miércoles, 14 de abril de 2010

Billy Joel

Para mí Billy Joel era un completo desconocido hasta que un día, allá por principios de los noventa, vi el vídeo de “We didn’t start the fire”. Me gustó la canción y busqué información sobre su autor en revistas de música (por entonces todavía no existía internet), sorprendiéndome al descubrir varios temas conocidos que hasta ese momento no había asociado con ese artista.

La carrera de Joel había empezado en 1973 con una de las canciones más grandes de todos los tiempos, “Piano man”. Experimentado pianista, el músico representaba una agridulce visión de los locales nocturnos, donde la mayoría de la gente bebe para olvidar. Justo 10 años después, en 1983, tendría otro gran éxito con “Uptown girl”, con un aire menos intimista, y ya a finales de esa década cambiaría de nuevo radicalmente de estilo para volver a triunfar con “We didn’t start the fire”. Otro tema suyo que me encanta es “The river of dreams”, de 1993.

La canción que hoy quiero que suene, “Piano man”, tuvo varias versiones con el paso de los años, e incluso una más que aceptable adaptación al español en la voz de Ana Belén, con el título traducido de “El hombre del piano” y que se publicó en 1981. Chenoa también interpretó esta versión en la primera edición de Operación Triunfo.

Esta semana nos sentamos al piano al lado de Billy Joel para escuchar “Piano man”.


martes, 13 de abril de 2010

Más amigurumi: Ozito

Hace ya unos meses prometí volver a intentar ganchillar un oso de amigurumi decente. Mi primer osito, Morfi, tenía miles de defectos que en mis siguientes trabajos de crochet intenté subsanar. He aquí pues mi nuevo intento de oso, tras varios ratones, conejos, pollos y otros animales de corral. Estoy muy contenta con el resultado de este osito al que, en un alarde de originalidad, he bautizado como Ozito.

Para confeccionar a Ozito, que mide unos 12 cm. de alto, seguí este patrón (aproximadamente, ya se sabe que tengo tendencia a inventarme vueltas y tejer al estilo "my way"). Utilicé una lana marroncita color toffee, que me regaló mi madre, una aguja de 3,5 mm. y fieltrina para el morro. Los ojos continúan siendo botones porque en España parece que es imposible conseguir los ojos de seguridad que llevan todos los demás amigurumis del mundo (Spain is different, desde luego).

Lo único malo de todo el proceso de elaborar a Ozito es que revisando información sobre crochet me di cuenta de que hago mal el punto de los amigurumis. Vale, tampoco es tan grave; hasta ahora había colado, no? :P El caso es que hay otro punto que estoy intentando usar a partir de ahora en mis animalitos, que visualmente queda distinto, aunque el resultado no deje de ser el mismo: un muñeco de lana ganchillado.


En mis ratos libres estoy tejiendo otro osito ya con este nuevo punto y además he terminado unas cuantas cosas más que os iré presentando por aquí próximamente.

sábado, 10 de abril de 2010

Memorias de una geisha (2)

Como la novela me había gustado muchísimo, decidí ver también la película adaptada en 2005 de “Memorias de una geisha”. A pesar de contar con los medios suficientes como para que fuera un éxito de calidad (recordemos que produce Spielberg y dirige el experto en musicales Rob Marshall, responsable de “Chicago” y “Nine”), la película se queda en una muestra visual interesante pero con una historia llena de agujeros.

Mi primer desencanto son sus protagonistas femeninas. Cierto que realizan una buena labor interpretativa, pero es que son todas… chinas! Ah, perdón, que hay una de Malasia… por favor! Para mí ese casting resulta ofensivo, no quiero ni pensar para los japoneses que hayan visto la película. Es que físicamente los rasgos son muy diferentes! Para hacernos una idea podemos hacer un casting de mexicanos o de peruanos para una película que pretende mostrar la Guerra Civil española. Creíble, no? Total, todos somos latinos y ellos son todos orientales, qué más da chinos, japoneses o coreanos. Pues sí da, al menos si el producto pretende convencer. El caso es que los protagonistas masculinos sí que son casi todos japoneses (con esa genial presencia de Ken Watanabe), de lo que deducimos que las actrices niponas deben ser pésimas o inexistentes.

La historia intenta abarcar gran parte de lo narrado en el libro pero sin mucho acierto, ocasionando una serie de saltos en el tiempo que entorpecen bastante el visionado. La voz en off es magnífica, eso sí, y acompaña perfectamente a unas imágenes muy cuidadas. La parte artística de la película es realmente lo mejor que nos ofrece, con mucho colorido y trasladándonos con bastante esmero al Kioto de principios de siglo. Esto, teniendo en cuenta que gran parte del rodaje de exteriores se realizó en jardines de estilo oriental localizados en Estados Unidos, supone un gran mérito. Gracias a ello ganó tres Oscar en los apartados de Dirección Artística, Fotografía y Diseño de Vestuario, pienso que los tres muy merecidos.

Por lo demás, y salvando que Gong Li está maravillosa haga lo que haga, incluso haciendo de japonesa (y aprendiendo a hablar inglés sobre la marcha, porque cuando empezó el rodaje sólo hablaba chino), la cinta es francamente olvidable y no emociona ni la mitad de lo que lo consigue el libro. De Rob Marshall no he visto ninguna otra película, pero tras esta experiencia creo que tampoco me daré mucha prisa en hacerlo.

viernes, 9 de abril de 2010

Memorias de una geisha

Un libro que gusta mucho y a mucha gente no tiene que ser necesariamente malo, pero a veces tiende a sobrevalorarse porque llega a personas que, por norma general, han leído menos. Ese es mi miedo habitual con los best-sellers, por eso suelo ser prudente a la hora de elegir este tipo de lecturas. En esta ocasión puedo decir que he acertado leyendo “Memorias de una geisha”, el superventas que Arthur Golden publicó en 1997, puesto que la novela me ha encantado y me ha parecido de lo más enriquecedora.

*** Spoilers! ***

El libro aborda la vida Chiyo, una niña que vive en un pueblo de pescadores y a la que su padre vende con apenas 9 años a una okiya para que la eduquen y le enseñen el oficio de geisha. Tras los primeros años de pesar e incertidumbre, Chiyo asume su destino como aprendiz de geisha y toma el nombre de Sayuri, llegando a convertirse en una de las geishas más importantes del distrito de Gion, en Kioto.

La novela cuenta de manera muy emotiva los sentimientos de la joven geisha, apartada de su familia y destinada a entretener a hombres que no siempre son de su agrado. Todo ello se adereza con multitud de referencias a costumbres típicas japonesas, al vestuario tradicional de las geishas, su formación profesional, y a la situación política de principios de siglo en el archipiélago.

La historia me encandiló desde el primer momento y leí ávidamente los avatares de la joven Sayuri que, enamorada de uno de sus clientes, debe ocultar sus sentimientos por el bien de su carrera. Sólo si gana el dinero suficiente con sus servicios podrá comprar algún día su libertad y, quizás, emprender una nueva vida.

*** Fin de Spoilers! ***

La obra está basada en las confidencias de una geisha real, Mineko Iwasaki, que demandó al autor tras la publicación del libro por haber desvelado su nombre como colaboradora. Iwasaki acusó además a Golden de equiparar el oficio de geisha al de prostituta de lujo, algo que el entorno de las geishas japonesas no perdona. Se trata de un sector muy tradicional, con un comportamiento muy pudoroso, que guarda celosamente sus secretos y no permite a cualquiera conocer su forma de vida.

En 2005 “Memorias de una geisha” fue llevada al cine, adaptación dirigida por Rob Marshall y producida por Steven Spielberg. La película es, para mi gusto, bastante floja aunque visualmente tiene su interés. Su estreno relanzó de nuevo las ventas de la novela, fenómeno ya habitual en la relación entre literatura y cine. Mañana comentaré un poco más sobre esta película.

miércoles, 7 de abril de 2010

San Francisco (Be sure to wear flowers in your hair)

Si vas a San Francisco asegúrate de llevar algunas flores en el pelo. O eso al menos era lo que nos advertía Scott McKenzie, un norteamericano que triunfó con este tema en 1967. La canción la había compuesto John Phillips, de The Mamas & The Papas, y se convirtió en todo un himno hippie y un canto a la libertad y la esperanza. Además, su espíritu ayudó a transformarla en una especie de bienvenida para todos los veteranos que iban regresando de la Guerra de Vietnam y ansiaban olvidar los horrores del combate.

Scott McKenzie fue un ejemplo temprano del síndrome “one hit wonder”, puesto que ninguna otra canción suya volvió a tener tanta repercusión. Además, dejó el panorama musical a principios de los setenta, aunque volvió puntualmente para interpretar algunos temas con The Mamas & The Papas a finales de los ochenta. Ya en la década de los noventa su canción sería recuperada para la banda sonora de la película “Forrest Gump” (1994), que mostraba un repaso por la historia estadounidense reciente.

“San Francisco (Be sure to wear flowers in your hair)” está considerada como la música de referencia para una de las ciudades quizás más revolucionarias y cosmopolitas de aquella época setentera en Estados Unidos, San Francisco. Para vivir esa sensación de viajar a San Francisco entré en el Street View de Google Maps, obteniendo la imagen que podéis ver abajo.

Esta semana pongámonos pues unas flores en el pelo y vayamos hasta San Francisco con Scott McKenzie.

martes, 6 de abril de 2010

La vida de los otros

Esta película alemana ganó el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa el año pasado, además de llevarse otros importantes premios tanto fuera como dentro de su país. “La vida de los otros” es un interesante thriller, que aborda los pormenores del espionaje que llevaba a cabo la policía en la antigua República Democrática Alemana (RDA), durante los años ochenta. Tiene todos los ingredientes de una gran película.

Las interpretaciones son fantásticas y la historia francamente buena, al estilo del cine clásico que tantos cinéfilos echan de menos.

*** Spoilers! ***

Un policía de la Stasi (Policía secreta de la RDA, creada a imagen y semejanza del KGB soviético) debe seguir las escuchas telefónicas de un conocido dramaturgo. El trabajo parece no tener demasiada complicación pero poco a poco el policía se va implicando cada vez más en la vida conyugal del escritor y su novia, una guapa y prometedora actriz. La cinta habla de la corrupta política del momento, con los altos cargos consiguiendo cualquier cosa a base de chantajes y actuaciones de dudosa legalidad, mientras los intelectuales luchan por sus ideales en un país donde opinar abiertamente suponía el fin laboral y, en muchos casos, incluso el personal.

La narración evoluciona quizás algo lenta pero jamás pierde su sentido ni su fuerza, viéndonos envueltos como espectadores en el doble juego del protagonista que se debate entre el mecánico cumplimiento de su deber y sus valores humanos. Las dudas le asaltan a medida que profundiza en el conocimiento de esas vidas ajenas que, hasta ese momento, sólo eran meros nombres en clave en una carpeta de expedientes. El hombre se sumerge hasta niveles que se alejan mucho de su deber policial, viéndose envuelto en ese caso de pasión, política y traición que le marcará de por vida a él y a los demás implicados.

*** Fin de Spoilers! ***

Curiosamente, el actor que interpreta al policía, Ulrich Mühe, estuvo investigado por la Stasi en la misma época que narra el film, cuando era un notable actor de teatro. Tras la muerte de Mühe, apenas unos días después del estreno de la película, su ex mujer declaró que ella había colaborado con la Policía secreta alemana aportando información sobre las actividades de su entorno. Todo ello no resulta extraño si tenemos en cuenta que la Stasi contó en su momento con más de 180.000 informadores en la RDA, con lo que controlaban prácticamente todos los movimientos de sus ciudadanos más relevantes.

La película tiene una ejecución muy correcta, con un buen final y cualidades muy positivas para tratarse de una ópera prima, escrita y dirigida por el alemán Florian Henckel von Donnersmarck. Era una propuesta arriesgada, puesto que el cine de corte político tiende a aburrir si no se encauza bien la historia, pero en este caso el realizador ha gestionado su material de una manera casi brillante. El resultado es una película muy recomendable que tiene una media de 8,5 puntos, procedentes de los más de 68.000 votantes del IMDB. Esto la sitúa en el puesto 55 en el Top 250 de las películas más valoradas de esta página referente del cine.

domingo, 4 de abril de 2010

La cosa tiene huevos

Paseando hace un par de días por Deviant Art me encontré con unas imágenes que me hicieron reír muchísimo. Se trata de simples huevos y otros objetos inanimados a los que la autora ha pintado caritas, dándoles una expresión de lo más humana.



La responsable se llama NocturnalMOTH (nick bajo el que se esconde una tal Elise M.S.) y tiene una sección completa dedicada a estas imágenes, centradas en huevos y blisters de pastillas. Además también muestra en su deviantart otro tipo de creaciones, sobre todo dibujos originales, viñetas y fan arts de series manga y cómics.

La página de DeviantArt es una fuente inagotable de inspiración tanto para los artistas como para el resto de los mortales que sólo pasamos por allí a mirar :)

viernes, 2 de abril de 2010

Precious

“Precious” era para mí una de las mejores producciones que acudían a los Oscar de este año. Aunque al final sólo se haya llevado dos premios (Guión Adaptado y Mejor Actriz Secundaria para Mo’Nique) sigue pareciéndome una gran película, con muchísima emotividad y muchas bofetadas de realidad. Esto último ha sido principalmente lo que ha hecho que mucha gente no haya querido verla (“para qué sufrir en el cine si ya bastante se sufre en la vida real”) o la hayan despreciado un poco acusándola de sentimentalismo barato. Ni que decir tiene que yo no lo veo así y soy de las que piensa que el cine hay que vivirlo, sentirlo y, si hace falta, sufrirlo.

*** Spoilers! ***

La película cuenta la amarga existencia de Clareece Precious Jones, una adolescente de 16 años negra y obesa que sufre continuos abusos físicos y psíquicos por parte de sus padres. Marginada y apartada del colegio debido a su segundo embarazo, fruto del incesto al que la obliga su padre, su futuro es inexistente hasta que ingresa en una escuela especial para chicas como ella, con problemas familiares tan graves que en ningún otro lugar son bien recibidas.

Por suerte, Precious no estará sola en su intento por salir del agujero que la tiene atrapada. Una asistenta social, responsable de su caso en la sección de ayuda para personas sin recursos (e interpretada de forma sorprendente por Mariah Carey) la escuchará e intentará comprender y encaminar la complicada situación de la chica. Su profesora en esa peculiar escuela tampoco cejará en su empeño porque Precious aprenda a leer, escribir y a defenderse en su maltrecho futuro. No hay final feliz pero sí al menos una luz al final del oscuro túnel que la chica lleva atravesando toda su vida.

Es impresionante la historia paralela de su madre, una mujer egoísta y emocionalmente dependiente que envidia las atenciones sexuales que su marido le dedica a su hija, consintiéndolas pero al mismo tiempo pagando después su frustración personal con ella. Proyecta el profundo desprecio que siente hacia sí misma en su hija, a la que intenta arrastrar en su caída para que nunca se convierta en algo mejor de lo que ella fue.

*** Fin de Spoilers! ***

La terrible situación que viven muchas familias marginales en los barrios más conflictivos de Nueva York no es nada nuevo en el cine. La periodista y productora Oprah Winfrey se interesó enseguida por la historia, basada en el libro “Push” de la autora afroamericana Sapphire, y estuvo dispuesta a promocionar en todo momento la película. El film recuperó en su primer fin de semana de exhibición la totalidad del presupuesto que había costado, unos diez millones de dólares.

Gran parte del éxito de esta película lo tienen sus magníficas interpretaciones femeninas: la debutante Gabourey Sidibe, que fue seleccionada de entre más de 400 aspirantes para el papel de Precious y obtuvo con él su primera nominación a los Oscar; Mo’Nique, que aceptó participar en la película casi como terapia, puesto que ella también sufrió abusos cuando era pequeña (merecidísima su estatuilla); Paula Patton, en el rol de una profesora lesbiana que intenta enseñar a leer a jóvenes marginados; y Mariah Carey, que resulta de lo más creíble en su papel de trabajadora social afectada por las desgarradoras historias que debe escuchar.

Es una película muy dura, con mucha violencia emocional, pero que logra transmitir todos esos sentimientos al espectador. Por ello me gustó muchísimo y, aunque no nos cuente nada nuevo, lo cuenta de manera que nos implica aunque nos pille de lejos y nos hace valorar lo que tenemos, algo que no siempre consiguen los cineastas que lo pretenden.