sábado, 8 de septiembre de 2007

Deseando amar (In the mood for love)

No soy demasiado seguidora del cine oriental, en gran parte porque me cuesta comprender sus expresiones simbólicas, conceptuales y minimalistas. Admiro eso sí su belleza estética y su gran sensibilidad, algo de lo que carece la cinematografía europea y más aún la estadounidense. "Deseando amar (In the mood for love)" es una película de Hong Kong del año 2000, dirigida por el afamado director Kar Wai Wong y que consiguió embaucarme en su mundo de efectos sensoriales.

En este film se narra la historia de dos vecinos en 1962, interpretados magistralmente por Maggie Cheung y Tony Leung, cuyos respectivos cónyuges están siempre ausentes por viajes de negocios. (Spoilers!). La soledad se palpa en cada una de sus actividades diarias y las similitudes de sus sobrias vidas los acercan cada día un poco más hasta que inician una tímida amistad. No se trata en ningún caso de una relación sexual, sino de un sentimiento latente y contenido que ambos comparten con la culpa del engaño planeando sobre ellos.

La tensión de esa relación aumenta cuando poco a poco van descubriendo la realidad de sus miserias: sus respectivas parejas son amantes. Sin embargo, ellos se niegan a consumar un engaño y guardan las distancias, deseando amarse pero sin querer convertirse en lo mismo que los otros: "no somos como ellos" es la frase que pronuncia Su Li-zhen para convencerse de que la infidelidad implica algo más que lo que ellos mantienen. Apenas un roce de la mano o un abrazo es lo máximo que expresan físicamente, con una gran fuerza sensual pero sin ningún contacto físico (siendo el cartel de la película de lo más engañoso puesto que en ningún momento tiene lugar en la cinta una escena con ese carácter sexual).

La manera de contar la historia es francamente hermosa. Las imágenes, cercanas a la estética teatral, muy coloristas, y el precioso tema central de Shigeru Umebayashi, que acompaña las escenas en cámara lenta más significativas del film, crean un ambiente absolutamente poético dentro de lo opresivo de la situación que viven los protagonistas. Todo tiene su significado, todo paso es dado con el máximo sigilo y todo movimiento es medido con increíble exactitud. Los deseos reprimidos se palpan en cada centímetro de metraje, manteniendo una tensión inhumana hasta que los dos apartan las intenciones que los torturan y toman caminos distintos, guardando sólo el recuerdo de aquello que pudo ser y no fue.

La película es exquisita, sobre todo visualmente. El simbolismo de la comida vuelve a estar presente en una producción oriental, como suele ser habitual, con imágenes absolutamente sublimes que transmiten con claridad el sentimiento que representan: soledad, miedo, dolor, deseo... Una de las escenas más bellas para mí es cómo se muestra el inicio de la relación entre ambos protagonistas, con ella yendo a buscar comida preparada y cruzándose con él en la puerta del establecimiento. Todo ello, en cámara lenta y con la extraordinaria música de Umebayashi de fondo, captando las intensas miradas que se dirigen y los leves pero significativos movimientos de cada uno, conforma un pequeño paraíso de los sentidos.

El director hongkonés Kar Wai Wong ya era conocido por una de sus anteriores producciones, "Happy together", de 1997, que narraba una apasionada y desgarradora historia de amor homosexual con esa peculiar estética visual que caracteriza a sus películas. A pesar de que a algunos les pueda resultar lenta, aburrida o repetitiva, "Deseando amar" es un magnífico ejemplo de cine visualmente creativo y potenciador de sensaciones, hoy por hoy bastante abandonadas e incluso desdeñadas por el público.

2 comentarios:

  1. Creo que esta es una de esas películas que me gustaría intentar ver, para poder opinar con fundamento sobre este tipo de cine...Si lo consigo ya te contare...

    Un abrazo!

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  2. Rubenvike, la verdad que a mí me sigue costando entrar en el cine oriental, aunque admiro como he dicho su enorme sensibilidad y su estética. Las costumbres orientales nos son en la mayoría de los casos tan ajenas que no consiguen despertar nuestro interés o nos parecen tontas o insulsas. Supongo que es cuestión de abrir la mente y dejar que la película te envuelva para comprobar si es capaz de transmitirte algo. A veces uno se puede llevar sorpresas :)

    saluditos!

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