“Precious” era para mí una de las mejores producciones que acudían a los Oscar de este año. Aunque al final sólo se haya llevado dos premios (Guión Adaptado y Mejor Actriz Secundaria para Mo’Nique) sigue pareciéndome una gran película, con muchísima emotividad y muchas bofetadas de realidad. Esto último ha sido principalmente lo que ha hecho que mucha gente no haya querido verla (“para qué sufrir en el cine si ya bastante se sufre en la vida real”) o la hayan despreciado un poco acusándola de sentimentalismo barato. Ni que decir tiene que yo no lo veo así y soy de las que piensa que el cine hay que vivirlo, sentirlo y, si hace falta, sufrirlo.
*** Spoilers! ***
La película cuenta la amarga existencia de Clareece Precious Jones, una adolescente de 16 años negra y obesa que sufre continuos abusos físicos y psíquicos por parte de sus padres. Marginada y apartada del colegio debido a su segundo embarazo, fruto del incesto al que la obliga su padre, su futuro es inexistente hasta que ingresa en una escuela especial para chicas como ella, con problemas familiares tan graves que en ningún otro lugar son bien recibidas.
Por suerte, Precious no estará sola en su intento por salir del agujero que la tiene atrapada. Una asistenta social, responsable de su caso en la sección de ayuda para personas sin recursos (e interpretada de forma sorprendente por Mariah Carey) la escuchará e intentará comprender y encaminar la complicada situación de la chica. Su profesora en esa peculiar escuela tampoco cejará en su empeño porque Precious aprenda a leer, escribir y a defenderse en su maltrecho futuro. No hay final feliz pero sí al menos una luz al final del oscuro túnel que la chica lleva atravesando toda su vida.
Es impresionante la historia paralela de su madre, una mujer egoísta y emocionalmente dependiente que envidia las atenciones sexuales que su marido le dedica a su hija, consintiéndolas pero al mismo tiempo pagando después su frustración personal con ella. Proyecta el profundo desprecio que siente hacia sí misma en su hija, a la que intenta arrastrar en su caída para que nunca se convierta en algo mejor de lo que ella fue.
*** Fin de Spoilers! ***
La terrible situación que viven muchas familias marginales en los barrios más conflictivos de Nueva York no es nada nuevo en el cine. La periodista y productora Oprah Winfrey se interesó enseguida por la historia, basada en el libro “Push” de la autora afroamericana Sapphire, y estuvo dispuesta a promocionar en todo momento la película. El film recuperó en su primer fin de semana de exhibición la totalidad del presupuesto que había costado, unos diez millones de dólares.
Gran parte del éxito de esta película lo tienen sus magníficas interpretaciones femeninas: la debutante Gabourey Sidibe, que fue seleccionada de entre más de 400 aspirantes para el papel de Precious y obtuvo con él su primera nominación a los Oscar; Mo’Nique, que aceptó participar en la película casi como terapia, puesto que ella también sufrió abusos cuando era pequeña (merecidísima su estatuilla); Paula Patton, en el rol de una profesora lesbiana que intenta enseñar a leer a jóvenes marginados; y Mariah Carey, que resulta de lo más creíble en su papel de trabajadora social afectada por las desgarradoras historias que debe escuchar.
Es una película muy dura, con mucha violencia emocional, pero que logra transmitir todos esos sentimientos al espectador. Por ello me gustó muchísimo y, aunque no nos cuente nada nuevo, lo cuenta de manera que nos implica aunque nos pille de lejos y nos hace valorar lo que tenemos, algo que no siempre consiguen los cineastas que lo pretenden.