fuente central. El conjunto resulta esplendoroso, ciertamente.

Jardines Italianos, Powerscourt
Al terminar la visita a Powerscourt y tras una revisión rápida de las tiendas de souvenirs y artesanía de la mansión, nos dirigimos por fin (eran ya más de las tres de la tarde) hacia el lugar programado para el almuerzo, el pub irlandés Johnnie Fox's, uno de los más antiguos de Irlanda. Está situado en Glencullen, una pequeña localidad a una media hora de Dublín, y ofrece música en vivo a partir de las 21:00 h. todos los días de la semana.

Pub Johnnie Fox's
La excursión contratada incluía una comida en este pub con un menú compuesto por dos platos, bebida, postre y café, además de "soda bread" con mantequilla de entrante. Para el primer plato se podía elegir entre ensalada o sopa irlandesa (una especie de crema de verduras, que yo elegí) y para el segundo entre lasaña vegetariana o estofado irlandés (el típico "irish stew", que obviamente también preferí). El postre común era una tarta de chocolate al whiskey y como bebida se podía tomar una pinta de cerveza.  

Pondré las fotos de este almuerzo en un próximo post sobre la gastronomía típica irlandesa, pero he de decir que la comida fue bastante abundante y estuvo realmente rica y bien servida, dentro de lo turístico del local, ambientado al más puro estilo tradicional. De hecho, sentados en las mesas de la entrada y en la barra estaban los esperables paisanos irlandeses del pueblo, con sus pintas de cerveza en las manos y sus gorras. Todo muy irlandés, en efecto.

Interior pub Johnnie Fox's
Finalizado el almuerzo volvimos al autobús para emprender el camino de vuelta a la ciudad, con la lluvia que continuaba regando los verdes prados con insistencia. Esta excursión de Civitatis resulta en general bastante completa y agradable para ver un trocito de la Irlanda rural a apenas unos kilómetros de la capital. A las seis de la tarde ya estábamos de regreso en Dublín, con un ratito más para tomar algo por el centro. En nuestro caso el cuerpo dijo que la fiesta ya era suficiente y nos cogimos un tranvía directo a casa para darnos una ducha y comentar con nuestros anfitriones las bellezas irlandesas contempladas durante la jornada.

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*** (Continuará...)