jueves, 9 de noviembre de 2017

Berlín (II)

Lo bueno de llegar en fin de semana a Berlín fue que nuestro anfitrión no trabajaba y pudo acompañarnos en nuestras primeras visitas. Aparte de sus valiosas explicaciones acerca de la cultura alemana y la gran cantidad de anécdotas con que nos ilustró durante todo el viaje, descubrimos que un guía con conocimientos de alemán se hacía algunas veces más que necesario. Eso por no decir que las elecciones de dónde comer o qué trayecto de metro coger eran mucho más fáciles con él a nuestro lado.

Berliner Unterwelten
Pero al margen de ese (importante) detalle, nuestro segundo día en Berlín comenzó con un buen desayuno dominical y una visita con Berliner Unterwelten (Berlín desde abajo), que nos habían recomendado mucho. Berliner Unterwelten E.V. es la "Sociedad para la investigación y documentación de estructuras subterráneas" y se dedica a realizar visitas guiadas en varios idiomas por las entrañas de la ciudad, al tiempo que conservan los búnkeres y túneles en el mejor estado posible.

Esta organización ofrece varios tours diferentes, con una duración de entre hora y media y dos horas cada uno. El que nosotros elegimos fue el que se realiza por los subterráneos del metro, con zonas no accesibles al público, y que incluye la visita a dos búnkeres que estuvieron operativos durante la Segunda Guerra Mundial y posteriormente durante la Guerra Fría. Aunque durante la ruta no está permitido tomar fotografías, os aseguro que resulta impactante visitar esos lugares y revivir lo que podían significar en su momento para los miles de alemanes que vivían permanentemente bajo la alerta de un bombardeo.

La entrada a esta ruta cuesta 11 euros por persona y merece mucho la pena. Para evitar problemas, te recomiendan no realizar el recorrido si tienes problemas de claustrofobia y tampoco está permitida la visita con niños menores de 7 años. Los guías en español explican a la perfección la historia a medida que la recorres, con anécdotas para hacerla más amena y hacen que los visitantes tomen parte en la experiencia, además de garantizar siempre su seguridad con un guía a la cabeza del grupo y otro cerrándolo.

Mauerpark
Al salir de la oscuridad de los subterráneos berlineses nos dirigimos hacia todo lo contrario, el mercadillo de MauerPark, donde todos los domingos se congregan miles de personas para disfrutar de compras de segunda mano, comida callejera, conciertos y otras actividades al aire libre, incluido un karaoke muy popular. He de decir que los berlineses en general son muy sociables y, en cuanto se atisba un rayo de sol, casi todos los parques de la ciudad están repletos de jóvenes sentados en la hierba compartiendo cervezas y conversaciones. Berlín es de por sí una ciudad joven donde la actividad cultural es frenética y por todos lados se puede ver a nuevos artistas dando alas a sus capacidades creativas.
 
Señales del paso de túneles bajo el muro
Franja fronteriza del Muro, desde el Centro de Visitantes
Muy cerca de allí se encuentra el Memorial del Muro de Berlín, un Centro de Visitantes y un Centro de Documentación donde se muestra un exhaustivo estudio del Muro, su motivación histórica, sus efectos sociales y el recuerdo a las víctimas. Allí mismo se conserva una parte del antiguo muro, situada en una franja fronteriza, donde se puede ver desde un mirador las dimensiones exactas de la construcción y lo que tenían que superar quienes intentaban cruzarlo, con los riesgos que ello conllevaba. 

La ciudad en sí está repleta de recuerdos a todos aquellos que intentaron escapar del Berlín sitiado y no lo consiguieron. Centenares de metros de placas ubican los túneles excavados a mitad del siglo pasado y por dónde discurrían. En esta capital es muy importante mirar al suelo, ya que en cualquier momento puede aparecer una línea metálica en la acera señalando que por ese lugar exacto atravesaba el Muro.

Puerta de Brandeburgo
Continuamos el día acercándonos a la Puerta de Brandeburgo (Brandenburger Tor), uno de los símbolos más fotografiados de la ciudad. Tuvimos la mala suerte de que llegamos a Alemania en plena Eurocopa de Fútbol, con una selección alemana muy bien situada en la clasificación, por lo que la avenida posterior al monumento estaba "afeada" con una pantalla gigante, altavoces y multitud de puestos ambulantes de comida y bebida. Por lo demás, muchísimos turistas alrededor del monumento y en la Pariser Platz, entorno en el que se sitúan también algunos lujosos hoteles, las embajadas de Francia y Estados Unidos y algunos otros edificios gubernamentales, todos de corte imponente.

Monumento Conmemorativo del Holocausto
Dentro del Holocaust Mahnmal
En una de las plazas adyacentes se encuentra otro símbolo reciente de la historia alemana, el Monumento Conmemorativo del Holocausto. El conocido como "Holocaust Mahnmal" es un recuerdo a los judíos europeos asesinados por el régimen nazi y está compuesto por más de 2.700 bloques alargados de hormigón, sobre un terreno inclinado que supera los 19.000 metros cuadrados. Si nos adentramos en la estructura podemos sentir la claustrofobia y la confusión de no saber exactamente dónde nos encontramos, ya que los bloques, que para muchos se asemejan a tumbas, van adquiriendo diferentes dimensiones a medida que caminamos. El monumento fue terminado en 2005 y en uno de los laterales se pueden leer los nombres de todas las víctimas judías asesinadas durante el Holocausto.

Potsdamer Platz
Ya a media tarde nos acercamos a Potsdamer Platz, otro símbolo berlinés a caballo entre la modernidad y el clasicismo. Allí se encuentra por ejemplo el primer semáforo que funcionó en Europa y algunos restos del Hotel Esplanade, bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial. Estas reliquias arquitectónicas descansan ahora protegidas por un grueso cristal en uno de los laterales del Sony Center, uno de los centros comerciales más modernos de Berlín.

Restos del Hotel Esplanade, Potsdamer Platz
Tras una foto de rigor en los exteriores de Legoland, el enorme local de entretenimiento de Lego, que estaba cerrado al ser domingo, nos acercamos también al Boulevard des Stars, una avenida al estilo del Paseo de las Estrellas de Hollywood con todos los nombres importantes del cine alemán. 

Legoland, Sony Center, Potsdamer Platz
Ya cayendo la tarde no pude dejar pasar la oportunidad de disfrutar de un apfelstrudel típico en una de las cafeterías situadas en los márgenes del rio Spree, con una vista inmejorable. He de decir que estaba delicioso, más aún después de los 5,20 € que costó.

Apfelstrudel en Friedrichs 106
* (Haz click en las fotos para ampliar)

** (continuará...)

domingo, 5 de noviembre de 2017

Berlín (I)

*** Esta entrada fue escrita hace aproximadamente un año pero no había podido ver la luz hasta hoy. Como de repente me han entrado unas ganas inexplicables de continuar mi actividad en el blog, la publico ahora para regocijo de unos y desdicha de otros, que se verán obligados sin remisión a volver a leer mis dislates. Asimismo amenazo con continuar publicando mis reseñas de viajes y actividades, que quizás en algún momento puedan ser útiles para aquellos que se aventuren por esos mundos desconocidos. Los que me conocéis ya sabéis que soy fan de los relatos cronológicos así que os sitúo en julio de 2016 y os animo a continuar leyendo :)

Destino: Berlín (muy temprano, ays)
Pues sí, lillusianos. Servidora ha vuelto a salir de su zona de confort geográficamente hablando para aventurarse durante unos pocos días en un nuevo destino vacacional. En un idioma entendido por (casi) todos se le llama "vacaciones" a ese fragmento temporal de duración determinada, sin obligaciones laborales, en el que intentas alejarte lo máximo posible del mundo conocido sin necesidad de recurrir a una sesión de espiritismo.

Realizando un profundo análisis de nuestras opciones durante ese corto período vacacional, cruzando datos macroeconómicos, microeconómicos, nanoeconómicos y también estrictamente personales, comprobamos que la balanza se inclinaba con fuerza hacia la actual capital de Alemania, Berlín. Una última revisión de las compañías aéreas acorde a nuestras fechas disponibles cerró el debate y ya en pleno julio cogimos un vuelo mañanero con destino a Berlín.

Como en anteriores ocasiones elegimos volar con RyanAir, principalmente por precio pero también por horario. El vuelo directo a Berlín de esta compañía sale del aeropuerto de Tenerife Sur a las 6.00 h. de la mañana, con lo que te pegas un madrugón pero a las 12.00 estás en Alemania y puedes aprovechar casi todo el día. La duración del vuelo es de alrededor de cinco horas, que se acaban haciendo pesadas si no tienes la suerte de quedarte dormido o engancharte con un buen libro. Yo me dediqué a leer, comer, dormir, hacer sudokus en la modalidad difícil con una app de móvil,... en fin, que cualquier opción de entretenimiento es válida para sobrellevar lo mejor posible el viaje. Eso sí, el vuelo fue tranquilo y más cómodo para mí que para Exseminarista Ye-ye que, como siempre, tuvo que olvidarse de que tenía piernas durante todo el trayecto debido al limitado espacio entre las filas de asientos de esta low-cost.
 
Mercadillo en Friedrichshain
Aterrizamos en Berlín con una previsión de tiempo cambiante, que tanto auguraba chubascos como sol y calor o ráfagas de aire frío. En el aeropuerto de Schönefeld nos esperaba nuestro anfitrión, un amigo de Exseminarista Ye-ye residente en Berlín desde hace varios años, para darnos unas primeras indicaciones sobre cómo movernos por la ciudad. Sus consejos sobre transporte, gastronomía y zonas a visitar fueron cruciales en nuestra corta estancia en su ciudad de adopción.


Tras instalarnos en su acogedora residencia en el barrio de Friedrichshain y recuperar fuerzas con un almuerzo tardío para el horario alemán, nos dirigimos hacia nuestro objetivo más cercano: el Muro de Berlín. Existen trozos del muro por casi toda la ciudad aunque muchos de ellos se han integrado tanto en la arquitectura de la ciudad, permanentemente en obras, que apenas son perceptibles. Donde ya no existe muro hay una serie de placas en el asfalto que recuerda su ubicación.
East Side Gallery
La parte más completa del muro corresponde a la East Side Gallery, una galería de arte al aire libre que muestra más de un centenar de murales sobre los 1.316 m. de muro que se salvaron del derribo. Estos graffitis, realizados por artistas de todo el mundo, suponen un símbolo para una ciudad que abría por entonces los ojos al mundo después de muchas décadas de opresión y explotaba por fin en aras de la esperanza.  

 
 
A pesar de ser pleno verano, el día estaba oscuro y era ya un poco tarde así que en lo que nos quedaba de tarde sólo tomamos algunas referencias más de los centros neurálgicos de Berlín, como la estación de Alexanderplatz y su plaza adyacente, que sirve de punto de encuentro para miles de personas cada día. 
 
Neptunbrunnen
Muy cerca de allí está también el Ayuntamiento de Berlín, la catedral, los jardines con la fuente de Neptuno y algunos monumentos más. La ciudad en sí es bastante fotogénica a pesar de que su skyline está repleto de grúas de obras, algo sobre lo que los propios residentes se permiten bromear. Después de tomar unas cuantas fotos más nos retiramos a casita a descansar para empezar con mucha fuerza nuestro programa del día siguiente.

Berliner Dom y Fernsehturm






* (Haz click en las fotos para ampliar)
** (Continuará...)

jueves, 2 de junio de 2016

Kate Miller-Heidke

Kate Miller-Heidke
Creo que, después de dos años, ha llegado el momento de actualizar la música de la semana en Lillusion. Tras aquel "London calling" de The Clash que dio el pistoletazo de salida a nuestro viaje a Londres de 2014, la verdad es que he escuchado un poco de todo. He tenido semanas muy setenteras, con mucho pop bailable, algún ramalazo nacional con clásicos del estilo de Rocío Dúrcal o Massiel, días en los que se ha impuesto el lenguaje del demonio de Rammstein y últimamente me ha dado por descubrir cosas a través de Spotify.

En uno de esos momentos de clicks aleatorios en artistas/canciones sugeridos por la aplicación sonó esta canción de Kate Miller-Heidke, "The last day on Earth". Esta cantautora australiana me era totalmente desconocida pero, tras escuchar dos o tres canciones suyas, me di cuenta de que merecía un poco más de atención por mi parte. 

Esta chica nacida en 1981 comenzó su carrera musical en el año 2000 y desde entonces ha publicado casi media docena de álbumes, además de hacer sus pinitos también como actriz en algunas series y musicales de teatro. La canción que nos ocupa en este post data de 2009 y está incluida en su disco "Curiouser". Se hizo muy conocida en su país por sonar en uno de los capítulos de la serie de culto para los australianos "Vecinos" y parece que recientemente también ha aparecido en un reality de baile en algún canal de TV que desconozco, gracias a lo cual el tema ha conseguido mucha más repercusión.

Portada del disco "Curiouser"

Kate Miller-Heidke tiene un estilo muy personal que a veces me recuerda a Tori Amos y a algunas otras cantautoras, con una voz aguda con toques de soprano y melodías de piano lánguidas. En otras canciones se acerca más al pop convencional, pero con un aire más alternativo que le da un especial encanto a su música, desde mi punto de vista.

En Spotify está (creo) toda su discografía por si queréis escucharla y disfrutar de su música. Por si no podéis acceder a la aplicación, os dejo también aquí el vídeo de YouTube con la canción que hoy nos ocupa, "The last day on Earth", de Kate Miller-Heidke. 
 

miércoles, 27 de abril de 2016

Yo tenía un blog

Las Cañadas del Teide, nevada marzo 2016
Hola! Bienvenidos un día más a "Yo tenía un blog", donde analizamos a aquellos bloggers que publicaban asiduamente en sus espacios personales en internet hasta que un buen día dejaron de hacerlo y desaparecieron de la faz de la tierra. Bueno, de esta faz, porque en Twitter, Facebook, Instagram y otros engendros del demonio siguen razonablemente activos. O sea, de vez en cuando.

Pues hoy, en "Yo tenía un blog", nos acordamos de Lillu y su incomparable página Lillusion.

Bien, centrémonos. Como dudo que alguien siga visitándome (aprovecho para saludar a mi madre y a mis primos de Madrid) pero tengo la secreta esperanza de que alguien lo haga, anuncio por este cauce que sigo viva y que amenazo con seguir publicando. Vale, sé que no son amenazas muy creíbles visto lo visto, pero es que ganarse el pan con el sudor de la frente (y del resto del cuerpo) tiene sus consecuencias más directas en esta faceta de la vida tan fundamental: el ocio.

No es que no tenga nada que publicar; es que apenas tengo actividades dignas de publicación fuera de la escena laboral. Y juro que no trabajo por gusto, faltaría más, pero la niña peluda (aka River) tiene que comer y en esta casa tenemos la fea costumbre de pagar el alquiler y las facturas religiosamente. Pero... a dónde nos lleva esta vacua reflexión? Pues a un punto muy concreto: estoy de vacaciones. Sí, lillusianos, si no fuera por ese pequeño detalle a buenas horas podría yo sacar un rato para actualizar este blog contando algo coherente. Vale, tampoco os cebéis con lo de la coherencia, que os conozco.

Ola ke ase?
A lo que voy. En estos largos días de vacaciones estoy teniendo tiempo para algunas de esas cosas que me hacen feliz: para leer algo de lo que no puedo leer a diario y avanzar en mi extensísima, por no decir inacabable e inabarcable lista de pendientes; para ganchillar de nuevo sin que el dolor de la mano lo haga imposible; para cocinar y hornear todos los panes que tenía en mente; para hacer unas pequeñas compras y reformas de hogar que llevaban esperando varios meses; para salir a comer y tomar algo con amigos a horas normales, sin prisas; para ver algunos capítulos de series que no encontraban su momento; para volver a correr, aunque sea a paso de tortuga y con distancias vergonzosamente cortas; y en general, para recuperar mis amadas rutinas de horarios, acostarme y levantarme temprano, olvidar el estrés y sonreír porque en todos estos días no me ha dolido la cabeza ni una sola vez. 

Pero como todo lo bueno se acaba, las vacaciones tendrán su fin y volverá el estrés, la falta de tiempo, el agotamiento y el desorden horario, así que no puedo prometer que este blog tenga la continuidad que desearía. Pero, como siempre, sabéis que estoy habitualmente en Twitter e Instagram, donde puntualmente comento detalles de mis desavenencias con el mundo y publico documentos gráficos de todo aquello que me llama la atención. En la barra lateral podéis acceder a esas cuentas y seguir el blog en Facebook para no perderos ni una de mis (escasas pero geniales) actualizaciones.

Teide, nevada marzo 2016

lunes, 29 de febrero de 2016

Madrid (y VI): Consideraciones finales

"compró suerte en Doña Manolita"... Ahí mismo ;)
Aprovechando que hoy es 29 febrero y esto sólo ocurre cada cuatro años, finalizo mi extensa revisión del viaje que hicimos a Madrid en julio del 2015. Extensa por el tiempo que he tardado en publicar todas las entradas, no porque las reseñas fueran muchas o largas en sí mismas. 

En fin, lo dicho. El balance de nuestro viaje fue, en general, bastante positivo. Teniendo en cuenta que hacía más de 10 años que yo no visitaba la capital del país, no encontré la ciudad demasiado cambiada pero quizás sí un poco más acogedora que en anteriores estancias, qué curioso. Supongo que esto son consideraciones totalmente subjetivas, pero hay ciudades de las que guardas buen recuerdo por lo que allí pasaste o viviste y otras cuya visita pasa más sin pena ni gloria.

La arquitectura de la ciudad resulta imponente y ese estilo clásico hace que pasear por sus anchas avenidas se convierta en una experiencia única, que sólo ofrecen las grandes capitales que se han mantenido un poco al margen de la modernidad urbanística. En Madrid han sabido conservar con bastante acierto esos enormes edificios que dan un toque de distinción, algo que se agradece.

Objetos de Arte Toledano y su homenaje a Las Meninas, Paseo del Prado
No he encontrado los precios de consumo tan caros como esperaba. La oferta gastronómica es amplia y variada y, si sabes por dónde moverte, puedes comer o cenar muy bien por poco dinero, sobre todo en determinados barrios. Está claro que aquí hay que tener uno o varios guías autóctonos (como fue nuestro caso) para poder disfrutar de las mejores opciones en relación calidad/precio. También hay las típicas zonas o locales de moda prohibitivos para personas como yo, pero eso es algo inherente a cualquier gran ciudad. 

A nivel de alojamiento, como ya comenté en la primera entrada de este viaje hay una gran variedad de hostales y hoteles cuyos precios oscilan entre los 30 y los 70 euros, dependiendo de lo que busques y la localización. El Barrio de las Letras, como ya comenté, es una zona ideal si la intención del visitante es acudir a los museos más conocidos de la ciudad, el Prado, el Reina Sofía y el Thyssen-Bornemisza. 

Trasera del Teatro Real, con su programación
A nivel cultural, Madrid ofrece cientos de opciones. Nosotros no teníamos intención de acudir a ningún musical ni obra de teatro, pero sin duda se trata de la ciudad ideal para ello. Multitud de teatros, salas de conciertos y pequeñas fundaciones tienen todos los días un programa adecuado para cualquier tipo de preferencia cultural. En los días que estuvimos no nos coincidió ninguna actuación musical que nos interesara, aunque cierto es que tras días repletos de visitas a museos y exposiciones tampoco teníamos el cuerpo para mucha más actividad.

Teatro Español
A pesar de ser una gran ciudad, Madrid se recorre muy bien a pie. Me refiero, claro está, a la zona más turística, al centro donde llegar de un museo a otro o de un monumento a otro lleva apenas unos minutos de paseo. A todo esto ayuda sin duda que la ciudad sea bastante llana, sin apenas cuestas. No utilizamos el metro más que en una ocasión, por una circunstancia concreta, y el autobús sólo para los desplazamientos del aeropuerto, pero creo que el servicio de transporte público cubre bastante bien las necesidades de un turista que se quiera alejar un poco del centro.

Calle Mesón de Paños con bolardos de ganchillo
Los culpables de lo anterior, La Laborteca
Ozymandias, el toque friki en la Calle de las Fuentes
Mi recomendación personal para moverte por la ciudad es callejear por las zonas más recomendadas y dejarte empapar por el espíritu castizo que desprenden las tiendas, los bares y la arquitectura. Y no viajar en verano también es una buena recomendación, porque te puedes morir de calor, jaja. Lo dicho, un viaje muy agradable y Madrid una ciudad a la que creo que volveremos pronto.

Puerta de Alcalá
* (Haz click en las imágenes para ampliar)

viernes, 19 de febrero de 2016

Madrid (V)

Km.0, Puerta del Sol
En el último día de nuestro viaje a Madrid teníamos unas horitas libres antes de coger el vuelo de regreso a casa. Decidimos dar otro paseo por el centro, revisitando la Puerta del Sol y el famoso Kilómetro 0, del que se supone que parten todas las carreteras estatales. Volvimos a pasar por La Almudena y el Palacio Real que, siendo ya fin de semana, mostraban un entorno mucho más concurrido.

Nuestra intención última era visitar el Templo de Debod, una antigua construcción egipcia situada en el Parque del Oeste y que, sinceramente, nos costó un poco encontrar ya que el acceso no está demasiado bien señalizado. Cuando por fin apareció ante nuestros ojos, después de unos cuantos rodeos, su visión resultó bastante emocionante.

Templo de Debod
El templo fue un regalo de Egipto a España en 1968, como agradecimiento por su ayuda en la conservación de los templos de Nubia, en riesgo por la construcción de la Presa de Asuán. Debod tiene unos 2.200 años de antigüedad y conserva en su interior unos grabados de gran interés histórico. En una de sus dependencias muestra una maqueta con su situación original en el valle de Asuán, al lado de otros templos egipcios, muchos de ellos hoy desaparecidos bajo las aguas de la presa.

Templo de Debod, edificio principal
A pesar de los carteles y los esfuerzos oficiales por mantener el templo en buenas condiciones, he de decir que los visitantes con los que coincidimos aquel día resultaron ser de lo más incívicos, ignorando las advertencias de no hacer fotos con flash o no tocar las paredes y dejando restos de bebidas por las esquinas oscuras del templo. Así sólo conseguirán que éste y otros monumentos se cierren al público y que perdamos todos los que de verdad respetamos y valoramos la cultura y el arte. Crítica aparte, es un lugar bonito para visitar.

Congreso de los Diputados
En nuestro paseo mañanero pasamos también por última vez por delante del Palacio de las Cortes, edificio que alberga el Congreso de los Diputados, con sus apuestos leones. Se trata de una construcción emblemática que identifica perfectamente el espíritu de este Madrid que estábamos a punto de abandonar. También pasamos por delante del edificio del Senado, una obra mucho más moderna con un interés arquitectónico similar al interés político de lo que allí sucede, es decir, más bien nulo.

Hacia el mediodía recogimos nuestras maletas en el hostal, compramos unos bocadillos en el muy recomendable Museo del Jamón y nos dirigimos hacia el aeropuerto, con una sensación muy agradable y un bonito recuerdo de Madrid a pesar de la ola de calor. 

León del Congreso
* (Haz click en las fotos para ampliar)

** (Continuará...)

jueves, 21 de enero de 2016

Madrid (IV)

Ministerio de Agricultura
Hola queridos lectores lillusianos! Os sitúo: cuarto día de nuestro periplo madrileño de julio de 2015. Vale, voy con un poco de retraso en la crónica pero tengo intención de terminar la serie antes de que pase un año completo desde el viaje. Como veis, mis propósitos de año nuevo tampoco son demasiado ambiciosos.

Nuestro primer destino de esa jornada era CaixaForum, donde había un par de exposiciones interesantes, ambas gratuitas para los clientes de La Caixa y con un coste de 4 € para los no clientes. La primera versaba sobre el arte Mochica peruano, una cultura anterior a la Inca. Allí se exponía una selección de máscaras y objetos utilizados por esa civilización en rituales funerarios, ofrendas guerreras o ritos de fertilidad. La muestra recogía más de 200 piezas de arte pre-colombino procedentes del Museo Larco de Lima (Perú). 

Máscara Ai Apaec Mochica, CaixaForum
En la segunda exposición, bajo el nombre de "Animales y Faraones", se mostraban diversas piezas referidas al universo animal del Antiguo Egipto. Tapices, esculturas y objetos funerarios de toda condición mostraban una adoración extraordinaria a ciertos animales como los gatos o determinadas aves. La mayoría de las obras procedían del Museo del Louvre y no estaba permitido tomar fotografías de las mismas. Esta exposición me resultó mucho más vistosa e interesante que la anterior, a pesar de que había un grupo de visitantes ruidosos que nos dificultó bastante la visita.

Como el buen tiempo (y la ola de calor) seguían acompañándonos en nuestro viaje, continuamos la mañana con un largo paseo por el Parque del Retiro. Digamos que como zona verde tampoco es nada espectacular (su vegetación es un tanto monótona) pero algo así en pleno centro de la ciudad ayuda mucho a oxigenar cuerpo y mente. Arquitectónicamente hablando posee algunas piezas muy interesantes, fuentes y esculturas de los siglos XVIII y XIX que se conservan muy bien y le dan al parque un toque señorial muy del estilo del Madrid más clásico. Además, los lagos y estanques ayudan a refrescar el árido ambiente veraniego, cosa que se agradece mucho.

El Retiro
Autofoto Parque del Retiro

Dentro del parque se encuentra el Palacio de Cristal, una construcción de 1887 que alberga normalmente exposiciones de arte contemporáneo, gestionadas en su mayoría por el Museo Reina Sofía. En este caso, el edificio acogía el proyecto "Tuiza. Las culturas de la jaima", una composición de Federico Guzmán que convirtió el Palacio de Cristal en una enorme jaima árabe repleta de colores.

Palacio de Cristal, El Retiro
"Tuiza. Las culturas de la jaima". Palacio de Cristal
Vistas de El Retiro desde el Palacio de Cristal
Construido también en el interior del Retiro está el Palacio de Velázquez, que data de 1883 y tiene unos bonitos mosaicos de azulejos en sus paredes exteriores. Dentro había una exposición de Carl Andre titulada "Escultura como lugar, 1958-2010". La muestra en sí era más bien rarita, de esas que sólo los culturetas con gafas de pasta y cara de estreñidos cuando miran saben valorar. No era mi caso, así que la cosa me dejó más bien fría y la instalación no me aportó nada destacable salvo unas cuantas risas ahogadas en algunas salas mientras espiaba las reacciones de otros visitantes.

Fachada Palacio de Velázquez, El Retiro
"Escultura como lugar, 1958-2010". Palacio de Velázquez
Por último nos dirigimos hacia la zona del Estanque y el monumento a Alfonso XII, quizás la parte más conocida del Retiro por el alquiler de barcas para paseos. Una enorme columnata y varias esculturas rodean el monumento, que fue inaugurado en 1922 y financiado por las generosas aportaciones de los ciudadanos madrileños. En general El Retiro es un parque digno de ver por la majestuosidad de su arquitectura y su interés histórico dentro de la ciudad.

Monumento a Alfonso XII, El Retiro
Estanque, Parque del Retiro
Tras salir del parque nos dirigimos hacia el barrio de La Latina, donde comimos en Martina Cocina, un coqueto restaurante cercano al Rastro sugerido por Loque, acompañados por la propia Loque. El encuentro fue de lo más agradable y entretenido, degustando platos sencillos con toques vegetarianos y deliciosos dulces. El ambiente del restaurante, muy tranquilo y hogareño, no tenía nada que ver con nuestro siguiente destino, un poco más masificado: el Museo Reina Sofía.

Museo Reina Sofía
El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía dispone de un horario de entrada gratuita de lunes a sábado entre las 19.00 y las 21.00, hora del cierre. Como en principio tampoco teníamos especial interés en muchas de las obras del museo, decidimos aprovechar esas dos horas para ir directos a exposiciones y salas puntuales. El primer problema, con el que no contábamos, fue que a esa hora ya no quedaban planos en español del museo (ni en inglés ni en ningún otro idioma descifrable). Al final encontramos uno abandonado en un banco, aunque tampoco nos ayudó demasiado a gestionar la visita. 

Lo primero que queríamos ver era, sin duda, el "Guernica" de Picasso. He de reconocer que me impresionó mucho más de lo que esperaba. Su grandiosidad y sus infinitos detalles me trasladaron totalmente a la época y situación que el genial artista quiso retratar en la obra. Me olvidé hasta de la posibilidad de hacer fotografías, que sí estaban permitidas en la mayoría de las salas, siempre sin flash, así que no pude guardar un documento gráfico de mi cercanía a ese cuadro.

Tras contemplar más obras de Pablo Picasso busqué los impresionistas que acoge el museo, que tampoco son muchos puesto que no es el tipo de arte en el que se centra el Reina Sofía. Muchas obras destacadas eran préstamos temporales del Kunstmuseum Basel, el Museo de Arte de Basilea (Suiza). En otras salas me llamaron la atención cuadros de Salvador Dalí, Óscar Domínguez o Miró, siempre teniendo en cuenta que mi gusto por el arte moderno es más bien limitado y suelo tender hacia visiones más clásicas del arte.

"Rostro del gran masturbador", Salvador Dalí, MRS
"Nafea faa ipoipo", Paul Gauguin, MRS
"Le Jardin de Daubigny", Vincent Van Gogh, MRS
El edificio acogía muchas colecciones y exposiciones temporales, entre ellas algunas de fotografía muy interesantes, centradas en la España de mitad del siglo pasado. Las típicas instalaciones y proyectos de corte más vanguardista no llamaron especialmente mi atención, como era de esperar. Aún así, eché de menos una visita más pausada, ordenada y con menos aglomeraciones, ya que muchísima gente accedió al museo al mismo tiempo que nosotros aprovechando la entrada libre y dificultaba bastante la movilidad y tranquilidad de la experiencia.

Instituto Cervantes
Por la noche nos esperaba una cena ligerita en un restaurante mexicano del mismo barrio donde nos alojábamos, el de las Letras, y un corto paseo antes de retirarnos a descansar por una zona que despertaba ya al ambiente nocturno del viernes noche.

* (Haz click en las fotos para ampliar)

** (Continuará...) 

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