jueves, 15 de octubre de 2009

El graduado

Voy remendando esos pequeños agujeros que tengo en referencia al cine clásico de los sesenta y setenta. Intento ver al menos las películas más conocidas y valoradas de esa época, aunque ahora, treinta e incluso cuarenta años después no todas conservan las propiedades que les dieron fama por entonces. “El graduado” es uno de esos clásicos de finales de los sesenta que revolucionó las salas de cine del momento por su irreverencia, aunque vista hoy no deja de ser una peliculita rara, con unos cuantos detalles interesantes pero que escandaliza más bien poco.

He de decir, antes de nada, que el protagonista principal de la cinta,
Dustin Hoffman, no es santo de mi devoción. Aunque reconozco que sí ha tenido muy buenos trabajos a lo largo de su carrera (creo que el mejor, sin duda, “Rain Man”), su presencia en una película no es en absoluto un reclamo para mí.

*** Spoilers! ***

Ben es un joven recién graduado al que todos auguran un futuro prometedor en la universidad. El caso es que él no tiene tan claro lo que quiere hacer con su vida y siente que sus padres son los que controlan el rumbo de su existencia. Una noche, una amiga de la familia, casada, alcohólica y cuarentona (
Anne Bancroft), se le insinúa descaradamente, seduciéndolo hasta hacerle caer en sus redes. Se inicia ahí una aventura con el único nexo de una mutua compañía sexual, que a la señora Robinson la saca del hastío matrimonial que vive desde hace años, y que al tímido Ben le abre las puertas al desconocido mundo del sexo compartido.

Transcurren de ese modo las semanas, sin conversaciones, sin preguntas, con encuentros furtivos en un hotel con nombres falsos y noches llenas de sexo y vacías de emoción. Hasta que un día, obligado por sus padres (que ignoran las andanzas de su vástago), Ben accede a tener una cita con la hija de los Robinson, Elaine (
Katharine Ross), con la que descubre una afinidad desconocida hasta entonces en las citas con la madre. Pero ésta no está dispuesta a perder las noches de pasión con el joven graduado y amenaza con impedir a cualquier precio su relación con Elaine.

Ben persigue y acosa a Elaine, que lo rechaza tras enterarse de los devaneos del joven pretendiente con su madre. Dispuesta incluso a casarse con otro, la chica se da cuenta in extremis de quién es su verdadero amor, que dicho sea de paso irrumpe en la iglesia durante la boda ocasionando un revuelo digno de cualquier guión de Tarantino, en una de las mejores escenas de la película para mi gusto.

*** Fin de Spoilers! ***

No voy a ser demasiado crítica por lo que representó “El graduado” en su momento, pero he de decir que la película me parece bastante aburrida y muy irregular. La presencia de Dustin Hoffman, insisto, no ayuda en nada a que me crea a un joven turbado por la adulta amiga de la familia. De hecho, se trata de un actor que para mí nunca ha sido joven, por lo que este papel en mi opinión no le pega nada, menos aún teniendo en cuenta que tenía treinta años cuando rodó la película pero interpretaba a uno de veinte (eso también pasaba en “Sensación de vivir” y me lo creía tan ricamente, pero aquí me cuesta más), y lo peor era que Anne Bancroft sólo le llevaba cinco años en la realidad…

El caso es que la película tiene para mí bastantes altibajos. La música de Simon & Garfunkel salva en gran parte el metraje, que tiene muchos puntos vacíos que pretenden darle una profundidad que no acaba de calar. Suenan, entre otros, “The sound of silence” y “Mrs. Robinson”, temas a los que dediqué ayer la
entrada de este blog. Por lo demás, tiene algunos juegos de cámara novedosos y algún detalle de genialidad que, sin embargo, no la sitúan entre mis obras cinematográficas preferidas.

Gracias a esta película Dustin Hoffman, que venía de hacer unos cuantos papeles menores en televisión, se convirtió en un actor imprescindible (a pesar de su rictus inamovible, que se podría bautizar como “cara de pánfilo”) y en 1969 estrenaría otro de sus grandes éxitos de la década, “Cowboy de medianoche”. Por su parte, el realizador
Mike Nichols se consagró con “El graduado”, que le valió un Oscar a la mejor Dirección, después de haber dirigido ya en 1966 otra joya, “¿Quién teme a Virginia Woolf?”. De todos modos, tampoco es un director que me llame especialmente la atención, y eso que he visto muchas de sus películas. Por aquí creo que la única suya que he comentado ha sido “Closer”, que sí me resultó bastante interesante.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Simon & Garfunkel

A casi todo el mundo le sonará alguna canción de este dúo neoyorkino formado por Paul Simon y Art Garfunkel, que obtuvieron sus mayores éxitos en la década de los sesenta. Su folk-rock llegaba fácilmente a la juventud del momento y su calidad los hizo merecedores de varios premios Grammy. A pesar de que se separaron en varias ocasiones e intentaron impulsar sus carreras como solitas, siempre serán recordados como dúo.

Muchas de sus canciones, entre ellas "The sound of silence" y "Bridge over troubled water", entre otras, han sido utilizadas a menudo en celebraciones religiosas católicas. Incluso puede que algunos de vosotros recordéis la traducción de "The sound of silence" que se cantaba en algunas misas en España como "Padre Nuestro". Yo sí recuerdo haberla cantado de pequeña!

El dúo vivió su mejor momento con el estreno de la película "El graduado", una revolucionaria cinta rodada en 1967 para la que Simon & Garfunkel compusieron la banda sonora. Entre las canciones que sonaban en la película destacan sin duda "Mrs. Robinson" y "The sound of silence", que acabarían convirtiéndose en dos grandes clásicos de la música. Ésta última suena precisamente durante todos los títulos de crédico iniciales de la película. Podéis verlo (y escucharlo) en este enlace de YouTube.

Casualmente esta semana he visto la película, una de esas que tenía pendientes desde hace tiempo y nunca me decidía a ver, en parte por mi fobia hacia su protagonista principal, Dustin Hoffman. Al final he conseguido superar mis prejuicios y la he visto. El comentario sobre ella, mañana :)

Mientras, suena "Mrs. Robinson" de Simon & Garfunkel.

martes, 13 de octubre de 2009

En ausencia de Blanca

“En ausencia de Blanca” es una historia de dependencia emocional más que de amor. Es una novela corta, escrita por Antonio Muñoz Molina, en la que se nos narra la relación de Mario con su esposa Blanca, dos personas muy diferentes que en algún momento de sus vidas se encontraron y se necesitaron. Ahora, Mario duda de que su mujer sea la misma y analiza los pormenores de su fracaso y las sospechas del alejamiento de su esposa.

Mario es un funcionario de la Diputación de Jaén, un hombre metódico, tranquilo, de pueblo, un tipo de costumbres, ahorrador y equilibrado. El desequilibrio llega a su vida en forma de mujer, una joven llamada Blanca a la que él rescata de un infierno de soledad y drogas en el que la ha sumido su afición por el mundo bohemio, egoísta y descontrolado del arte y los artistas. Él, que hace no demasiado vio cómo se rompía una relación de años con su novia de toda la vida, ve en Blanca la novedad de la improvisación, una aspiración imposible que parece tomar forma en sus manos.

Los años felices de Mario y Blanca terminan abruptamente cuando el protagonista nota que su mujer ya no es su mujer, que hay en esa figura otra que ha usurpado el cuerpo de Blanca y que se comporta casi igual, pero en el fondo diferente a como lo hacía su esposa. Con esa nueva situación ante él echa la vista atrás y va desgranando los pormenores de una historia que en realidad nunca había parecido real. Dos mundos totalmente opuestos, diferencias culturales y sociales insalvables, por las que un día Mario pasó sin querer ver más allá, idolatrando a Blanca y viviendo sólo para ella.

Ahora, dándose cuenta de que Blanca se ha ido, no sabe si vivir con ella, la nueva mujer que ha tomado su lugar, o volverse loco pensando en lo que pudo ser y no fue, si no hubiera elegido aquel día a una joven borracha, enferma y desvalida que cambió el curso de su existencia. La perfección del mundo de Mario se derrumba y ante él aparecen todos esos detalles que sin lugar a dudas hubieran puesto fin a su matrimonio si no fuera porque la droga llamada Blanca ya se encontraba surcando sus venas sin remedio: los desprecios del entorno de ella hacia su inferior clase social, su ignorancia acerca de los temas en los que Blanca se movía con soltura, la anulación total y absoluta de su propio ser en pos de pasar más tiempo con ella y satisfacer sus deseos.

Antonio Muñoz Molina publicó “En ausencia de Blanca” en el año 2000, siendo ya un escritor de reconocido prestigio. En 1987 ganó el Premio Nacional de Narrativa por “El invierno en Lisboa” y en 1991 fue galardonado con el controvertido Premio Planeta por “El jinete polaco”. También es autor de
“Plenilunio”, libro que reseñé en este blog hace un tiempo, además de otra veintena de obras.

“En ausencia de Blanca” es una novela breve que se lee en una o dos tardes, de forma intensa, así que es muy recomendable para aquellos que se asustan con las novelas largas o que no tienen demasiado tiempo para dedicar a la lectura. En parte puede ejercer una especie de autoayuda para los que en algún momento han sido dependientes de sus parejas en cualquier aspecto. Hay pasajes que todos reconoceremos, en los que nos identificaremos a nosotros mismos o a parejas de amigos, con relaciones cerradas y casi enfermizas.

Me tomo la libertad de recomendar a todo el mundo que mantenga su individualidad en su vida de pareja, porque la pareja es una suma de 1 + 1 y no una asimilación de uno al otro y el amor no significa en ningún caso sumisión ni pérdida de la identidad. Sin esa actitud, por poner mi propio ejemplo, yo ahora mismo estaría perdida, y gracias a haber mantenido siempre mi propia parcela de vida, ocio y relaciones ahora puedo rehacer mi pequeño mundo de una forma menos traumática, dentro de lo que ya de por sí tiene de traumático una ruptura y un nuevo comienzo.

sábado, 10 de octubre de 2009

Happy. Un cuento sobre la felicidad

No iba a comentar esta película, porque me pareció extraña, arrítmica y tramposilla, pero han pasado un par de días y no consigo quitarme de la cabeza una palabra: Enraha! Si no la habéis visto, evidentemente la palabreja os sonará a chino, pero creedme, de todo el metraje es lo que más mella me ha dejado. Empezaré diciendo que “Happy. Un cuento sobre la felicidad” (“Happy-Go-Lucky”) es una película del director británico Mike Leigh, un hombre barbudo con pinta de indigente que (dicen) retrata a la perfección los conflictos y las relaciones sociales, preferentemente desde el punto de vista de las féminas. Entre sus cintas más conocidas están “Secretos y mentiras” o “El secreto de Vera Drake”, ambas anteriores a la obra que nos ocupa.

*** Spoilers! ***

Poppy (interpretada por la actriz británica
Sally Hawkins) es una profesora de educación infantil a la que un día le roban la bicicleta. Lejos de contrariarse, el incidente le da un empujón para decidirse a sacar el carnet de conducir. Para ello, contrata los servicios de Scott, un profesor de autoescuela conservador, oscuro, cascarrabias, intransigente y lleno de traumas y ofuscaciones sexuales.

A pesar de que ella es positiva en todo momento y en todos los aspectos de su vida, parece que la gente que la rodea no tiene muy claro que realmente Poppy sea feliz viviendo así. Sus hermanas menores y el arisco profesor creen que ella no se toma nada en serio y que su actitud es una negativa directa a encarar los verdaderos problemas de su vida. La realidad es que su positivismo no llega siempre a influir en los demás, por mucho que ella se empeñe en difundirlo.

De las rígidas clases prácticas de Scott viene lo que comentaba al principio de “Enraha”, que es la manera como denomina el monitor al espejo retrovisor central. El hombre exhorta continuamente a Poppy a que consulte el espejo pronunciando esa palabra sin descanso.

*** Fin de Spoilers ***

Fuera de ese planteamiento, la película no ofrece ninguna novedad, más que un retrato costumbrista de una treintañera excéntrica y un poco alocada, que vive a su manera y ve siempre la parte buena y generosa de todo el mundo. Un poquito pesada, la chica, para qué negarlo, y un pelín estresante su intención de que todo el mundo esté contento y feliz y hable por los codos.

Lo dicho, se deja ver, pero por mucho que digan que es una cinta “fresca y divertida” a mí personalmente no me ha aportado nada relevante.

jueves, 8 de octubre de 2009

Dust in the wind

Kansas es una de esas bandas de los setenta que, a pesar de hacer rock progresivo, casi todo el mundo recuerda por una balada. Ya se sabe que todo grupo de rock tiene su canción lenta que los caracteriza, y en el caso de Kansas se trata de "Dust in the wind", un precioso tema que analiza la condición efímera de la existencia humana.

Esta banda procedente, como no, del estado norteamericano de Kansas, se formó en 1972, aunque sus grandes éxitos como "Carry on Wayward son" y "Dust in the wind" no llegarían hasta el final de la década. Yo he de reconocer que sólo conozco precisamente esos dos temas suyos, puesto que mi interés por el rock setentero es más bien reciente. Además, la de "Carry on Wayward son" la conocí gracias a la serie "Sobrenatural", de la que aquí tenéis un magnífico vídeo con la canción, por si os interesa.

El grupo, que actualmente sigue en activo aunque con algunos cambios en relación a su formación original, abandonó progresivamente el rock progresivo (jejeje) para acercarse a los sonidos del rock más tradicional, aunque nunca revivieron el éxito que habían tenido en los setenta. Tras múltiples problemas, separaciones, escisiones y cambios, en el nuevo siglo retomaron la banda sobre todo para ofrecer una gira de conciertos a sus seguidores.

Esta semana en Lillusion, sólo somos polvo en el viento... "Dust in the wind", de Kansas.




PD: Este cambio de música tenía que haberse publicado ayer, pero no pudo ser... cosas que pasan :)

martes, 6 de octubre de 2009

La caverna de las ideas

En mi afán por leer toda la obra de José Carlos Somoza, le ha tocado el turno esta vez a “La caverna de las ideas”, una de sus novelas más conocidas y valoradas. Se trata de un libro que mezcla los géneros histórico y de suspense, con toques de terror que más adelante serán muy utilizados por el autor en otras obras. Somoza publicó esta novela en el año 2000, la sexta en su bibliografía que ahora mismo suma ya más de una docena de títulos.

“La caverna de las ideas” transcurre en la Grecia clásica, donde los horribles crímenes de unos jóvenes estudiantes de la Academia de
Platón mantienen en vilo a la ciudad de Atenas. El “descifrador de enigmas” Heracles Póntor es requerido por el maestro de los efebos, Diágoras de Medonte, para buscar la causa de tan atroces acontecimientos.

*** Spoilers! ***

Desde ese momento se va desgranando una compleja trama en la que las pistas confunden al investigador y el propio lector se ve también confundido por la presencia de un extraño traductor que no deja de escribir notas al margen e intervenir en la novela. Todo ello hace del libro una obra diferente, en la que el lector observa con curiosidad la interrelación del traductor de un documento griego con el contenido de su trabajo.

Narrado así, en dos historias paralelas pero entrecruzadas en algunos pasajes, el misterio de los asesinatos va guiando al sufrido Heracles Póntor hasta una secta destructiva, de las muchas que poblaban la Grecia de aquella época, en la que el placer está por encima de la virtud, la inmolación por encima del arrepentimiento y la razón de los filósofos no tiene ningún valor. El
mito de la caverna de Platón, al que hace referencia el título de la novela, también tiene su lugar en la narración, aunque de un modo más tangencial.

*** Fin de Spoilers! ***

Para mí la obra tiene dos pegas importantes aunque no determinantes para su valoración literaria: encontrarse demasiadas notas al margen agota al lector (al menos en mi caso), porque obliga a desligarse momentáneamente de la narración para leer una explicación o un apunte que, por mucho que tenga que ver con la historia en sí, no deja de ser una “nota al margen”. En este caso es peor aún, puesto que las notas no son de Somoza sino de uno de los personajes creados por él,
el Traductor, y forman parte de la novela en sí, por lo que resulta imprescindible leer esas notas.

En segundo lugar, suelo consultar en el diccionario todas las palabras que desconozco cuando leo algo, y en “La caverna de las ideas” tuve que agenciarme una libreta para no interrumpir la lectura e ir apuntado decenas de vocablos para buscar más tarde su significado. Eso hace que la lectura no fluya tanto como debería, aunque esta segunda queja puede que se deba a mi ignorancia y no al excesivo uso de palabras raras, quién sabe (personalmente para mí óbolo, peplo, albayalde, sátrapa, fíbula o báratro, por poner unos cuantos ejemplos, son palabras poco – o nada - habituales en mi vocabulario).

Dejando a un lado esas dos razones formales, el libro está muy bien. De él salen ideas que el autor aplicará también en sus siguientes obras, como
“ZigZag” o “La dama número trece”. Somoza es quizás uno de los escritores que más acostumbra a hablar del propio oficio del escritor, haciendo que muchos de sus protagonistas se dediquen a escribir o vean cómo sus personajes inventados toman vida dentro de las propias novelas que ellos escriben o en su misma realidad. Son planteamientos muy curiosos y originales, recurrentes en las novelas que he leído de este autor.

Ahora recuerdo que también Paul Auster aplica una técnica semejante en
“La noche del oráculo”, a la que yo denominé en su entrada “muñeca rusa” de la literatura. Pues éste es un caso parecido, un texto dentro de otro texto cuyos personajes acaban interactuando y casi enloqueciendo por la situación, igual que el implicado lector.

Aunque ésta no es su mejor novela para mí, sí que es entretenida y trabaja muy bien la sorpresa final. Tiene momentos un poco espesos por las descripciones y el lenguaje aplicado a la Grecia clásica, pero es una obra intrigante y merece la pena leerla.
De hecho, pienso que Somoza escribe obras muy “redondas”, con buenos inicios, tramas interesantes y adictivas, y finales muy correctos y bastante sorprendentes, que es precisamente donde fallan muchísimos escritores hoy en día. Cuando encontramos a uno que conoce bien su oficio y lo demuestra hay que aprovecharlo.


(...) Escribir es extraño, amigo mío: en mi opinión, la primera actividad más extraña y terrible que un hombre puede realizar – y añadió, regresando a su económica sonrisa - : Leer es la segunda.

domingo, 4 de octubre de 2009

Día Mundial de los Animales

Hoy 4 de octubre se celebra el Día Mundial de los Animales, fecha en la que se llevan a cabo multitud de eventos en todo el mundo para defender los derechos animales y fomentar la protección de las especies. He robado descaradamente la foto del blog Anima-Blog, donde Perséfone publica noticias y artículos de lo más interesante sobre el mundo animal. Si sois amantes de los animales no dudéis en visitarlo.

Según la Wikipedia, el Día Mundial de los Animales se instauró en Florencia (Italia) en 1931, en una convención de ecologistas. La fecha en concreto se eligió en honor a San Francisco de Asís, un monje amante de la naturaleza y patrón de los animales.

Por mi vida han pasado pocos animales, ciertamente, pero eso no quita que les tenga un especial cariño y defienda sobre todo su protección y respeto, igual que ellos nos respetan a nosotros. Bueno, con las cucarachas y los mosquitos no lo tengo tan claro... :P Hoy especialmente recuerdo a mi perro Zar y a mi tortuga Yasu, que acompañaron parte de mi infancia; a Misha, la gata de mi amiga Bea a la que yo cuidaba los fines de semana en mi época universitaria; y a mi lagarto Laggy, que estará ahora mismo en su patio esperando la ración diaria de pimiento (Draz, no te olvides!!)

Y para todas vuestras mascotas, feliz día!

viernes, 2 de octubre de 2009

Médico de cabecera de Octubre


Este blog llevaba ya mucho tiempo sin cambiar la cabecera, así que hoy toca dar la bienvenida a un nuevo médico de cabecera para el mes de octubre. Se trata de Möbius el Crononauta, al frente del blog "La cinta de Moebius". El suyo es un blog de lo más variopinto, con multitud de entradas interesantes, pero sobre todo cine y música. Buen cine y buena música, claro está.

Aunque Möbius me advirtió que lo suyo no era el diseño le agradezco muchísimo su aportación para Lillusion y me parece que la cabecera es perfectamente digna de aparecer aquí. Este blog lo hacéis en parte vosotros, así que vuestra participación es para mí muy importante.

Os recuerdo que, si os apetece confeccionar una cabecera para el blog, podéis leer las características en el enlace de la barra lateral o aquí mismo: Mi médico de cabecera(s). No tenéis que ser profesionales del diseño para colaborar con vuestra cabecera lillusiana, así que animaos!