miércoles, 21 de junio de 2006

El alquimista impaciente

"El alquimista impaciente" llegó a mi vida cuando mi pasión por la lectura iba decayendo, a la par que mi ilusión por escribir se deshacía en el tiempo como la escarcha. Su autor, Lorenzo Silva, ya era un fenómeno de masas cuando yo compré el libro. Pero yo, sin conocerlo de nada ni esperar nada diferente a lo que otros muchos autores plasmaban en libros mediocres incluso para el entretenimiento, empecé a leer.

Lo que me encontré me sorprendió gratamente, me enganchó, me devolvió al ensimismamiento de la lectura, me recordó que olvidarse del mundo durante unos minutos, horas incluso, era posible. Sin ser nada pretenciosa, la novela logró su propósito de encandilarme y despertar mi curiosidad por un género que yo no creía que tuviera cabida en nuestro país... la ignorancia es atrevida.

Descubrí que Bevilacqua y Chamorro eran reincidentes y ya aparecían como protagonistas de una novela anterior de Silva ("El lejano país de los estanques"), y que en los tiempos en los que yo leí "El alquimista impaciente" ya se había publicado una tercera entrega de la saga, "La niebla y la doncella". Con una ansiedad que no recordaba desde que compraba mis primeros cassettes de Hombres G, me fui a "El Corte Inglés" y me compré todos los libros de Lorenzo Silva que encontré en edición de bolsillo (apenas 5 ó 6 euros cada uno, os los recomiendo... leer está tirado!). Los devoré en unos días y ahora me considero una adicta, con serios problemas para superar el mono entre la publicación de una nueva novela con esta extraña pareja como protagonistas y la siguiente.

La última, "La reina sin espejo", salió al mercado las pasadas navidades, y aunque un pelín más densa que las anteriores tampoco me defraudó. El hecho de conocer a los protagonistas de los libros anteriores te hace sentir un vínculo de familiaridad con ellos que no se da en las novelas no seriadas. Casi sabes cómo van a reaccionar ante cada situación, qué van a decir, qué camino tomarán. Te hace sentir más protagonista, y yo creo que eso es más bueno que malo.

Aunque ya hace unos meses que no leo nada de Lorenzo Silva, tengo que agradecerle que su lectura me haya despertado de nuevo la ilusión por escribir. El estilo de este autor parece tan sencillo (aunque no lo sea) que por un momento piensas "si él puede hacerlo, yo también", y bajo esa máxima empecé mi segunda novela. No me importa no tener la calidad literaria de genios como Lorenzo Silva; lo único que es importante es mantener la ilusión. En mi caso, escribir significa salir de las tinieblas, algo que no hubiera sido posible sin esa musa que estaba perdida y reencontré leyendo "El alquimista impaciente".

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