miércoles, 17 de octubre de 2007

Love Story

Escuché por primera vez la canción de “Love Story” hace muchísimos años, en una cinta de cassette de mis padres con recopilatorios de lo mejor de la época. Sonaba también en aquella cinta “If you leave me now” de Chicago y la canción principal de la B.S.O. de la película “El Padrino”. Hoy, casi 25 años después de eso, he visto por fin la película considerada por muchos como la más romántica de la historia.

“Love Story” fue dirigida por Arthur Hiller en 1970, rompiendo con muchos tópicos arraigados en los sesenta. Yo he conseguido pasar todo este tiempo sin saber nada del argumento, así que aviso de spoilers! para que los que no la hayan visto sigan sin enterarse de nada si así lo desean.

La película, basada en un best-seller de Erich Segal, cuenta la historia más o menos convencional de dos jóvenes que se enamoran en la universidad y deciden unir sus caminos. A pesar de las diferencias sociales que auguran poco futuro a esa relación, continúan luchando por sus ideales de vida. Oliver pertenece a una rica y elitista familia pero rompe con sus padres al no aceptar ellos su amor por Jenny, una joven católica huérfana de madre e hija de un modesto pastelero. Ambos son brillantes en los estudios y salen adelante no sin esfuerzo, pensando que poco a poco las cosas mejorarán. Pero justo cuando mejoran económicamente cae sobre ellos como un mazazo la cruda realidad: Jenny está enferma y se está muriendo.

Aunque la película se atropella un poco con los acontecimientos, se muestra claramente lo que se quiere mostrar, que el amor está por encima de todo, del dinero, de la posición social y de otras nimiedades. Aunque me esperaba un sufrimiento continuo, la producción no es tan lacrimógena como pueda parecer. No se exageran los sentimientos en ninguna dirección ni se hace un drama de la muerte segura de Jenny a causa de la leucemia. No llega a ser un "Estrenos TV" pero tampoco está valorada como una gran película, ciertamente, aunque en su estreno arrasó en taquilla.

Se pretende que uno de los momentos álgidos sea la repetición de la famosa frase “amar significa no tener que decir nunca lo siento”, que ella le dice a él tras una discusión y que Oliver recuerda a su padre cuando éste lamenta la muerte de su rechazada nuera. De hecho, la cita es una de las más recordadas y figura en el puesto número 13 de la lista elaborada por el
American Film Institute.

La música está presente con continuidad, desde el principio hasta el final de la cinta, fácilmente identificable y acompañando los momentos tanto felices como tristes de la pareja. Y realmente no hay mucho más. Es una historia bonita, no tan pasada de moda como cabría esperar, pero floja en muchos aspectos narrativos que en la actualidad se vislumbran con mucha más claridad. Las interpretaciones de
Ryan O’Neal y Ali MacGraw están a la altura y consiguieron con ellas convertirse en ídolos para muchos jóvenes del momento. Como curiosidad, también aparece Tommy Lee Jones en un pequeño papel secundario, el primero de su carrera en la gran pantalla.

La banda sonora original de la película, compuesta por Francis Lai, ganó varios premios ese año, entre ellos el Oscar y el Globo de Oro. Lai también compuso la música para la secuela de la película, rodada en 1978 bajo el título de
“Historia de Oliver”. La cinta no tuvo la misma suerte que su predecesora y se ahogó en el olvido y el odio de muchos seguidores de la historia original, que de ningún modo aprobaban una sustituta para Jenny.

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