viernes, 24 de octubre de 2014

Londres (VI)

Museum of London
A pesar de ser quizás un "museo menor" dentro de la gran oferta londinense, también decidimos visitar el Museo de Londres, un centro con mucha orientación didáctica que recoge la historia de la ciudad desde la prehistoria hasta nuestros días. 

Placa en edificio situado sobre otro destruido por el incendio de 1666
El museo está situado en Barbican, una zona muy devastada por el gran incendio que asoló la capital en 1666. Emblemáticos edificios de aquella época fueron pasto de las llamas y sobre sus cenizas se levantaron otros que hoy recuerdan a sus antecesores mediante placas conmemorativas. El mismo edificio del museo está construido en uno de los márgenes del London Wall, la antigua muralla romana que bordeaba el Támesis y cuyos restos se pueden contemplar desde los ventanales de una de las salas.

Restos de la muralla romana londinense
De forma cronológica el museo expone objetos procedentes de varias excavaciones realizadas en la zona, maquetas que recrean la estructura de la ciudad en cada época y detalles sobre la forma de vida y las costumbres de sus ciudadanos. Igual que ocurría en el British Museum, también dispone de reproducciones a escala de piezas para que los niños puedan tocarlas y hacerse una idea de cómo trabajaban y vivían sus antepasados. 

Objetos recuperados de excavaciones en el Támesis
Este museo dedica gran parte de su espacio a relatar los pormenores del Gran Incendio que destruyó Londres en 1666. En una de las salas realizan una proyección donde se puede contemplar el inicio y progreso del fuego a lo largo de los días sobre una maqueta, con recreaciones en audio de las declaraciones que recogieron los periódicos y las cartas personales de aquella época. Aquella catástrofe se llevó por delante más de 13.000 casas, iglesias y edificios oficiales entre los que se encontraba el Ayuntamiento y la Catedral de St. Paul, que fue levantada de nuevo con el diseño de Christopher Wren. El incendio marcó desde entonces a la sociedad londinense y su arquitectura, ya que la capital británica fue reconstruida en ladrillo y piedra mejorando todas las condiciones de seguridad que antes no tenía.

Maqueta de un puerto
Se exhiben muestras de la actividad laboral, el vestuario, los transportes y se recrea una pequeña avenida con tiendas y negocios, con todo lo que se ofrecía a los visitantes del siglo XIX. También se puede entrar en una celda que estaba situada originalmente en la cárcel de Newgate, datada en 1750, de la que se han rescatado el suelo y las paredes talladas por los prisioneros, además de la puerta de hierro.

Lord Mayor's State Coach

Hacia el final del recorrido, acercándonos ya a la época actual, podemos contemplar una de las joyas del museo, la Lord Mayor's State Coach, una carroza construida en 1757 por orden del alcalde de Londres. Se trata de un carruaje de madera y cuero, tirado por caballos, que se usa anualmente en el Lord Mayor's Show, un desfile que se celebra regularmente desde el siglo XVI en honor del alcalde, que en su momento fue una de las figuras más destacadas de la ciudad.

Al finalizar la visita al Museo de Londres nos dirigimos hacia la Tate Modern, otra de nuestras paradas obligadas. A escasos metros se sitúa el Shakespeare's Globe Theatre, una reconstrucción moderna pero fiel del Globe Theatre original inaugurado en 1599 y donde actuaba la compañía a la que se supone que pertenecía el escritor. No teníamos previsto entrar y desde fuera fue difícil captar una buena imagen del edificio, ya que teníamos el sol de frente y a esas horas (casi mediodía, un domingo) había ya demasiada gente alrededor para moverse con libertad.

Catedral de St. Paul desde la Tate Modern
Tras comer en un precioso rincón de los alrededores del que hablaré en un próximo post dedicado a la gastronomía londinense, nos zambullimos directamente en la Tate Modern, el museo dedicado exclusivamente al arte moderno más conocido y visitado del mundo. Esta galería está situada en el edificio de la antigua central de energía de Bankside, cuya estructura de acero y ladrillo se mantiene exactamente igual desde su construcción en 1947. En 1996 se reformó el interior para dar cabida a la sección moderna de la Galería Nacional de Arte Británico, que se renombró como Tate Britain.

"Swinging", Vassily Kandinsky
Bajando desde la Catedral de St. Paul hacia el Milennium Bridge se obtiene una imagen perfecta del edificio de la Tate Modern, y a la inversa. Su interior es, como cabría esperar, frío e industrial, con cinco plantas divididas en salas dedicadas a los distintos movimientos de arte contemporáneo. No soy experta en arte moderno y los estilos más innovadores y conceptuales me producen cierto rechazo, por lo que hubo salas completas en las que apenas me paré porque los trabajos que mostraban no me decían absolutamente nada. Aún así, hay determinadas obras surrealistas o cubistas que sí me gustan bastante y en la lista de la Tate figuran autores como Kandinsky, Paul Klee, Braque, Picasso, Dalí, Max Ernst, Jackson Pollock y Andy Warhol. Como plato fuerte también tienen un par de lienzos de Turner y Monet, con lo que la visita ya merece más la pena para mis preferencias.


"La metamorfosis de Narciso", Salvador Dalí
Había dos exposiciones temporales que me interesaban. La primera era la del fotógrafo Robert Mapplethorpe, con acceso gratuito. La muestra recoge sobre todo sus famosos retratos de personajes destacados del arte y la cultura, así como algunos autorretratos. Ver las maravillosas e irrepetibles fotografías originales que le hizo a la cantante Patti Smith, a Grace Jones o al escritor William Burroughs, hicieron que esa visita fuera una experiencia genial. La segunda exposición temporal estaba dedicada al pintor  Henri Matisse, pero al ser de pago y quedar ya pocos minutos para el cierre de la galería no pudimos entrar.

Patti Smith fotografiada por Robert Mapplethorpe
En general, la Tate Modern no nos gustó tanto como los demás museos, a pesar de tener obras muy destacadas. Hay que decir también que nos encontramos con un público mucho más joven y, en general, mucho más maleducado que el de las demás galerías, que se te colocaba delante sin pudor mientras contemplabas un cuadro o que te empujaban al pasar y casi rozaban las esculturas. Vale que en algunas salas era difícil distinguir el montaje del artista de un aparato de aire acondicionado, por ejemplo, pero el ambiente no me embelesó tanto. Será que en el fondo soy una clásica. Eso sí, la tienda de la Tate fue la que mejores precios tenía en general, con muchas ofertas especiales.

"Nude woman in a red armchair", Pablo Picasso
Saliendo ya del edificio de la antigua central eléctrica nos dirigimos al metro para hacer una última parada en la salida de Earl's Court, donde sabíamos que nos esperaba una gran frikada: la Tardis de Doctor Who! Bueno, para los que no vean la serie de TV (muy recomendable) decir que la TARDIS es una nave espacial con forma de cabina de policía azul, desde la que se podían realizar llamadas de auxilio en el Reino Unido y que también podían usar los agentes de la ley como pequeña oficina. En Londres ciudad hay tres cabinas de este tipo situadas en distintos puntos, y la que mejor nos cuadraba era ésta, delante de la cual no pudimos evitar hacernos unas cuantas fotos. 

TARDIS en la salida de metro de Earl's Court
Decir que antes de nosotros había más gente haciéndose la consabida foto con la Tardis y cuando nos fuimos ya estaban esperando los siguientes para tomar la misma imagen. "Doctor Who" es todo un fenómeno en ese país y a nadie le extrañan esta clase de comportamientos friki-turísticos. Con la satisfacción de haber cumplido otro de nuestros objetivos del viaje a Londres volvimos al metro rumbo hacia el hotel.

Saliendo de la TARDIS!
*** Haz click en las imágenes para ampliar.

*** (Continuará...)

jueves, 16 de octubre de 2014

Londres (V)

Trafalgar Square. The National Gallery al fondo
Y después del impresionante (y agotador) día en el British Museum, tocaba otro imprescindible en nuestro viaje londinense: la National Gallery. Este museo dedicado por entero a la pintura está situado al fondo de la conocida Trafalgar Square, donde se levanta la no menos famosa Columna de Nelson. La plaza es un enclave perfecto donde se reúnen cada día multitud de personas con inquietudes artísticas. Un par de fuentes y varias esculturas conforman un conjunto desde el que se tiene acceso a la National Gallery, las embajadas de Sudáfrica y Canadá, la iglesia de St. Martin In The Fields y la concurrida calle Charing Cross.

Fuente de Edwin Lutyens en Trafalgar Square
Como en casi todos los museos londinenses la entrada a la National Gallery es gratuita y el acceso es libre para todas las salas salvo para determinadas exposiciones temporales. Nuestra primera parada fue la sección impresionista y post-impresionista, por la que yo tenía especial interés. Las obras de esa corriente pictórica suelen ser conocidas y llaman bastante la atención así que pensamos que más tarde posiblemente habría mucha más gente para poder verlas con calma. En efecto, al poco rato de abrir la galería la sala ya era de las más concurridas y a primera hora de la tarde era casi imposible acercarse a los cuadros.

Servidora con "Los Girasoles" de van Gogh
Así pues, a primera hora de la mañana y libre de aglomeraciones, pude disfrutar en vivo y en directo de mis primeros Monet y van Gogh, dos de mis pintores favoritos. Resulta francamente impresionante contemplar, a apenas medio metro de distancia, obras de las que hemos oído y leído tanto. Allí estaba por ejemplo uno de los "Girasoles" de Vincent van Gogh, una versión de "The water-lily Pond" de Claude Monet, y una selección preciosa de Corot, Degas, Renoir, Pissarro, Gauguin, Sisley y Cézanne, entre los más destacados. Descubrí en otra sala algunos autores nórdicos que no conocía de nada y que me sorprendieron gratamente con sus trabajos, como el danés Vilhelm Hammershøi o el finlandés Akseli Gallen-Kallela.

La sala impresionista al final de la tarde, imposible!
Las secciones de los siglos XIII y XIV tenían un compendio de obras religiosas con bastante menos interés para mí, tanto por el contenido como por el estilo. De hecho, había dos salas de esa época cerradas por falta de personal, seguramente con pinturas menores dentro del conjunto de la National, que exhibe en total más de 2.300 cuadros.

Siguiendo un orden más o menos cronológico de la exposición, llegamos a las habitaciones con obras de nuevo precedidas de un gran renombre, como "La virgen de las rocas" de Leonardo da Vinci o "Venus y Marte" de Botticelli. Casi todos los grandes autores de los siglos XIV y XV están presentes en este museo con alguna obra: Rafael, Tiziano, Bellini, Miguel Ángel, Tintoretto, Veronés y otros contemporáneos de la Escuela Italiana del Renacimiento.
 
"La virgen de las rocas", Leonardo da Vinci
En otras salas pudimos contemplar trabajos de las Escuela Holandesa y Flamenca, con el genial "El Matrimonio Arnolfini" de Jan van Eyck y cuadros más recientes de Vermeer, Rubens y Rembrandt, además de muestras de la corriente alemana con Durero a la cabeza. Los lienzos están muy bien iluminados respetando siempre su mantenimiento y disponen de su correspondiente placa explicativa, con datos adicionales en caso de adquirir la audioguía.

"El matrimonio Arnolfini", Jan van Eyck
Continuamos con una pequeña pero intensa selección de pintores españoles: Velázquez, Murillo, Zurbarán y Goya entre los más conocidos. Dada la calidad de la escuela pictórica española, estas obras se han convertido en un importante reclamo para el museo. Resulta muy excitante contemplar cuadros que hasta ahora sólo había visto en los libros de arte y las postales, con toda su grandeza creativa y técnica al natural.

La "Venus del espejo", Diego Velázquez
"San Francisco en meditación", Francisco de Zurbarán
Obviamente, la National Gallery muestra también una importante colección de cuadros de artistas británicos. Destacan las obras de Turner, que personalmente me encantan, y los paisajes de John Constable y Thomas Gaingsborough, ambos un poco posteriores cronológicamente y cuyas pinturas también me causaron una impresión muy positiva.

"El Temerario remolcado a dique seco", J.M.W. Turner
La National Gallery es el quinto museo más visitado del mundo, con una entrada anual de casi cinco millones de personas. A pesar de que no tiene una colección enorme, su pinacoteca recoge muestras de los últimos 800 años, con pinturas imprescindibles para cualquier amante del arte.  

"La ejecución de Lady Jane Grey", Paul Delaroche
Visión general de una de las salas de la National Gallery
Aquí sólo he nombrado algunos de los pintores y los óleos que expone la galería, pero si queréis más información podéis acceder directamente a la página oficial en el enlace del primer párrafo del post. Al ser un museo gratuito, a través de su web se puede ver el catálogo completo de obras, con bastante detalle e información adicional.

The National Gallery e Iglesia de St. Martin In The Fields
Aunque terminamos el recorrido por la National Gallery ya a primera hora de la tarde, nos dio tiempo a acercarnos a la anexa National Portrait Gallery, donde se exhiben unos 10.000 objetos en diversos formatos y con distintas técnicas, todos en forma de retrato. La colección más amplia es la de pinturas y dibujos, aunque también hay esculturas (principalmente bustos) y fotografías. 

Cuadros en la National Portrait Gallery
El recorrido que hicimos por este museo fue bastante rápido, ya que apenas disponíamos de una hora antes del cierre. Nos dio tiempo a hacernos una idea general de lo que allí se muestra y tomar algunas fotos de lo que más nos interesó, pero la visita no dio para mucho más. Pudimos contemplar muchos retratos de la realeza, sobre todo británica, y de destacadas personalidades del arte y la cultura como el músico Friedrich Händel, Oliver Cromwell, Francis Bacon, los escritores Robert Louis Stevenson y Henry James, las hermanas Brontë (en un cuadro pintado por su hermano Branwell Brontë), el arquitecto de la catedral de St. Paul, Christopher Wren, o la fundadora del movimiento sufragista europeo Emmeline Pankhurst.

The Brontë Sisters (Anne, Emily, Charlotte), por Branwell Brontë
Pasadas ya las seis de la tarde decidimos hacer una pequeña parada en la estación de metro de Baker Street, para acercarnos al Sherlock Holmes Museum. Como esperábamos, estaba ya cerrado pero no queríamos irnos sin al menos hacer una foto de la supuesta vivienda del famoso detective creado por sir Arthur Conan Doyle. Este museo se abrió en 1990 y está situado en el número 221B de la calle Baker Street con el permiso del Ayuntamiento londinense para adecuarlo a la ficción (el número real sería el 239). Allí se ha recreado un entorno acorde a la época de Sherlock Holmes y se exhiben objetos nombrados en la saga literaria que protagoniza el avispado investigador.

Estación de metro de Baker Street
The Sherlock Holmes Museum, 221B Baker Street
Ya a última hora dimos un paseo por Regent's Park, otro de los maravillosos espacios verdes de Londres, antes de tomar el metro hacia el hotel. Quizás lo mejor de haber viajado en agosto fue precisamente la posibilidad de ver más cosas aprovechando que los días eran largos y la luz natural aguantaba hasta las ocho o nueve de la noche.

Fuente en Regent's Park
(*** Haz click en las imágenes para ampliarlas.)

(Continuará...)

domingo, 5 de octubre de 2014

Londres (IV)

British Museum
Una de las prioridades de nuestro viaje a Londres era visitar el British Museum. Elegimos un viernes para ello porque es el día en que su horario es más amplio, de 10.00 a 20.30 h., cuando el resto de los días cierra la admisión a las cinco y media de la tarde. Sabíamos que el contenido del museo era enorme y espectacular pero no imaginábamos hasta qué punto. 

Tratados e informes de artesanos en la colección bibliográfica
El Museo Británico exhibe más de 7 millones de objetos, de los más variados orígenes y épocas. Se inauguró en 1753 con la colección privada de sir Hans Sloane, un médico naturalista irlandés que en su testamento donó más de 80.000 documentos, muestras animales, vegetales, minerales y piezas de artesanía, todo ello procedente de sus numerosos viajes como explorador e investigador. En el museo hay varias referencias a Sloane, que se convirtió así en el primer y más importante benefactor del centro y fue sucedido por otros muchos estudiosos y embajadores británicos en el extranjero que donaron o vendieron sus colecciones al museo.

El Hombre de Gebelein, momificación natural
Las muestras de fósiles y documentos gráficos fue lo primero que visitamos, pudiendo contemplar objetos con una antigüedad de más de un millón de años. Estas salas sólo albergan una parte de la colección antropológica, etnográfica y prehistórica del museo, ya que muchas piezas están retiradas para restauración y mantenimiento y para otras no se dispone del espacio físico necesario. Parte de la Biblioteca Británica también se encontraba en el edificio, ahora trasladada, pero allí aún están decenas de estanterías acristaladas con volúmenes de toda condición.

Casco del barco funerario de Sutton Hoo
La Vasija de Portland
La sección egipcia del British Museum es la más grande del mundo después de la que se exhibe en El Cairo. Tiene una impresionante colección de papiros, sarcófagos, momias y muestras funerarias de esa cultura. La joya de esa parte del museo es la famosa Piedra Rosetta, con inscripciones de un decreto del faraón Ptolomeo V publicado en Menfis en el año 196 A.C.

Conjunto funerario del sacerdote egipcio Hornedjitef
La Piedra de Rosetta
A pesar de disponer del día completo para visitar el museo, a mediodía apenas habíamos recorrido una cuarta parte de las salas. Con un café y el mapa del museo sobre la mesa Exseminarista Ye-ye y yo tomamos la difícil decisión de no pararnos demasiado en algunas secciones en favor de otras por las que teníamos mucho más interés. Así pues y ya que a ninguno de los dos nos llaman especialmente la atención las monedas antiguas, revisamos sólo por encima las muestras de numismática, a pesar de tratarse de la colección más grande del mundo en este sentido. 

Plano del museo... todavía nos falta más de la mitad!
En otras salas hay minuciosos recorridos por la historia mesopotámica, etrusca, africana... En general una vasta muestra de nuestro pasado lejano a través de todo lo recuperado en distintas excavaciones realizadas a lo largo de los últimos siglos. Cada vitrina dispone de una ficha explicativa (en caso de no haber adquirido la audioguía) con todos los pormenores de cada objeto, su origen y descubrimiento por la arqueología moderna. En muchos casos ofrecen apuntes también sobre el tipo de conservación que se ha llevado a cabo con ellos para evitar su deterioro.
 
The Lewis Chessmen, ajedrez medieval

El edificio alberga numerosas piezas destacadas, de ésas que casi todos hemos estudiado en algún momento de nuestra etapa de instituto. Allí se encuentran parte de las esculturas y mármoles del Partenón griego y bajorrelieves del palacio asirio de Nínive, en tierras de Irak. También hay estatuas procedentes del Mausoleo de Halicarnaso, en Turquía, esculturas en granito de diversos faraones egipcios como Amenhotep III o Ramsés II, el tesoro de Oxus, que supone la mayor recuperación de piezas labradas en oro, o la Copa Warren, un recipiente de plata de la época de Nerón único por sus representaciones de sexo explícito entre hombres. Otras habitaciones recogen multitud de jades chinos, esculturas de dioses hindúes, armas y armaduras orientales... Cientos de objetos de la artesanía de diferentes países que completan una ingente colección histórica que es visitada diariamente por miles de personas.

Escenas de la Royal Lion Hunt del Palacio de Nínive
Se ha criticado muchas veces la custodia de algunos de estos objetos por el Museo Británico, ya que muchos pertenecen a expolios llevados a cabo por embajadores y militares británicos en la época de expansión del país. Gobiernos como el de Grecia o Egipto han solicitado formalmente la devolución de los restos que les corresponden histórica y territorialmente, pero el Museo se ha negado a ello. Mi opinión personal es que la mayoría de estos objetos están mucho mejor resguardados en el British Museum que en sus países de origen, algunos en continua inestabilidad política y social como Irán, Irak o el mismo Egipto.

Esculturas del frontis del Partenón griego
Bustos del Imperio Romano
El Museo Británico es el segundo museo más visitado del mundo después del Louvre francés. Se trata de un ente público que se gestiona a través de una fundación. Los socios aportan donaciones (así como los visitantes que lo deseen) para el mantenimiento de las colecciones y para nuevas adquisiciones. Los principales museos de Londres funcionan del mismo modo: en casi todos la entrada es gratuita y sólo se cobra por acceder a exposiciones puntuales de carácter temporal. Otra parte de sus ingresos proviene de la venta de recuerdos y reproducciones de obras que se pueden adquirir en las tiendas oficiales de cada museo, bastante caras en mi opinión. En el interior del edificio se permite tomar fotografías libremente, con limitación al uso del flash en alguna sala o pieza concreta por motivos de conservación.

La visita a todos los museos merece la pena, pero el Británico es un imprescindible para cualquier amante de la historia, el arte y la cultura clásica. Después de 10 horas de recorrido todavía nos quedaron cosas sin ver y salas completas en las que apenas pudimos echar un vistazo rápido porque la hora del cierre se nos echaba encima. Las fotos que acompañan esta entrada son sólo un pequeño ejemplo de lo que esconde este increíble museo. 

British Museum done!!
(Haz click en las fotos para ampliarlas)

(continuará...) 

martes, 23 de septiembre de 2014

Londres (III)

Italian Gardens, dentro de Kensington Gardens
No hay nada como empezar un día en Londres con un café para llevar y un paseo por uno de sus parques. Siempre y cuando el tiempo lo permita, claro está. En nuestro caso, a pesar de que la lluvia hizo acto de presencia todos los días durante al menos una hora, el clima fue benevolente y nos dejó visitar estos paraísos naturales dentro de la ciudad. Uno de los parques que más cerca nos quedaba del hotel eran los Kensington Gardens, que en su momento fueron los jardines privados del Palacio de Kensington y hoy pertenecen a la red pública de Royal Parks de Londres.

Una de las fachadas laterales de la Catedral de St. Paul
Cerca de cualquier salida de cada parque siempre habrá una estación de metro que te dejará en la ubicación que precises. En este segundo día de viaje nuestro destino era la Catedral de St. Paul, un impresionante templo barroco rediseñado por el arquitecto Christopher Wren tras el gran incendio que arrasó Londres en 1666 y que quemó por completo la antigua catedral medieval.

Fachada principal de la Catedral de St. Paul
Esta iglesia anglicana, sede del obispado de Londres, rivaliza en grandiosidad con la basílica de San Pedro en El Vaticano, siendo tras ella el templo cristiano más grande de Europa. La visita cuesta 16,50 libras (21 €) e incluye una audioguía en la que te explican todos los pormenores de la construcción, historia y arte presente en la catedral. Se permite subir hasta un primer nivel exterior de la cúpula, con unas vistas impresionantes de la ciudad, un segundo nivel interior desde donde se contempla la nave del edificio y los artesonados y pinturas del techo con mucho más detalle, y por último una ascensión final por una interminable y estrecha escalera metálica de caracol para alcanzar la cumbre de la torre. 

Vistas de Londres desde la cúpula de St. Paul
Son muchos escalones (un total de 365, te lo advierten en la audioguía, por si no puedes o no quieres realizar ese esfuerzo) pero el paisaje desde arriba de todo merece la pena. Desde la terraza exterior se divisa todo el perfil londinense, con los edificios más altos, el Támesis y los puentes que lo atraviesan. Espectacular y muy recomendable, sobre todo para aquellos que no tengan pensado subir al London Eye o a The Shard, como era nuestro caso, construcciones desde donde también se divisa toda la ciudad. 

En lo alto de St. Paul
Volviendo al interior de St. Paul, se puede visitar la cripta del templo, con cientos de tumbas de celebridades británicas y benefactores de la catedral. Ahí es donde están enterrados por ejemplo el Duque de Wellington, el Almirante Horatio Nelson o el propio arquitecto de la catedral, Christopher Wren. Esta catedral también acogió en 1981 la boda del príncipe Carlos de Inglaterra con Lady Diana Spencer. Multitud de monumentos funerarios y placas conmemorativas, tanto en la planta principal como en la cripta subterránea, completan un conjunto arquitectónico especialmente cuidado, con aportaciones de socios privados para su conservación.

The Shard y el Támesis desde el pico más alto de St. Paul
Está prohibido hacer fotos dentro de la catedral, por lo que todas las imágenes que ilustran estos comentarios son del exterior, pero la visita merece mucho la pena. Ya fuera de St. Paul, que se encuentra un poco encajonada entre otros muchos edificios de corte clásico, se encuentran los jardines de la catedral y cruzando la calle la bajada hacia el Milennium Bridge por Sermon Lane, que desemboca directamente en la Tate Modern. Sin embargo, nuestro destino vespertino se situaba un poco más lejos, en Camden Town.

Salida de la estación de metro de Camden Town
Camden es una de las zonas más cosmopolitas de la ciudad. Allí confluyen varios mercados callejeros y tiendas con una infinita diversidad de objetos. Ropa de todo estilo y condición, nueva y de segunda mano, artesanía, puestos de comida de las más distintas procedencias, complementos, regalos originales, arte moderno y vintage, todo en un llamativo collage que hace de este barrio uno de los más visitados de Londres.

Fachadas decoradas en tiendas de High St. Camden

Fachadas decoradas en tiendas de High St. Camden


Aunque yo no soy fan de las compras, el ambiente del barrio es genial, sobre todo porque se pueden encontrar cosas que en España (al menos en Canarias) tienen una distribución muy reducida y complicada como ropa gótica o botas New Rock. Desde la parada del metro se accede a una de sus avenidas principales, la High Street, donde nos encontramos con hileras de tiendas a ambos lados de la calle, con llamativas decoraciones y todo tipo de negocios, desde tatuajes y electrónica hasta conocidas franquicias de comida rápida y zapaterías. Camden es en este sentido la cuna de la diversidad.

Regent's Canal, Camden
Varios mercados callejeros se suceden en el paseo por el barrio: el Inverness Street Market y el Camden Lock Market son los primeros que visitamos, atravesando el Regent's Canal. Como estaba lloviendo desistimos en nuestra intención de dar un paseo por los márgenes del canal, una de las actividades más recomendadas en el distrito.

Artesanía en Camden Lock Market
Desembocamos después en el Camden Stables Market, el mercado más grande y antiguo situado en las antiguas instalaciones de un hospital equino. Estos establos datan de 1854 y en ellos hay más de 700 puestos de venta, en varios niveles, al aire libre y en interiores, en los que se ha intentado respetar el espíritu de las caballerizas originales. Visualmente la decoración de todas las tiendas es muy llamativa y los olores que desprenden los puestos de comida (muy baratos para el nivel general de la ciudad) hacen que el paseo por este mercado sea toda una experiencia sensorial.

Stables Market, Camden
Entre las tiendas más curiosas encontramos una especializada exclusivamente en ropa negra, varias de estilo vintage con objetos de los setenta y ochenta, y la famosa Cyberdog, un local de estilo futurista-pastillero a media luz, con go-gos bailando sobre plataformas en la entrada como si de una discoteca se tratase y música machacona acorde al entorno. Allí se vende una amalgama de accesorios y ropa alternativa, fluorescente, cyberpunk, etc, con sección infantil e incluso un apartado con contenido erótico y pornográfico en la planta baja. Dentro de la tienda no está permitido tomar fotografías, así que tendréis que imaginar lo que puede salir de esta descripción.

Stables Market, Camden
A la salida de Camden nos dirigimos hacia otro barrio a priori menos glamouroso, Brixton, donde habíamos quedado para cenar con unos amigos. Brixton tuvo fama de barrio conflictivo y es recordado por una serie de protestas y enfrentamientos con la policía que tuvieron lugar en los ochenta y noventa. Hoy por hoy, este distrito londinense se ha convertido en una zona multiétnica con una intensa presencia afroamericana y un ramalazo bohemio que lo ha convertido en centro de interés para músicos y artistas. La interesante oferta gastronómica, tanto de los productos frescos de su mercado el Brixton Village como de sus locales de ocio, le ha dado vida al barrio y en los últimos años muchos británicos jóvenes y modernos se han trasladado a vivir allí.


*** Haz click en las imágenes para ampliarlas.

*** (Continuará...)

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