lunes, 13 de julio de 2015

Londres (y XI - The Final Post): Compras en Londres

Tercer doctor de Doctor Who en el British Museum
Sí, queridos lillusianos, he vuelto para cerrar por fin la serie de entradas sobre nuestro viaje a Londres del año pasado. Sí, el año pasado, estáis leyendo bien y os rogaría que no ahondarais más en la herida. Han sido tiempos difíciles para este blog pero la que suscribe tenía el compromiso de rematar esta extensa revisión de nuestra estancia en la capital británica, empezada hace ya casi un año. Así que vamos allá!

El título de la entrada es un poco engañoso puesto que el objetivo de nuestro viaje londinense no era el de aprovechar su amplia oferta de tiendas y variedad de marcas y precios. Como casi todos sabéis, no soy fan de la moda o los complementos así que no me llamaban la atención las ofertas de las firmas más exclusivas del mundo, casi todas presentes en la zona comercial de la ciudad. Aún así, he de decir que Londres ofrece a los fans de las compras multitud de opciones tanto en la sección de artículos de lujo como en los chollos de mercadillo y segunda mano. Además, al ser una ciudad grande, se puede encontrar casi de todo solamente sabiendo lo que buscas y donde buscarlo.

Tienda friki en pleno mercado de Camden
En la primera imagen de esta entrada, arriba de todo, podéis ver una miniatura del Tercer Doctor de la serie Doctor Who, muy presente en todo el Reino Unido. Encontramos una pequeña tienda dentro de uno de los mercadillos de Camden que tenía una extensa oferta de objetos ochenteros, de películas y series de culto, del mundo del cómic y otras frikadas. Lo allí expuesto no tenía mucho orden pero a cualquier lado que miraras se sucedían las exclamaciones de sorpresa y/o excitación en continua cascada. 

Tuvimos que salir de allí un poco desconsolados, básicamente porque los precios eran los propios de objetos de factura limitada y reliquias, por los que cualquier fan pagaría lo que marcaran sin dudarlo. Pero nuestra limitación económica y de espacio no nos permitía traernos gran cosa así que la compra testimonial que hicimos fue esa miniatura de Doctor Who, una cajita que trae un Doctor aleatorio y que costaba, si mal no recuerdo, unas 2,5 libras. 

Continuando por Camden había decenas de tiendas de ropa gótica en las que le eché el ojo a un par de vestidos y alguna camiseta, pero sin decidirme finalmente por nada. Entré en la tienda de la marca de botas y zapatos New Rock para, de nuevo, desconsolarme un poquito ante la vasta variedad y los vastos precios por un lado y el exiguo espacio y limitado peso de mi maleta volando con RyanAir por otro. Mis compras en Camden fueron una bonita camiseta con un osito pirata (la podéis ver en la imagen que cierra este post), que me costó unas 10 libras, y un par de muñequeras de cuero que compré en un local especializado por 5 libras las dos. 

Tienda de botas New Rock en Camden
En Forbidden Planet adquirimos unos cuantos detallitos para nuestros amigos y algunos objetos para uso personal. Una vez más, tuvimos que refrenar la necesidad de comprarlo todo, puesto que esa cadena tiene la oferta más amplia de merchandising que se puede encontrar hoy en día en el mercado. Había un ala de una planta dedicada sólo a DVDs, ordenados por secciones según su estilo o condición, entre ellos, tres estanterías completas sólo de la serie Doctor Who, una entera dedicada a las producciones de Studio Ghibli y así con otras muchas que llamaron menos mi atención.

Sección de Doctor Who en Forbidden Planet
Sección de Studio Ghibli en Forbidden Planet
La sección de literatura ocupa la otra mitad de la planta, con una parte de cómics clásicos ordenados por colecciones, por épocas, por todo lo que se te ocurra. En la planta baja hay todo tipo de productos con referencias a juegos, series, animes, figuras, peluches, camisetas y todo lo imaginable dentro del universo friki.

Aparte de los regalos para algunos amigos, mi compra en Forbidden Planet fue una preciosa libreta de Doctor Who con la imagen de la Tardis en la portada. Tenía intención de llevarme también alguna camiseta (busqué con insistencia una de Diablo III) pero la oferta para chicas no era tan amplia y no encontré nada a mi gusto. 

Finalmente, el "grueso" de nuestras compras las hicimos en las tiendas de los museos, a pesar de que los precios de los objetos que allí se venden son bastante desorbitados. Al salir del Natural History Museum me encapriché de un peluche de glyptodon, un animal extinguido de la familia de los armadillos cuya reconstrucción fósil habíamos visto en el interior. Viendo mi emoción con el bicho, Exseminarista ye-ye soltó las 12 libras que costaba y me lo regaló.  

Glyptodon en el Natural History Museum
Lillu y su glyptodon de peluche
En la tienda de la Tate Modern compré unas postales preciosas de Turner y unos bolígrafos, con la intención de hacer pequeños regalos londinenses a algunas personas. En otras tienditas adquirimos unos marcapáginas de imán con las paradas de metro de la Bakerloo Line, unos llaveros y un imán de nevera, formato que se ha convertido en un clásico imprescindible de nuestros últimos viajes. 

Una última consideración que querría hacer con relación a las compras en Londres es la forma de pago. A pesar de que llevamos bastante dinero en libras para gastar allí, en mi banco me informaron de que podía utilizar la tarjeta de débito para pagar sin ningún problema. De lo que no me informaron fue de que, por el cambio de moneda, se me cobraría 1 euro por cada pago que realizara con ella, independientemente del importe gastado. El Banco Santander, entidad a la que pertenecía esa tarjeta, no me efectuó los cargos en cuenta hasta cinco días después de realizar los pagos, por lo que no pude consultar mis gastos ni percatarme de esas comisiones totalmente abusivas hasta que ya había utilizado la tarjeta una docena de veces para pagar en tiendas y restaurantes. 

Tras el disgusto y hacerles notar su desinformación al respecto vía Twitter, puse una reclamación en mi banco que fue ignorada. Lo mismo ocurrió con la cursada en la OMIC hace ya bastantes meses, así que doy por perdidos los 14 euros que me cargaron por cada vez que utilicé la tarjeta (insisto) de DÉBITO, no de crédito, sin ningún tipo de advertencia en cada uso de que se me estaba cobrando ese importe adicional por pagar en libras. 

Hay que señalar que a Exseminarista ye-ye su entidad bancaria (La Caixa) no le cobró ninguna comisión por utilizar su tarjeta de débito, ni en concepto de cambio de moneda de libras a euros ni nada similar. En su banca online pudo comprobar sus gastos casi automáticamente, y no cinco días después como fue mi caso con el Santander. Además, en La Caixa respetaron el cambio inicial prometido para cambiar de nuevo las libras sobrantes por euros al regreso a España. 

Mi consejo al respecto es que si realizáis compras en Londres paguéis en metálico en libras (cambiadas desde aquí, ya que cambiar moneda allí suele salir bastante más caro) y que os aseguréis de que vuestro banco no os está cobrando algo abusivo pero desgraciadamente legal como fue mi caso. Y por supuesto, aunque todos los bancos al final son casi lo mismo, no os recomiendo en absoluto que trabajéis con el Banco Santander, que cada vez ofrece peores soluciones a sus clientes sin importarle su antigüedad. 

Y tras esta queja pongo punto y final a esta serie de entradas sobre Londres, que empezaba en septiembre de 2014 después de un viaje maravilloso y enriquecedor, con la inestimable compañía de Exseminarista ye-ye. Hoy, casi un año después, tengo muchísimas ganas de volver a la capital británica para ir a los sitios que se nos quedaron fuera por falta de tiempo y hacer cosas que no cabían en nuestra agenda pero que están apuntadas como "pendientes" para una próxima visita.

Y si os quedáis con ganas de más, próximamente... viaje a Madrid en Lillusion!

Mis compras londinenses
*** (Haz click en las imágenes para ampliar)

miércoles, 6 de mayo de 2015

Resumen vacacional

No, por una vez no hablo de las vacaciones en Londres (aún me queda un post por publicar, no cantéis victoria, jijiji), sino de una semana de vacaciones que termina hoy y que necesitaba como agua de mayo, nunca mejor dicho.

Este blog está reflejando mi ánimo general para cualquier cosa y mi trabajo lo agrava todo debido al cansancio físico que me causa. Vale, no me quejaré mucho más porque tengo trabajo y eso es un bien escaso en los tiempos que corren, pero pagaría por tener constantemente esta sensación de relax y desconexión que he vivido esta semana de vacaciones. Y eso a pesar de estar lesionada y de no poder hacer muchas de las cosas que me proponía.

En la parte positiva, he de decir que las lanas han vuelto a mí! No trabajar estos días ha supuesto una mejora física sustancial: el cansancio desapareció esta semana y el pinzamiento del nervio de mi mano derecha me ha dado tregua. La mano se me ha entumecido mucho menos estos días y eso me ha permitido ganchillar de nuevo. Con un pequeño empujoncito anímico por parte de algunas personas que me rodean he conseguido que los ozitos de amigurumi vuelvan a hacer acto de presencia. 

En la parte negativa, un persistente dolor en un dedo del pie izquierdo se ha revelado finalmente como una fisura. Diez días de entablillado, inmovilización forzosa y reposo han evitado que pudiera acometer muchos de los proyectos pendientes para estas vacaciones. El dedo todavía no está bien pero hoy me toca reincorporarme al trabajo y confiar en que al menos no empeore la cosa. 

En resumen?: cené con amigos, comí con amigos y tomé café y cervezas con amigos; leí todo lo que pude del "Sandman" de Neil Gaiman; vi capítulos de "Supernatural", "Game of Thrones" e "Inside nº9"; ganchillé ozitos de amigurumi; le hice fotos a River; dormí mucho; comí demasiado; perpetré dos bizcochos fallidos; compré gravilla para mi jardín vertical; cogí a bebés en brazos; compré libros; vi programas aleatorios de "Vender para comprar", "La casa de mis sueños", "Tu casa a juicio" y otros espacios de viviendas ideales; comí helado; Exseminarista Ye-ye me hizo sonreír y también me hizo reír; madrugué algunos días y remoloneé otros; escuché música; tuve momentos de plena satisfacción; planté verduras en mi granja virtual, recogí verduras en mi granja virtual; pasé frío y después calor; me apunté en varias ofertas de trabajo, leí otras ofertas que me dieron la risa; le hice mimos a River; hablé de periodismo con jóvenes periodistas; jugué partidas de Apalabrados; bebí Baileys; me partí de risa viendo de nuevo "Dragones y Mazmorras" en la tele; comí comida china; leí reportajes y documentos aleatorios; hablé con amigos y con conocidos del pasado y del futuro; hice varios regalos; tiré bolígrafos sin tinta; me reí mucho con algunas personas y me entristecí mucho con otras; sentí vértigo; reinicié el móvil; pensé en hacer cosas que luego no pude hacer; fui a que mi médico me dijera que no había que amputar, que sólo era una fisura y cojeé a ratos; me dejé el pelo suelto y luego me hice coletas; me dieron ganas de llorar pero en otros momentos me reí bastante; intenté poner la mente en blanco y casi lo consigo; vi capítulos repetidos de "Castle" y vi capítulos muy repetidos de "Castle"; hice café; me cagué en algunas cosas y personas; saqué los pantalones cortos del armario; planeé vacaciones irrealizables por ahora; me hice un análisis de sangre; vi los informativos de la tele con indignación y tristeza; jugué con River; fui al supermercado; rechacé dos placajes de "voluntarios" de ONGs por la calle; di besos y abrazos; comí lentejas fritas; conduje por la autopista del sur; miré sonriendo a Exseminarista Ye-ye antes de dormir; tomé ibuprofeno; hablé con mi familia por teléfono; me vendé el pie malo con resultados poco satisfactorios; canté en el coche; comí perritos calientes; compartí enlaces y fotos en Facebook, Twitter e Instagram; viví, entre otras muchas cosas.
 
En general, ha sido una semana agradable, con algún toque amargo, en la que he llegado a algunas conclusiones que no puedo compartir aquí pero que estarán presentes a partir de ahora en mi periplo vital. Queridos lillusianos, disfrutad de la vida y todo lo negativo que no podáis cambiar intentad que no os afecte tanto como para arrebataros la ilusión.

miércoles, 1 de abril de 2015

Londres (X): Comer, beber y degustar

Empezando la mañana con un café para llevar
Una de las quejas más comunes de los españoles que visitan Londres es que comer resulta caro. No diré que es del todo falso pero personalmente tampoco me pareció algo tan excesivo como esperaba. Lo que sí resulta exageradamente caro en comparación con las costumbres españolas es fumar y beber alcohol, pero para comer en sí dispones de muchas opciones, algunas incluso dentro del limitado presupuesto de un españolito de a pie (servidora) que se deja caer por la ciudad del Big Ben.

Yo, como sabéis, no fumo desde hace años, pero mi pareja sí es fumador y se llevó tabaco en la maleta en vista de las previsiones. Un paquete de cigarrillos puede costar allí entre 6 y 10 libras, dependiendo de la marca. Sí, he dicho un paquete, no un cartón (al cambio, una cajetilla cuesta como mínimo 8-9 euros). Con el alcohol ocurre algo parecido. El precio habitual de una cerveza en un pub típico británico es de unas 4 libras (algo más de 5 euros), salvo que pilles la "Happy Hour" de algunos locales donde quizás la puedas encontrar por 2 libras. Una copa de vino en un restaurante normalito se sitúa en torno a las 5 libras (casi 7 euros). Estos precios se pueden reducir un poco en las cadenas de "fast food" que abundan en Londres. En general, y si la idea es no gastar demasiado durante el viaje, la mejor opción es beber agua (en algunos restaurantes te sirven sin costo una jarra de agua "del grifo" a la hora de comer) y dejar el consumo alcohólico británico para ocasiones especiales

The Plough, un pub cerca del British Museum abarrotado en la happy hour
Como nosotros no teníamos incluido el desayuno en el hotel, desayunamos algunos días en cafeterías de la zona. Habíamos llevado un básico de galletas y zumos de frutas en la maleta, así que en algunas ocasiones sólo necesitábamos complementar el desayuno con un café para llevar. La mayoría de las cafeterías de la ciudad te preparan el café en cómodos vasitos de cartón con tapa. El precio es ligeramente superior al de los cafés en España pero los tamaños también son superiores. Como dato informativo, en ninguna ocasión conseguí terminarme los "café latte" que pedía, que eran auténticos barreños y estaban normalmente deliciosos. Lo más barato es el café "expresso", que equivale a un café solo español y suele costar algo más de una libra. Los cafés con leche o especiales tienen su precio a partir de las 2,5 libras, aunque insisto, los tamaños son el doble de lo que podemos encontrar en España y en general son de buena calidad.  

English breakfast en Garfunkel's
El desayuno clásico inglés o "english breakfast" lo pedimos sólo el último día antes de regresar, más que nada por la curiosidad. Aunque lo ofrecen en varios sitios, a mí me llamaba la atención una cadena llamada Garfunkel's, sobre todo por el nombre y la estética de los cincuenta. Pues bueno, no lo recomiendo en absoluto. El desayuno fue caro para lo que ofrece y la comida no estaba más que pasable. Había varias opciones con los típicos huevos fritos, bacon, judías (de lata), tostadas (que cobraron aparte, algo fuera de lugar en mi opinión), salchichas, tomate asado y un par de cosillas más. Pagamos algo más de 8 libras por cada desayuno (11-12 euros), un precio exorbitante para la satisfacción que obtuvimos con su degustación. 

Bocata al gusto (pollo, lechugas, tomate) de Scott's Café, Covent Garden
A la hora de comer hay cientos de opciones donde elegir. Muchísimos locales tienen comida preparada para llevar, que te colocan en cómodos tuppers con sus correspondientes cubiertos. Suelen preparar además bocadillos al gusto con decenas de ingredientes, como el que nos prepararon en Scott's Café, un sitio al lado de Covent Garden, donde pudimos elegir el tipo de pan y los ingredientes por menos de 5 libras. El londinense típico cocina poco y suele comer fuera de casa cuando trabaja así que la hostelería se lo facilita al máximo. Los supermercados también tienen muchísimos platos preparados, pastas frías, sándwiches, ensaladas y combinados de frutas lavadas y troceadas. Todos los envases suelen venir con su tenedor de plástico incluido. Nosotros recurrimos a estas opciones algunas noches, haciendo la compra normalmente en un Tesco abierto las 24 horas al regresar al hotel o en un Marks & Spencer que también nos cogía de camino. 

En estos supermercados puedes encontrar sándwiches desde 2 libras los más básicos. Las frutas y verduras frescas suelen ser más escasas en estas grandes superficies y bastante más caras en general. Se venden por pieza, no por kilo, y por ejemplo un plátano (banana más bien) nos costó 18 peniques (unos 25 céntimos de euro cada plátano) y una manzana subía hasta los 40 ó 50 peniques. En Londres hay bastantes mercados con más variedad de productos naturales y mejores precios, aunque obviamente no era nuestro principal objetivo visitarlos. Sí es cierto que también se puede comer muy bien en los puestos de esos mercados, muchos de ellos preparados al efecto con algunas mesas en su exterior. En otros mercadillos al estilo de los de Camden la oferta de puestos de comida internacional es también enorme y a muy buen precio, para comer algo rápido mientras se va caminando y revisando las tiendas.


Puestos de comida en el Stable Market de Camden
Dentro de las instalaciones de los museos hay varios restaurantes y cafeterías con bocadillos y platos preparados, pertenecientes a varias cadenas como Benugo. Nos decantamos también por estas opciones alguno de nuestros días de visita intensiva, pagando entre 3 y 5 libras por cada bocadillo o plato envasado. El resto de los almuerzos-cenas probamos chino, mexicano, italiano, portugués, hindú, típico británico y, cómo no, un tradicional fish & chips bastante bueno en un local normalito de la zona donde nos alojábamos. El fish & chips es un clásico de la comida rápida inglesa por el que yo tenía especial curiosidad. No deja de ser un filete de pescado frito con patatas fritas, pero el que comimos estaba realmente bueno, sin ninguna espina y nada aceitoso. Pagamos 9 libras por cada ración, bebida incluida.


Fish & Chips en Sussex Fish Bar
La oferta de restaurantes internacionales en Londres es apabullante, como corresponde a una capital multicultural donde viven más de 8 millones de personas. Según la zona puedes encontrar locales asiáticos especializados, muchísimos hindúes, pakistaníes, árabes, chinos, japoneses, tailandeses, mexicanos, italianos, y también vimos unos cuantos españoles. Las opciones de comida típica británica son menores, aunque nosotros encontramos un pequeño comedor cerca del Shakespeare's Globe Theatre, el Theo's Cafe, instalado en los bajos de una escuela de actores, donde se pueden comer platos caseros del día, agua incluida, por 5,5 libras. Nosotros degustamos un típico pastel de carne y una ensalada de patatas realmente deliciosos.

Entrada al Globe Education Center, donde está el Theo's Café
Pastel de carne, ensalada de patatas y verduras salteadas en Theo's Café
El hindú que elegimos por la zona de nuestro hotel no fue la mejor opción. La comida no estaba mal pero tampoco era nada del otro mundo y no nos sirvieron exactamente lo que habíamos pedido. Pagamos casi 19 libras por tres platos para compartir, uno de ellos un arroz aromatizado bastante insulso y el resto nada espectacular. Los demás días nos decantamos por una cadena de "fast food" mexicana por la zona de Camden, donde un burrito de tamaño grande relleno al gusto nos costó 6 libras, y un chino en el que la cajita de cartón con tres variedades de comida (tallarines, pollo con sésamo y cerdo elegí yo) nos costó unas 5 libras. Ambos, a pesar de ser comida considerada "rápida", estaban bastante ricos.

Burrito y Coronita en el mexicano Tortilla
Comida china en la zona de Kensington
En otras dos ocasiones cenamos con unos amigos pizza en un italiano bastante coqueto del centro de Londres y portugués en el nuevo mercado de Brixton, muy ricos ambos pero un poco más caros al tratarse de restaurantes de más nivel. En todas las ocasiones los locales estaban llenos hasta arriba. Los londinenses, como ya dije antes, comen y cenan mucho fuera de casa y a partir de las siete de la tarde, hora típica de cena para ellos, los restaurantes y bares de copas suelen estar abarrotados casi todos los días de la semana entre los locales y los turistas. Las opciones son casi infinitas y hay precios para todos los gustos, teniendo siempre en cuenta que los precios en libras parecen bajos y pueden despistar. Aún así, nosotros comimos bien, variado y no tan caro como esperábamos.

Arroz con verduras a la plancha en un portugués de Brixton Village
*** Haz click en las imágenes para ampliar.
*** (Continuará...)

lunes, 26 de enero de 2015

Londres (IX): Transporte y alojamiento

Estación de metro londinense
Para completar esta extensa crónica sobre nuestro viaje a Londres del año pasado se me ha ocurrido realizar un par de entradas sobre algunas peculiaridades de la experiencia. Tanto en lo referente a precios como horarios y otras consideraciones, quizás estos comentarios le sirvan a algún lector que quiera visitar próximamente esa capital.

En primer lugar, desplazarse a Londres desde España resulta de lo más sencillo ya que casi cualquier aeropuerto nacional tiene vuelos directos al Reino Unido. Londres está circundada por cinco aeropuertos, situados en un radio de entre 10 km. el más cercano (London City Airport) y 56 km. los más alejados (Luton y Stansted). En una distancia intermedia se encuentran Gatwick (48 km.) y Heathrow (24 km.).

Nosotros elegimos volar con RyanAir directo a Londres-Stansted desde el aeropuerto de Tenerife Sur, no porque fuera la opción más barata realmente, ya que escogiendo asientos y facturando maleta el precio del billete se incrementó una barbaridad, sino porque era la compañía que nos ofrecía mejores horarios. Queríamos salir y regresar de día, pero sin ese requisito posiblemente habría sido mejor elegir una compañía como Norwegian o British Airways, con más comodidades a priori incluidas en la tarifa básica de vuelo. 

Pagamos por los dos pasajes 640 euros, teniendo en cuenta que viajamos en pleno agosto, eligiendo butacas en salida de emergencia para ambos trayectos (25 euros por pasajero, las largas patas de Exseminarista Ye-ye van muy apretadas en un asiento normal de aerolínea de bajo coste) y facturando una maleta grande (45 euros por cada trayecto). Volar en temporada baja puede costar alrededor de 100 euros menos por persona y si lo haces desde la península las tarifas son bastante más reducidas.

El vuelo en sí he de decir que fue muy tranquilo y cómodo, sobre todo teniendo en cuenta que era la primera vez que viajábamos con RyanAir y algunos amigos y conocidos nos habían metido bastante miedo al respecto. Son muy estrictos con el peso del equipaje (en caso de que te pases, aunque sólo sea un kilo, te hacen abrir la maleta y aligerarla, por lo que vimos) pero ágiles a la hora de comprobar documentación y preparar el embarque. Por lo demás, ningún retraso ni sobresalto, aterrizaje correcto y buen trato en general por parte del personal de la compañía. Los controles a la llegada al aeropuerto también son estrictos, con comprobación de DNI o pasaporte, pero sin ningún contratiempo. Al regreso la cosa fue un poco más caótica en el control policial de salidas de Stansted, donde una marabunta de gente esperaba sin mucho orden y avanzando con bastante lentitud, pero quitando eso, todo bien.

Estación de tren londinense
Desde España habíamos contratado el traslado a Londres ciudad en tren. El Stansted Express, de la National Rail, tiene varias ofertas a través de su página web. Nosotros elegimos una que suponía un 25% de descuento por adquirir dos tickets, ambos de ida y vuelta y para utilizar al mismo tiempo. El coste de los dos pasajes es de 48 libras (unos 60 euros) y el viaje dura unos 50 minutos. Resulta muy cómodo porque el tren se coge directamente en el subterráneo del aeropuerto y llega hasta la estación de tren de Liverpool St., desde donde se puede acceder a otras líneas de tren y metro sin necesidad de salir del recinto. También hay varias líneas de autobús que realizan el trayecto a Londres desde el aeropuerto de Stansted, cuyo precio se sitúa en torno a los 15 euros por persona, ida y vuelta. Este viaje dura entre una hora y hora y media, dependiendo de la línea elegida.

Nada más llegar a la estación es importante hacerse con una Travel Card o una Oyster Card. La Oyster Card es una especie de tarjeta de crédito que cuesta 3 libras y que puedes recargar con la cantidad necesaria. Con ella los viajes en el transporte público londinense tienen un importante descuento. A nosotros, sin embargo, nos pareció mejor el sistema de la Travel Card, que se puede adquirir directamente en las estaciones de tren de la National Rail en formato de 24 horas o de 7 días. Además, incluye descuentos de 2x1 en las entradas a determinadas atracciones londinenses.

Interior vagón metro londinense
Para adquirir una Travel Card es imprescindible disponer de una tarjeta de National Rail con identificación fotográfica o Photo Card ID, algo que nosotros desconocíamos y de lo que no te advierten en casi ninguna página de información. En las propias oficinas de expedición de la Travel Card en la estación de Liverpool St. te remiten a un fotomatón cercano para que te hagas unas fotos y elaborarte sobre la marcha la Photo Card. Por suerte, nosotros llevábamos encima un par de fotos de carnet con las que pudimos hacernos estas identificaciones, cada una con su número correspondiente y que también nos servirá para utilizar con nuestras tarjetas de transporte en futuras visitas al Reino Unido. 

Compramos posteriormente una Travel Card personal de 7 días para cada uno al precio de 30 libras (unos 40 euros), lo que permite utilizar las líneas de metro en zona 1-2 de la ciudad (las otras zonas, más alejadas del centro, tienen tarifas diferentes). Teniendo en cuenta que cada billete sencillo de metro sin ningún descuento cuesta 4,50 libras, y que la Travel Card te permite realizar todos los viajes que quieras durante su plazo de vigencia (nosotros realizamos al menos dos diarios), utilizar esta tarjeta compensa muchísimo. 

Detalle interior estación metro londinense
La Travel Card sirve también para otros transportes públicos londinenses como el autobús, que normalmente cuesta 2,40 libras por trayecto y que costará una libra menos utilizando la tarjeta Oyster. El autobús es muy recomendable para hacer un recorrido turístico pero para viajar rápido y cómodo no hay nada como la espectacular red de metro de Londres. Tiene, como es obvio, puntualidad británica y paradas en casi todos los sitios importantes. Puesto que casi todas las atracciones objeto de visita están situadas en las zonas 1-2, se puede utilizar la Travel Card sin problema en prácticamente todos los desplazamientos que hagamos en la capital.

Bicicletas de alquiler
Hay otro sistema de transporte muy utilizado por los londinenses que son las bicicletas. El Gobierno, a través del programa Barclays Cycle Hire, pone a disposición de todo el que lo desee bicicletas que se pueden usar registrándose directamente en las zonas de alquiler con una tarjeta de crédito. Pagando una tarifa de acceso fija (2 libras para 24 horas, por ejemplo) y dependiendo del tiempo que tardes en devolverla a un anclaje, cada período de 30 minutos costará 2 libras adicionales. A mí ni se me ocurrió lo de alquilar una ya que el hecho de que en Reino Unido se circule por la izquierda ya me descolocaba bastante a la hora de cruzar las calles, y eso que en la calzada suele haber señales indicándote en qué sentido va la circulación. 

Señal en la calzada indicando de dónde viene el tráfico
A pesar del mal tiempo, son muchos los ciudadanos que optan por circular en bicicleta, propia o alquilada. Teniendo en cuenta que hay determinadas zonas de Londres en las que el tráfico rodado está limitado al transporte público y vehículos privados de residentes, y que es precisamente en esas zonas donde se desarrolla más actividad empresarial, la mayoría de los trabajadores optan por desplazarse en metro, autobús o bicicleta. A este respecto, es conveniente evitar las horas punta de entrada y salida del trabajo (entre las 8 y las 9 de la mañana y entre las 5 y las 6 de la tarde, porque el volumen de gente en las estaciones es bastante agobiante. Como detalle importante y por si alguno considera alquilar una bici para dar un paseo, hay que tener en cuenta también que en muchos parques está prohibido circular en bicicleta, norma que los británicos siguen bastante a rajatabla.

Habitación EasyHotel Paddington
Con respecto al alojamiento en Londres, nosostros barajamos varias opciones y al final nos decidimos por un Easy Hotel, un hotel perteneciente al mismo grupo que gestiona la compañía aérea de bajo coste EasyJet. Estos establecimientos están ubicados en zonas muy bien comunicadas, destinadas a un tipo de turista poco exigente, con estancias cortas, y ofrecen los mejores precios posibles en relación a su situación geográfica. La mayoría de los hoteles de las zonas 1-2 de Londres tienen dos problemas: los que están bien de precio suelen ser de estilo albergue o con baño compartido (algo que no queríamos) y los otros suelen superar las 80 libras por noche en temporada alta. A nuestra búsqueda se le unía el contratiempo de que estábamos reservando con menos de un mes de antelación, con lo que muchos hoteles ya no tenían habitaciones disponibles.

Baño Easy Hotel Paddington
Unas amigas nos habían hablado bastante bien de los Easy Hotel, cadena que también tiene establecimientos en otras ciudades como Amsterdam, Berlín, Fránkfurt o Budapest, así que decidimos echar un vistazo. Elegimos el que está situado en Paddington porque nos parecía que los accesos a metro y otras zonas de interés eran más fáciles, aunque hay otros cinco o seis Easy Hotel en Londres con diferentes precios según su ubicación y características. Hay que decir que la política del Easy Hotel es ofrecer un alojamiento simple, sin ningún tipo de extra que encarezca el precio. La reserva se paga a través de la página web en el momento de confirmarla (con tarjeta de crédito; no admiten débito) y se trata de una tarifa básica que no incluye desayuno, ni limpieza de habitación, ni cambio de toallas, ni televisión, ni ningún otro añadido. Todo eso lo consideran extras y puedes obtenerlo, previo pago, en el momento de hacer la reserva o durante tu estancia. 

Nosotros escogimos una habitación doble estándar con baño y ventana (si la escoges sin ventana es aún más barata), para 8 noches por un importe total de 517 libras (unos 675 euros). No compramos ningún extra, puesto que nuestro objetivo era utilizar el cuarto solamente para asearnos y dormir. Y para ello cumplió perfectamente su misión. La habitación daba a la calle principal, nada ruidosa, y podíamos ventilarla sin problema. En general, las habitaciones de los Easy Hotel están absolutamente peladas de detalles. No tienen ni armario, ni sillas, mesas o repisas y los baños son muy justos de espacio, pero todo estaba muy limpio y la temperatura era muy agradable gracias a un climatizador. A pesar de que tanto el dormitorio como el baño eran ínfimos en tamaño, la cama era bastante amplia y muy cómoda. 

Habitación estándar con ventana
A la hora de alojarse en cualquier hotel o apartamento británico hay que tener muy en cuenta otro detalle importante: los enchufes tienen otra forma, aunque el voltaje es el mismo. No podrás enchufar ningún cargador o aparato comprado en España sin un adaptador. Allí los venden en muchos sitios pero no son baratos. Nosotros los compramos en Tenerife antes de viajar y bueno, no es que la adaptación fuera perfecta pero al menos cumplieron su función, previo ajuste con tapón de botella como se puede ver en la imagen.

Adaptador de enchufe británico con toque casero
Otra opción buena para alojarse en Londres es buscar un apartamento, que puede compensar para alquilar durante una semana, por ejemplo, y que facilitará la opción de ahorrar en desayunos y comidas. Hay que tener cuidado con las zonas elegidas e intentar ver bien los interiores y exteriores, ya que hay edificios muy antiguos y barrios más recomendables que otros. Y entenderse con los caseros, que si son alquileres de particulares en vez de empresas pueden dar lugar a algún malentendido. Yo recomiendo buscar alojamiento en la zona 2 más que en la 1, con cercanía de una estación de metro y buenos accesos a pie.

Logo Metro Londres en parada Edgware Road

(continuará...)

viernes, 9 de enero de 2015

El 2015 ya está aquí y yo sin postear!

Alameda, Santiago de Compostela
Sí, tenéis toda la razón. Este blog está totalmente abandonado y ahora mismo tiene pocas probabilidades de revivir al 100%. Pero después de un diciembre de vacío lillusiano quería al menos dar la bienvenida al Año Nuevo y dejar caer por aquí un par de notas al pie del finiquitado 2014. 

Un año más disfruté de unos días navideños en compañía de mi familia en Galicia. Mucha comida típica y mucho cariño es lo que siempre encuentro allí, a pesar de que este año el tiempo me cundió menos que nunca y no pude quedar con tantos amigos como deseaba.

Los que me seguís habitualmente habréis notado que me han quedado pendientes un par de posts sobre mi viaje a Londres en agosto del año pasado. Tengo intención de publicarlos en breve así que, aunque sea un año después, mi crónica londinense verá la luz al completo. 

En este sentido, la ausencia de publicaciones en Lillusion se debe en parte a la falta de tiempo que, en conjunción con una leve falta de ánimo, se traducen en una especie de apatía muy molesta. El trabajo me tiene tan agotada físicamente que cuando llego a casa me cuesta dedicar energía a algo que no sea tumbarme en el sofá a ver un capítulo de alguna serie, jugar a algo en el móvil o realizar alguna labor del hogar urgente. Leer por las noches, como era mi costumbre, ya se ha convertido en una auténtica odisea. Mi nivel de actividad en todos los ámbitos que antes frecuentaba durante mi tiempo de ocio, como repostería, amigurumi o fotografía se ha reducido drásticamente y, debido a mis horarios cambiantes, me cuesta mucho organizarme para todo, incluido escribir en este blog. Duermo mucho más que antes y a deshora y mi capacidad de concentración parece haberse esfumado por completo, con lo que el poco tiempo libre que tengo se me va escapando sin apenas darme cuenta. Todo eso me mantiene en un continuo clima de descontrol personal que no me mola nada pero que lamentablemente tampoco puedo modificar como desearía. Quizás los que trabajáis por turnos o con horarios de noche entendáis mejor a qué me refiero.

Pero se acabó el dramatismo! Todo lo anterior es más un desahogo que otra cosa pero también quería compartirlo con vosotros. No tengo pensado cerrar el blog y todavía mantengo la esperanza de que este 2015 me devuelva las fuerzas para emprender algún que otro proyecto que tengo en mente. Por ahora, dejar constancia de que el 2014 fue un año lector pésimo (apenas superé el libro por mes, vergonzoso) y un año cinéfilo casi al mismo nivel, pero al menos cumplí por fin mi sueño de viajar a Londres después de 40 años de espera. En lo personal el 2014 ha sido un año maravilloso, con mucha felicidad compartida con un señor de bigote y una gata gordita y peluda que son básicamente mis razones para seguir por aquí dando el coñazo. Ah, y mis Reyes Magos se han portado genial, que me han traído un destornillador sónico!! Ahí va la prueba ;)
 
Yo con mi destornillador sónico de "Doctor Who"!

Lo dicho, estad atentos a Lillusion que pienso volver cuando menos se lo esperen. Gracias a todos por estar ahí!    

viernes, 28 de noviembre de 2014

Londres (VIII)

The Arch, Kensington Gardens
Nuestro viaje a Londres tocaba ya a su fin. En nuestro último día completo en la ciudad el objetivo era el Natural History Museum, un centro que recoge millones de fósiles, esqueletos animales y muestras de la naturaleza de todo el mundo. 

Albert Memorial, sur de Kensington Gardens
Para llegar hasta allí decidimos dar un pequeño paseo mañanero por los Kensington Gardens, con un tiempo muy agradable y acompañamiento de ardillas incluido. Dejamos a lo lejos el Kensington Palace, que no pudimos visitar durante este viaje, y salimos directamente al Albert Memorial y al Royal Albert Hall, ambos monumentos muy representativos de la ciudad y dignos de contemplar.

Royal Albert Hall
Tras callejear unas cuantas manzanas llegamos al Museo de Historia Natural, que tiene una orientación esencialmente didáctica por lo que estaba lleno de familias con niños iniciándose a la historia de las especies desde sus albores. El edificio en sí es ya una auténtica joya. Fue inaugurado a finales del s.XIX como escisión del Museo Británico, recogiendo gran parte de su colección fósil y el archivo geológico. De nuevo sir Hans Sloane fue el principal proveedor de este museo gracias a su colección privada.

Natural History Museum, hall con Lillu y diplodocus
Las muestras se exponen en varias zonas según su sector de estudio científico: paleontología, geología, botánica, zoología. La sección de dinosaurios es bastante espectacular, con réplicas de muchos animales extinguidos y esqueletos recuperados de varias excavaciones. Un enorme diplodocus da la bienvenida en el hall principal del museo, siendo quizás la pieza más llamativa de la colección.

Esqueletos de cetáceos, NHM
En el espacio dedicado a cetáceos se puede contemplar el esqueleto de una ballena azul de 25 metros de longitud, aparte de otros mamíferos marinos. Muchos animales disecados y recreaciones de otros ya inexistentes en nuestro mundo actual completan una vasta colección que muestra la evolución de cientos de especies.

 Interior Natural History Museum
Aunque no pudimos pararnos con detalle en algunas salas, demasiado llenas de gente o con menor interés para nosotros, el conjunto informativo del museo es verdaderamente excepcional. Varias exposiciones móviles recrean determinados momentos de la evolución, como la eclosión de unos huevos de saurio o el cambio climático. También hay sectores dedicados al mundo mineral, vegetal y una sala completa de insectos, por la que pasé por encima ya que son unos bichos que me dan cierto repelús vistos tan de cerca.

Lateral edificio Natural History Museum
En definitiva, se trata de una extensa colección con fines muy educativos, imposible de ver con detalle en un solo día. A pesar de llegar media hora antes de la apertura y tratarse de un martes, ya había cola en todas las entradas y tardamos un ratito en poder acceder al museo. Una vez dentro la visita es bastante libre, aunque hay algunas zonas como la sala de los dinosaurios con un recorrido predeterminado, de esos que me disgustan especialmente porque si el de delante no avanza tú tampoco puedes hacerlo y si deseas pararte más tiempo en algo que te interesa fastidias también a los que te siguen y quieren continuar la visita. La entrada, como en casi todos los museos londinenses es gratuita, con algunas exposiciones temporales de pago.

Fachada Natural History Museum
Tras el almuerzo en un chino de la zona de South Kensington, decidimos entrar también en el Museo de Victoria & Alberto, que me habían recomendado y está situado justo enfrente del Museo de Historia Natural. Bueno, la verdad es que Exseminarista Ye-ye prefería visitar el Imperial War Museum pero para ello tendríamos que coger un metro y desplazarnos al otro extremo de la ciudad, así que cedió y no me lo perdonará en la vida (lo sé, ays!).

Victoria & Albert Museum
El Victoria & Albert Museum (también llamado Museo Nacional de Arte y Diseño) es un edificio victoriano de cinco plantas que recoge la mayor colección de artes decorativas del mundo. Se fundó en 1852 y muestra numerosas piezas de pintura, orfebrería, cerámica, escultura, mobiliario, fotografías, textiles... El fondo del museo cuenta con más de 4 millones y medio de objetos procedentes de las más variadas culturas, entre ellas importantes colecciones de China, Oriente Medio, India y casi todos los países de Europa.

"Neptune and Triton", Bernini, V&A Museum
En sus 145 galerías se pueden contemplar recreaciones de viviendas victorianas, con todo su mobiliario y en la última planta del edificio una extensísima colección de porcelanas y cerámicas clásicas de decenas de países, con un fichero de búsqueda y consulta, dada la amplitud de la exposición. Óleos, grabados y dibujos conforman otra de las galerías, con la mayor colección del mundo de cuadros del pintor británico John Constable. También se exhiben en el museo notas manuscritas de los trabajos de Leonardo da Vinci, dentro de la Biblioteca Nacional de Arte. 

"St. John Baptiste", Rodin, V&A Museum
La colección es totalmente ecléctica y a ratos un poco caótica, por la gran cantidad de vitrinas y objetos artísticos que colapsan todas las esquinas del edificio. Personalmente, lo que más me gustó fue la sala dedicada a escultura, con piezas de Bernini, Donatello o Rodin, éstas últimas donadas al museo por el propio artista en 1914.

Sección de porcelana y cerámica, V&A Museum
En general el museo es en sí una obra de arte desde la misma arquitectura del edificio, con una hábil conjunción de lo clásico y lo moderno, exposiciones temporales de arte contemporáneo y distintas actividades relacionadas con las muestras. Eso sí, demasiados objetos y demasiada información para asimilar en una sola tarde, más aún después de una semana completa de visitas culturales.

Placa a la izquierda de la entrada del V&A Museum
Placa a la derecha de la entrada del V&A Museum
Al salir del V&A Museum nos dirigimos hacia nuestra última parada del viaje, un pequeño recorrido por Hyde Park, que sólo habíamos tocado parcialmente hasta entonces. Este parque se sitúa al este de Kensington Gardens y constituye uno de los más grandes de Londres, famoso por su lago (el Lago Serpentine, que lo separa de la parte occidental del parque) y por su Speaker's Corner, una tribuna desde la que cualquiera puede hablar al público que allí se congregue y donde la policía suele ser bastante tolerante con la temática de las protestas siempre que el lenguaje no sea ofensivo y no haya quejas de los presentes.

Entrada a Hyde Park
Hyde Park, zona Memorial Diana de Gales e Isis
Hyde Park suele estar bastante masificado y para mi gusto no resultó ser el parque más bonito de la capital británica, aunque sí es sin duda el más conocido y visitado. Desde allí nos dirigimos a la salida de Marble Arch para seguir caminando hacia nuestro hotel, pudiendo constatar que la zona alrededor del parque es una de las más cotizadas para vivir teniendo en cuenta el nivel de los automóviles aparcados en las entradas de las casas y la presencia de seguridad privada en las puertas de algunos domicilios.

Marble Arch desde la salida de Hyde Park

*** Haz click en las imágenes para ampliarlas!
 
*** (... continuará)

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