martes, 15 de enero de 2008

Juegos secretos

“Juegos secretos” son dos historias paralelas que se tocan en un punto. Es una película diferente, un tanto extraña pero que pretende normalizar algo tan habitual de hecho como la infidelidad y dar otro punto de vista a la pedofilia. El título español hace un flaco favor a la cinta, que con el original “Little children” (“niños pequeños”) arroja mucha más luz sobre el contenido que ese superfluo y telefílmico “juegos secretos”.

La cinta habla de niños pequeños, efectivamente, y de adultos que no quieren o no pueden crecer. Sarah y Brad son dos jóvenes espontáneos y soñadores, casados cada uno por su lado y con hijos pequeños. Sarah es inteligente e imaginativa pero vive ignorada por su marido, un rico empresario que le da todo lo necesario para vivir desahogadamente en el aspecto material, pero no en el emocional. Por su parte, Brad es un alma de adolescente encerrada en cuerpo de adulto, abrumado por el éxito profesional de su esposa y su perfección ante cualquier actividad que se le plantee. No podría decirse que sean infelices pero ambos descubren que les falta algo en sus respectivos hogares cuando se conocen y comienzan a intimar (spoilers!).

Paralelamente a esta crónica de una infidelidad anunciada nos cuentan la historia de Ronnie (interpretado intensamente por un genial secundario,
Jackie Earle Haley), un cuarentón recién salido de prisión por exhibicionismo ante menores. Estas acusaciones en un barrio pequeño son una enorme losa que no le permitirá normalizar su existencia ni aspirar a una vida alejada del estigma de pedófilo.

Es interesante la manera en que se plantea el tema desde la visión de la enfermedad mental y la soledad, no la simple desviación viciosa. El propio Ronnie se reconoce incapaz de controlar sus bajos impulsos y sólo su anciana madre le anima a salir y hacer vida normal, sin tener en cuenta los insalvables obstáculos del problema de su hijo y su peligrosidad social.

Sarah y Brad, padres de hijos que perfectamente podrían ser el objetivo de un pervertido como Ronnie, ven desde cerca cómo se va produciendo una cruel caza de brujas contra el entorno del enfermo. Encabeza esa persecución otro personaje secundario excepcional, el policía retirado Larry Hedges, que sufre una profunda y agresiva depresión por haber disparado a un crío por error durante una intervención en un centro comercial. No dejan de ser ambos, cazador y cazado, almas perdidas en un mundo que no puede aceptar (y mucho menos perdonar) sus errores.

Sobre el tema de la infidelidad, sin llegar a defenderla sí se ve una falta de culpa en las acciones de los implicados y la convicción de que la decisión correcta es abandonar a sus respectivas familias e iniciar una nueva vida juntos, alejada del descorazonador juego del escondite y de los rumores. Precisamente cuando eso está a punto de ocurrir, sucede algo inesperado que hará que cada uno vuelva a su casa como si nada hubiera pasado. Esta parte es lo único de la película que no comprendo del todo: cómo él, ante uno de los pasos más importantes de su existencia, se deja llevar por su alma juvenil para recalar en una pista de skate con unos chavales, faltando a su cita con Sarah. Al mismo tiempo, ella decide que no esperará más y ante su ineficacia como madre que está a punto de perder a su hija por falta de atención prefiere volver al seguro entorno familiar que le proporciona su frío esposo. Todo queda como al principio.

Para mí es como un sinsentido: todo ese esfuerzo para nada? Pues así es, un simple calentón del que de repente despiertan. Supongo que será una muestra de madurez dentro de la inmadurez de los dos protagonistas que estaban dispuestos a fugarse como dos adolescentes. Aunque siendo sincera hubiera preferido que consumaran la huída y abandonaran todas aquellas imposiciones que no les hacen felices. Ahí estaría la diferencia entre la pasión y cualquier otro sentimiento, quizás.

Como película es un ejercicio muy correcto y hasta cierto punto original, que transmite muchos mensajes destinados al debate. No sé si difiere mucho o poco del libro en el que se basa de Tom Perrotta, pero la adaptación debe ser adecuanda puesto que el propio escritor colaboró en el guión, con el que obtuvieron una nominación en los Oscar, y también interpreta un pequeño papel en el film. La dirección es notable, a cargo de
Todd Field, pero lo realmente destacado de la película es el reparto, tanto protagonistas como secundarios. Kate Winslet (nominada al Oscar por este papel) vuelve a descubrirse como una actriz arriesgada que llena de vida cualquier personaje, con ese espíritu cotidiano de “chica de al lado” que a todos enamora. Su compañero de cartel Patrick Wilson vuelve a tocar un tema similar al que ya se abordó en su anterior película “Hard candy” aunque situándose esta vez en el otro lado de la moneda. La película merece sin duda un atento visionado y un aplauso por su calidad de forma y fondo.

2 comentarios:

  1. Esta peli me gustó (y me impactó) bastante. Sobre todo me gustó que no tiene moralina y presenta a los personajes y sus acciones de un modo muy imparcial.
    Tengo pendiente de ver Hard Candy, a ver si un año de estos puedo...

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  2. Angus, totalmente de acuerdo contigo. Los personajes actúan como lo sienten y eso hace que la película tenga un tono diferente a otras obras similares en las que sí se toma partido desde la dirección en los temas más peliagudos. En esta te dejan juzgar como espectador lo que te parece bien o mal.

    Aunque "Hard candy" es distinta seguro que tampoco te dejará indiferente.

    saluditos

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