viernes, 11 de febrero de 2011

Running Time (I)

Ha llegado el momento de dedicar una entrada (o varias) a algo que me ha hecho enormemente feliz en los últimos meses, aunque muchos considerarán que exagero. Se trata de correr. Hace poco dediqué una reseña al libro de Haruki Murakami “De qué hablo cuando hablo de correr”, que me encantó. Ahora me toca hacer mía su frase y explicar por qué ha sido para mí toda una revelación esto de correr.

Como muchos de vosotros sabéis, tengo un problema de hipercolesterolemia que me obliga a hacer ejercicio regularmente. Bueno, realmente no es una obligación pero sí una recomendación si quiero vivir muchos años sin sufrir aterosclerosis y otras complicaciones. Como mi dolencia tiene carácter hereditario, no hay ninguna manera de erradicarla, aunque sí de controlarla mediante la dieta, el ejercicio, los buenos hábitos y, en último caso, la medicación. Yo estuve medicándome para bajar el colesterol y los triglicéridos durante casi cinco años, hasta que un día pensé que era demasiado joven para maltratar mi hígado de ese modo con pastillas y preferí probar qué ocurría si cambiaba un par de cosas en mi vida sin recurrir a la química.

Los médicos son escépticos en estos casos: no apoyan el abandono de la medicación puesto que lo consideran una prevención más que un remedio, pero como la decisión por ahora es mía prefiero vivir con ese 1% más de riesgo cardiovascular que tengo en comparación con una persona totalmente sana. He de señalar que no fumo ni bebo desde hace varios años y sigo una dieta baja en grasas aunque no tan reducida en carbohidratos como debería, ciertamente, lo que en último caso afecta más a mis triglicéridos y a mi peso que a mi colesterol en sí.

Durante algo más de un año estuve yendo a un gimnasio, donde utilizaba la cinta andadora combinada con bicicleta estática tres veces por semana. El recorrido de la cinta lo hacía siempre caminando rápido y lo máximo que llegué a correr antes de asfixiarme fueron un par de minutos. Hace algo más de cuatro años me compré mi propia bici estática así que dejé el gimnasio y seguí mi entrenamiento en casa.

En estos últimos meses probé también varios tipos de aerobic, siguiendo vídeos y cursos de internet. Podéis pensar en esas películas en las que las mujeres entradas en años y con algunos kilos de más se enfundan en una malla, se colocan una cinta en el pelo y realizan torpemente los ejercicios que sugieren los vídeos de las famosas al ritmo de la música. Pues sí, algo así era yo.

El caso es que allá por el mes de junio del año pasado me dije que a lo mejor debería cambiar de ejercicio y probar eso que me decía todo el mundo: caminar. Hasta ese momento sólo pensar en “andar” por la calle sin objetivos claros me producía un aburrimiento profundo. Pero pensé que tampoco perdía nada por intentarlo y, si no me gustaba, no tenía por qué volver. Con mi índice de masa corporal rozando el sobrepeso leve (mi IMC estaba entre 25 y 26), me calcé mis viejos tenis, cargué mi mp3 con la música más motivadora que encontré y me lancé a la calle a caminar a buen paso durante algo más de 45 minutos.

Sorprendentemente, me encontré bien. Caminé a ritmo de marcha y sudé bastante, pero no me sentí cansada en exceso ni me aburrí. Al día siguiente sólo noté algo forzados los músculos de la zona de la pelvis y las caderas, así que decidí repetir, subiendo la intensidad y utilizando un contador para medir la distancia. El cuenta-pasos no fue demasiado fiable porque variaba los kilómetros de un día para otro realizando el mismo recorrido, pero sí me dio una primera orientación sobre mis posibilidades.

(continuará…)

12 comentarios:

  1. Yo, por ejemplo, cuando enfilo la calle del gimnasio siento como la pereza se apodera de mí, pero cuando salgo de él, oh, esa sensación es maravillosa. Y digo gimnasio pero lo mismo corriendo media horita o con una pachanga de basket. Y lo mejor es como con el tiempo ves que tu cuerpo necesita más.

    Y con buena música, sí, a poder ser. :D

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  2. Pues hiciste bien en decidir controlar tu problema genético con el ejercicio. Y además tienes mil ventajas más.
    Yo hace mucho que no salgo a correr (entre los exámenes y los grados bajo cero no me apetecía demasiado), y ahora volveré a empezar otra vez, a ver si supero mis humildes metas.

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  3. Sí, señora. Te felicito por la decisión y te animo a la constancia, pues seguro que los verdaderos resultados se verán a más largo plazo.

    A mi también me gusta mucho andar a paso ligero y voy cambiando el recorrido cada vez. Cuando voy por terrenos muy inclinados, echando los higadillos por la boca, me digo que nunca más, pero después se queda uno tan bien que al día siguiente no te importa repetir.
    Andar es adictivo. (Sin música no tanto :P)

    No pares, sigue, sigue... :)

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  4. La cosa empieza bien.

    Saludos desde La Elipa
    Jaal

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  5. El ejercicio es bueno para todo, moderadamente, pero con constancia. Siento mucho esos problemas que tienes, Lillu. Espero que nunca necesites demasiada medicación para estar bien y que con el ejercicio te llegue. En fin, qué te cuides mucho, vaya!

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  6. Creo que entre medicacion y cuidados (dieta y ejercicio), la decision esta clara.

    Yo hay muchos dias (esta tarde por ejemplo) que me cuesta ir al gimnasio. Pero creo que nunca la pereza ha podido conmigo, y aunque no baje los kilos que me sobran, ni consiga una figura de escandalo, se que por poco que haga, sera bueno para mi cuerpo.

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  7. Felicidades Lillu por controlar tu enfermedad. Yo tengo un problema cardíaco de nacimiento, me han operado varias veces a corazón abierto y llevo un marcapasos y una válvula mecánica. Y aunque soy muy consciente y una muy buena paciente, no tengo fuerza de voluntad ni constancia para ir a caminar cada día como tendría que hacer. La verdad es que es rara la semana que voy un dia... Por eso valoro tantísimo tu dedicación y constancia. Un beso y adelante!

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  8. Rubenvike, es que la primera sensación siempre es "nooo, no quiero ir, por quéeee??"... pero cuando sales te sientes tan bien que estás deseando volver XDD Lo del deporte es super adictivo, sí.

    Isi, yo corro despacito, y más despacio aún desde que uso pulsómetro, jaja. Aquí la ventaja es que suele hacer buen tiempo, así que eso siempre anima un poco más a salir a correr.

    JuanRa, yo no me planteo ir sin música; creo que me moriría de asco!! jajaja.

    Jaal, gracias :D Estos días postearé mis mejoras, jeje, nada del otro mundo, la verdad, pero estoy muy orgullosa :)

    Javi, sé que tarde o temprano voy a tener que retomar la medicación, pero voy a intentar que sea más tarde que temprano al menos :)

    Jose, mi objetivo no era tampoco bajar de peso pero lo conseguí casi sin querer. De todos modos, estoy de acuerdo con lo que dices de que eso es secundario: lo importante es sentirse bien haciendo ejercicio. Eso lo contaré en una próxima entrada también :D

    Guacimara, cada uno tiene su situación y no es fácil obligarse a cosas que no apetecen nada. A mí también me pasa con lo de estudiar las opos, por ejemplo, que me da una pereza inmensa. En tu caso, tu enfermedad es más seria que la mía y ya sabes que tienes que cuidarte, pero seguro que llegará un día en que te encuentres con fuerzas para empezar a hacer un poco de ejercicio, sin necesidad de obligarte, y verás lo bien que te sientes!

    saluditos a todos!

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  9. Venga, Lillu, que lo estás haciendo muy bien!! Yo tengo que ponerme a hacer ejercicio, a ver vuelvo a animarme. Besos.

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  10. Vero, dicen que el que tuvo retuvo, no? Así que si ya eras deportista antes no te costará volver :)

    saluditos!

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  11. Suppongo que en estos casos la autodisciplina es un factor decisivo, y adivino que tú la tienes, en mi caso la fiebre del gimnasio duro un año, y luego me cansé.

    Saludos

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  12. Sese, hombre, algo de autodisciplina sí que es necesario, para qué mentir. De todos modos, yo llevo mejor lo de correr que lo de ir al gimnasio, que me daba mucha más pereza.

    saluditos!

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