jueves, 23 de agosto de 2007

El piano

Guardaba muy buen recuerdo de esta película australiana, de 1993 ganadora de varios premios, entre ellos oscars para las actrices principal y secundaria y para el guión original. Revisada casi 15 años después me ha transmitido los mismos sentimientos que entonces, una increíble sensación de dolor ante los hechos que se desencadenan y una satisfacción enorme al comprobar que de nuevo la historia consigue atraparme de lleno.

(Spoilers! – pero si alguien aún no la ha visto que le vaya poniendo remedio!).

“El piano” habla, por supuesto, de un piano. Ada McGrath es una joven madre soltera, muda desde pequeña, para la que su familia concierta un matrimonio con un rico terrateniente de Nueva Zelanda, allá por un año indeterminado del s.XIX. Pero su futuro marido descuida la importancia que el piano tiene en la vida y la expresión vital de Ada, no así el señor Baines, un vecino que recoge el piano abandonado en la playa e inicia con la mujer un extraño acuerdo: él le dejará tocar el piano si ella le deja que él la toque.

Lo que se inicia como una obligación desagradable, un trámite incómodo, se va convirtiendo poco a poco en un deseo irrefrenable que da paso a una hermosa aunque tormentosa historia de amor. Pero el marido de Ava descubre lo que ocurre y no está dispuesto a perder a su mujer, dándose cuenta de que el culpable de toda su amargura es el piano que ella anhela tocar por encima de todo. El momento álgido de la narración sucede cuando él nota que ella jamás podrá sentir por él lo que siente por el hombre que salvó su piano del desastre, y la rabia y la frustración se adueñan de su voluntad.

Las escenas son desgarradoras y la pasión contenida traspasa la pantalla de un modo que pocas películas consiguen. Harvey Keitel interpreta de nuevo un papel arriesgado, con desnudo frontal incluido, provocando que el desprecio inicial del espectador poco a poco se convierta en ternura. Por su parte, Holly Hunter borda su personaje de Ada, mientras que la cría interpretada por Anna Paquin saca de sus casillas a cualquiera por su carácter repipi y ese típico egoísmo infantil. Merecidísimos en ambos casos los Oscars, por supuesto, aunque por desgracia la carrera de Paquin se frenó mucho tras ese reconocimiento y tuvo un difícil paso del rol de niña al de adolescente y adulta.

La directora Jane Campion, conocida ya entonces por “Un ángel en mi mesa”, consiguió dotar a las imágenes de una sensualidad y una pasión que pocas veces se ven tan bien tratadas en el cine. A pesar de la crudeza de muchos aspectos de la narración, la historia es de una belleza impresionante y muy romántica, pero con un romanticismo desgarrado, atormentado, nada que ver con los pastelosos cuentos de Hollywood. La estética y la ambientación están cuidadísimas y todo en general hace de ella una película digna de ver y recordar como uno de los mejores ejemplos de buen cine contemporáneo.

2 comentarios:

  1. Como diría aquel .... PELICULÓN!.

    Aunque reconozco que prefiero la banda sonora a la película misma reconozco que me impactó enormemente cuando la vi. Cruda y descarnada por un lado, tierna y sensual por otro, la considero una gran película aún a pesar de ser una declarada amante del cine de acción .

    Teniendo una horrorosa memoria de pez como es mi caso, cuando después de tantos años sigo recordando escenas completas de una película y especialmente su final debe haberme llegado hondo ... y este es el caso!!

    Hay pelis que olvido el final solo 3 meses después de haberlas visto, lo cual a veces esta bien... puedo volver a verlas si las reponen jajajaja

    Pero no, no es el caso.... y sigo pensando que el sonido del metal contra el marfil de una tecla de piano puede ser el sonido mas hermoso del mundo :))
    Besitos

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  2. Jaja Giela, entre tu memoria y la mía no hacemos una completa, jajaja. Yo fíjate que también me acordaba bastante bien de los detalles de ésta, aunque preferí volver a verla antes de comentar por si mi percepción había cambiado con los años. Pero no, me sigue pareciendo, ahora igual que entonces, preciosa.

    + muacks

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