lunes, 26 de enero de 2015

Londres (IX): Transporte y alojamiento

Estación de metro londinense
Para completar esta extensa crónica sobre nuestro viaje a Londres del año pasado se me ha ocurrido realizar un par de entradas sobre algunas peculiaridades de la experiencia. Tanto en lo referente a precios como horarios y otras consideraciones, quizás estos comentarios le sirvan a algún lector que quiera visitar próximamente esa capital.

En primer lugar, desplazarse a Londres desde España resulta de lo más sencillo ya que casi cualquier aeropuerto nacional tiene vuelos directos al Reino Unido. Londres está circundada por cinco aeropuertos, situados en un radio de entre 10 km. el más cercano (London City Airport) y 56 km. los más alejados (Luton y Stansted). En una distancia intermedia se encuentran Gatwick (48 km.) y Heathrow (24 km.).

Nosotros elegimos volar con RyanAir directo a Londres-Stansted desde el aeropuerto de Tenerife Sur, no porque fuera la opción más barata realmente, ya que escogiendo asientos y facturando maleta el precio del billete se incrementó una barbaridad, sino porque era la compañía que nos ofrecía mejores horarios. Queríamos salir y regresar de día, pero sin ese requisito posiblemente habría sido mejor elegir una compañía como Norwegian o British Airways, con más comodidades a priori incluidas en la tarifa básica de vuelo. 

Pagamos por los dos pasajes 640 euros, teniendo en cuenta que viajamos en pleno agosto, eligiendo butacas en salida de emergencia para ambos trayectos (25 euros por pasajero, las largas patas de Exseminarista Ye-ye van muy apretadas en un asiento normal de aerolínea de bajo coste) y facturando una maleta grande (45 euros por cada trayecto). Volar en temporada baja puede costar alrededor de 100 euros menos por persona y si lo haces desde la península las tarifas son bastante más reducidas.

El vuelo en sí he de decir que fue muy tranquilo y cómodo, sobre todo teniendo en cuenta que era la primera vez que viajábamos con RyanAir y algunos amigos y conocidos nos habían metido bastante miedo al respecto. Son muy estrictos con el peso del equipaje (en caso de que te pases, aunque sólo sea un kilo, te hacen abrir la maleta y aligerarla, por lo que vimos) pero ágiles a la hora de comprobar documentación y preparar el embarque. Por lo demás, ningún retraso ni sobresalto, aterrizaje correcto y buen trato en general por parte del personal de la compañía. Los controles a la llegada al aeropuerto también son estrictos, con comprobación de DNI o pasaporte, pero sin ningún contratiempo. Al regreso la cosa fue un poco más caótica en el control policial de salidas de Stansted, donde una marabunta de gente esperaba sin mucho orden y avanzando con bastante lentitud, pero quitando eso, todo bien.

Estación de tren londinense
Desde España habíamos contratado el traslado a Londres ciudad en tren. El Stansted Express, de la National Rail, tiene varias ofertas a través de su página web. Nosotros elegimos una que suponía un 25% de descuento por adquirir dos tickets, ambos de ida y vuelta y para utilizar al mismo tiempo. El coste de los dos pasajes es de 48 libras (unos 60 euros) y el viaje dura unos 50 minutos. Resulta muy cómodo porque el tren se coge directamente en el subterráneo del aeropuerto y llega hasta la estación de tren de Liverpool St., desde donde se puede acceder a otras líneas de tren y metro sin necesidad de salir del recinto. También hay varias líneas de autobús que realizan el trayecto a Londres desde el aeropuerto de Stansted, cuyo precio se sitúa en torno a los 15 euros por persona, ida y vuelta. Este viaje dura entre una hora y hora y media, dependiendo de la línea elegida.

Nada más llegar a la estación es importante hacerse con una Travel Card o una Oyster Card. La Oyster Card es una especie de tarjeta de crédito que cuesta 3 libras y que puedes recargar con la cantidad necesaria. Con ella los viajes en el transporte público londinense tienen un importante descuento. A nosotros, sin embargo, nos pareció mejor el sistema de la Travel Card, que se puede adquirir directamente en las estaciones de tren de la National Rail en formato de 24 horas o de 7 días. Además, incluye descuentos de 2x1 en las entradas a determinadas atracciones londinenses.

Interior vagón metro londinense
Para adquirir una Travel Card es imprescindible disponer de una tarjeta de National Rail con identificación fotográfica o Photo Card ID, algo que nosotros desconocíamos y de lo que no te advierten en casi ninguna página de información. En las propias oficinas de expedición de la Travel Card en la estación de Liverpool St. te remiten a un fotomatón cercano para que te hagas unas fotos y elaborarte sobre la marcha la Photo Card. Por suerte, nosotros llevábamos encima un par de fotos de carnet con las que pudimos hacernos estas identificaciones, cada una con su número correspondiente y que también nos servirá para utilizar con nuestras tarjetas de transporte en futuras visitas al Reino Unido. 

Compramos posteriormente una Travel Card personal de 7 días para cada uno al precio de 30 libras (unos 40 euros), lo que permite utilizar las líneas de metro en zona 1-2 de la ciudad (las otras zonas, más alejadas del centro, tienen tarifas diferentes). Teniendo en cuenta que cada billete sencillo de metro sin ningún descuento cuesta 4,50 libras, y que la Travel Card te permite realizar todos los viajes que quieras durante su plazo de vigencia (nosotros realizamos al menos dos diarios), utilizar esta tarjeta compensa muchísimo. 

Detalle interior estación metro londinense
La Travel Card sirve también para otros transportes públicos londinenses como el autobús, que normalmente cuesta 2,40 libras por trayecto y que costará una libra menos utilizando la tarjeta Oyster. El autobús es muy recomendable para hacer un recorrido turístico pero para viajar rápido y cómodo no hay nada como la espectacular red de metro de Londres. Tiene, como es obvio, puntualidad británica y paradas en casi todos los sitios importantes. Puesto que casi todas las atracciones objeto de visita están situadas en las zonas 1-2, se puede utilizar la Travel Card sin problema en prácticamente todos los desplazamientos que hagamos en la capital.

Bicicletas de alquiler
Hay otro sistema de transporte muy utilizado por los londinenses que son las bicicletas. El Gobierno, a través del programa Barclays Cycle Hire, pone a disposición de todo el que lo desee bicicletas que se pueden usar registrándose directamente en las zonas de alquiler con una tarjeta de crédito. Pagando una tarifa de acceso fija (2 libras para 24 horas, por ejemplo) y dependiendo del tiempo que tardes en devolverla a un anclaje, cada período de 30 minutos costará 2 libras adicionales. A mí ni se me ocurrió lo de alquilar una ya que el hecho de que en Reino Unido se circule por la izquierda ya me descolocaba bastante a la hora de cruzar las calles, y eso que en la calzada suele haber señales indicándote en qué sentido va la circulación. 

Señal en la calzada indicando de dónde viene el tráfico
A pesar del mal tiempo, son muchos los ciudadanos que optan por circular en bicicleta, propia o alquilada. Teniendo en cuenta que hay determinadas zonas de Londres en las que el tráfico rodado está limitado al transporte público y vehículos privados de residentes, y que es precisamente en esas zonas donde se desarrolla más actividad empresarial, la mayoría de los trabajadores optan por desplazarse en metro, autobús o bicicleta. A este respecto, es conveniente evitar las horas punta de entrada y salida del trabajo (entre las 8 y las 9 de la mañana y entre las 5 y las 6 de la tarde, porque el volumen de gente en las estaciones es bastante agobiante. Como detalle importante y por si alguno considera alquilar una bici para dar un paseo, hay que tener en cuenta también que en muchos parques está prohibido circular en bicicleta, norma que los británicos siguen bastante a rajatabla.

Habitación EasyHotel Paddington
Con respecto al alojamiento en Londres, nosostros barajamos varias opciones y al final nos decidimos por un Easy Hotel, un hotel perteneciente al mismo grupo que gestiona la compañía aérea de bajo coste EasyJet. Estos establecimientos están ubicados en zonas muy bien comunicadas, destinadas a un tipo de turista poco exigente, con estancias cortas, y ofrecen los mejores precios posibles en relación a su situación geográfica. La mayoría de los hoteles de las zonas 1-2 de Londres tienen dos problemas: los que están bien de precio suelen ser de estilo albergue o con baño compartido (algo que no queríamos) y los otros suelen superar las 80 libras por noche en temporada alta. A nuestra búsqueda se le unía el contratiempo de que estábamos reservando con menos de un mes de antelación, con lo que muchos hoteles ya no tenían habitaciones disponibles.

Baño Easy Hotel Paddington
Unas amigas nos habían hablado bastante bien de los Easy Hotel, cadena que también tiene establecimientos en otras ciudades como Amsterdam, Berlín, Fránkfurt o Budapest, así que decidimos echar un vistazo. Elegimos el que está situado en Paddington porque nos parecía que los accesos a metro y otras zonas de interés eran más fáciles, aunque hay otros cinco o seis Easy Hotel en Londres con diferentes precios según su ubicación y características. Hay que decir que la política del Easy Hotel es ofrecer un alojamiento simple, sin ningún tipo de extra que encarezca el precio. La reserva se paga a través de la página web en el momento de confirmarla (con tarjeta de crédito; no admiten débito) y se trata de una tarifa básica que no incluye desayuno, ni limpieza de habitación, ni cambio de toallas, ni televisión, ni ningún otro añadido. Todo eso lo consideran extras y puedes obtenerlo, previo pago, en el momento de hacer la reserva o durante tu estancia. 

Nosotros escogimos una habitación doble estándar con baño y ventana (si la escoges sin ventana es aún más barata), para 8 noches por un importe total de 517 libras (unos 675 euros). No compramos ningún extra, puesto que nuestro objetivo era utilizar el cuarto solamente para asearnos y dormir. Y para ello cumplió perfectamente su misión. La habitación daba a la calle principal, nada ruidosa, y podíamos ventilarla sin problema. En general, las habitaciones de los Easy Hotel están absolutamente peladas de detalles. No tienen ni armario, ni sillas, mesas o repisas y los baños son muy justos de espacio, pero todo estaba muy limpio y la temperatura era muy agradable gracias a un climatizador. A pesar de que tanto el dormitorio como el baño eran ínfimos en tamaño, la cama era bastante amplia y muy cómoda. 

Habitación estándar con ventana
A la hora de alojarse en cualquier hotel o apartamento británico hay que tener muy en cuenta otro detalle importante: los enchufes tienen otra forma, aunque el voltaje es el mismo. No podrás enchufar ningún cargador o aparato comprado en España sin un adaptador. Allí los venden en muchos sitios pero no son baratos. Nosotros los compramos en Tenerife antes de viajar y bueno, no es que la adaptación fuera perfecta pero al menos cumplieron su función, previo ajuste con tapón de botella como se puede ver en la imagen.

Adaptador de enchufe británico con toque casero
Otra opción buena para alojarse en Londres es buscar un apartamento, que puede compensar para alquilar durante una semana, por ejemplo, y que facilitará la opción de ahorrar en desayunos y comidas. Hay que tener cuidado con las zonas elegidas e intentar ver bien los interiores y exteriores, ya que hay edificios muy antiguos y barrios más recomendables que otros. Y entenderse con los caseros, que si son alquileres de particulares en vez de empresas pueden dar lugar a algún malentendido. Yo recomiendo buscar alojamiento en la zona 2 más que en la 1, con cercanía de una estación de metro y buenos accesos a pie.

Logo Metro Londres en parada Edgware Road

(continuará...)

viernes, 9 de enero de 2015

El 2015 ya está aquí y yo sin postear!

Alameda, Santiago de Compostela
Sí, tenéis toda la razón. Este blog está totalmente abandonado y ahora mismo tiene pocas probabilidades de revivir al 100%. Pero después de un diciembre de vacío lillusiano quería al menos dar la bienvenida al Año Nuevo y dejar caer por aquí un par de notas al pie del finiquitado 2014. 

Un año más disfruté de unos días navideños en compañía de mi familia en Galicia. Mucha comida típica y mucho cariño es lo que siempre encuentro allí, a pesar de que este año el tiempo me cundió menos que nunca y no pude quedar con tantos amigos como deseaba.

Los que me seguís habitualmente habréis notado que me han quedado pendientes un par de posts sobre mi viaje a Londres en agosto del año pasado. Tengo intención de publicarlos en breve así que, aunque sea un año después, mi crónica londinense verá la luz al completo. 

En este sentido, la ausencia de publicaciones en Lillusion se debe en parte a la falta de tiempo que, en conjunción con una leve falta de ánimo, se traducen en una especie de apatía muy molesta. El trabajo me tiene tan agotada físicamente que cuando llego a casa me cuesta dedicar energía a algo que no sea tumbarme en el sofá a ver un capítulo de alguna serie, jugar a algo en el móvil o realizar alguna labor del hogar urgente. Leer por las noches, como era mi costumbre, ya se ha convertido en una auténtica odisea. Mi nivel de actividad en todos los ámbitos que antes frecuentaba durante mi tiempo de ocio, como repostería, amigurumi o fotografía se ha reducido drásticamente y, debido a mis horarios cambiantes, me cuesta mucho organizarme para todo, incluido escribir en este blog. Duermo mucho más que antes y a deshora y mi capacidad de concentración parece haberse esfumado por completo, con lo que el poco tiempo libre que tengo se me va escapando sin apenas darme cuenta. Todo eso me mantiene en un continuo clima de descontrol personal que no me mola nada pero que lamentablemente tampoco puedo modificar como desearía. Quizás los que trabajáis por turnos o con horarios de noche entendáis mejor a qué me refiero.

Pero se acabó el dramatismo! Todo lo anterior es más un desahogo que otra cosa pero también quería compartirlo con vosotros. No tengo pensado cerrar el blog y todavía mantengo la esperanza de que este 2015 me devuelva las fuerzas para emprender algún que otro proyecto que tengo en mente. Por ahora, dejar constancia de que el 2014 fue un año lector pésimo (apenas superé el libro por mes, vergonzoso) y un año cinéfilo casi al mismo nivel, pero al menos cumplí por fin mi sueño de viajar a Londres después de 40 años de espera. En lo personal el 2014 ha sido un año maravilloso, con mucha felicidad compartida con un señor de bigote y una gata gordita y peluda que son básicamente mis razones para seguir por aquí dando el coñazo. Ah, y mis Reyes Magos se han portado genial, que me han traído un destornillador sónico!! Ahí va la prueba ;)
 
Yo con mi destornillador sónico de "Doctor Who"!

Lo dicho, estad atentos a Lillusion que pienso volver cuando menos se lo esperen. Gracias a todos por estar ahí!    

viernes, 28 de noviembre de 2014

Londres (VIII)

The Arch, Kensington Gardens
Nuestro viaje a Londres tocaba ya a su fin. En nuestro último día completo en la ciudad el objetivo era el Natural History Museum, un centro que recoge millones de fósiles, esqueletos animales y muestras de la naturaleza de todo el mundo. 

Albert Memorial, sur de Kensington Gardens
Para llegar hasta allí decidimos dar un pequeño paseo mañanero por los Kensington Gardens, con un tiempo muy agradable y acompañamiento de ardillas incluido. Dejamos a lo lejos el Kensington Palace, que no pudimos visitar durante este viaje, y salimos directamente al Albert Memorial y al Royal Albert Hall, ambos monumentos muy representativos de la ciudad y dignos de contemplar.

Royal Albert Hall
Tras callejear unas cuantas manzanas llegamos al Museo de Historia Natural, que tiene una orientación esencialmente didáctica por lo que estaba lleno de familias con niños iniciándose a la historia de las especies desde sus albores. El edificio en sí es ya una auténtica joya. Fue inaugurado a finales del s.XIX como escisión del Museo Británico, recogiendo gran parte de su colección fósil y el archivo geológico. De nuevo sir Hans Sloane fue el principal proveedor de este museo gracias a su colección privada.

Natural History Museum, hall con Lillu y diplodocus
Las muestras se exponen en varias zonas según su sector de estudio científico: paleontología, geología, botánica, zoología. La sección de dinosaurios es bastante espectacular, con réplicas de muchos animales extinguidos y esqueletos recuperados de varias excavaciones. Un enorme diplodocus da la bienvenida en el hall principal del museo, siendo quizás la pieza más llamativa de la colección.

Esqueletos de cetáceos, NHM
En el espacio dedicado a cetáceos se puede contemplar el esqueleto de una ballena azul de 25 metros de longitud, aparte de otros mamíferos marinos. Muchos animales disecados y recreaciones de otros ya inexistentes en nuestro mundo actual completan una vasta colección que muestra la evolución de cientos de especies.

 Interior Natural History Museum
Aunque no pudimos pararnos con detalle en algunas salas, demasiado llenas de gente o con menor interés para nosotros, el conjunto informativo del museo es verdaderamente excepcional. Varias exposiciones móviles recrean determinados momentos de la evolución, como la eclosión de unos huevos de saurio o el cambio climático. También hay sectores dedicados al mundo mineral, vegetal y una sala completa de insectos, por la que pasé por encima ya que son unos bichos que me dan cierto repelús vistos tan de cerca.

Lateral edificio Natural History Museum
En definitiva, se trata de una extensa colección con fines muy educativos, imposible de ver con detalle en un solo día. A pesar de llegar media hora antes de la apertura y tratarse de un martes, ya había cola en todas las entradas y tardamos un ratito en poder acceder al museo. Una vez dentro la visita es bastante libre, aunque hay algunas zonas como la sala de los dinosaurios con un recorrido predeterminado, de esos que me disgustan especialmente porque si el de delante no avanza tú tampoco puedes hacerlo y si deseas pararte más tiempo en algo que te interesa fastidias también a los que te siguen y quieren continuar la visita. La entrada, como en casi todos los museos londinenses es gratuita, con algunas exposiciones temporales de pago.

Fachada Natural History Museum
Tras el almuerzo en un chino de la zona de South Kensington, decidimos entrar también en el Museo de Victoria & Alberto, que me habían recomendado y está situado justo enfrente del Museo de Historia Natural. Bueno, la verdad es que Exseminarista Ye-ye prefería visitar el Imperial War Museum pero para ello tendríamos que coger un metro y desplazarnos al otro extremo de la ciudad, así que cedió y no me lo perdonará en la vida (lo sé, ays!).

Victoria & Albert Museum
El Victoria & Albert Museum (también llamado Museo Nacional de Arte y Diseño) es un edificio victoriano de cinco plantas que recoge la mayor colección de artes decorativas del mundo. Se fundó en 1852 y muestra numerosas piezas de pintura, orfebrería, cerámica, escultura, mobiliario, fotografías, textiles... El fondo del museo cuenta con más de 4 millones y medio de objetos procedentes de las más variadas culturas, entre ellas importantes colecciones de China, Oriente Medio, India y casi todos los países de Europa.

"Neptune and Triton", Bernini, V&A Museum
En sus 145 galerías se pueden contemplar recreaciones de viviendas victorianas, con todo su mobiliario y en la última planta del edificio una extensísima colección de porcelanas y cerámicas clásicas de decenas de países, con un fichero de búsqueda y consulta, dada la amplitud de la exposición. Óleos, grabados y dibujos conforman otra de las galerías, con la mayor colección del mundo de cuadros del pintor británico John Constable. También se exhiben en el museo notas manuscritas de los trabajos de Leonardo da Vinci, dentro de la Biblioteca Nacional de Arte. 

"St. John Baptiste", Rodin, V&A Museum
La colección es totalmente ecléctica y a ratos un poco caótica, por la gran cantidad de vitrinas y objetos artísticos que colapsan todas las esquinas del edificio. Personalmente, lo que más me gustó fue la sala dedicada a escultura, con piezas de Bernini, Donatello o Rodin, éstas últimas donadas al museo por el propio artista en 1914.

Sección de porcelana y cerámica, V&A Museum
En general el museo es en sí una obra de arte desde la misma arquitectura del edificio, con una hábil conjunción de lo clásico y lo moderno, exposiciones temporales de arte contemporáneo y distintas actividades relacionadas con las muestras. Eso sí, demasiados objetos y demasiada información para asimilar en una sola tarde, más aún después de una semana completa de visitas culturales.

Placa a la izquierda de la entrada del V&A Museum
Placa a la derecha de la entrada del V&A Museum
Al salir del V&A Museum nos dirigimos hacia nuestra última parada del viaje, un pequeño recorrido por Hyde Park, que sólo habíamos tocado parcialmente hasta entonces. Este parque se sitúa al este de Kensington Gardens y constituye uno de los más grandes de Londres, famoso por su lago (el Lago Serpentine, que lo separa de la parte occidental del parque) y por su Speaker's Corner, una tribuna desde la que cualquiera puede hablar al público que allí se congregue y donde la policía suele ser bastante tolerante con la temática de las protestas siempre que el lenguaje no sea ofensivo y no haya quejas de los presentes.

Entrada a Hyde Park
Hyde Park, zona Memorial Diana de Gales e Isis
Hyde Park suele estar bastante masificado y para mi gusto no resultó ser el parque más bonito de la capital británica, aunque sí es sin duda el más conocido y visitado. Desde allí nos dirigimos a la salida de Marble Arch para seguir caminando hacia nuestro hotel, pudiendo constatar que la zona alrededor del parque es una de las más cotizadas para vivir teniendo en cuenta el nivel de los automóviles aparcados en las entradas de las casas y la presencia de seguridad privada en las puertas de algunos domicilios.

Marble Arch desde la salida de Hyde Park

*** Haz click en las imágenes para ampliarlas!
 
*** (... continuará)

jueves, 13 de noviembre de 2014

Londres (VII): Segunda parte

Tower of London
Tras salir de las Churchill War Rooms y comer algo por el camino nos desplazamos hacia nuestro siguiente destino en el día del London Pass: La Torre de Londres. The Tower of London es una de las atracciones más visitadas de la ciudad pero, en general, una de las que más nos decepcionó. Exteriormente es muy bonito y ofrece una visión de conjunto bastante impresionante, con una instalación de amapolas cerámicas de un color rojo intenso muy llamativo, pero el contenido interior me pareció bastante flojo.

White Tower, Tower of London
Se trata de un castillo medieval del s.XI que durante muchos años fue utilizado como prisión. Está situado en el centro de la ciudad, al borde del río Támesis y rodeado por una muralla y un foso. Las torres están prácticamente todas vacías y el recorrido te obliga a realizar la visita en un único sentido, presionada por el resto del público que te sigue detrás. Muchos de los niveles superiores están cerrados y los accesos a muchos edificios, limitados.

Colección de armaduras, Tower of London
En general, se conserva poco del contenido interior de la fortaleza. Lo más destacado es una extensa colección de armaduras y regalos diplomáticos, un pequeño museo de objetos de la realeza que dominó esas tierras y alguna que otra muestra de mobiliario. En general, las torres están desnudas y sólo disponen de paneles informativos con toda la historia referente al lugar en cuestión. En parte es interesante, pero por otro lado es lo mismo que podría leer en la Wikipedia sin necesidad de estar allí y sin los empujones y los gritos del público que te rodea.

Guardia de la torre contando historias y Waterloo Block
Esa enorme aglomeración de gente que había para visitar cada edificio nos agobió bastante. Había una cola interminable para entrar a las habitaciones que albergan las famosas Joyas de la Corona Británica, las coronas, diademas y piezas que han utilizado los monarcas del Reino Unido en las ceremonias. Nos habían comentado que había muchas posibilidades de que las joyas exhibidas fueran sólo réplicas, así que eso y el poco tiempo que faltaba para cerrar el recinto nos convenció de no esperar para verlas.  

Autofoto con guardia real
Lo que aquí comento es una impresión muy subjetiva de esta fortificación y su visita, con una preparación orientada al turismo masivo. Para otras personas The Tower of London es un emblema de la historia británica que debe ser visitado, pero en nuestro caso, aunque arquitectónicamente merece la pena, el precio de la entrada nos pareció muy excesivo para lo que realmente ofrece el recorrido. Si lo comparamos con otras atracciones y el tiempo que se invierte en visitarlo, con un par de fotos del conjunto exterior habría sido más que suficiente.


White Tower
Saliendo de allí un poco desencantados y bajo una insistente lluvia veraniega, atravesamos el Puente de la Torre y nos dirigimos hacia el Old Operating Theatre and Herb Garret, a escasos metros del rascacielos The Shard. El herbolario fue descubierto fortuitamente en el ático de la iglesia de St. Thomas durante unas obras de remodelación en el s.XVII. Allí se guardaba una gran remesa de semillas de amapola con las que se elaboraban remedios opiáceos para el dolor. 

Herb Garret
Este pequeño museo recoge numerosas muestras de plantas medicinales y ungüentos utilizados para tratar enfermedades antes de la existencia de los antibióticos y la medicina moderna. Además, expone instrumentos médicos y quirúrgicos de los últimos tres siglos, con los que se realizaban entonces procesos de dudosa salubridad y efectividad como la trepanación.  

The Old Operating Theatre
Mesa de operaciones del s.XIX
El Old Operating Theatre, el más antiguo que se conserva en el Reino Unido, data de finales de 1822 y en él se llevaban a cabo operaciones de cirugía sin anestesia, acordes a los conocimientos de la época. La mesa de operaciones da repelús y los instrumentos utilizados en las intervenciones se parecen más a los de un carnicero que a los de un médico. La situación de las gradas revela que las operaciones se realizaban con público, posiblemente estudiantes de medicina o jóvenes cirujanos del anexo hospital de St. Thomas que debían estar presentes para aprender las técnicas.

Catedral de Southwark
Tras esta espeluznante pero satisfactoria visita, nos dirigimos de nuevo hacia el Puente de la Torre, pasando por delante de la Catedral de Southwark. Pensamos que ya no podríamos tirar más del London Pass, puesto que ya eran las seis de la tarde y casi todas las visitas terminan antes de esa hora. Pero preguntando en la taquilla de City Cruises todavía estábamos a tiempo de utilizar nuestro pase para un pequeño crucero por el Támesis. A pesar de la lluvia que caía intermitentemente decidimos aprovechar la oportunidad y la experiencia resultó ser una maravilla.

Tower Bridge
Tomamos el barco en Tower Pier a las 18.40 h., en una de sus últimas salidas. Tuvimos la enorme suerte de que la lluvia nos respetó durante todo el trayecto en la cubierta del barco, desde donde pudimos hacer unas preciosas fotos de los edificios y monumentos situados en los márgenes del río. 

The Shard
La embarcación gira dejando atrás el Tower Bridge rumbo al oeste, pasando al lado del HMS Belfast, el buque de guerra más famoso de la marina británica que participó en la II Guerra Mundial. El barco permanece anclado en el Támesis y conforma un museo flotante incluido en la red de los Imperial War Museums de Londres. Queríamos visitarlo pero la falta de tiempo lo hizo imposible.

Tate Modern
Continuando por el río, cruzamos también por debajo del London Bridge y podemos contemplar a lo lejos los rascacielos más famosos de Londres, The Gherkin a la derecha y The Shard a la izquierda. Después se pueden contemplar la Catedral de St. Paul y el edificio de la Tate Modern, ambos muy cercanos al río y casi unidos por el Millenium Bridge. Un poco más allá el paseo nos lleva al London Eye y el Palacio de Whitehall, pasando el Waterloo Bridge. El recorrido finaliza en el embarcadero de Westminster, con unas bonitas vistas del Parlamento y el Big Ben.

London Eye
Este pequeño crucero dura alrededor de media hora y resulta de lo más agradable. Hay varias compañías que realizan estos trayectos y los barcos suelen ir atestados de turistas (como nosotros), pero con eso de la lluvia y que ya estaba cercana la puesta de sol pudimos coger un buen sitio y viajar tranquilos. El pasaje que facilita el London Pass te permite viajar durante 24 horas desde que compras el ticket, tomando el barco en cualquiera de los embarcaderos de City Cruises en Westminster, Waterloo, Tower o Greenwich. Como digo, un paseo fluvial bonito y muy recomendable.

Westminster Parliament y Big Ben

*** Haz click en las imágenes para ampliarlas.

(Continuará...)

lunes, 3 de noviembre de 2014

Londres (VII): Primera parte

Westminster Abbey
Y tocó por fin el día de utilizar el London Pass, una tarjeta que te permite la entrada "gratuita" a decenas de atracciones de la ciudad. Y pongo "gratuita" entre comillas porque realmente no es gratis pero puede compensar mucho económicamente: el London Pass se compra para uno o varios días por un importe fijo, permitiendo con ello la entrada sin abonar ningún cargo adicional en las atracciones que elijas de las disponibles en su oferta. En muchos casos estar en posesión de esta tarjeta te facilita también una audioguía para la visita en cuestión sin coste alguno y algunas otras ventajas, como descuentos en tiendas y restaurantes.

Estatua ecuestre de Ricardo I desde la abadía
Aunque hablaré del London Pass con más detalle en una próxima entrada, sólo decir que nosotros compramos el de un solo día, por lo que teníamos que elegir con mucho cuidado qué era lo que queríamos visitar con cargo a esa tarjeta, que se activa en el primer uso y se desactiva justo al final de ese día. Teníamos claro que una de las visitas incluidas sería la Abadía de Westminster, para lo que nos levantamos temprano, nos desplazamos en metro hasta el lugar e hicimos cola durante una media hora antes de la apertura.

Vidrieras capilla interior Westminster Abbey
Interior capilla Westminster Abbey
Esta iglesia anglicana, al igual que la Catedral de St. Paul que habíamos visitado unos días antes, es un verdadero ejemplo de buena conservación y adaptación. En ella están enterrados unos 3.000 monarcas y personajes ilustres de la sociedad británica. También se guarda allí la silla de la coronación, que Eduardo I de Inglaterra mandó llevar a la abadía desde Escocia en el s.XIII y sobre la que han sido coronados todos los monarcas británicos desde entonces. En el denominado Poet's Corner se encuentran las tumbas de destacados escritores y poetas, así como científicos y estudiosos. Entre ellos, están los sepulcros de Charles Dickens, el doctor David Livingstone, Isaac Newton, Rudyard Kipling, Laurence Olivier, Charles Darwin o William Turner. Fue también en Westminster donde se inició la tradición de enterrar a un soldado anónimo en homenaje a los militares muertos en combate, que ya figura en numerosos países como la Tumba del Soldado Desconocido.

Lateral de la abadía desde el claustro interior

Fuente en los jardines del claustro Westminster Abbey
Además, unos 600 monumentos conmemoran actos heroicos de sus ejércitos en las distintas contiendas libradas a lo largo de los siglos. Numerosas placas recuerdan también a personalidades que, aunque no están enterradas en la iglesia, tuvieron una estrecha relación con el entorno cultural de la abadía y la ciudad, como Oscar Wilde o William Shakespeare.

Claustro Westminster Abbey
En el interior de la abadía no se permite tomar fotografías por lo que las imágenes que ilustran esta parte del post pertenecen a una de las capillas aledañas, los exteriores y los jardines del claustro. De todos modos os podéis hacer una idea de la belleza de esta iglesia de estilo gótico y de los monumentos interiores, todos como digo en un entorno perfectamente conservado y que recibe cada año más de un millón y medio de visitantes.

Monumento homenaje a las divisiones británicas en 1945
Tras visitar Westminster, nos desplazamos hacia las Churchill War Rooms, uno de los centros de la red Imperial War Museums, en los que se recoge la historia reciente del Reino Unido a través de sus participaciones en conflictos bélicos desde la Primera Guerra Mundial hasta nuestros días. En el búnker situado bajo el edificio del Tesoro, en Whitehall, se han reabierto las habitaciones destinadas a uso estratégico entre 1939 y 1945, en las que el gabinete de la guerra al mando de Winston Churchill se reunía para seguir los pormenores de la contienda.


Churchill War Rooms
El búnker se cerró por completo y algunas partes se conservaron exactamente igual a como estaban en el momento del abandono del lugar. Otras han sido recreadas basándose en las fotografías de la época, como los dormitorios en los que descansaban tanto el primer ministro como sus colaboradores más cercanos, la sala de comunicaciones, la sala de mapas o el salón de reuniones. 


Sala de Mapas, War Cabinet
El Churchill Museum muestra además una extensa biografía del político a través de sus objetos personales. Con paneles interactivos, vídeos, fragmentos de audio, fotografías y otros muchos detalles, el museo nos acerca a la vida del primer ministro, tanto personal como profesional y a su intensa implicación en el devenir social y político del país. Allí se pueden ver ejemplos de su afición a la pintura, las cartas que intercambiaba con su esposa Clementine y la forma en la que disfrutaba de su vida familiar.

Cartas de Churchill a su esposa y reseñas sociales de su boda
La audioguía que te facilitan con la entrada aclara muchos detalles de las habitaciones del búnker y recorre todos los pormenores de la vida bajo tierra durante los bombardeos, desde las actividades de las telefonistas y secretarias hasta los encuentros de los mandos militares y las decisiones que de allí surgían. Es una visita muy interesante y recomendable para los amantes de la historia.


*** Haz click en las imágenes para ampliarlas.


(continuará...)

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